En Estados Unidos, en 1977, Tony Kiritsis mantuvo como rehén al hijo del dueño de una importante empresa de intermediación hipotecaria. Le ató un cable al cuello y lo conectó al gatillo del arma que le apuntaba para impedir la intervención policial: el llamado "cable del hombre muerto”, que da pié al título original de la película (Dead man´s wire), y que es la adaptación cinematográfica dramatizada de estos hechos, que sigue en líneas generales lo que realmente ocurrió. Al mismo tiempo, se han adaptado muchos elementos para lograr un efecto dramático y ligeramente humorístico, así como para crear la atmósfera general. Acorde con la época, la película está salpicada de música funky. El locutor de radio original se ha transformado en un DJ con una voz seductora. Al igual que en la vida real, se llama Fred y se ve involucrado en la situación a través de Tony, pero la ejecución se desvía significativamente de la realidad.
Tony es quizás el personaje más idealizado. Se decía del verdadero Tony que era inesperado que recurriera a la toma de rehenes, ya que era conocido por ser comprensivo y servicial. Su página de Wikipedia menciona que tenía un pasado criminal —del que salió impune en repetidas ocasiones— y que era un solitario impulsivo. El Tony de la película no tiene un pasado oscuro y se le ha dado una motivación más cercana al público. Según la película, el agente hipotecario intentó estafarlo deliberadamente. Su objetivo original era el dueño de la empresa, pero tuvo que conformarse con el hijo de este, más comprensivo. En realidad, el hijo era el objetivo directo y no se caracterizaba por su empatía. Más importante aún, existen numerosas pruebas de que el agente no intentaba estafar a Tony, sino que se había metido en problemas por una inversión fallida.
Bill Skarsgård lo interpreta de forma convincente. A pesar de su acento poco logrado, retrata a Tony como alguien que, por un lado, parece amigable, pero por otro, claramente no es del todo estable. Mientras que el guion obliga al espectador a ponerse del lado de Tony, Skarsgård deja espacio para la duda. En contraste con su exuberante interpretación, destaca la interpretación más contenida de Dacre Montgomery, quien transmite el agotamiento y el estrés con mayor sutileza. Pero nadie evoca tanta emoción como Al Pacino. Si bien es cierto que un guion que lo retrata como una figura despiadada y fría como el hielo le da a su personaje una mayor profundidad y lo hace repugnantemente realista. Interpreta a un rico cretino sin corazón que se niega descaradamente a admitir su culpa y no muestra compasión alguna por su hijo, quien se encuentra bajo doble amenaza. No es nada sutil, pero en una película de Van Sant, eso se agradece.
Visualmente, está bastante bien realizada, aunque el comienzo resulta algo torpe: aparecen imágenes de archivo antes de que lleguen los medios. Más adelante, esto se contextualiza. Como de costumbre, las imágenes reales se reservan para el final. En definitiva, esta es una película de Gus Van Sant que gustará principalmente a sus fans, pero que también puede cautivar a un público más amplio. Aunque está muy idealizada para lograr un efecto dramático, sus cien minutos resultan entretenidos.