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Mayte Magdalena
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Mayte Magdalena (Foto: Javier Ocaña)

Entrevista a Mayte Magdalena: "La memoria nunca es un aliado fiel"

Autora de "Vientos de ira"
jueves 09 de abril de 2026, 12:11h

Mayte Magdalena es una escritora madrileña licenciada en Pedagogía e Historia del Arte, además de contar con un diploma en Magisterio. A lo largo de casi cuarenta años, ha estado involucrada en la enseñanza y ha ofrecido cursos destinados a promover la lectura en el entorno académico. Después del notable éxito de su primera novela, "Zapatos de lluvia", Mayte presenta ahora "Vientos de ira", una conmovedora historia que explora el amor y la resistencia tras la devastación provocada por la Guerra Civil española.

Vientos de ira
Vientos de ira

En una España devastada por la Guerra Civil, el mundo tal como se conocía hasta ese momento comienza a desvanecerse. Mientras lucha por mantener a sus hijos en un Madrid lleno de miedo y represión, Paola enfrenta grandes desafíos. Por su parte, Manuel atraviesa los Pirineos en busca de libertad, solo para encontrarse con hambre y humillación en el exilio. Durante su huida, conocerá a Sonsoles y Pablo, quienes, perseguidos por su amor prohibido, anhelan un futuro que parece inalcanzable. Las vidas de estos personajes, marcadas por la pérdida, se entrelazan en esta extraordinaria novela que explora la pasión, el sacrificio y la esperanza.

La fuerza arrolladora de hombres y mujeres que se negaron a rendirse es lo que nos sumerge en "Vientos de ira". Esta obra narra la historia de personajes anónimos, aquellos que amaron, resistieron y sobrevivieron a pesar de las adversidades. Se trata de una novela intensa y profundamente humana que conmueve y emociona en cada una de sus páginas. En la entrevista, la autora nos da algunas de las claves de la novela.

Cruzar los Pirineos y acabar en un campo de concentración no es una aventura, es una cruel tragedia. ¿Cómo se sobrevive a una situación así?

Esa misma pregunta me la he hecho yo muchas veces, cómo personas corrientes, anónimas, de casa y trabajo, fueron capaces de hacer frente a tamaña tragedia y la única respuesta que se me ocurre es que los seres humanos tenemos una capacidad inmensa de resistencia y adaptación, y cuando se trata de sobrevivir, todo lo demás queda a un lado. Eso no quita, por supuesto, que las heridas siguieran en sus corazones mucho tiempo.

Su padre ya no está, pero, ¿qué cree la autora que le hubiera parecido el libro que homenajea su historia y la de tantos otros?

Mi padre nunca supo que yo escribía, pero creo que estaría orgulloso. No es que le gustara especialmente hablar de ese periodo de su vida, pero creo que cuando te haces mayor sientes la pulsión de dejar constancia del pasado y él se vería reflejado, como el niño que fue, en mis palabras. Incluso me corregiría más de un dato, seguro.

Su padre le contaba la historia de su vida, pero luego usted ha tenido que documentarse mucho sobre esa etapa. ¿Ha tenido la oportunidad de conocer historias similares de personas que compartieron el mismo destino?

Me he documentado todo lo que me ha sido posible. Sí recopilé algún testimonio personal, pero también buceé en documentación escrita. Es complicado encontrar personas que vivan hoy en día y que sufrieran ese destino a no ser que fueran niños muy pequeños. También había una barrera de silencio, de no querer recordar, de ausencias y pérdidas.

¿Se ha contado bien lo que pasó? ¿Le ha llamado la atención algo de lo que ha encontrado que no estuviera reflejado fielmente en los relatos de su padre? La memoria a veces tiende a edulcorar situaciones dolorosas…

La verdad es que yo he tratado de narrar unas historias en las que hay un pequeño núcleo de recuerdos y unas grandes dosis de ficción, por lo que me parecería muy frívolo por mi parte afirmar si se ha contado bien o mal lo que pasó. También soy consciente de que la memoria nunca es un aliado fiel y menos la de un niño, pero hay datos objetivos que quedaron en las retinas como fotografías y que luego he podido comprobar de forma fidedigna, otras fueron más complicadas y otras imposibles. Mi intención siempre fue emocionar, llegar al lector como una ventana a la que asomarse y ver a lo que nunca debió suceder.

"Quienes cruzaron nuestras fronteras sabían que nada bueno iban a encontrar"

Se saben muchas cosas sobre los exiliados españoles que pasaron a Francia, pero ¿hay suficiente documentación de los que lo hicieron a Portugal y del contrabando con el que sobrevivían cientos de familias? ¿Ha sido complicado reconstruir las rutas que siguieron?

Las rutas del exilio a Portugal son mucho más opacas que las francesas, probablemente porque el número de exiliados fue muy inferior. Hay que tener en cuenta que en Portugal gobernaba un dictador favorable a Franco, incluso llegó a mandar soldados para apoyar la sublevación. Por eso fue más regional. Además, quien cruzaba sabía que nada bueno se iban a encontrar, muchos vivirían escondidos e indocumentados, otros serían encarcelados y algunos deportados. A Francia iban con otra perspectiva, aunque no encontraron lo que esperaban. Y luego está el tema del contrabando que es otra historia, las rutas por ríos y montes, la famosa Raya con más literatura, pero que efectivamente se convirtió en un medio de subsistencia para muchas familias.

¿Le ha resultado sencillo ficcionar esta novela cuando los protagonistas son tan cercanos? ¿Qué sentimientos le han provocado?

Antes de incluirlos en la novela, escribo la historia de cada personaje, me hago su amiga, intento comprenderlos, aunque muchas veces no justifique sus actos. Así que me meto en su piel, me pongo sus zapatos y trato de sentir lo que ellos sienten, reír cuando ríen, llorar cuando ellos lo hacen y sufrir cuando toca. Así que mientras escribo me enfurezco, me lleno de ternura, pierdo una lágrima, dibujo una sonrisa y el dolor me acecha. Es lo que, en definitiva, quiero que llegue al lector como lo hizo conmigo.

Alguno de sus personajes ya aparecía en su novela anterior. ¿Son tan potentes que no pueden desaparecer porque merecen otra historia? ¿Se basa en alguna persona que existió?

Zapatos de lluvia, mi primera novela, también se basa en recuerdos familiares, en este caso maternos, concretamente me centré en la figura de mi abuela porque sentía la necesidad de reconciliarme con ella. Sin embargo, acabé creando una Paola que representaba a muchas mujeres nacidas a principios del siglo XX que arrastradas por las circunstancias fueron verdaderas heroínas y a las que quise dar voz. En Vientos de ira, Paola, la protagonista de mi primera novela, merecía también su espacio y saber qué fue de ella, aunque compite con otra mujer de gran fuerza, Sonsoles.

Creo firmemente que las pequeñas historias son las que escriben la Historia con mayúsculas

Muchas veces se conoce la historia a través de la voz de personas famosas que vivieron acontecimientos importantes, pero en su novela, aparecen personas normales, sencillas, como cualquiera de nosotros. ¿Había que dar visibilidad a todos esos seres desconocidos que sufrieron tanto?

Creo firmemente que las pequeñas historias son las que escriben la Historia con mayúsculas. Hay tanto que contar, tantos testimonios, tanto sentimiento en esas personas corrientes y anónimas, que no deberíamos dejar que el tiempo diluyera, no sólo su sufrimiento, que lo hubo y en cantidades asfixiantes, también su resistencia, las ganas de seguir adelante, su valentía, lo que consiguieron de la nada, sus amores, sus vidas…

Se dice que después de la guerra no viene la paz… ¿es la postguerra todavía peor?

No sé si peor, pero igual de horrible, seguro. Siempre en el universo de la gente de a pie, por supuesto, había quien se había enriquecido y quien gozaba de privilegios, pero yo no estoy hablando de ellos. En la posguerra sólo hubo miseria, devastación, pobreza, enfermedades, hambre… el país estaba arrasado, la situación en Europa a punto de la Segunda Guerra Mundial, todo era un caos. Y a ello se añadía la represión, el miedo y la desconfianza. Era otro tipo de guerra por la supervivencia, más oscura.

¿Cómo entiende el proceso de escritura Mayte Magdalena? Vientos de ira es un libro muy íntimo, muy personal, muy cercano, que habla del amor y de la familia. De su familia.

Mi proceso de escritura tiene un punto caótico, siempre escribo desde las entrañas, escribo y escribo, cada día corrijo lo del día anterior, rehago, cambio, borro. A veces no sé qué camino emprenden mis personajes, es como si se sintieran libres de seguir por su cuenta. Después los retomo de nuevo y ordeno esa locura. No tengo escaleta ni esquemas.

Vientos de ira despierta emociones porque habla también de sueños truncados, de desgarro, de futuros perdidos, de esperanza, de fuerza para no rendirse, de vencedores y vencidos… ¿Ha sido difícil sujetar la nostalgia de la autora por la pérdida de la persona que dio vida a esta historia?

Algo de nostalgia siempre hay, pero soy de esas personas que piensan que nadie muere si sigue en el recuerdo de los que lo quisieron, si está presente en nuestras vidas, si hablamos de ellos a las generaciones que llegan. Esa es mi arma contra esa posible tristeza que podría surgir al recordar a los que no están, tenerlos presentes a diario.

¿Es necesario que el momento de los reproches quede atrás? ¿Todavía es posible el reencuentro? ¿Seremos capaces de sobrevivir a los vientos de ira?

Es primordial que se recuerde, que las nuevas generaciones sepan lo que se vivió, lo que se sufrió, el horroroso coste que se pagó y evitar así que se repita, pero sin reproches, sin odios, sin tirarnos a la cara nada, esa parte dejarla en el pasado. Es fundamental que los vientos de la ira se conviertan en tormentas de esperanza, en torbellinos de solidaridad, en tornados de paz… que buena falta nos hace.

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