La inspiración proviene principalmente de Al final de la escapada (À bout de soufflé, 1960) de Jean-Luc Godard. Esta película, y las posteriores del director galo, revolucionaron el panorama del cine francés tradicional. Godard prácticamente no contaba con presupuesto alguno, filmaba en localizaciones sin licencia y con una cámara típicamente usada por reporteros. Carecía de guion para sus actores, pero, para su frustración, les permitía improvisar el mismo día o simplemente les gritaba lo que debían decir durante el rodaje. En su película, Linklater relata este proceso, filmando con el mismo estilo y editando su trabajo de la misma manera que la propia película. Un remake moderno y un toque de sátira al mismo tiempo.
Los protagonistas de la película original de 1960, Jean-Paul Belmondo y la estrella estadounidense Jean Seberg, son interpretados por Aubry Dullin y Zoey Deutch, quienes leyeron atentamente el memorándum. Su actuación refleja las exigencias de Godard en el set: juguetona, idiosincrásica, pero también un reflejo perfecto de los actores originales. Saben cómo sumergirnos en ese viejo mundo cinematográfico.
Guillaume Marbeck, quien interpreta al mismísimo Godard, hace lo mismo y la verdad es que clava su actuación. Los tres viven una aventura creativa de primer nivel, en un blanco y negro vibrante, con marcadores de cambio de rollo de película incluidos. Esta experiencia retro es una experiencia imprescindible para cualquiera que no se canse de ver lo que ocurre entre bastidores en el mundo del cine.
El director tejano captura la atmósfera que rodea la realización de una película que casi nunca se planeó al detalle, siempre en riesgo de cancelación. Pero no lo hace buscando el drama y la tensión que se pueden sentir antes de un susto repentino. Todo está aliviado por una vena cómica, evitando la narración minuciosa de los hechos como un documental histórico. Una mirada entre bastidores donde la humanidad de los protagonistas es más importante que la realización de la película.
Claro está que la película no está a la altura de su fuente de inspiración. El objetivo principal de Godard en aquel momento era demostrar que el cine no tenía por qué ser una forma de arte pulcra y que, en realidad, se podía hacer lo que se quisiera. Rompió con la tradición, y Linklater lo capta claramente. No hay rebelión en Nouvelle Vague. Es una película limpia y encantadora, sin llegar a ser tan bulliciosa como los largometrajes a las que hace referencia.
Eso no quiere decir que no haya mucho más que ofrecer. En ocasiones la propia voz de Linklater brilla en ocasiones. Sus conversaciones características, que giran deliciosamente en torno a emociones fuertes, personajes que dudan sin cesar y el aire melancólico que lo impregna todo, son inconfundibles. Es en estos momentos cuando la película alcanza su máximo atractivo, porque ocurre algo más que una simple lección de historia.
En definitiva, aquí hay suficiente diversión y desenfado para captar la atención. Nouvelle Vague es principalmente una oda a un importante desarrollo en la historia del cine; no es particularmente innovadora, pero es un auténtico placer visionarla.
Puntaje: 7