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"La Plaga": ¿Quién puede matar a unos cuantos niños?

miércoles 29 de abril de 2026, 17:16h
La plaga
La plaga

Charlie Pollinger debuta como director con "La Plaga", un thriller psicológico narrado desde la perspectiva de un chico de trece años. Con un realismo asombroso, retrata, a través de la mirada de un grupo de adolescentes, experiencias y sentimientos que casi todos los espectadores recordarán de su propia infancia: jerarquías sociales, el deseo incondicional de aceptación y pertenencia, incluso a costa de la propia empatía y la brújula moral. El film, que en nuestro país tuvo su puesta de largo en el pasado Festival de Cine Fantástico de Sitges, dodne por cierto, se llevó el premio al mejor actor en el conjunto de todo el elenco masculino, explora temas recurrentes del acoso escolar, como son la conformidad, la autoprotección y la ignorancia.

Al mismo tiempo, la película muestra una pérdida gradual de la identidad: el impulso casi compulsivo de adaptarse para ajustarse a las nociones construidas de normalidad que definen a los individuos e incluso adoctrinan sutilmente a otros. Este proceso rara vez es resultado de una manipulación consciente, sino que sigue el camino de menor resistencia, impulsado por la conformidad tras una jerarquía imaginaria y arbitraria.

Ben (Everett Blunck), de trece años, pasa sus vacaciones de verano en un campamento de entrenamiento de waterpolo. Al llegar, descubre que algunos de los otros chicos ya estaban allí desde la primera mitad de las vacaciones, creando una jerarquía tácita. El más joven, pero seguro de sí mismo, Jake (Kayo Martin) domina al resto del grupo, para disgusto de Eli (Kenny Rasmussen). Eli contrajo una erupción al principio del verano, lo que provocó que los demás chicos lo marginaran, afirmando que tenía lepra o la peste. El recién llegado Ben intenta comprender las complejidades de la empatía y la dinámica de grupo sin convertirse él mismo en un marginado.

"La Plaga" nunca da la impresión de que el joven Jake sea calculador o inherentemente malicioso. Más bien, su autoridad sobre el grupo proviene del hecho de que, por casualidad, permaneció en el campamento de verano más tiempo que la mayoría de los demás y de su extroversión natural. Por otro lado, la erupción de Eli también es producto de la pura casualidad. La película nos muestra cómo los roles y las dinámicas sociales que surgen de la mera coincidencia moldean inconscientemente las acciones, con consecuencias que podrían extenderse mucho más allá del campamento. Sin embargo, esta comprensión queda enteramente en manos del espectador.

Kayo Martin ofrece una interpretación brillante como el carismático y extrovertido líder Jake. Everett Blunck como Ben y Kenny Rasmussen como Eli son igualmente convincentes y dejan una huella imborrable. El reparto se completa con Joel Edgerton en el rol de un entrenador que se entera de la misa la mitad, ya que desde el prisma adulto denota un verdadero desconocimiento del sufrimiento que están sufriendo algunos de sus acongojados pupilos, y un grupo de jóvenes actores realmente talentosos a los que no estaría mal ir siguiéndoles la pista.

Estilísticamente hablando, La Plaga es un thriller psicológico relativamente ligero que se centra menos en el suspense convencional y más en la exploración de conflictos sociales. La película también incorpora elementos de terror corporal, sin llegar a sucumbir al horror que se insinúa en el tráiler. Esta atmósfera única se ve realzada por una banda sonora juvenil y contemporánea cuidadosamente seleccionada. Con un excelente sonido y cinematografía, particularmente impresionante en las escenas submarinas, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que nos hallamos ante un deleite audiovisual que va más allá de su cautivadora temática.

En definitiva, con "La Plaga", Charlie Pollinger ofrece un notable debut como director que ilumina con fuerza las dinámicas sociales entre niños, en particular el acoso escolar. A través de una mirada implacable y una excelente puesta en escena audiovisual, la película disecciona el mundo emocional de los adolescentes varones, tocando una fibra sensible que despierta recuerdos olvidados de lo más profundo de la conciencia del espectador.

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