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Paqui Caballero
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Paqui Caballero: “Creo que la escritura puede llegar a un lugar mucho más íntimo del ser humano”

martes 05 de mayo de 2026, 18:17h

No todos los libros espirituales parten de una certeza; algunos nacen, más bien, de una herida. El viaje del alma, de Paqui Caballero, se inscribe en ese lugar incómodo pero fértil donde la pérdida obliga a hacerse preguntas para las que no hay respuestas fáciles. Nacida en Figueres y formada en el ámbito de la educación y la psicopedagogía, Caballero ha dedicado años a explorar —desde la experiencia, pero también desde la investigación— aquello que ocurre cuando la vida se quiebra y el lenguaje habitual ya no alcanza.

El viaje del alma
El viaje del alma

Lejos de plantear un discurso cerrado o doctrinal, su libro se mueve en un territorio híbrido: entre el ensayo y la confesión, entre la intuición y la necesidad de entender. En sus páginas, la muerte deja de ser un punto final para convertirse en tránsito, y el duelo en una puerta —a veces dolorosa, a veces reveladora— hacia una comprensión más amplia de la conciencia y del sentido de la existencia.

“El libro que a mí me hubiera gustado leer cuando murió mi madre”, dice. Tal vez por eso su escritura evita la solemnidad y se acerca más a una conversación sostenida en voz baja, donde lo importante no es convencer, sino acompañar. En esta entrevista, hablamos con ella sobre ese equilibrio delicado entre lo íntimo y lo universal, entre la vivencia personal y la voluntad de ofrecer una mirada que dialogue con otros.

El viaje del alma se presenta como un ensayo, pero está profundamente atravesado por la experiencia personal. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio entre lo íntimo y la voluntad de construir un discurso más universal?

Aunque tengo una fe inquebrantable, siempre he necesitado comprender e investigar mis experiencias personales, porque siento que todo tiene una explicación. Al mismo tiempo, soy consciente de que muchas personas necesitan pruebas tangibles y hechos contrastables para acercarse a estos temas. Por eso, el libro busca equilibrar ambas dimensiones: parte de mi vivencia íntima, pero también intenta tender un puente hacia el lector a través de la reflexión y de aquello que la ciencia puede aportar. No pretende convencer, sino ofrecer una mirada distinta sobre una realidad que puede iluminar un tema tan tabú como la muerte. Cada vez veo más claro que la ciencia newtoniana no basta para explicar ciertas experiencias. En cambio, la física cuántica, las leyes del microcosmos y algunas teorías contemporáneas se acercan más a una posible comprensión de los fenómenos extrasensoriales que he experimentado.

En el libro afirmas que “somos seres inmortales y multidimensionales”. Desde un punto de vista narrativo, ¿cómo se traduce una idea tan abstracta en un texto que necesita sostener al lector?

Como sabes, todo lo que explico en el libro es fruto de mi propia experiencia y de mis investigaciones a lo largo de más de treinta años. Por lo tanto, hablo desde lo que conozco. Y creo que esa es precisamente la manera de traducir una idea tan abstracta a un texto que pueda sostener al lector: llevarla a lo humano, a lo vivido, a lo que puede sentirse y comprenderse desde la experiencia.

Hablo de la inmortalidad del Ser porque estoy convencida de que la conciencia no está ligada únicamente al cuerpo físico, sino que viaja con el cuerpo espiritual. Las proyecciones astrales son, para mí, una prueba de ello, y yo misma he experimentado algunas. Además, he estudiado más de cien casos de experiencias cercanas a la muerte (ECM), lo que ha reforzado mi convicción en la inmortalidad del Ser.

En el libro, la muerte no aparece como algo abstracto o como un final abrupto, sino como una continuación de la vida, como parte de un proceso de crecimiento y evolución, que considero nuestro verdadero propósito como Seres. Por eso, el lector no vive la muerte como una idea lejana, sino como una realidad que puede integrar de una manera más natural.

No hablo de forma dogmática, sino desde un punto de vista humanista, y eso también ayuda a que el lector se acerque a estas ideas sin rechazo. En cuanto a la multidimensionalidad, es un tema que desarrollo más en mi segundo libro. Lo abordo a partir de experiencias que he vivido a través de los sueños, porque siento que en ellos podemos acceder a distintas líneas de tiempo y entrar en contacto con otras versiones de nosotros mismos. Puede parecer ciencia ficción, pero para mí es real. Y, dentro de las teorías que conozco, la del desdoblamiento del tiempo, del doctor Garnier Malet, es una de las que más se acerca a explicar este fenómeno.

La muerte aparece en tu obra no como final, sino como tránsito. ¿Te interesaba desmontar una idea cultural de la muerte o más bien ofrecer un marco alternativo de interpretación?

Cada persona tiene su propio sistema de creencias y yo respeto profundamente eso. Más que desmontar una idea cultural de la muerte, lo que me interesa es ofrecer una forma distinta de mirarla: una mirada más amorosa, más humana y más comprensiva. Para mí es importante que quien lea el libro sienta comprensión y consuelo. Y si algo no le encaja, animarlo a que también investigue. Como dice el subtítulo, se trata de acercarse a la muerte desde un lugar más amoroso, y hacerlo no solo a través de teorías, sino también desde experiencias reales.

Hay una mezcla constante entre vivencia, espiritualidad y referencias a lo científico. ¿Cómo decides hasta dónde llevar cada registro sin que uno invalide al otro?

Pues fíjate que mi propia historia ha sido un recorrido entre esas tres dimensiones: la experiencia, la espiritualidad y la ciencia. Para mí no se contradicen, sino que se complementan. La experiencia es lo que vivo, la espiritualidad me ayuda a darle sentido, y la ciencia me permite contrastar e intentar comprender lo que me ocurre sin dejar de lado el pensamiento crítico.

Soy una buscadora incansable de respuestas y necesito encontrar sentido a todo lo que hago. Cuando mi madre murió, yo tenía 13 años. Apenas estaba intentando entender la vida cuando de repente tuve que entender la muerte. Esa situación, lejos de alejarme de Dios, me acercó a Él. Le dije: “Vale, Dios, no entiendo por qué te la has llevado tan pronto, pero te pido una cosa: ayúdame a saber si está bien y si la volveré a ver. Ayúdame a encontrar las respuestas que necesito”.

Hoy puedo decir que toda mi vida ha sido un camino lleno de respuestas, señales y certezas. Y por eso, cuando escribo, procuro que esas tres miradas dialoguen entre sí, sin que una anule a la otra. Las tres se complementan y dan sentido a todo de una forma comprensiva y amable.

El duelo ocupa un lugar central en el libro. ¿Qué puede hacer la literatura —o la escritura— que no consiguen otros discursos más clínicos o terapéuticos?

Creo que la literatura y la escritura pueden llegar a un lugar mucho más íntimo del ser humano. Los discursos clínicos o terapéuticos son importantes y necesarios, pero muchas veces explican el duelo. La escritura, en cambio, lo abraza, lo acompaña y le pone palabras a un dolor que muchas veces no sabemos ni cómo nombrar. Un libro puede hacer que una persona se sienta comprendida, sostenida y menos sola. Puede convertirse en refugio, en consuelo y también en una luz en medio del dolor. Para mí, la escritura tiene esa capacidad de tocar el alma y de acompañar desde un lugar profundamente humano. Es capaz de atravesar el alma, acogerla, transformarla y sanarla. Es más, en mi libro hay algunos párrafos que, según me han compartido algunos lectores, han sido como medicina para sus almas, porque les ha ayudado a llorar, integrar y comprender muchas cosas.

Tu propuesta invita a “recordar” más que a “aprender”. ¿Qué papel juega la intuición frente al conocimiento racional en tu forma de entender la escritura?

En mi caso, la intuición tiene un papel muy importante, porque muchas veces siento que no escribo solo para aprender algo nuevo, sino para recordar algo que ya estaba dentro de mí. La razón también está presente, porque ayuda a ordenar, comprender y expresar mejor lo que quiero transmitir, pero el origen de la escritura, para mí, nace de un lugar mucho más intuitivo. Un lugar que efectivamente, lo que necesita es ser recordado.

El libro parece buscar consuelo, pero también sentido. ¿Te preocupa que esa búsqueda pueda ser leída como una respuesta cerrada a preguntas que quizá deberían permanecer abiertas?

No me preocupa, porque mi intención no es imponer una verdad absoluta, sino compartir una mirada nacida de mi experiencia y de mi propio camino. Una mirada que a mí me ha ayudado a comprender muchas cosas y a aliviar la pérdida en los duelos. Hay preguntas que quizá siempre permanecerán abiertas, y eso también forma parte de su profundidad. Mi libro no busca cerrar el misterio, sino acompañarlo con amor, sentido y humanidad.

En términos de lenguaje, optas por una escritura cercana, casi conversacional. ¿Fue una decisión consciente para acercarte al lector o responde a tu forma natural de narrar?

La verdad es que sí, que responde a mi forma natural de narrar. Es cierto que el lenguaje del libro es cercano, casi conversacional, pero yo soy muy así. De hecho, una amiga me decía que parecía como si estuviéramos tomando un café y hablando de estos temas que tanto nos gustan. Y creo que esa imagen lo define muy bien. El libro está empapado de mí, de mi forma de ser y de mi manera de contar.

Esta es la primera entrega de una trilogía. Más allá del desarrollo temático, ¿cómo te planteas la evolución literaria del proyecto en los siguientes libros?

Más allá de los temas, creo que cada libro tendrá una profundidad mayor y que mi escritura irá madurando conmigo. El proyecto nace de un mismo hilo, pero cada entrega tendrá su propia energía, su propio tono y una manera cada vez más afinada de expresar lo que quiero transmitir. Eso sí, seguirá estando muy presente la experiencia personal entrelazada con la espiritualidad y la ciencia. En realidad, quiero escribir los libros que a mí me habría gustado encontrar cuando se murió mi madre, libros que me ayudaran a comprender lo que estaba viviendo y que, al mismo tiempo, me ofrecieran alivio y consuelo.

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