La exaltación del amor y la naturaleza en el poema "Los besos" de Vicente AleixandreEl poema "Los besos" de Vicente Aleixandre celebra la unión pasional entre amantes a través del acto de besar, simbolizando vida y muerte. Utiliza versos heptasílabos y recursos estilísticos que reflejan la belleza del amor y su conexión con la naturaleza, culminando en una exaltación del mundo dorado de los besos.
Los besos
Sólo eres tú, continua,
graciosa, quien se entrega,
quien hoy me llama. Toma,
toma el calor, la dicha,
la cerrazón de bocas 5
selladas. Dulcemente
vivimos. Muere, ríndete.
Sólo los besos reinan:
sol tibio y amarillo,
riente, delicado, 10
que aquí muere, en las bocas
felices, entre nubes
rompientes, entre azules
dichosos, donde brillan
los besos, las delicias 15
de la tarde, la cima
de este poniente loco,
quietísimo, que vibra
y muere. -Muere, sorbe
la vida. -Besa. -Beso. 20
¡Oh mundo así dorado!
Vicente Aleixandre: Sombra del paraíso.Madrid, Adán, 1944.
[Edición de referencia: Madrid, Castalia Ediciones, (1978), 1990. Colección Clásicos Castalia, núm. 71. Edición de Leopoldo de Luis].
En 1944 aparece Sombra del paraíso, libro cumbre de la poesía surrealista española “Sombra del paraíso -afirma Aleixandre- es el libro mío que, más especialmente que ninguno, yo debo a Málaga. Sin esa ciudad, sin esa ribera andaluza donde transcurrió toda mi niñez y cuya luz había de quedarse en mis pupilas indeleble, ese libro, que por tantas razones bien puede llamarse mediterráneo, no hubiera existido, o no hubiera por lo menos accedido hasta el natural cuerpo que hoy ostenta”. El apasionado poema titulado “Ciudad del paraíso” -que el poeta dedica “A mi ciudad de Málaga”- confirman hasta qué punto los recuerdos autobiográficos de Aleixandre están ligados a la ciudad de Málaga, escenario de una infancia dichosa. https://www.poesi.as/va440605.htm El libro está escrito, fundamentalmente, en versículos sin rima; este poema -“Los besos”- es, sin embargo, uno de los once que contiene el libro escrito en versos heptasílabos. Y en él se concentran muchos de los rasgos formales y estilísticos que caracterizan la poesía de Aleixandre -al menos, de la producción anterior a Historia del corazón-, y también su concepción del amor -tomando como pretexto los besos-: la unión pasional de los amantes que, aniquilando sus límites corporales, se funden en un único ser. La idea de que la vida no es sino vivir y morir al unísono está expresada, de manera explícita, en los versos 19-20: “-Muere, sorbe / la vida. -Besa. -Beso.”; unos versos en los que se concentra el sentido de todo el poema y anticipan un final climático de extraordinario efecto expresivo: “¡Oh mundo así dorado!” (verso 21). Besar, en la forma descrita por Aleixandre en este poema, es, pues, morir de verdad: besos magníficos y, en cierto modo, a la vez trágicos, que dan la vida y la muerte; mientras el ocaso, loco y quieto a un mismo tiempo, y como si “se contagiara” de la experiencia amorosa a la que asiste, vibra -vive- y muere a la vez (versos 16-19: “la cima / de este poniente loco, / quietísimo, que vibra / y muere”). Y el verso con el que concluye el poema -“¡Oh mundo así dorado!”- supone una vuelta a la realidad, tras esos hermosos instantes de dicha en que los labios se besan -“la cerrazón de bocas / selladas.” (versos 5-6); porque solo besando así es posible habitar la tierra. En el poema, Aleixandre exhibe su amplia gama de recursos estilístico-lingüísticos de carácter propio. De entrada, la maestría en el uso de la versificación. Conforman el poema 20 heptasílabos llanos y uno esdrújulo (el verso 7, terminado en la palabra “ríndete”). Cuando el ritmo del poema requiere cierta aceleración -y pese a la abundancia de adjetivos- el poeta recurre al encabalgamiento:
versos 5-6: “bocas / selladas”; versos 10-11: “[sol] … delicado / que aquí muere” (encabalgamiento oracional introducido por el pronombre relativo); versos 11-12: “bocas / felices”; versos 12-13: “nubes / rompientes”; versos 13-14: “azules / dichosos”; versos 15-16: “las delicias / de la tarde”: versos 16-17: “la cima / de este poniente”.
Adviértase, además, que todos estos encabalgamientos terminan en pausa interna, lo que implica tras la aceleración una parada brusca. Por otra parte, la ausencia de rima no excluye la reiteración de ciertas asonancia en las palabras finales de algunos versos, algunas de ellas muy significativas:
/é-a/: versos 2 y 8 (“entrega/reinan“); /ó-a/: versos 3, 5 y 11 (“toma/bocas“); /í-a/: versos 4, 14, 15, 16 y 18 (“dicha/brillan/delicias/cima/vibra“); /á-o/: versos 10 y 21 (“delicado/dorado“): /ú-e/: versos 12 y 13 (“nubes/azules“).
Es decir, que las asonancias más o menos conscientes ocupan el 66,6 % de los heptasílabos (14 en total), mientras que no repiten asonancia las terminaciones de 7 heptasílabos (el 33,4 % del total). Y no deben pasar desapercibidas en el plano fónica determinadas aliteraciones fuertemente expresivas; por ejemplo, la del fonema vibrante múltiple /rr/ en palabra inicial en los versos 7 (“ríndete”), 8 (“reinan“) y 10 (“riente”): “vivimos. Muere, ríndete. / Sólo los besos reinan: / sol tibio y amarillo, / riente, delicado”; o la aliteración del fonema dental /t/ en el verso 13: “rompientes, entre azules”, un verso que sugiere un “juego paronomásico”. De la exuberante belleza del léxico que emplea Aleixandre es buen ejemplo el tipo de adjetivación y los nombres a los que califica. En este sentido, es fundamental la posición de los adjetivos en conjunto del verso, muchas veces destacados mediante encabalgamientos, sinestesias, pausas internas… Veámoslo:
versos 1-2: “(Tú), “continua [perseverante], / graciosa [que se da gratuitamente, significado corroborado por la oración de relativo “quien se entrega” (verso 2)]”; versos 5-6: “bocas / selladas [precintadas]”; el adjetivo cierra el encabalgamiento; verso 9: [los besos son como un sol] “tibio y amarillo”; a la luminosidad del sol se añaden, para caracterizar a los besos, una nota táctil (”tibio [moderado por el calor que irradia]) y otra cromática (“amarillo” [dorado, áureo]”), lo cual constituye una sinestesia de alto valor expresivo; versos 10: “riente, delicado”; continúa el símil “besos como el sol”, y de ahí el significado de ambos adjetivos. “Riente” proviene del participio activo del verbo “reír”, con el significado de “risueño” [que infunde alegría]; versos 10-11: “bocas / felices”; de nuevo la palabra “bocas” va acompañada de un adjetivo que cierra el encabalgamiento (como en los versos 5-6) y que expande alegría (“felices”); versos 12-13: “nubes / rompientes”. “Rompiente” -como antes “riente”- es el participio activo del verbo “romper”, con el significado de “que se deshacen en pedazos; versos 13-14: “azules / dichosos”; nueva combinación con ribetes sinestésicos, y en la que el adjetivo cierra el encabalgamiento. Por otra parte, “azules” es un adjetivo sustantivado, lo que permite su calificación. Adviértase, además, la reiteración semántica “bocas / felices” (versos 11-12) y “nubes dichosas”: hasta el paisaje se ha contagiado de la felicidad que desprenden los besos; versos 15-16: “las delicias / de la tarde”, otro encabalgamiento en el que el complemento nominal tiene valor adjetivo (“de la tarde” = ”vespertinas”); y nueva recurrencia semántica, ahora por vía nominal: “delicias” [deleite, gozo]. De esta manera, “donde brillan los besos” (versos 14-15) es, otra vez, la indicación de la “comunión con el paisaje;. Circunstancia esta que se prolonga a los versos 16-18: “la cima / de este poniente loco, / quietísimo”; versos 17-18: “poniente loco, [que excede mucho a lo ordinario o previsíble] / queitísimo” (el superlativo esdrújulo añade un innegable valor expresivo de carácter auditivo); verso 21: “mundo dorado [esplendoroso, radiante]. En este verso, el adverbio “así” gradúa la intensidad de la cualidad expresada por el adjetivo: ”¡Oh mundo así dorado!”.
Abundan en el texto las reiteraciones léxicas: “toma” (versos 3 y 4), “bocas” (versos 5 y 11), “besos” (versos 8 y 15), “muere (versos 7 y 19: segunda persona del singular del presente de imperativo del verbo “morir”; frente a “muere” -versos 11 y 19-, tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo “morir”; se trata, pues, de homografía), “besa/beso” (tú, presente de imperativo/yo, presente de indicativo; una alternancia que expresa “la cerrazón de bocas /selladas”). Asimismo, abundan las reiteraciones semánticas, claves para la progresión temática del poema, inmerso todo en un clima de alegría: “dicha” (verso 4), “felices” (verso 12), “dichosos” (verso 14), “delicias” (verso 15). También resultan frecuentes en el poema las reiteraciones sintácticas, a base, fundamentalmente, de construcciones paralelísticas y bimembres:
versos 2-3: “quien se entrega, / quien hoy me llama”; versos 4-6: “toma el calor, [toma] la dicha, / [toma] la cerrazón [de bocas / selladas]”; verso 7: Muere, ríndete”; versos 9-10: “sol tibio y amarillo, / riente, delicado”; (en el primer caso, la bimembración adjetival va unida por la conjunción “y”, mientras que en el segundo, la construcción es asindética); versos 12-14: “entre nubes / rompientes, entre azules / dichosos”; versos 14-17: “donde brillan / los besos, / [donde brillan] las delicias de la tarde, / [donde brilla] la cima / de este poniente loco”; versos 18-19: “que vibra / y [que] muere”; verso 19: “Muere, sorbe”.
Estructuralmente, el poema está concebido como un apóstrofe lírico, en el que el poeta se dirige a la amada para un intercambio de besos; y de ahí, tras la mención del “tu” -ya en el primer verso- surge una cadena de verbos en presente de imperativo (segunda persona del singular): “Toma” (versos 2 y 3), “Muere, ríndete” (verso 7), ”Muere, sorbe“ (verso 19). “Besa” (verso 20). La única respuesta del “tú” al “yo poético” se produce en el verso 20, con la aceptación de su exhortación: “Beso”. Y todo el poema ha sido cuidadosamente pensado para este apoteósico final:
-Muere, sorbe la vida. -Besa. -Beso. ¡Oh mundo así dorado!
Y en los versos 5-6 tiene su importancia .con vistas a ducho final climático- la presencia del plural sociativo: “Dulcemente / vivimos”. No resulta, por tanto, aventurado ver en el trasfondo de la posición ante el amor de Vicente Aleixandre un cierto grado de misticismo. De hecho, en el poema titulado “Hay más”, incluido en La destrucción o el amor, el clima erótico de los besos dora el ámbito luminoso. Esta es, precisamente, la segunda estrofa de dicho poema (versos 5-9):
El día se siente hacia afuera; sólo existe el amor. Tú y yo en la boca sentimos nacer lo que no vive, lo que es el beso indestructible cuando la boca son alas, alas que nos ahogan mientras los ojos se cierran, mientras la luz dorada está dentro de los párpados.
Y en este enlace ofrecemos el poema completo: https://www.poesi.as/va350607.htm Velintonia. La casa silente de Vicente Aleixandre.
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