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"Historia eclesiástica de los publos de los anglos", de Beda el Venerable. Edición de José Luis Moralejo Álvarez

Ed. Akal 2013
martes 26 de mayo de 2026, 22:21h
Historia eclesiástica del pueblo de los anglos
Historia eclesiástica del pueblo de los anglos

La editorial que hoy nos ocupa y preocupa, nos ofrece, dentro de su eximia cualidad, una obra auténticamente extraordinaria, y, es por ello por lo que califico de matrícula de honor al esfuerzo realizado. En los albores del siglo VIII europeo, el continente estaba desperezándose y tratando de metabolizar todo lo que ha padecido en los últimos 400 años, desde la destrucción del Imperio Romano de Occidente (476 d.C.) por los hérulos del Rey Odoacro/Audawakrs (‘que busca la riqueza’. Ca. 433-403), quien depondría al último emperador de occidente llamado Rómulo Augústulo (ca. 462-¿post 511? Emperador entre el 31 de octubre de 475, hasta el 4 de septiembre de 476); derrotado el germano citado por el ostrogodo Flavio Teodorico “el Grande” (454-30 de agosto de 526), en el año 489; y luego continuado el desaguisado antirromano por los visigodos del Rey Alarico II (458-507).

Además, para más, si cabe, la cuestión, se había producido el Cisma de Oriente en el que se había conformado una Iglesia Católica Ortodoxa a la sombra del Imperio Romano de Oriente o de Bizancio, separada de Roma. Por consiguiente, uno de los hombres más sabios de la época será Beda “el Venerable”, cuyo devenir vivencial transcurrirá entre los años 672 a 735, y denominado como el Doctor mirabilis. Beda pasó casi toda su vida en los monasterios de Wearmouth y Jarrow, en la ribera del río Tyne, en la histórica región de Northumbria o Northumberland, en el nordeste de la Inglaterra de la Alta Edad Media. Deseo, también mencionar a otro historiador y cronista eximio, que vivió en la Península Ibérica, se llamaría San Julián de Toledo, quien vio como caía sobre las tierras de Hispania, y llegarían hasta Poitiers donde serían derrotados, la marea islámica, que tenía una idea religiosa de conquista y, asimismo, de conversión al Islam de forma más o menos violenta, esta forma religiosa y política de comportarse sería definida por él como la grauissima Sarracenorum lues. Beda conseguiría introducir a la Inglaterra medieval en la historiografía de Europa.

Sin embargo, podría decirse de Beda, como se ha dicho de Tito Livio, que es un ‘historiador sin historia’, aunque por razones algo distintos: no nos faltan documentos sobre su vida, pero ésta parece haber sido sedentaria y apacible, carente de sucesos dignos de especial reseña. Él mismo, al final de la HE, terminada pocos años antes de su muerte, nos ofrece un curriculum vitae que impresiona no menos por su sencillez que por el volumen del inventario de sus obras. A su familia sólo alude como a los propinqui (los parientes) que lo encomendaron al cenobio de Wearmouth; pero está claro que era de estirpe anglosajona, según acreditan, entre otros datos, el dominio que en su HE muestra de la lengua de ese pueblo y el de su competencia para versificar en la misma”.

Cuando era un niño sería entregado, para su educación completa, al primer abad de Wearmouth; ambos eran anglosajones. Este prelado, Benedicto Biscop, antes de entrar en religión habría sido un thegn, que era un título nobiliario que podría ser equiparable al de los espatarios dentro del Aula Regia de los Reyes Godos de Toledo, que eran aquellos magnates que portaban espadas en presencia del monarca visigodo toledano, y estaban autorizados a portar las propias armas del soberano. Tras realizar un número indeterminado de viajes a Roma, profesaría las órdenes religiosas como monje, y con el auxilio y el permiso del anglosajón Rey Egfrido de Northumbría (ca. 645-20 de mayo de 685. Muerto en la batalla de Nechtansmere), y crearía, ya en el año de 674, el mencionado monasterio. En el año de 682, conformaría la fundación del monasterio de San Pablo de Jarrow, su dilecto discípulo, Ceolfrido, quien sería el nuevo abad de unos veinte monjes, entre a los que a lo mejor podría estar el joven profeso Beda. El nuevo monje refiere en su curriculum, que desde su profesión se aplicó con todo su esfuerzo y celo a la meditación de las Sagradas Escrituras, a la observancia de la regla monacal, y al canto cotidiano en el templo. Existe un texto sobre un hecho sobresaliente en el devenir de Beda, pero que, por su habitual humildad, él omite.

“… Y es que en una anónima Vida de Ceolfride, el primer abad de Jarrow, con el que Beda había llegado desde Wearmouth, se nos cuenta que en cierta ocasión cayó una epidemia sobre toda aquella comarca y sobre el propio monasterio. Entonces sólo Ceolfride y un muchacho (todavía un puer) sujeto a su pupilaje se mantuvieron en condiciones de cantar el oficio divino, lo que obligó al abad a reducir el rito prescindiendo de una parte de sus textos. Sin embargo, al cabo de una semana, descontento con tal mutilación, Ceolfride decidió volver como fuera al oficio tradicional y canónico. Y, así, entre él y su joven discípulo se las arreglaron para cantar de nuevo el oficio completo, hasta tener a quienes los ayudaran. La biografía no da el nombre del novicio, aunque sí cuenta que acabaría siendo presbítero en Jarrow; pero parece predominar la opinión de que se trataba precisamente del joven Beda”.

A los diecinueve años obtuvo el diaconado, pero como era tan joven, no pudo recibir el presbiteriado hasta el año 702 o 703 en que ya había alcanzado la treintena. Sus ideales serían prístinos, y se circunscribirían a: Aprender, Enseñar o Escribir. Beda “el Venerable” nunca desempeñó cargos de gobierno. La muerte le llegó apaciblemente, el 25 de mayo del año 735, día de la Ascensión del Señor, mientras se encontraba en el suelo de su celda, y cantando el Gloria Patri. Beda “el Venerable” tuvo una apreciable relación intelectual con Hispania, ya que siempre le interesaron los autores visigóticos, y sobre todo deseo destacar a la figura insigne del prelado San Isidoro de Sevilla, que luego al ser llevado su cuerpo por los Reyes-Emperadores de León, Sancha I, como Reina-propietaria de la Corona legionense, y Fernando I, como Monarca-consorte, para ser enterrado en la magna basílica leonesa, donde se encuentra el Panteón de Reyes del Reino de León, la que es denominada como la Capilla Sixtina del Arte Románico, llevaría ya el nuevo nombre de Basílica de San Isidoro de León.

Asimismo, le interesó la obra de un conspicuo historiador hispanorromano como lo fue Orosio. Más adelante, su obra sería traducida de la lengua latina al idioma anglosajón, ya en los tiempos de uno de los monarcas anglosajones más paradigmáticos del Alto Medioevo, y me refiero al Rey Alfredo I “el Grande” (849-899), que era el soberano de Wessex, y por ende de casi toda Inglaterra. Este gran soberano se puede considerar como el antecesor de uno de los monarcas más destacados y paradójicos de la Plena Edad Media, y me estoy refiriendo al Rey Alfonso X “el Sabio” de León y de Castilla, que creó en su Aula Regia todo un corpus cultural sistemático y amplio, desde la denominada Escuela de Traductores de Toledo. En mi libro sobre: “Alfonso X el Sabio de León y de Castilla. Su vida y su época. 2017”, se contempla, de forma rigurosa y pormenorizada, la vida de este monarca eximio. Deseo destacar, también, al rector del Colegio de Douai, cardenal William Allen, quien sería el centro del movimiento contrario al dogmatismo sociopolítico y religioso de la Reina inglesa Isabel I “la Grande”, el cual utilizó de forma prístinamente inteligente la obra de Beda como una correcta y lógica arma dialéctica y apologética frente al dogmático anglicanismo. Es preciso no olvidar que Beda “el Venerable” es contemporáneo de la Batalla de Covadonga, año 722 d.C., en la que los agarenos fueron derrotados ampliamente por ástures y visigodos comandados por el espatario Pelayo/Belay el Rumí. En el año de 1541, el comportamiento anglicano inexplicablemente destrozó sus restos, de forma inmisericorde, los cuales fueron profanados y dispersados. Su fiesta es el 27 de mayo.

«La obra que aquí se ofrece es la más conocida de uno de los hombres más ilustres de la época medieval, cuyo saber y erudición le consagraron como santo y doctor de la Iglesia. Considerada como su obra capital, la Historia Eclesiástica del Pueblo de los Anglos introdujo a la que más adelante sería Inglaterra en la historia escrita. Efectivamente, si bien la obra de Beda se vertebraba en torno al proceso de evangelización del pueblo anglo, puede incluirse en el grupo de las historias nacionales, por medio de las cuales los nuevos reinos surgidos de las invasiones bárbaras se fueron haciendo un lugar en la gran crónica de Europa. La presente es la primera edición que se publica de manera completa en español de una obra considerada como la fuente esencial para el conocimiento y el estudio de la Britania de los siglos VI al VIII». La obra fue dedicada al Rey Ceolwulfo de Northumbría entre los años 729 al 737, para a continuación, éste, monarca abandonar el trono, y profesar como monje en el monasterio de Lindisfarne, donde pasaría a mejor vida entre los años 760 y 761, y siendo ya venerado como a un santo. Para finalizar indicaré la calificación de sobresaliente, sin ambages, para este libro, joya indiscutible de la historiografía del Medioevo. ¡Magistral Obra! «Nobis cum semel occiderit breuis lux. ET. Ex illa locatione columnarum»

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