La novela comienza en 2012, en la población costera catalana de L’Escala que se ve conmocionada por el descubrimiento de unos restos óseos en las ruinas de Empúries. Estos hallazgos no corresponden en absoluto a lo que se esperaría de un yacimiento griego. Poco después, un segundo cuerpo aparece en la escena, el del empresario Ricard Vidal.
Alex Sabell, policía municipal, es transferida, provisionalmente, a los Mossos d'Esquadra como ayuda a los investigadores encargados del caso. Desde ese momento, se encuentra inesperadamente inmersa en una pesadilla centrada en una mentira que parece estar arraigada en su propia familia. Con la ayuda del excomisario francés Jérôme Tolbert, Sabell comenzará a investigar sin el conocimiento de sus superiores y pronto descubrirá que esos cadáveres son, en realidad, las grietas por las que se filtra el pasado.
La parte de novela histórica se centra en el joven arqueólogo Mateu Mercader, que acaba de llegar a las excavaciones de Empúries en 1912 y su ilusión se desmorona al darse cuenta de que los expolios son una práctica común. Se enfrenta a la decisión de unirse a aquellos que se benefician del tráfico de piezas históricas o luchar para ponerle fin.
La novela va alternando los episodios de la época actual con los de 1912 y, poco a poco, se van mezclando de tal forma que el lector percibe que ambas épocas están muy relacionadas. El paso del tiempo no es tan determinante como creemos y vamos viendo que las pulsiones de los protagonistas son prácticamente las misma. El papel de la memoria nos puede jugar malas pasadas, pero esos recovecos que se encuentran en la mente de los protagonistas hacen que aumente la pulsión para querer descubrir una verdad que se ha ocultado más de cien años.
La trama es muy inquietante y según va avanzando la investigación, nos vamos dando cuenta de que no es todo tan sencillo como parece. Las ramificaciones van al pasado y se hunden de tal manera que las consecuencias continúan en la actualidad. Elisabeth Anglarill juega con ambas tramas a su antojo y va arrinconando al lector hacia donde ella quiere. Dejándole sin respiración cuando van ocurriendo sucesos que nadie espera.
Maneja a la perfección la trama arqueológica y la mercantilización que algunos lugareños quieren hacer de esos descubrimientos. Un estilo muy costumbrista donde se conocen no solo las motivaciones de los sucesos, sino también la forma de vida y actuación de unos pobladores que pueden ser pescadores, agricultores y peones en unas excavaciones.
La parte actual, tiene más de novela policiaca que de negra. La investigación de la policía nos va llevando a conocer cómo se desarrollaron los hechos criminales en las dos diferentes épocas. Los sentimientos y las emociones de los investigadores son cruciales para la resolución de los misterios que se investigan. Hay que destacar que la autora ha sabido manejar y entrelazar a la perfección el presente y el pasado. Y la resolución nos sorprenderá, aunque deja en el aire una posible continuación más personal de la historia de Sabell.
Elisabeth Anglarill es escritora, periodista y guionista. Ha dirigido varios documentales; los últimos en el programa Imprescindibles de La 2 (RTVE). Tras varias obras de no ficción, Los malos muertos es su estreno como novelista.
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