07/07/2026@16:16:00
En el caso de creer que el concepto de generaciones esclarece o facilita de algún modo la reflexión y el análisis en torno a la práctica de la escritura y el consecuente fenómeno literario -¡lo cual ya es creer!-, Luis Martín-Santos integraría, con las previsibles imprecisiones que dimanan de toda clasificación de orden temporal, la generación narrativa española del ’50, o la generación del medio siglo, o la generación de los niños de la guerra: aquellos que nacen alrededor de 1920 (Martín-Santos nace en 1924) y comienzan a publicar alrededor de los años de la década de 1950 (Tiempo de silencio conoce su primera edición en 1961): Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Marsé, Francisco Umbral, Juan Goytisolo, y un largo etcétera cuya enumeración resultaría no sólo ociosa, sino también innecesaria.
En el curso del bimestre octubre-noviembre del año 1933 dio comienzo en París un seminario destinado a hacer época, el dictado por el filósofo Alexandre Kojève en torno a la fenomenología hegeliana; los asistentes al mismo no eran de escaso calado: Lacan, Breton, Bataille y Roger Caillois, entre otros. Las clases impartidas por Kojève prolongaban, en más de un aspecto, el indiscutible impacto que supuso la obra de Husserl en la filosofía moderna (cuya incidencia en el pensamiento de Heidegger y Sartre no hace falta especificar). La fenomenología constató, entre otras, dos premisas de capital importancia: el carácter absurdo de la existencia (dotarla de sentido: tal es la ardua tarea del sujeto) y las fisuras del ser (el yo y, en consecuencia, la identidad no son bloques homogéneos, sino fragmentos en vertiginosa mutación: nadie se baña dos veces en el mismo río porque el yo cambia tantas veces como el agua que fluye y se renueva).
Hace ahora 40 años la editorial italiana Bompiani publicó una de esas novelas llamadas a convertirse pronto en un clásico y entrar por derecho propio en la historia de la literatura universal, ‘El nombre de la rosa’ del escritor piamontés Umberto Eco.
Editorial Barnacle, Buenos Aires, Argentina, 2025
“el lenguaje pugna con su constitutiva condición de inefable y el sujeto queda encubierto tras un denso velo de otredad” (1)
La editorial Barnacle ha puesto a consideración de los lectores una nueva antología de la obra poética del argentino Luis Benítez (Buenos Aires, 1956), titulada “Antología Esencial”, en esta oportunidad seleccionada y prologada por el catedrático Osvaldo Gallone, poeta, ensayista, narrador y también periodista, entre sus múltiples actividades. Muy acertada la elección del título en tanto, a juicio de quien esto escribe, se han elegido los poemas que constituyen una suerte de arquitectura poética en la que se sostiene la obra de Benitez.
Ángela Serna nace en Salamanca. Vive en Vitoria-Gasteiz. Profesora Titular de la Universidad del País Vasco. Es directora y editora de la revista TEXTURAS.- Nuevas dimensiones del texto y de la imagen. Traductora, poeta, poeta visual y rapsoda. Desde 2010 preside la Asociación de Creadores Literarios de Alava- KRELIA.a. Desde 2006 organiza las CITAS CON LA POESÏA que se celebran en la Casa de Cultura de Gasteiz, igualmente coordina la actividad A LA SOMBRA DEL BAOBAB (música y poesía).
Dioni Arroyo (Valladolid, 1971) es licenciado en Antropología y diplomado en Educación Social. Por su profesión ha vivido en numerosas ciudades, como Santa Cruz de Tenerife, Algeciras, Jerez, Pontevedra o Santander, y en su faceta de escritor, ha cultivado tanto el terror gótico (“Los Ángeles caídos de la eternidad”, “El Sabor de tu Sangre” o “Gótica y Erótica”), la ciencia ficción (“Metanoia”, Premio Éride V edición, “Fractura”, nominada a los Premios Ignotus Mejor Novela, o “Fracasamos al Soñar”).
De acontecimiento tilda su editorial, Páginas de espuma, la aparición del nuevo libro de relatos de Eloy Tizón (Madrid, 1964), “Plegaria para pirómanos”, y no le falta razón, tanto desde el punto de vista puramente literario como del cronológico, pues se cumplen diez años desde que viera la luz el anterior “Técnicas de iluminación”. Nueve relatos con destellos de luminosa oscuridad, haciendo honor al apellido de su autor, estos textos comparten una escritura que es “súplica e incendio, una literatura que nos quema”.
Olé Libros publica la primera antología del grupo Poesía 90
En la Antigua Grecia, un ónfalo (en griego, ‘ombligo’) era un artefacto pétreo que se utilizaba en algunas liturgias religiosas que se celebraban en el oráculo de Delfos. Dicho betilo representaba nada más y nada menos que el centro del mundo. Y eso es, precisamente, lo que las páginas de Poesía 90. Voz a una generación (Olé Libros, 2022) representan para sus creadores: el sagrado lugar donde el cielo y la tierra se unen para ellos; su axis mundi; el panóptico enclave desde el que emitir el discurso umbilical que les posicionará frente al mundo y a sí mismos.
Ed. Ars Poética
José Manuel Ramón (1966), oriundo de la tierra de Miguel Hernández, fue uno de los cofundadores, además de codirector, de la emblemática revista literaria Empireuma. Como poeta, Génesis del amanecer —plaquette de 1988— y La senda honda, un poemario editado por Devenir, son los avales líricos que ostenta y preceden a este La tierra y el cielo, un poemario prologado por el poeta valenciano Miguel Veyrat.
El origen de la palabra nostalgia se remonta a 1688, cuando Johannes Hofer tituló su tesis, presentada en la Universidad de Basilea, con el que entonces era un neologismo de etimología griega. Según cuenta Diego S. Garrocho, el joven doctor usó esta palabra para nombrar una enfermedad cuyo principal síntoma es la tristeza provocada por el desarraigo de la patria, y era una enfermedad de particular recurrencia entre los soldados (1). La cita de esta anécdota no resulta casual, pues Mari Ángeles Lonardi ha creado en "Soles de nostalgia" (Círculo Rojo, 2019) una poesía que sobre todo trata de responder a las interrogantes más primarias, quizá de donde surgiera la propia literatura, planteadas desde una perspectiva personal: «quién soy» y «de dónde vengo».
Este jueves se ha desarrollado, en la Sala Blanca del Laboratorio de las Artes de Valladolid (LAVA), el segundo taller de poesía visual, enmarcado dentro de los actos conmemorativos del bicentenario de José Zorrilla.
Se inaugura el 7 de junio
El próximo martes 7 de junio a las 20:00 horas de la tarde y en la sala de exposiciones de los Cines Broadway de Valladolid, tendrá lugar la inauguración de la exposición que lleva por título “Lo bello sin nombre” de David Acebes Sampedro. El conocido poeta vallisoletano ofrecerá al público —bajo la denominación «poesía experimental»— una serie de artefactos líricos que convertirán a sus lectores en espectadores activos, puesto que podrán interactuar con unas obras que, además de creativas, no ocultan —por su naturaleza y mensaje— su vocación didáctica..
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La literatura marroquí en lengua española. Nuevas cartografías críticas. Madrid: Editorial Verbum, Colección Biblioteca Hispanoafricana (2026)
Acaba de salir este mes en la editorial madrileña Verbum, en su colección Literatura Hispanoafricana, el volumen colectivo titulado: La literatura marroquí en lengua española. Otras cartografías críticas. Es un libro que recoge las diez comunicaciones que sus autores y autoras pronunciaron en el seminario titulado: “Literatura marroquí en lengua española: explorando otras lecturas”, que tuvo lugar en Soria, los días 2, 3 y 4 de julio de 2025. Este último fue uno de los tres proyectos que salió ganador en el III Certamen Seminarios Fundación Duques de Soria del Hispanismo Internacional que convoca anualmente la misma Fundación y el Observatorio Permanente del Hispanismo. Fue presentado como candidatura por la Universidad Hassan II de Casablanca, la Asociación Marroquí de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos y la Universidad Ibnou Zohr de Agadir.
Nuestro poema de cada día
A Ángel del Río
Gerardo Diego nació el 3 de octubre de 1896 en Santander. En 1920, obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto de Soria. Posteriormente, dio clases en un instituto y publicó su primer libro de poemas, El romancero de la novia. Su timidez personal contrastaba con la fuerza expresiva y la vocación renovadora de su obra. Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1925 por su libro Versos humanos. La extensa obra poética de Gerardo Diego oscila siempre entre los temas y expresiones de raíz vanguardista y las estructuras más clásicas de la poesía.
La pregunta se podría formular del siguiente modo, entre tantos posibles: ¿hay alguna argumentación que nos esclarezca de manera genuina y a satisfacción respecto del proceso creador en el ancho mundo del arte?
Valparaíso, USA, 2023
Creo que la lengua del mundo es la traducción. Y no sólo porque la mayoría de las obras de la literatura universal que leemos (La Odisea y La Ilíada, de Homero, Antígona y Edipo Rey, de Sófocles, La Eneida, de Virgilio, y Las Metamorfosis, de Ovidio, Las confesiones, de san Agustín, y La divina comedia, de Dante, Hamlet, de Shakespeare…), las conocemos por medio de traducciones. Es dudoso que el mundo tenga un fin más allá de la vida y del que los seres humanos seamos capaces de dotarle en medio de tanto sin sentido. El mundo está ahí, no diré para ser leído, pero si no lo leemos, si no lo traducimos, si no lo comprendemos, además de resultar más ininteligible y absurdo, sería imposible actuar con cierta prudencia y sabiduría, aspectos prácticos para los que se requiere la máxima comprensión y conocimiento.
Decir Berlín, decir Buenos Aires; Saúl Sosnowski, Paradiso, 2020, 126 páginas
El país que ahora llamaban suyo; Saúl Sosnowski, Paradiso, 2021, 126 páginas
Etimológicamente, diáspora proviene en forma directa de la palabra griega diasporá: dispersión; un concepto que remite, en términos generales, al abandono de grupos étnicos y/o religiosos de su lugar de origen y, particularmente, al exilio del pueblo judío fuera del territorio de Israel y su posterior disgregación por el mundo.
Resultaría del todo ingrato comenzar este artículo sin expresar mi sincero reconocimiento a Miguel y a Aldo García, y por supuesto, a mi querida Pilar Eusamio, que alentaron a Drácena a convocar unas mesas-coloquio durante la semana pasada en su librería Antonio Machado del Círculo de Bellas Artes, de Madrid, donde he figurado desde aposentador hasta ponente anunciado en los carteles, o incluso de sustituto de socorro ante la imprevista ausencia del profesor Carlos Sandoval por un angustioso percance doméstico.
Tres cosas llamaron mi atención sobre este libro en cuanto lo despojé del sobre de Correos que lo trajo hasta mi buzón, tres aspectos que, a lo mejor, no son tan relevantes como pudieran parecer, mucha gente ni reparará en ellos, pero a mí, como buen bibliófilo y amante de la palabra, me captaron y empezaron a comunicarme como lector. Lo primero que llamó mi atención al enfrentar este poemario, y me refiero, a esos momentos previos a abrirlo y escudriñar en su interior, fue su elevado número de páginas. 166 hojas parece un número más propicio para una antología, que para un poemario, ¿verdad? Sin embargo, yo mismo he incurrido alguna vez en una situación parecida y, si tal como Carlos Marzal afirma y otros antes que él, también así lo creo, «la poesía se escribe cuando ella quiere», del mismo modo, su extensión es algo que no determina el poeta, siempre que tomemos el texto poético como necesaria expresión y no solo como una estrategia que busca un efecto estético. Terminar un poemario en 50 páginas, terminarlo en 180, tal vez, el momento en que el pájaro decide detener su canto, y por qué, sean misterios tales cuyo enigma y nacimiento procedan del mismo indeterminado lugar del que procede nuestra inspiración.
Reseña del poemario “111 signos. Huellas de una arquera”, de Ivonne Sánchez Barea
Tuve el placer y el privilegio de leer y reseñar Armonía versus entropía (Pandora Lobo Estepario, 2015), uno de los anteriores poemarios de Ivonne Sánchez Barea y me reafirmo hoy en algunas de mis consideraciones vertidas entonces sobre su poesía, como por ejemplo: Sánchez Barea es una exopoeta, su poética no orbita núcleos convencionales, es una poeta-isla en cuanto a que su decir lírico se inscribe en la poesía cuántica, en el hecho literario cientifista que aúna lo tecnológico a lo humano.
“La vida cotidiana actual es bastante superficial”
Aunque nacido en Ankara, Burhan Sönmez tiene la nacionalidad británica. Dejó un país sumido en la corrupción y la represión para instalarse en el mayor paraíso fiscal del mundo, Inglaterra, donde se tejen la gran mayoría de corrupciones financieras de nuestro planeta. La nómina de personajes mafiosos es inmensa en la City londinense donde se mueven impunemente. No podemos decir que su decisión sea muy acertada, lo que sí podemos decir es que su cuarta novela “Estambul, Estambul” es un prodigio literario.
"El microrrelato es la narrativa de la posmodernidad"
Atilano Sevillano (Sayago, Zamora, 1954). Creció y realizó estudios universitarios en la ciudad del Tormes. Tras más de una década en Barcelona, desde 1994 reside en Valladolid. Es Doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Cofundador de diversas revistas literarias, miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía de Barcelona y autor de los poemarios Presencia indebida (1999), Hojas volanderas [Haikus] (2008), y de los libros de relatos breves De los derroteros de la palabra [Microrrelatos] (2010) y "Lady Ofelia y otros microrrelatos" (2015).
Aprendió Sor Juana, para agrandar su visión del cosmos, latín, la filosofía de Aristóteles, la hermética, la neoplatónica, la cartesiana y la de Santo Tomás de Aquino. Le abrió el latín quince siglos de disquisiciones quisquillosas, eruditas y profundas, lo cual aguzó su sensorio. Aristóteles puso orden a sus pensamientos, siempre movidos por las pasiones. La hermética, tan cercana a lo esotérico, multiplicó su credulidad, postura intelectual necesaria para la poesía. El neoplatonismo, que es mística y teología, la avezó a la reflexión constante y alta, a la que pocos resisten sin desorientarse. Descartes, que con sus yerros sobre la substancia inauguró el solipsismo, le dio términos suficientes para metodizar cualquier ciencia. Y el Aquinate, merced a sus lucubraciones escolásticas, le enseñó a discernir las esencias, desde las divinas hasta las terrenales. Tal fue la torrentosa educación que Sor Juana, a fuer de tesón, se regaló.
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