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Immanuel Kant
Immanuel Kant

Explanación literaria de una página de Kant

martes 31 de mayo de 2016, 21:44h
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Ni el pensador más disciplinado, avezado en científicos métodos y críticas teóricas, es capaz de soslayar las angustias metafísicas, nacidas de los saberes independientes de la experiencia, copiosos, pues se multiplican en las soledades, amigas inseparables de parias y aristotélicos. Soñar vestiglos es ameno, mas oneroso cuando bregamos contra sus imposibles ardides creyéndonos reales en fantásticas tierras.

Los historiantes, que deben descifrar acaecimientos impresos en las memorias de los hombres, al explanar las razones que movieron a reyes y poetas a tales o cuales odios y estros, deben separar con fina mano lo que es de la imaginación y lo que es de la voluntad de la naturaleza. Pero quitándolo destruyen la metafísica, ciencia versada en conjeturas sin basamento y en urdir leyes que explican sucesiones y cada acontecimiento que nos contenta o fatiga el espíritu.

Ignorar los tejemanejes de la metafísica en nuestra cabeza, oronda, cómoda siempre en el calor de la razón, certera, y en los paisajes de la imaginación, incansable hacedora de pinturas, es desentenderse de la sustancia de nuestras afirmaciones, que sin conocer los terrenos de lo ideal todo lo troca en conceptos bellos, altos, sonoros, pero inadecuados para sospechar lo invisible, como lo hace toda ciencia de decente genealogía.

Creer en lo que a los sentidos se oculta sin meditar su influencia en eso a lo que llamamos vida, nos obliga a hacer lenguajes laxos, palabras más cercanas a la magia que a la imperativa realidad, desgracia que sitúa a la humanidad sobre la parte más despreciable de la existencia, que llaman “sentido común”, lugar poblado de letreros que guían hacia lo burdo, al sinsentido, es decir, a lo opinable, que no se hizo para la sensibilidad racional cristiana, sino para la animalidad de la barbarie.

La razón del discreto, que sabe discernir, dividir sin quebrar, matizar sin diluir, erige tribunales que dictaminan los significados de las palabras, que muy dilatadas engloban objetos en demasía, que muy acotadas sustentan cosas que sólo los aguzados y místicos pueden vislumbrar. Tales tribunales, que de críticos podemos tildar, no suprimen lo metafísico por sólo serlo, pero sí por no tener misión en el pensamiento filosófico.

Se podrá o no creer en el origen del mundo, pero es necesario suponerlo para que tiempo y espacio sean escenarios sólidos de nuestras figuraciones, que sin ellos tendrían cariz de prodigios que no terminan, insoportables para cerebros sosegados, o por mejor decir, quietos, amigos de observar, de aniquilarse para registrar los hechos de toda circunstancia.

Es, finalmente, la metafísica de las menos pragmáticas de las ciencias, o de las más aptas para el arte, que plasma para siempre nuestros sueños.–

Pueden leer más artículos del autor en:

Blog personal: http://www.donpalafox.blogspot.com

Diario judío: http://diariojudio.com/autor/ezeind/

El Cotidiano: http://www.elcotidiano.es/category/columnistas/critica-paniaguada/

Leonardo: http://leonardo1452.com/author/eduardo_palafox/

Deliberación: http://www.deliberacion.org/?s=Eduardo+Zeind+

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