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"Tan gastado corazón" de Félix Molina

Por Gregorio Muelas Bermúdez
domingo 13 de noviembre de 2016, 19:33h
Tan gastado corazón
Tan gastado corazón

Félix Molina publica su segundo poemario, "Tan gastado corazón", en la colección “Opera Prima” de Editorial Neopàtria, un interesante proyecto editorial que desde Alzira viene dando voz a toda una pléyade de autores valencianos en lengua castellana y catalana, gracias a la labor de Manel Alonso i Català y Antoni M. Bonet, directores de la colección.

Con este nuevo trabajo el poeta del barrio de Nazaret, a quien dedica el libro, parece saldar cuentas consigo mismo pues el título alude al infarto que padeció hace un año, algo que se pone de manifiesto en el primer poema, titulado “No ser ya más poeta”: “abocado a la preocupación crónica/ del vivir de cada día”.

El poemario se estructura en siete apartados con títulos muy sugerentes: “Raptos de luz”, “Urbe de alas y sombra”, “Línea de flotación”, “Tan gastado corazón”, “El olvido poliédrico”, “Cintilaciones” y “Poemas con nombres”.

Félix Molina canta a un presente nublado, donde “tras su pátina de espejo// aparecen rostros, paisajes y cuerpos”, que se han perdido y resultan “extrañamente familiares”, sin embargo, la poesía le permite hablar con los muertos porque, en definitiva, “no envejecen los sueños” aunque la muerte siempre sea posible, por mucho que aletarguemos su llegada.

El poeta se entrega a una poesía de corte existencial donde los versos son semillas y la mirada es ventana. Sus inquietudes, lejos de verdades improbables, “estancias limitadas”, se imbrican con el tiempo que le ha sido dado, así lo ve pasar, lentamente, como sin sangre, en soledad, secándole la tinta de los días, entre recuerdos y ausencias marcadas en rojo en el calendario.

El poeta valenciano emplea el verso libre para expresar de forma contenida el menoscabo que produce la herida, el anticipo del adiós que a veces nos sorprende para recordarnos nuestra fragilidad intrínseca, y lo dice con extrema elegancia: “Llueven pétalos dormidos en libros olvidados”. Si cada día que pasa nos descuenta la vida y nos aboca a “una silla vacía”, Félix Molina hace recuento de encuentros, de citas clandestinas, pidiendo perdón, abrazando la “niebla del amigo”, besando “labios de humo”.

Nadie vuelve indemne y el autor versifica su experiencia con un corazón gastado pero con una segunda vitalidad para cincelar su paso por la vida, donde también se hace eco de los problemas que nos acucian cada día: el ritmo vertiginoso de las urbes y el sometimiento a la dictadura de la estadística, que nos impele al reflejo de las cosas necesarias, porque corren tiempos de confusión y de desidia: “El rebaño de las gentes/ no tiene ya la libertad de escoger/ qué seguir ni qué dejar.”

Reflexión existencialista y preocupación social son los ejes sobre los que Félix Molina articula su discurso lírico tras su estadía en el hospital clínico, “verde oscuro de esperanza”. Sin embargo, también aplica la ternura cuando le escribe a su esposa aunque no precise de ellas “para sentir lo que siento”, a ella le dedica la sección que titula el conjunto y es una suerte de remanso entre vientos de tormenta.

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