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José Joaquín Bermúdez Olivares
José Joaquín Bermúdez Olivares (Foto: Javier Velasco Oliaga)

Entrevista a José Joaquín Bermúdez Olivares: “La novela debe ser crónica de aprendizaje y evolución de los personajes”

Autor de “Los cuatro santos”

miércoles 12 de junio de 2019, 09:23h
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Con motivo de su visita a la Feria del Libro de Madrid 2019 donde ha dedicado ejemplares de sus obras (la trilogía de Rafael Sánchez cuyo último volumen "Los cuatro santos" acaba de editar la Huerta Grande, añadiéndose a los anteriores "El último de Cuba" (2016) y "El hombre de negro" (2017) y el poemario "La tierra del chaleco" (2018) de Lastura ediciones), charlamos en pleno centro de Madrid con el autor cartagenero, ya no tan moreno, José Joaquín Bermúdez Olivares.

José Joaquín Bermúdez Olivares
José Joaquín Bermúdez Olivares (Foto: Javier Velasco Oliaga)

¿Tenía pensado escribir una trilogía cuando comenzó su primer libro, "El último de Cuba", publicado finalmente en 2016?

Difícilmente podía imaginar siquiera que se publicase algún día aquel manuscrito que comencé a escribir a finales de 2010. Sin embargo, si había una idea de prolongar las aventuras del personaje Sánchez con otras salidas por decirlo al modo cervantino. Rafael surge como antagonista de ‹‹el último de Cuba››, basado en el postrer Obispo de la Cuba española en 1898; pero dio muestras de tener un largo aliento. Después se planteó la idea de trilogía casi filosófica, al modo hegeliano de tesis, antítesis y síntesis. La gran fortuna está en haber sido acompañado en este proyecto por la editorial La Huerta Grande.

¿Qué diferencias encontrará el lector entre las tres novelas? ¿Son de géneros diferentes?

Son diferentes aproximaciones a la parodia de género: la novela histórica en el primero, la novela de espías en el segundo y la crónica local en el tercero, pero no son, a mi entender, propiamente de género —salvo el único que me importa, el literario—. Obviamente el lector interesado puede acercarse por el lado de la trama y leer sobre historia española entre 1857/1957 o sobre redes de espías en la guerra fría o sobre curiosidades literarias y sociales de la Cartagena de los 60 incluyendo la actuación de mis paisanos Carmen Conde y Antonio Oliver en el caso del legado Darío que conservaba su viuda Paca Sánchez.

"Los cuatro santos", ¿cómo se le ocurrió el título?

En realidad el título provisional en la fase de manuscrito era otro más dariano, eucarístico y breve, a sugerencia editorial (creo que acertada) se eligió el definitivo en homenaje a los cuatro santos de Cartagena: san Isidoro y sus hermanos san Leandro, san Fulgencio y santa Florentina. Me recuerda al caso del gran Nabokov cuyas memorias Speak memory! quería llamar Speak Mnemosyne! Pero se trata de una novela, no de un libro religioso ni de curiosidades locales (que también). ¡Ah! la preciosa cubierta de Enrique García Puche tampoco indica necesariamente que el libro transcurra en Barcelona (pero eso mejor que lo averigüe el lector).

¿Cree que hay una evolución psicológica en Rafael Sánchez, y en general en la novela?

Lo políticamente correcto sería decir que sí, que la novela, al menos desde el pre-romanticismo de Goethe y su Werther debe ser crónica de aprendizaje y evolución de los personajes, así como espejo al lado del camino stendhaliano o trozo de vida real. Pero yo soy hijo del siglo XX (aunque también muy siglo XVIII y muy antiguo y muy moderno) y veo que los textos se componen de palabras y trabajo con ellas: bienvenido el lector que a partir de ese material encuentre o ponga de su parte emoción, cambio, aprendizaje o lo que desee. Dicho lo cual, puede que Rafael esté más melancólico en este libro, crepuscular como casi todos los finales, mezcla de duda, desolación y humo.

Entonces ¿cuáles son las ‹‹señas de identidad›› de su literatura?

Básicamente la adscripción al sentido artístico de la escritura como forma de ordenación del mundo y reacción a su belleza pero también a su error. Creo (temo) ser bastante excéntrico en el panorama actual donde veo relativismo, repetición de modelos intercambiables y disposición a halagar los bajos instintos del presunto público. Alguna vez he definido mi estilo como mezcla de arquitectura y moralidad, por citar un libro de hace décadas: arquitectura como voluntad de estructura literaria más allá del mero adorno o mímesis con la realidad (sea ésta lo que sea) y moralidad por el planteamiento de problemas como el bien, el mal, la verdad y la falsedad que a todos, espero, nos preocupan. Además están los rasgos como el humor, las enumeraciones más o menos caóticas, las intertextualidades y homenajes…, pero ya estoy diciendo demasiado.

Es Rafael Sánchez el protagonista de sus novelas o lo es el idioma?

Buena pregunta. Se ha dicho (y yo lo he tomado como elogio), que mi escritura fluye apoyándose sobre sí misma sin necesidad de contar con un apoyo excesivo de la trama o el personaje. Recuerdo una edición erudita de ‹‹Historia de la guerra del Peloponeso›› en la que el editor, puesto a señalar inexactitudes en algunos párrafos, decía al final algo así como que, en el fondo, es un gran elogio hacia Tucídides el que destaquemos errores en los discursos que pone en boca de los personajes, ¡cómo si no fueran todos invención el propio autor! Pues eso, no es que yo sea Rafael ni que él sea protagonista, todos estamos hechos de palabras, somos relato a estas alturas del tiempo.

En esta FLM 19 a la que acude hay miles de libros, denos unas pinceladas para que el lector se interese por los suyos en concreto.

Si pudiéramos saber de antemano qué características van a interesar al lector, ese ente escurridizo, todos escribiríamos Patria. Supongo que el uso del humor, de un cierto vocabulario cuidadoso, de una cierta intención de contar al tiempo que se hace literatura, de variadas máscaras para esconder al narrador, de asuntos como los científicos o filosóficos poco presentes en la narrativa habitual…, por resumir: mis libros son mucho mejores que la inmensa mayoría de los que se publican, y su lectura es siempre una experiencia gratificante (lo que no resulta sinónimo de agradable).

Lógicamente su trilogía se cierra con este tercer volumen pero en cada libro ¿cuándo se da cuenta de que están listos para ser publicados?

Eso resulta más problemático en los poemas: con frecuencia, incluso en poemas que empiezan bien, la poesía ha abandonado el texto antes de que el autor cierre la pieza. En las novelas yo tengo muy claro el final antes de ponerme a escribir —al modo de los whodunnit en que el crimen está resuelto por el autor y va deduciendo hacia atrás para epatar al lector ingenuo—. Dentro de ese marco general, cada libro pide su extensión y estructura, como los toros (dicen) piden la muerte. Además hay consideraciones de estructura, como antes decía, pues todo en las novelas está medido, hasta el número de capítulos y, si me apuran, de palabras.

Ahora tiene que andar sin el bastón de Rafael Sánchez ¿hacia dónde va usted como autor, hay algún tipo de novela que le tiente?

Tal vez vaya a formas breves, como los relatos. También tengo en mente un ensayo, seguramente impublicable, sobre temas técnicos y científicos. Pero es interesante la pregunta sobre formas de novela, pues algunas están abandonadas: la novela bizantina, que al cabo es el origen, vía libros de caballería y Quijote de todo lo demás; el humor absurdo de la otra generación del 27, preterido por hediondas sinrazones políticas…Lo que desde luego no me tienta es esa otra peste de la no-ficción, autoficción, novela sin ficción, etc. Menos mal que Knausgard ha puesto ‹‹fin›› a su proyecto, aunque no me lo creo del todo…todavía nos quedan sus imitadores españoles.

Lo que desde luego no me tienta es esa otra peste de la no-ficción, autoficción o novela sin ficción

Pero entre las novelas también ha debutado como poeta con "La tierra del chaleco" (Lastura, 2018). ¿Hay que ‹‹cambiar el chip›› entre prosa y poesía?

En realidad el poemario es una opera omnia que contiene piezas de media vida, debidamente corregidas y reducidas por la experiencia actual. Pero no, yo solo sé (o no sé) escribir de una forma, no tengo varias gorras como dicen en inglés y me pongo una como narrador, otra de poeta, una tercera de ensayista… Tal vez porque he empezado escribiendo artículos científicos en inglés conservo un cierto extrañamiento respecto al uso literario del lenguaje que va más allá del género. De hecho el tema de la idoneidad o mera posibilidad del lenguaje como medio para contar historias o recrear emociones es uno de los tratados en Los cuatro santos, para desesperación, supongo, de mi querida editora.

Díganos algunos autores que le han influido, porque en su escritura abundan los homenajes metaliterarios.

Siempre hablo de Nabokov, creo que el gran escritor del siglo XX, jugando en una liga de un solo equipo, a leguas de los demás (la lectura de sus Cuentos completos a comienzos de este año ha sido una experiencia maravillosa); aunque como poeta convenza menos, pese a piezas magníficas como La balada de Longwood Glen, o sus opiniones sobre el Quijote sean demasiado contundentes y poco convincentes. Pero es que además era lepidopterólogo… A finales del XX se fueron demasiado pronto tres gigantes: Bolaño, DF Wallace y WG Sebald, representantes además de tres grandes idiomas de cultura. Y en poesía debo citar a Darío, Emily Dickinson y TS Eliot. Pero en mis novelas aparecen desde Stendhal a Torrente Ballester pasando por todo el siglo 1860/1970 de las letras españolas. Como conviene ‹‹mojarse›› con el presente para no pecar de cobarde, querría citar a autores como Beatriz Villacañas, Álvaro Fierro, Antonio Manilla, Phil Camino o Antonio Praena.

Finalmente, y antes de desearle mucha suerte en su andadura ¿alguna anécdota de ferias o contactos con los lectores que recuerde?

El mes pasado en Toledo un caballero nos pidió una bolsa para el libro porque en la suya llevaba espinacas, le alabamos la mezcla cultura/agricultura y quedamos para después del verano porque nos dio una receta con espinacas que teníamos que probar…

Pero lo más curioso ha sido que, acabada la jornada de firmas del jueves en la FLM 19, caminaba sin rumbo por la calle Villanueva cuando vi, ya de noche, a uno de los editores más importantes (sino el que más) de estos últimos 50 años, creo que ya apartado de la primera línea. Reuní el valor para presentarme y descubrí que con gran afabilidad me respondió que conocía la editorial que me publica y su librería en Madrid. ¡Es la magia de los libros!

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