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María Viedma García
María Viedma García

Entrevista a María Viedma García: “Ya no vivo para trabajar sino que trabajo para vivir”

Autora de “Taxil. Nunca digas la verdad”

martes 06 de agosto de 2019, 13:15h
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María Viedma García es licenciada en filosofía y autora de numerosos artículos y trabajos relacionados con la historia de las mujeres. Entre ellos, el ensayo "Historia de la Masonería de una Perspectiva de Género", que mereció el XVI Premio de Investigación María Isidra de Guzmán del Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Con la novela "El mar de Salomón" dio el paso a la ficción y ahora publica la novela histórica “TAXIL. Nuca digas la verdad”.

María Viedma García
María Viedma García

Su nueva obra "TAXIL. Nunca digas la verdad" es una novela basada en hechos reales (de esos que superan con creces la ficción) y es resultado de un concienzudo trabajo de investigación que recrea con minuciosidad la mentalidad y la vida cotidiana de finales del siglo XIX. El papa León XIII fue engañado por la obra del escritor y editor Leo Taxil, quien logró convencerle de la existencia de un complot masónico-satánico para imponer el dominio de Lucifer en el mundo. Así logró publicar muchos estudios científicos auspiciados por el citado Papa. En la entrevista, la escritora malagueña nos descubre algunos de los secretos de su novela.

¿Cuándo decidió dar el paso a la escritura de ficción?

Verá, yo me ganaba la vida básicamente escribiendo, pero escribiendo cosas que no me alimentaban el alma, no al menos, completamente. En calidad de consultora free lance me dedicaba a hacer estudios, informes, evaluaciones, material didáctico, etc. También escribía ensayos y artículos, pero no escribía ficción que era lo que mi corazón me reclamaba hacer. No se puede luchar toda la vida contra la propia naturaleza y un día, cansada de vivir para trabajar, pensé “hasta aquí hemos llegado” y me dejé llevar por el corazón. De esa decisión de salir del armario o mejor dicho, del escritorio, nació mi primera novela El mar de Salomón, publicada en 2016. Ahora ya no vivo para trabajar sino que trabajo para vivir.

TAXIL. Nunca digas la verdades su segunda novela. ¿Cómo y cuándo se le ocurrió la trama de la novela?

Sí, es mi segunda novela, pero en mi mente ya se encontraba tejida desde hacía años, antes incluso de publicar El mar de Salomón. La idea llegó a mí en la época en la que escribí el ensayo Historia de la masonería desde una perspectiva de género, que mereció el XVI premio de investigación feminista María Isidra de Guzmán del Ayto. de Alcalá de Henares. Fue preparando aquel ensayo cuando me topé con Leo Taxil. Comprendí enseguida que él y sus mentiras poseían una naturaleza absolutamente novelesca y terminé años después escribiendo una novela sobre este escritor, editor y librero que logró engañar durante trece años al mundo con sus fabulaciones malintencionadas.

¿Qué diferencias literarias más importantes tiene "Taxil" con su primera novela?

Las dos novelas son muy diferentes porque la historia de cada una de ellas requería modos de narrar muy distintos. Mi primera novela -El mar de Salomón- se desarrolla en el Israel del siglo X antes de nuestra era, en un tiempo y espacio cuasi míticos y precisamente, en consonancia con ese contexto, me esforcé mucho en que mis personajes, encarnaran (siempre desde la ambivalencia) arquetipos conectados con el inconsciente colectivo: el héroe, el sabio, el aprendiz, el guerrero, la madre… razón por la que el lenguaje poético se volvió fundamental para despertar en el lector la evocación de sus estados interiores: miedo, esperanza, envidia, culpa, ira, etc. ¿Por qué? Porque los recursos poéticos (metáforas, epítetos, hipérboles, imágenes sensoriales, etc.) comunican con mayor expresividad que cualquier otra clase de recurso la complejidad de la psique, y sobre todo, del sufrimiento. En El mar de Salomón utilicé bastantes recursos poéticos para dar relieve a mis personajes y conectar con los sentimientos más íntimos del lector, por eso muchos lectores se han sentido interpelados.

La acción de mi segunda novela "TAXIL. Nunca digas la verdad" acontece a finales del siglo XIX, en París, en un momento de grandes contradicciones y morales enfrentadas, entre un mundo que está desapareciendo y un mundo nuevo que ya se vislumbra. Es una novela más directa, más fresca, con más diálogos y en la que el humor está muy presente. Es una novela menos centrada en el sentimiento y más dirigida a la intelección, a la comprensión de nuestra relación con la realidad y con lo que llamamos verdad. Es una novela sobre mentiras y mentirosos y también una novela sobre la literatura (después de todo, la literatura es una mentira “fabulosa”). Es una novela que indaga los límites de nuestra credulidad y de nuestra capacidad de autoengaño.

¿En qué género literario encuadraría su novela?

Ambas novelas pertenecen al género de novela histórica. En El mar de Salomón me permití -por ese contexto cuasi mítico del que he hablado antes- algunas licencias ligadas al realismo mágico. En “Taxil” hay bastante de novela de aprendizaje (que se refleja en la evolución de la protagonista: Diana) y de novela tesis (la de que somos cómplices de quienes nos engañan).

¿Cómo definiría a Leo Taxil?

Es que Leo Taxil es un personaje con tanta fuerza y sobre todo, tan sinvergüenza y ¡con tanta cara dura!, que parece que lo fuera, pero no, no lo es. La protagonista de mi novela es la joven escritora Diana Vaughan, su amante. Taxil es el antagonista y lo retrato como un encantador de serpientes, un tipo con un gran poder de seducción y manipulación. Todo aquel que vive de engañar al prójimo posee ese poder; él ganó mucho dinero contando mentiras con las que atrapaba a la gente, mentiras que seducían a la gente. Una buena novela también es una mentira seductora que atrapa y engaña. La diferencia es que ante una novela el lector sabe que puede ser engañado, es más, que debe ser engañado. En la literatura mentir es un acto legítimo, en la vida no.

¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de su personalidad?

Para mí lo más llamativo de Taxil es su falta de miedo. Creo que no le temía a nada. Hay que ser temerario (que no valiente), estar hecho de una pasta especial para obrar como él lo hizo. Logró engañar a millones de personas, entre las que figuraban el Papa, banqueros, ministros y en general gente con mucho poder. Taxil era un sociópata de manual. Se presentaba ante el público como un héroe salvador de la Humanidad asediada por el satanismo. La gente creía a pies juntillas sus disparates sobre un complot satánico-masónico para facilitar la venida del Anticristo. Ahora bien, Taxil nunca se autoengañó, nunca se creyó sus propias mentiras -que es una tentación típica de los narcisistas- sino que mantuvo con ellas una “saludable” distancia psicológica. Su objetivo era ganar dinero no ser reconocido como un héroe. Además de dinero, también buscaba divertirse: se consideraba y definía como un “bromista”. Aunque Taxil a priori nos parezca un tipo simpático, no debemos olvidar que en realidad fue un estafador, un calumniador, y lo que es peor, un extorsionador.

Por la novela deambulan muchos personajes históricos del Paris de finales del siglo XIX. ¿Cuál de todos ellos le ha impactado más?

Depende del tipo de impacto del que hablemos. El pensamiento de Maria Deraismes, que es una autora que me gusta mucho, está muy presente en la novela. Fue una escritora feminista, oradora, sufragista, propietaria de un periódico y cofundadora de la primera orden masónica mixta del mundo contemporáneo, Le Droit Humain. Su obra -Eva en la Humanidad- se anticipa en fondo y forma al Segundo sexo de Simone de Beauvoir. Diana, la protagonista de mi novela, lee Eva en la Humanidad y acaba replanteándose el mundo a través de las ideas de Maria Deraismes.

Desde un plano muy diferente (y más prosaico, qué duda cabe) me impactó el “percusionista” Joseph Pujol, Le Petomane. No tanto por su peculiar habilidad para ganarse la vida, sino por el hecho de que la gente pagara sumas extraordinarias por escucharle. Fue el “artista” mejor retribuido de su tiempo y actuó en casi todas las cortes europeas.

“Escribir implica dejarte poseer por tus personajes para poder entender y explicar el mundo a través de sus ojos”

¿Ha odiado a alguno?

Si le digo la verdad llegué a estar bastante harta de Taxil. Escribir implica dejarte poseer por tus personajes para poder entender y explicar el mundo a través de sus ojos. Al principio me divertía la amoralidad de Taxil, pero luego su egoísmo y su ausencia de escrúpulos llegaron a irritarme. Deseaba desligarme de él y de su influjo y cuando terminé la novela sentí alivio; temía volverme una mala persona.

¿Le ha resultado complicado mezclar personajes históricos con ficticios?

No demasiado. El siglo XIX es un siglo que (por sus contradicciones) me fascina y que he estudiado a fondo. Conocer bien la mentalidad o, mejor dicho, las mentalidades propias de finales del siglo XIX me ha facilitado las cosas a la hora de construir personajes que encajen en el tiempo y en el espacio la novela. Eso no quiere decir que no me haya costado hacerlos encajar. Detrás de toda novela siempre hay mucho esfuerzo y trabajo. Creo en la inspiración, pero sé que esta no es más que una oquedad infecunda si la tenacidad y el perfeccionismo no la dotan de contenido.

¿Qué personaje le ha costado más describir?

Creo que el personaje que más me ha costado construir es Gastón, el ilustrador de la editorial. Es un tipo común y desideologizado, un superviviente que ha escapado del destino que su clase social y su entorno familiar le tenían preparado. Posee grandes sueños y a veces es capaz de cometer pequeñas o medianas maldades para conseguirlos. No puede decirse de él que sea un villano porque es un chico empático y agradecido, pero tampoco es exactamente un héroe, aunque encontremos nobleza en muchas de sus acciones. En definitiva, Gastón es un tipo normal, y de esa normalidad deriva precisamente la dificultad para describirlo de forma que, aun siendo normal, logre despertar interés en el lector.

Leo Taxil supo aprovecharse de masonofobia de León XIII y poner en “entredicho” el dogma de la infalibilidad del Papa

En la historia, se han producido muchos encontronazos entre la Iglesia Católica y la masonería. ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención del acaecido en esos años?

Evidentemente, el que narro en mi novela: La “broma” de la que León XIII fue “víctima”.

Taxil supo aprovecharse de masonofobia de León XIII y poner en “entredicho” el dogma de la infalibilidad del Papa, aunque en esto último tuvo menos éxito del que le habría gustado alcanzar, ya que desbaratada su broma, la gente continúo creyendo las patrañas (satanismo, prácticas aberrantes, etc.) que había inventado sobre la masonería. Ahí falló. Lo normal habría sido que la gente hubiese abrazado la verdad y que la Iglesia, que había creído esas mentiras, hubiese quedado en una situación incómoda. Sin embargo, la gente siguió creyendo todos los disparates de Taxil. La razón de tal sin razón era que a la gente le gustaba creer aquellas fabulaciones y que -como hoy- prefería la ficción a la verdad.

La ficción nos distrae de la grisura de la vida real y las fake news no dejan de ser ficción (aunque ficción kitsch). Mi novela habla sobre fake news en la prensa del siglo XIX y quienes la lean encontrarán -salvando las distancias- muchas similitudes entre la sociedad de finales del siglo XIX y la actual: desigualdades, una sociedad dividida, medios de comunicación hiperideologizados

Tanto la Iglesia Católica como la Masonería, ¿son instituciones machistas?

Una parte de la sociedad es machista. La Iglesia Católica y la Masonería son también parte de la sociedad, ergo…

Elementos esotéricos como el Tarot, están presentes en la novela. ¿Tuvieron aquellos años demasiado gusto por lo oculto y lo místico?

Sí, por supuesto. En aquella época el Espiritismo era una corriente muy fuerte, muy influyente, muy de moda. Por otro lado, algunos escritores del llamado Decadentismo sintieron “inclinación” por lo demoniaco. Me refiero a Baudelaire con sus Letanías de Satán y principalmente a Huysmans, cuya novela Allá Abajo -sobre la pervivencia de un antiguo culto satánico en la Francia de entonces- tuvo mucha repercusión. Con esto quiero decir que los embustes de Taxil cayeron en terreno bien abonado.

¿Vivimos en un mundo de mentiras?

No me cabe duda, no hay más que escuchar a los políticos.

¿A qué da más importancia en la novela, a los diálogos o a la trama?

He procurado guardar un equilibrio entre diálogo y trama y creo, modestamente, haberlo conseguido.

Para terminar, ¿nos podría explicar cuánto disfruta cuando escribe sus novelas?

Me hecho novelista siendo ya “mayorcita” y a estas alturas tengo muy claro que escribo ficción para disfrutar. Escribir ficción me sirve para vivir otras vidas además de la mía; escribir me permite cometer diabluras, mentir sin remordimiento y jugar con el lector. Escribir una novela es, sobre todo, jugar. ¿Por qué?, porque jugar es esencialmente jugar a ser otro. Los niños siempre son otros mientras juegan. A mí, que soy una niña crecida, me sigue gustando jugar y no se me ocurre un juego mejor a mi edad que escribir novelas. En esta novela hay muchas verdades, pero también hay mentirijillas, pequeñas bromas….de tanto vivir con Taxil, me volví bromista… La literatura es una mentira legítima y bondadosa que lejos de hacernos daño, nos proporciona mucho bien.

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