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María Viedma García

Hace diez años que murió Saramago, “con quien tanto quería”, con quien tanto queríamos muchos, con quien tanto queríamos tantos. Convencida estoy de que aquel dieciocho de junio de 2010, a usted como a mí, se le fue un amigo, un hermano mayor, alguien en cuyo criterio confiaba, sin necesidad de compartir sus ideas políticas ni sus ideas arreligiosas. Su sentido común, su coherencia y su honda humanidad eran los motivos que a usted y a mí nos empujaban ( y empujan) a leer los libros de Saramago.

La idea de convertirse en escritor -en buen y famoso escritor- debe antojársele a cualquiera una meta difícil, especialmente si se ha fracasado en los estudios. Sin embargo, a Thomas Mann, incapaz de concluir el bachillerato, le fue en ese sentido de fábula (infinitamente mejor que a su hermano, el también escritor, Heinrich Mann), hasta el punto de que su primera novela -Los Buddenbrook. Decadencia de una familia- alcanzó un éxito editorial tan notorio, que veintiocho años más tarde le concedieron el Nobel de literatura, básicamente por esta ópera prima. Lo cierto es que ni La muerte en Venecia (1913) ni La Montaña Mágica (1924), ni Tonio Kröger (1903), su composición más querida (se refería así a sus obras), ni ninguna otra, fueron mencionadas en la ceremonia de Estocolmo de 1929. Hay quien a eso lo llama “llegar y besar el santo”. Ignoro qué nombre le otorgó Heinrich, que siendo quien inició a Thomas en la escritura, tuvo que soportar que dijera de sus libros que eran tan malos que provocan un odio apasionado.

No sé si el sinvergüenza nace o se hace, lo que sí sé es que conoce las debilidades del prójimo y se entrena para aprovecharlas.

Autora de “Taxil. Nunca digas la verdad”

María Viedma García es licenciada en filosofía y autora de numerosos artículos y trabajos relacionados con la historia de las mujeres. Entre ellos, el ensayo "Historia de la Masonería de una Perspectiva de Género", que mereció el XVI Premio de Investigación María Isidra de Guzmán del Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Con la novela "El mar de Salomón" dio el paso a la ficción y ahora publica la novela histórica “TAXIL. Nuca digas la verdad”.

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A la escritora Concha Espina (Santander 1869-1955 Madrid), su esposo -Ramón de la Serna- le hizo trizas el borrador de una obra. Era 1909 y acababa de publicar con aceptación de crítica y publico una novela brillante titulada La Nina de Luzmela. A él le disgustaba su éxito en las letras, a pesar de que los beneficios de los libros de su mujer engordaban la maltrecha economía de la familia. Debieron ser aquellas cuartillas rotas la gota que colmó el vaso, porque Ramón partió a México a ocupar el empleo que ella le había conseguido, y ella -acompañada de los cuatro hijos de ambos- se trasladó de Santander a Madrid. Pretendía vivir de la literatura.

Los ojos son unos ilusionados embusteros (R. Del Valle-Inclán)

Mi amigo Máximo Estrella es un “enfermo de literatura” y un obseso de Valle-Inclán. También es un andaluz hiperbólico, y como tal, asegura que llegará el día no lejano en que leerá un único libro durante el resto de su vida, y que será Luces de Bohemia, drama escrito por Ramón del Valle Inclán en honor de Alejandro Sawa, un poeta de odas y madrigales que murió en la miseria.