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Léo Taxil
Léo Taxil (Foto: Melandri)

El hombre que engañó al Papa
( y que podría engañarlo a usted)

viernes 10 de abril de 2020, 20:38h
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No sé si el sinvergüenza nace o se hace, lo que sí sé es que conoce las debilidades del prójimo y se entrena para aprovecharlas.

María Viedma
María Viedma

Hace años, mientras escribía mi ensayo “Historia de la Masonería desde una perspectiva de género” supe de un sinvergüenza colosal, un tipo frío, un belitre -posiblemente sociópata- que llegó a embaucar a Europa entera con mentiras que hoy nos hacen sonreír desde nuestra presunta superioridad racional y descreída, pero que deberían confrontarnos con nuestro apetito de noticias falsas.

El nombre del sinvergüenza era Joseph Gabriel Antoine Jogand-Pagès (alias Leo Taxil) y nació “fresco” como la primavera el 21 de marzo de 1854 en Marsella, la ciudad más canalla de Francia, según los propios marselleses. Desde la infancia dio muestras de ser un “vivo”, un perillán y un timador, conforme a lo que en sus memorias relata desenfadadamente sobre sí mismo: “Siempre fui un bromista” -asevera eufemístico- “No se es impunemente hijo de Marsella”, asegura el bribón con orgullo patrio y localista.

‘Taxil’ (Leo Taxil) fue simplemente uno de los muchos seudónimos que empleó a lo largo de su vida de escribidor de mentiras (le he contabilizado en torno a media docena, es imposible saberlo con certeza), pero Taxil es, sin duda, el más célebre y prolífico de su arsenal de alias y máscaras. Cuando alguien pasa la vida escribiendo noticias falsas, calumnias, bulos, difamaciones y mistificaciones, no le queda otra que esconderse bajo distintas personalidades. Es lo que en la actualidad hacen los trolls con sus cuentas falsas en las redes sociales.

Seguramente hoy, Taxil habría fichado como director de campaña electoral de algún partido y habría cimbreado los cimientos de nuestra sociedad difundiendo de manera viral mensajes falsos, bulos que amplifican artificialmente el alcance de opiniones carentes de base popular real. ¿Que por qué lo digo? Porque Taxil, sin los medios tecnológicos con los que contamos, sin televisión ni radio siquiera, con su sola pluma y la comprensión meridiana de que es posible hacer creer disparates a todo aquel al que le convenga creerlos, logró que León XIII, la curia vaticana, grandes personalidades de su tiempo (políticos, banqueros, hombres de negocios y de las letras) y la sociedad en general, se convencieran de que la Masonería era una secta que rendía culto a Satanás, devoraba bebés en sus banquetes, celebraba orgías aberrantes y cometía crímenes rituales.

Taxil sabía manejar los malabares de las vísceras porque conocía que el morbo, el gusto por lo oculto, por lo misterioso y por las conspiraciones secretas son debilidades humanas. Si a esas debilidades les sumamos una sociedad ideológicamente dividida y trufada de desigualdades económicas…el resultado será un terreno abonado para que las semillas de los bulos adquieran entidad de grandes verdades falsas.

Su “broma” -como él llamó a esa progresiva inoculación de antimasonismo- estiró trece años, durante los cuales, se hizo de oro vendiendo libros y revistas y experimentó, además, la íntima satisfacción de crear escuela y disponer de epígonos variopintos (obispos incluidos, como el de Grenoble) que escribían libros del mismo cariz y que lo citaban cual si fuera una autoridad intelectual, a pesar de que las supuestas investigaciones pormenorizadas del “maestro Taxil”, hablaban de demonios tricéfalos, talismanes mágicos y hasta de ¡la abuela del Anticristo!

Lo más sorprendente del embustero Taxil es, ante todo, su capacidad camaleónica y de reinvención. Antes de convertirse en “protector de la Iglesia” ( lo que el muy ladino logró fue lo contrario: asegurarse la protección de León XIII) había sido un encarnizado enemigo de esta e incluso miembro fundador de la Liga Anticlerical. También fue pornógrafo, extorsionador y candidato a concejal en las municipales parisinas. Ganó el partido rival para fortuna de la ciudad de la luz.

Leo Taxil es, como granuja, casi lo mejor que he encontrado en el panteón de los sollastres; un ejemplar logradísimo, ¡Tanto que parece un personaje literario! Pero no, no lo fue, fue un sinvergüenza de carne y hueso, aunque yo lo haya convertido en un personaje de novela: TAXIL.

Cuando lo “conocí” comprendí enseguida que podría trasladarlo a una novela histórica que nos (me) ayudara a entender los procesos psicológicos individuales y colectivos de la mentira, la credulidad y el autoengaño. Y he ahí que descubrí que no podía reírme de la sociedad de finales del siglo XIX, ni de la supuesta ingenuidad de quienes cayeron en las redes taxilianas de disparatada mistificación. Descubrí que hoy, como entonces, no siempre somos meras víctimas de quienes nos engañan. A menudo somos también sus cómplices, unos cómplices que se complacen (valga la redundancia) en las mentiras que les son contadas. ¿Ha notado que cómplice y complacencia comparten raíz? Pues eso…piénselo un rato.

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María Viedma
María Viedma
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  • El hombre que engañó al Papa ( y que podría engañarlo a usted)

    Últimos comentarios de los lectores (7)

    945 | Mariví Aragón - 18/04/2020 @ 18:05:04 (GMT)
    Este libro ha mantenido mi atención hasta el final, no sólo por el tema, tan interesante, que aquí ha explicado su autora, sino por cómo está escrito. Al rigor historico, ha unido los detalles perfectos y necesarios, expresados de tal manera que la lectura de esta novela ha sido para mí un placer inevitable. Gracias, María Viedma.
    930 | Vicente rocamora - 12/04/2020 @ 08:12:02 (GMT)
    Taxil le dio a la iglesia el argumento que necesitaba para confirmar lo que ya decía de la masonería, con Taxil tenía el fundamento, falso pero sólido y creíble, de alguien que la conoce y aún hoy, hay gente que habla de la masoneria como si la conociera diciendo burradas; mentiras que vienen bien a quienes quieren difamar con fundamento aunque sea un fundamento falso. Gentes que aunque les digas que la masoneria, no pasa de ser ocupación pequeño burgués con pretensiones filosóficas, no pueden creerlo y buscarán taxiles compulsivamente
    929 | Concha - 11/04/2020 @ 22:43:32 (GMT)
    Muy importante decir el origen del bulo contra la masonería,ya era hora!!!, Gracias María Viedma
    928 | E.Reyes - 11/04/2020 @ 19:29:47 (GMT)
    ¡¡Excelente María Viedma!!Me ha encantado tu libro de principio a fin.Gracias y enhorabuena.
    927 | Rosa María Alcaraz Sánchez - 11/04/2020 @ 19:07:42 (GMT)
    Pués mismamente hoy con la pandemia con las noticias que nos hacen llegar ! Hay decenas de bulos por las redes sociales para no contagiarnos del virus unos creen por desinformación y otros porque simplemente se dejan llevar Las primeras noticias de que este virus era como una gripe ja ja ja Y hasta que no tomamos en parte conciencia de ello Tambien nosotros somos cómplices Un saludo y cuidaros!
    925 | Juan Rafael - 11/04/2020 @ 16:50:53 (GMT)
    Taxil, como queda meridianamente claro en este artículo de María Viedma, encarna perfectamente la figura muy real y actual del troll, capaz de convencer a una legión de seguidores de que cualquier problema complejo tiene una respuesta clara y simple... Lo que ya no solo no dice, sino que oculta con todos sus medios, es que esta es falsa. Conocía de la existencia de Leo Taxil, pero no de una novela que relatase su vida tan novelesca. Se ha ganado un lector, señora Viedma. Para estar advertidos ante los creadores de "fake news", no basta con recurrir al último ensayo sobre el tema, sino que, si se aspira a ser algo más que un "menor de edad" en un sentido kantiano, a lograr y mantener un criterio autónomo, hay que conocer cómo se gestaban los grandes bulos ya en el siglo XIX para encontrar más herramientas conceptuales e imaginativas, por novelescas que parezcan, que nos permitan advertir cómo se crean y conviven con nosotros las "fake news".
    924 | Mari Carmen Bueno López - 11/04/2020 @ 16:08:39 (GMT)
    Es una historia que impresiona, me hizo ver lo fácil que podemos ser engañados y manejados por un personaje como este. Habla de las primeras revoluciones feministas y de la sombra que era una mujer en esa sociedad machista. Y sobre todo hasta dónde puede llegar un encantador de serpientes como Taxil que al final no pude odiar Maria Viedma enhorabuena por tu libro!!

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