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Julia Armfield
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Julia Armfield (Foto: cortesía de la editorial)

Entrevista a Julia Armfield: "Describo mi escritura, respecto al género, como realismo por ausencia

Autora de "El gran despertar"
Por Francisco Jiménez de Cisneros
miércoles 26 de mayo de 2021, 13:00h

“Delata una ternura que nunca se pelea con el humor ni con la inteligencia”, ha dicho Mariana Enríquez. “Ejemplar: un gótico distinto y nuevo, melancólico, potente y elegante”, afirma China Miéville. El gran despertar, de Julia Armfield, un debut extraño y fascinante, hipnótico y aterrador, cautivó a la crítica británica hace dos años. Ahora llega a España sin perder nada de su inquietante poder.

El gran despertar
El gran despertar

¿Cómo se siente volviendo a hablar de este libro cuando, imagino, ha escrito otras cosas y probablemente diferentes?

La verdad es que ha sido bastante interesante revisitar estos cuentos en un contexto diferente y bajo circunstancias distintas. Todo lo que escribí hace más de un año, dejo de sentir que fue escrito por mí, cosa que puede resultar frustrante (¡por qué no puedo recrearlo!) pero también me permite ver lo que he hecho con más claridad. Ha sido particularmente interesante ver la reacción actualizada al cuento “El Gran Despertar” a la luz de la pandemia, porque es un cuento sobre una disrupción urbana, una nueva normalidad, una sociedad que está siendo fundamentalmente alterada. No creo que eso indica algún tipo de premonición de mi parte, tiene más que ver con lo que realmente me interesa, que es la forma en que las personas incorporan lo extraño en sus rutinas, así que supongo que es muy apropiado al momento.

Una colección de relatos que ha sido definida como “hipnótica y aterradora”. ¿Tenemos que tener miedo de su propuesta?

Sí me gustaría que mis lectores en lengua española tengan un poco de miedo, ¡pero no tanto como para no comprar el libro!

Leo que tiene un master en Arte y Literatura Victorianas. ¿En qué medida marca esa formación su manera de escribir?

No creo que me haya influenciado en un sentido estructural, pero mi tesis es sobre pelos, dientes y uñas en el imaginario victoriano, tema que dialoga muy bien con mis inquietudes. Me fascinan los usos del cuerpo físico en la escritura, cómo a veces el cuerpo puede ser el sitio de la violencia y el colapso, cómo asume los dobles sentidos, su configuración en la escritura victoriana en particular, que suele ser muy punitiva físicamente. Hay una parte interesante, muy al comienzo de Historia de dos ciudades, donde Dickens preludia las descripciones de París con un pasaje en el que un cuerpo anónimo está siendo lentamente desmembrado, aparentemente para satisfacer el capricho de una suerte de Francia personificada, y ese segmento determina el tono de toda la novela, una novela en la que el cuerpo humano abstracto siempre parece una cosa vulnerable y nauseabunda. Si miramos bien, la literatura victoriana está repleta de cabezas rapadas, dientes que caen y cuerpos que se traicionan o son traicionados, y es un tema muy recurrente en mi propia escritura.

Mucho se habla de esa generación de escritoras que incluyen elementos mágicos o mitológicos, algo que no es estrictamente nuevo pero que quizá sorprenda por el momento en el que se revitaliza. ¿Qué le permite esa escritura que no podría hacer ciñéndose al realismo?

A veces describo mi escritura, respecto al género, como “realismo por ausencia” o más convencionalmente como realismo mágico, son formas que me permiten tratar cosas muy ordinarias con una mirada un poco bizca. Me fascina cómo lo insólito y lo extraño se normalizan tan rápidamente. Me divierto mucho construyendo una situación extraña para luego no enfocarme en el shock de la novedad, sino en el desarrollo de la banalidad posterior.

Los periodistas y los críticos tienen la manía de etiquetar a los autores. ¿Se siente cómoda con la etiqueta “gótica”?

Sí, definitivamente. Creo que escribo ficción gótica o horror queer, ¡como quieras etiquetarlo! Probablemente no me gustaría ser etiquetada como “ficción millenial”, pero creo que ser gótica mola.

¿Cuál es su relación con el horror?

El horror es mi inquietud principal. Me encanta ver películas de horror y escribir horror. He dicho muchas veces que es el único género que toma en serio los miedos de las mujeres, y todavía creo que es así.

¿Se siente cómoda con la etiqueta “escritora feminista”?

Supongo que sí, aunque creo que puede ser también una etiqueta aplanadora, especialmente cuando se incluye la escritura queer femenina en la escritura “feminista”, aunque no sean lo mismo. Creo que el término “feminismo” a veces se usa como una especie de apodo higiénico, específicamente en el caso de escritura sobre mujeres queer.

Lenta sal es sobre mujeres y cuerpos y de qué manera nuestros cuerpos nos contienen y traicionan”, ha declarado. ¿El cuerpo es el gran tirano para las mujeres?

Creo que el gran tirano para las mujeres es el capitalismo. En cuanto al cuerpo, creo que en realidad escribo sobre la forma en la que el horror corporal es algo que empodera, una manera de salir de prisión o transgredir una norma aceptada. Hablo mucho de “recuperar el monstruo”, del monstruo interno como un ente liberador, una vez que lo aceptas. Creo que lo que daña a las mujeres es la norma, no lo que está fuera de lo normal.

Creo que el término “feminismo” a veces se usa como una especie de apodo higiénico

Tengo entendido que escribió estos relatos cuando lo que intentaba era escribir una novela… ¿Qué se le atascaba del relato largo, qué ventajas le ofrecían las historias cortas?

Me encanta la forma breve para escribir, creo que en realidad brinda más libertad, me permite dejar más espacio a la imaginación de los lectores. Tanto de lo que se dice en un cuento no existe en el texto, sino en los márgenes.

Dicho esto, creo que la escritura de la novela me ha obligado a ir más allá de la mera superficie de mis obsesiones. Me gustan los cuentos por la libertad que me dan de no decir algunas cosas, mientras que la novela me obliga a ilustrar todo.

Lo que me pareció interesante al escribir la novela fue que tenía las mismas preocupaciones, pero me sentía forzada a llevarlas más allá. Fue un proceso mucho más emotivo, porque tenía que coexistir con los personajes durante más tiempo. Y también todo terminó girando alrededor de los personajes más que de la situación, a diferencia de mis cuentos, que son más bien situacionales.

Las novelas son interesantes porque los lectores tienen que estar más tiempo con los personajes, por lo que surge el imperativo de hacerlos más empáticos, si no simpáticos. Creo que sería una pesadilla pasar mucho tiempo con algunos de los personajes de “El gran despertar”. Suelen ser muy fríos, y obviamente se debe en parte a que sean cuentos, porque no tienes que profundizar tanto en los personajes. En la novela, sin embargo, hay más presión para que los personajes sean, si no agradables, por lo menos soportables.

El relato que da título al volumen en castellano, “El gran despertar”, ganó el White Review short story prize 2018. ¿Qué supuso para usted?

Fue increíblemente importante para mí, porque pasó justo cuando los cuentos estaban en consideración en algunas editoriales aquí en el Reino Unido, de modo que fue un premio muy oportuno, por el que estoy muy agradecida.

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Julia Armfield
Julia Armfield (Foto: cortesía de la editorial)
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