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Tolo Ferrà
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Tolo Ferrà

Entrevista a Tolo Ferrà: “Toda narración tiene una forma y una fábula. Y encontrar el equilibrio al adaptarla a la escena es lo más difícil”

Director de la obra "1940. Manuscrito encontrado en el olvido"
Por Francisco Jiménez de Cisneros
jueves 02 de septiembre de 2021, 23:00h

Tolo Ferrà decidió escenificar 1940. Manuscrito encontrado en el olvido en 2008, cuando se recuperaba de una delicada operación quirúrgica y comenzaba a pensar en ser papá, “lo que me conectaba mucho con una historia así”, explica. Se estaba atreviendo, nada menos, con Los girasoles ciegos, el único título que publicó Alberto Méndez.

La novela fue un súper ventas y le valió a este escritor y traductor el Premio Nacional de Narrativa, aunque él nunca lo supo porque falleció poco después de que la obra llegara a las librerías. La pieza de Ferrá fue candidata a los Premios Max 2020 en la categoría de Mejor Adaptación Teatral. Ahora se representa en el Teatro del Barrio de Madrid.

¿Qué complicaciones implica trasladar una narración al lenguaje escénico?

En mi opinión, lo más difícil es decidir de qué vas a prescindir. Reitero que es mi opinión porque cada creador o creadora puede partir de un material para adaptarlo de muchas maneras. Toda narración tiene una forma y una fábula. Y encontrar el equilibrio al adaptarla a la escena es, en cierto modo, lo más difícil. Si nos decantamos demasiado por la fábula, corremos el peligro de que desaparezcan las decisiones formales de quien escribió la narración y pierda la personalidad del autor o autora. Si nos centramos en la forma, podemos caer en una puesta en escena enrevesada, complicada por los cambios espaciales o de número de personajes de la pieza original.

En este caso concreto, quiero comentar que cuando planteé su adaptación acababa de leer "DRAMATURGIA DE TEXTOS NARRATIVOS”, del maestro José Sanchis Sinisterra e influido por su lectura, traté de no perder ninguna de las múltiples capas formales que ofrecía el relato “La Segunda derrota: 1940”, de Alberto Méndez.

Tomada esa decisión de puesta en escena, la de ser fiel a la forma en la que Alberto lo escribió, la adaptación a lenguaje teatral fue tejiéndose a lo largo de las distintas fases de creación y ensayo co el equipo, con la incorporación de mi compañera Nuria Hernando para afinar el estilo directo y cercano del conferenciante, narrador de la historia, en nuestra adaptación.

¿Cuánto pesaba, además, la adaptación cinematográfica de la novela?

Pesaba lo justo, la verdad. Siento un profundo respeto por la versión cinematográfica del cuarto relato, que contiene algunos detalles del segundo, pero debo confesar que no me sentí presionado por la versión cinematográfica. Son lenguajes distintos y además nosotros pretendíamos arrancar el proyecto centrados en el segundo relato. Para mí lo que pesaba era la figura y obra de Alberto. Haber conocido a Haydeé y a Daniel (dos de sus hijos) y que me permitieran trabajar esta maravilla de pieza me llenaba de responsabilidad. Los cuatro relatos son de tal belleza y poesía, de una mestría en la escritura, que hacían que me sintiera lo suficientemente abrumado por el proyecto y todavía sigo sintiendo esta enorme responsabilidad en cada representación.

Dicho esto, si algún día consigo reunir lo necesario para levantar los otros tres relatos, quizás sí sienta la presión añadida por la adaptación cinematográfica.

¿Es el arte el único refugio para la Memoria Histórica?

Yo creo que no, o al menos quiero pensar que no es así. Hay muchísimos ejemplos de artículos periodísticos maravillosos sobre historias enmarcadas en la Guerra Civil, contadas a raíz de una exhumación o el descubrimiento de un documento oculto en un archivo. Existen multitud de iniciativas de la sociedad civil para levantar centros de memoria o proyectos de recuperación de objetos, fotografías, voces, testimonios. Lo que sí es necesario es que haya menos ruido en el entorno político para favorecer un verdadero proceso de reparación y reconocimiento personal para muchas familias aún a día de hoy. Quizás el Arte no es tanto un refugio sino una opción que ofrece caminos más abiertos, más plurales, que permiten ahondar en las historias tratando de apelar a la crítica social a través de la emoción, de la empatía y que pueden ayudar a que toda la sociedad quiera aprender de su memoria tanto tiempo olvidada.

¿Qué cambios se han producido en esta obra desde la primera vez que estuvo en cartel?

En realidad los cambios de la obra no se ven afectados por los cambios recientes. Se estrenó en 2019 en el Teatro del Barrio con una maravillosa acogida y durante todo 2019 los cambios más notables han sido quizás la irrupción de discursos políticos muy radicalizados, que cada día siguen polarizándose y más después de lo vivido en 2020 tras el confinamiento. Pero estos cambios realmente no afectan al montaje en sí. Los cambios son internos. Pase tras pase, todo el equipo va encajando e interiorizando las diferentes atmósferas por las que transcurre la obra. Los “pies" de texto, de sonido, de movimiento, de luces, de vídeo, se afinan función tras función y llega un momento en el que la confianza entre el elenco y los técnicos es máxima y sólo queda disfrutar de la representación y ensayos. Si tengo que hablar de cambio, quizás en mí mente están ahora las imágenes de las personas que están tratando de huir de Kabul. Muy al principio del proceso de creación, tuvimos presente que los protagonistas de esta historia eran una pareja que huía de un conflicto bélico, temerosos por sus vidas y por las de su descendencia. Estas imágenes vuelven a estar muy presentes ahora mismo y creo que estas imágenes se fundirán en ciertos momentos en la mente de los espectadores durante las representaciones. Quizás los cambios estén ahí: en nuestra propia percepción y la propia realidad.

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