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Guillermo Galván
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Guillermo Galván (Foto: Archivo)

Entrevista a Guillermo Galván: “A Lombardi le agradezco la cantidad de lectores y amigos que me ha dado”

Autor de "Morir en Noviembre"
Por Francisco Jiménez de Cisneros
miércoles 13 de octubre de 2021, 14:20h

Guillermo Galván (Valencia, 1950) vuelve a las librerías de la mano de Carlos Lombardi. “Morir en noviembre” (HarperCollins Ibérica), tercera entrega de la saga protagonizada por este expolicía republicano que se busca la vida en la España de Franco.

Guillermo Galván
Guillermo Galván (Foto: Archivo)

Vuelve Lombardi… pero imagino que a usted no le ha abandonado en todo este tiempo. ¿Cómo se convive con un personaje al que se le dedican varias novelas?

Con placer. Discutimos a diario, en buen tono, mis planes para meterlo en problemas. Y aunque no siempre estamos de acuerdo, por lo general acepta los retos que le propongo sin demasiadas protestas.

Lombardi regresa a Madrid tras una “salida a provincias” en su segunda aventura. ¿Es Madrid una ciudad propicia para el género negro?

Madrid siempre es propicia para el género, pero en 1942 era el escenario perfecto: una ciudad semiderruida, con índices de hambre y enfermedad apabullantes, con gente viviendo en las trincheras entre ratas, otros con miedo a ser denunciados y, entre tanta miseria y opresión, los corruptos que nunca faltan intentando hacer su agosto amparados en el uniforme o las insignias del partido único. ¡Qué mejor escenario!

También es cierto que la época histórica en la que transcurre la novela es negra-negrísima sin necesidad de crímenes y otros delitos.

Por supuesto. Se cometía un delito universal llamado dictadura que lo ocupaba todo. A su sombra crecían como champiñones otros de menor envergadura; algunos derivados del hambre y la necesidad; otros, de la codicia; no pocos del fanatismo político o la venganza.

¿Es Lombardi su herramienta para recuperar parte de la historia de España?

En cierto modo. En sus novelas, al margen de la trama criminal, hay fotografías muy fieles de una época que nunca se ha enseñado en las escuelas de este país. Y hoy, cuando se oyen gritos, más que voces, añorantes de una etapa tan negra y humillante como aquella, no está de más recordar cómo era. En cada una de ellas se hace hincapié en un aspecto concreto de aquella época: la Iglesia, el caciquismo rural, el papel de la mujer...

¿Es “Morir en noviembre” una novela de espías?

Podría considerarse también así, teniendo en cuenta que en España, en aquel momento, las potencias dirimían su guerra particular. El Régimen cerraba los ojos, cuando no patrocinaba directamente actos terroristas contra los aliados, especialmente en Gibraltar. Los alemanes hacían y deshacían a su antojo con el visto bueno del no beligerante Franco.

Los autores vuelven una y otra vez sobre una etapa histórica terrible a la par que fascinante. ¿Conforman los años 30 y 40 del siglo XX eso que los cursis llaman “un marco incomparable”?

Los que escriben novelas de romanos dirán que la incomparable fue aquella época. Ya en serio, está claro que aquellos años conformaron la Europa y, muy especialmente, la España del futuro, de la que somos herederos. Son los años del nacimiento de los fascismos y de su derrota por la alianza de las democracias y el comunismo. Salvo en España, claro, el único lugar donde el fascismo murió de viejo en la cama.

¿Estaban las tres aventuras en su cabeza desde el principio?

No, nunca había escrito una serie. Cuando acabé “Tiempo de siega” me puse de inmediato con “La Virgen de los huesos”, porque tanto el escenario como el protagonista me parecieron de largo recorrido y me sugerían un montón de historias más.

Esta es la tercera entrega de la saga. ¿Cambia algo la manera de escribir cuando se afronta una novela única que cuando se escribe sabiendo que el libro se inserta en una serie?

Sí, aunque no demasiado. En una novela cuentas una historia y te olvidas. En una serie, te ves obligado a refrescar algunos detalles de los personajes en atención al lector recién llegado que no ha leído lo anterior. Por lo demás, al ser historias autoconclusivas, el proceso es exactamente el mismo.

Le he preguntado por la actitud del escritor, pero ¿y la del lector? ¿Advierte que los lectores de novelas encadenadas (en su caso, tramas independientes pero un mismo protagonista) afrontan la lectura con otro espíritu, con otras expectativas?

En ese sentido, solo tengo experiencias positivas. Entre aquellos que han asumido la “Lombardimanía” en redes sociales había un interés continuo en saber cuándo saldría la tercera. Estaba prevista para la primavera, pero la pandemia nos aconsejó retrasarla seis meses, y parece que a algunos se les ha hecho larga la espera. Hay que mimarlos, porque si Lombardi perdura es gracias a ellos.

¿Qué tiene que agradecerle a Carlos Lombardi?

En primer lugar, haberme obligado a estudiar una época de mi país a la que no se ha prestado la atención debida. Como personaje literario, la cantidad de lectores y amigos que me ha dado.

¿Algún reproche?

Que no nos hayan presentado antes.

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