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"Cartas de relación", de Hernán Cortés. Edición de Ángel Delgado

Ed. Castalia. 2023
viernes 06 de marzo de 2026, 22:21h
Cartas de relación
Cartas de relación

Este libro de Edhasa, muy poco conocido por los enemigos recalcitrantes e incultos contra la Hispanidad, es de obligada y esclarecedora lectura, ya que así se tendrá un conocimiento exhaustivo sobre el gran Hernán Cortés, y lo que pensaba e hizo en la Nueva España. Por lo tanto, acierto pleno y necesario de la conspicua editorial Edhasa. Lo demás es humo volátil, y sus juicios maliciosos se evaporarán más pronto que tarde. La edición de Ángel Delgado es impecable.

Las Cartas de Relación son las epístolas que Hernán Cortés escribió al emperador Carlos V, indicándole, de forma taxativa, como era la evolución de la Conquista del Imperio de los Mexicas. En el año de 1519, Hernán Cortés recibe las órdenes necesarias para que dirija la exploración del continente, desde han llegado noticias, hasta la gobernación de Cuba, sobre la existencia de imperios o reinos de importancia capital por su situación y sus riquezas para los intereses de las Españas. La expedición desembarcará, por lo tanto, en la Península del Yucatán. Hasta este momento histórico, en que aceptó el encargo, sobre todo y por todo porque tenía muy malas relaciones con el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, Cortés era un personaje ciertamente anodino. Las Cartas de Relación son cinco y de importante enjundia intelectual. Hernán Cortés nació en la metelinense ciudad pacense de Medellín, en lo que se puede considerar y es la Extremadura leonesa o del Reino de León. Se colige que su nacencia se habría producido en el año de 1485. Sus padres se llamarían Martín Cortés de Monroy y Catalina Pizarro Altamirano. Se conoce, por la información del cronista Francisco López de Gómara, que era un gran amigo del conquistador, que ambas ramas familiares procedían de la hidalguía de los cristianos viejos, nobles y de probada honradez.

El padre Bartolomé de Las Casas, quien característicamente ofrece un juicio negativo en agudo contraste con el de Gómara, dice por su parte que Cortés era ‘hijo de un escudero que yo conocí, harto pobre y humilde, aunque cristiano viejo y dicen que hidalgo’. Ambos coinciden en lo esencial, es decir, que Cortés provenía de la baja nobleza o hidalguía, de recursos económicos limitados. Las posibilidades de ascenso social eran en ese medio rural extremeño prácticamente nulas, pero mucho más amplias en otras partes. Las guerras de Italia proporcionaban una buena oportunidad a quienes se decidieron a probar su suerte en las armas, y el nuevo estado nacional requería asimismo un creciente número de letrados. El padre de Cortés entendió que el futuro de su hijo se decantaba más del lado de las letras que de las armas, y así cuando Fernando cumplió los catorce años su padre decidió mandarlo a Salamanca para hacer de él un bachiller en leyes”.

Estuvo en la prestigiosa universidad legionense helmanticense durante dos años, aunque no finalizó sus estudios porque le invadió un hastío académico o falta de interés, aunque otros historiadores indican que fue por enfermedad o por cuestiones económicas. Los historiadores que citan su estancia en Salamanca son: Francisco López de Gómara, Francisco de Valera, Cervantes de Salazar y Antonio de Solís. Pero existen dos cronistas discrepantes, uno es fray Bartolomé de Las Casas que indica, de forma taxativa, que: “era latino, solamente porque había estudiado leyes en Salamanca y era en ellas bachiller”, el propio Hernán Cortés conocía que era errónea la información, por lo que nunca se refirió a ella. Bernal Díaz del Castillo no se compromete lo más mínimo, y manifiesta que: “oí decir que era bachiller en leyes”. Sea como sea, algo le pudo servir para incrementar su bagaje cultural y su conocimiento intelectual. Pero, para seguir con el habitual misterio en su devenir vivencial, su pariente próximo Juan Suárez de Peralta, indica que Hernán Cortés sí estuvo trabajando, pero lo fue en Valladolid donde: “asentó con un escribano, donde estuvo más de un año, y aprendió a escribir y tomó notas y estilo describano, lo qual sabía muy bien fazer”.

En suma, cuando Cortés se dirija a la Isla de La Española de Las Indias, ya en 1504 y con veinte años recién cumplidos, como acompañante del nuevo gobernador, el extremeño fray Nicolás de Ovando, y ya suspende sus estudios universitarios o de formación académica de cualquier tipo que fuesen. Le acompañaron otros hidalgos de Medellín tales como: Alonso de Portocarrero, Gonzalo de Sandoval y Andrés de Tapia, que estarán en la hazaña indubitable de la conquista del Imperio Mexica, con alguno de ellos ya como su mayor enemigo. Por todos sus estudios que se le presuponen, y que aunque no tengo ninguna duda de que poseía conocimientos culturales destacados, probablemente lo que le interesaban eran los hechos de armas, sobre todo porque estaba más cercano a la acción que a la reflexión. Pero, como es muy inteligente sabe perfectamente analizar e interpretar los hechos en todas sus dimensiones. En sus Cartas de Relación Hernán Cortés tiene dos parámetros, que es un binomio de dos caras de la misma moneda, el axioma es ‘Servir a Dios y al Rey Carlos V’. En dichas Cartas de Relación, Cortés considera que su empresa está regida por la divinidad, y por consiguiente su conquista está autorizada por el propio Dios Todopoderoso.

Es fácil ver un móvil político inmediato en esa insistencia, sobre todo en lo que concierne a la Carta de Veracruz (la Primera relación) y a la Segunda relación. En el momento de redacción de ambas el status legal de Cortés es de rebeldía a la autoridad y como tal rebelde ha sido denunciado por el gobernador Velázquez. Para contrarrestar las graves acusaciones de éste contra su persona es lógico que Cortés trate de convencer al emperador que claramente es Dios quien guía a él y a sus conquistadores -a quienes muy significativamente insiste en llamar los suyos, es decir los de Dios- desde el momento mismo en que la flota llega a la costa de Yucatán. Desde un punto de vista actual, en que la fé y el heroísmo están prácticamente ausentes como motivaciones sociales, es fácil no ver en Cortés más que un uso cínico e interesado de Dios y el cristianismo, pero nada en sus hechos ni en sus escritos corrobora tal hipótesis. Por un lado hay que indicar que las referencias a la intervención providencial no disminuyen ni en número ni en importancia cuando Cortés ha consolidado su poder mediante el nombramiento de gobernador general de la Nueva España por Carlos V”.

Los indígenas son contemplados ahora ya por Hernán Cortés de un modo y manera muy diferente al de Cristóbal Colón, que definiría a los tahínos y ciboneys como seres de bondad y conformados por una sencillez conspicua, inclusive existen datos que asocian, de forma hipotética, a los indios con los moros y los judíos europeos. Para el metelinense los aborígenes tienen un desarrollo ascendente en su consideración, que tiene su cenit en la descripción que realiza de aquella joya arquitectónica que era la gran capital de los mexicas, Tenochtitlán. Aunque conoce el sofisticado componente imperial de Carlos V, quedará totalmente extasiado del complicado protocolo cortesano del tlatoani Motecuhzoma. Segunda Relación: “La gente desta cibdad es de más manera y primor en su vestir y servicio que no la otra destas provincias y cibdades… en su servicio y trato de la gente dellas ha y la manera casi de vevir que en España, y con tanto concierto y orden como allá. Y que considerando esta gente ser bárbara y tan apartada del conoscimiento de Dios y de la comunicación de otras naciones de razón, es cosa admirable ver la que tienen en todas las cosas”. Hernán Cortés es un político y un militar eximio, pero no se dedica a la teología o a la metafísica; por lo tanto, no desea analizar, en ninguna circunstancia como aquellos seres humanos paganos por antonomasia, tienen un tan alto nivel cultural y de civilización. Y así lo deja bien prístino en la Segunda Relación citada anteriormente.

«Hernán Cortés escribió desde Nueva España cinco cartas al emperador Carlos V en las que describió, con estilo detallado y sencillo, la paulatina conquista de las tierras aztecas. La primera, fechada en julio de 1519, nunca se ha encontrado. Escritas entre 1519 y 1526, desde las diferencias con el gobernador de Cuba y la primera fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz en el México continental hasta la toma de Tenochtitlán y la caída de Moctezuma, las Cartas de relación ponen de manifiesto la dificultad de incorporar al reino de España un territorio sumamente vasto, la obligada tarea de evangelizar a los infieles y, en definitiva, el contraste cultural entre formas de vida bien distintas. Con ellas, Cortés, hombre a la vez de acción y reflexión, nos da la primera opinión conocida sobre la América española y de su gobierno, unos textos que van de la acción a la reflexión, de la crónica a la Historia».

Por consiguiente, estamos ante un libro de referencia para la extraordinaria Hispanidad, y que con esta obra y otras se puede conseguir llegar a la consciencia de la positividad de las relaciones, en un tanto por ciento muy elevado, que se produjeron entre indígenas y españoles; y que, si hubiese sido con otro tipo de europeos, el fruto final habría sido bastante acrimónico, sensu stricto. ¡Felicitación a Edhasa por esta obra! «Ea qua par est pietate, prudentia ac vitae integritate praeditus esse debet».

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