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Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo
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Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo (Foto: Archivo)

Miscelánea de otoño

lunes 29 de noviembre de 2021, 08:00h

Definitivamente se confirma que están utilizando a seres humanos como munición de combate; solo que antes, los estrujan hasta vaciarlos del último céntimo de esas agónicas fortunas que reúnen para este viaje hacia la más aciaga nada. Y mentiría si les dijese que me ha sorprendido; al contrario, lo había presentido en un siniestro y pasajero barrunto al contemplar esos descarriados lanchones atestados de desesperados en mitad del Mediterráneo; simplemente, bastaba con dar un paso más, y ya lo han dado.

El fénix entre romances
El fénix entre romances

¿Cómo no iban a darlo con nueve mil millones de hombres sobre el planeta y cuando hemos entrado en una era donde unas sociedades se alejan inconteniblemente de las otras creando, día a día, hora a hora, minuto a minuto, una distancia tan insuperable que solo vaticina el momento cuando, contra cuánto hemos aprendido en la Historia, nos resultará extraño a los de un lado y a los del otro considerarnos semejantes…? Y ante esta fatídica circunstancia, si algo añoro, es una certera meditación de Hannah Arendt para iluminar el espanto; algo tan imposible como resolver este cruel brete de un modo ecuánime. Mientras, es otoño; aunque, por esta desdichada circunstancia y por esta sucia epidemia que nos apura —según síntomas, ahora, con más saña—, este otoño se nos presenta falto de esa decadente melancolía con que siempre quiso envolvernos. Aun así, como sucede en esta estación, se inauguran exposiciones, se estrenan nuevamente comedias y se presentan libros más o menos sustanciosos, y de este último avatar —y más tratándose de una revista de literatura— quería escribirles.

En efecto, acabo de asistir a la presentación de un par de catálogos literarios de disímil alcance y volumen; pero ambos, de notorio valor. El primero de ellos, La poesía española de la II República a la Transición, de Ángel Luis Prieto de Paula, editado por la Universitat d’Alacant, viene a redondear un buen manojo de títulos, prefacios y sesudas ponencias de distintos autores e investigadores que de un modo parcial en la intención o en el grupo de poetas seleccionados habían abordado este periodo reciente de nuestra lírica; además de que, en este caso concreto, abroche también una tarea de décadas diseminada en artículos y otros escritos académicos y periodísticos, que Prieto de Paula funde en este —por tamaño y por exigente conocimiento— portentoso tomazo. Se trata, pues, de la extensa y minuciosa crónica —a la vez capitulada astutamente para que se emplee como manual de consulta histórica por estudiosos y, sin desdoro de estos, por aficionados— de la poesía española —claro es, de aquí y del exilio— desde el 27 hasta los novísimos; en fin, como el propio Prieto de Paula avisa en el liminar: de la poesía española alumbrada previa y, sustancialmente, durante el Franquismo; aunque acompañe todavía a los protagonistas más allá del periodo porque lo requieren sus biografías y porque está impreso en el espíritu de continuum que anima toda la relatoria de estas páginas. Pues me gustaría recalcar que este libro clasificable de inmediato como manual de consulta, por atento a la anécdota —cuando se precisa— y por sorprendentemente atractivo en su urdimbre prosística, supera esa adusta definición, para convertirse en una lectura suculenta y hasta intrigante, oportunísima para los curioseadores y otros merodeadores de la literatura de la época, sin desmerecer en ningún momento a la escrupulosidad histórica y filológica; en fin, que en absoluto es un mamotreto donde sucumbir al bostezo.

Mucho más restringido en su propósito y hechuras es el otro título: El Fénix entre romances: Catálogo del fondo Lope de Vega de la biblioteca de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, de Guillermo Gómez Sánchez-Ferrer; editado por la propia fundación. No obstante y siendo, al contrario que el volumen del profesor Prieto de Paula, una austera cuanto excelentemente clasificada lista de documentos entre libros, artículos y otros papeles valiosos y memorables, relacionados con Lope de Vega y reunidos por don Ramón y por su mujer, doña María Goyri, su valor no se sustenta en esta cumplida factura de utilísimo instrumento sino en su divertido y extenso prefacio, donde el autor nos informa del paulatino interés del matrimonio Menéndez Pidal-Goyri —hasta luego convertirse en jalón constante de su quehacer filológico— por la figura de Lope de Vega. Es más; según su nieto, Diego Catalán, para doña María “dos fueron sus pasiones durante toda su vida: El Romancero […] y Lope de Vega, el hombre no el escritor”, y como prueba disponemos de La juventud de Lope de Vega (Originales inéditos, c. 1935-1953), publicados al fin, en 2016, por esta misma fundación, sin olvidar su último artículo, dedicado a unos señalados romances moriscos, donde doña María proponía si no serían obras originales del Fénix madrileño. En cuanto a don Ramón; comenzó a indagar a Lope sobre 1906, persiguiendo los argumentos de los viejos romances en las tramas dramáticas del Siglo de Oro, hasta que, en cierto modo, culminó estas investigaciones con su ineludible artículo “Lope de Vega: el Arte nuevo y la nueva biografía”, en la Revista de Filología Española, XXII (1935) y con su impulso para que la Real Academia adquiriese la casa de Lope, en 1936. Por otra parte, espléndido bordón a su dirección del tricentenario por el fallecimiento del prolífico comediógrafo.

Ah, y un aviso pertinente; este lunes, mientras leen estas líneas, se presentará en la Real Academia un tomo legendario: la Biblia del oso, de Casiodoro de Reina.

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