Antecedentes del ataque estadounidense a Venezuela
Maduro fue ilegalmente reelegido en 2019 y los resultados de las elecciones no fueron reconocidos por la Unión Europea, EEUU y más de 50 Estados, que aceptaron como presidente electo al candidato de la oposición Juan Guaidó, y aplicaron sanciones económicas a Venezuela, aunque siguieron reconociendo y manteniendo relaciones con el Gobierno venezolano, con lo que la posición de Guaidó se fue gradualmente debilitando hasta quedar en nada. Al verse adversamente afectada por las sanciones, Maduro se mostró dispuesto a hacer concesiones y firmó en 2023 el Acuerdo de Barbados con la Plataforma Unida formada por los partidos de la oposición, por el que se comprometía a celebrar unas elecciones presidenciales limpias, a cambio de que se levantaran las sanciones. El presidente incumplió sus promesas, aumentó la represión y realizó toda clase de arbitrariedades para dificultar la participación en las elecciones de la oposición, incluida la inhabilitación de las candidatas Corina Machado y Corina Yoris, por lo que la Plataforma tuvo que presentar a última hora la candidatura del embajador Edmundo González a las elecciones celebradas el 28 de julio de 2024.
Pese a las enormes dificultades impuestas por el régimen, los venezolanos acudieron en masa a las urnas y dieron una apabullante victoria a González con el 67,08% de los votos emitidos, superando a Maduro en más de cuatro millones de votos. Sin embargo, el Consejo Nacional Electoral dio fraudulentamente como ganador a Maduro con el 51,2% de los votos frente al 44,2% de González, sin presentar las actas electorales. La Plataforma, en cambio, presentó el 83,5% de las actas que corroboraban la victoria aplastante de su candidato, que habían sido copiadas por sus representantes en los centros electorales. Pese a ello, el Tribunal Supremo avaló la decisión del Consejo y designó presidente a Maduro. EEUU y los países occidentales no aceptaron esta decisión, si bien -a propuesta estadounidense- publicaron un comunicado en el que afirmaban que los políticos venezolanos deberían iniciar discusiones sobre una transición con garantías para ambas partes para resolver el impasse político y restablecer las instituciones democráticas de manera pacífica. En vez de respaldar a González -cuyo triunfo habían reconocido- pusieron en pie de igualdad al vencedor y al vencido, y propugnaron unas negociaciones que iban contra la voluntad expresada por la mayoría del pueblo venezolano, de lo que se aprovechó Maduro para mantenerse en el poder.
Al llegar al Gobierno, Joe Biden levantó parcialmente las sanciones a Venezuela y consolidó el dominio de la petrolera estadounidense Chevron en la explotación de sus recursos petrolíferos. EEUU no reconoció el pucherazo de las elecciones; ni la reelección de Maduro, pero no apoyó a los vencedores. El Gobierno de Sánchez hizo lo propio con el agravante de contribuir activamente al exilio de González. La Fiscalía venezolana ordenó su detención y éste se refugió en la residencia del embajador español, que -merced a la “mediación” del “lobbysta” del Gobierno venezolano, Rodríguez Zapatero- la vicepresidenta Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, Presidente de la Asamblea Nacional, chantajearan a González en la propia residencia, obligándolo a reconocer el triunfo de Maduro y a exiliarse a España. Corina Machado tuvo que pasar a la clandestinidad, al intensificar el Gobierno venezolano la represión.
En su segundo mandato, Trump culpó a Venezuela de ser la principal responsable del envío de drogas a EEUU y acusó a Maduro de ser el capo del Cártel de los Soles. Realizó en el Caribe la mayor concentración de fuerzas aeronavales desde el fin de la II Guerra Mundial, que se dedicaron a bombardear y hundir sin previo aviso lanchas y embarcaciones pesqueras pilotadas por presuntos narcotraficantes, que transportaban droga hipotéticamente a EEUU. Así mataban moscas a cañonazos, con el agravante de que las “moscas” eran 115 seres humanos condenados a muerte sin juicio previo y ejecutados sin necesidad de pruebas. Era un tremendo esfuerzo intimidatorio, que no se justificaba por la eliminación física de unos pocos narcotraficantes. Debía de haber otro objetivo oculto, que se ha revelado tras el impresionante ataque del día 3: la detención de Maduro y el derrocamiento de su régimen.
La operación planeada al mínimo detalle durante meses se realizó en 140 minutos, en los que elementos de la unidad de élite “Delta Force” se descolgaron de los helicópteros en la fortaleza donde se guarecía Maduro, lo sacaron de la cama en 47 segundos sin que tuviera tiempo para reaccionar, le entregaron la orden de detención, lo transportaron esposado al buque ”Iwo Jima” y lo enviaron a Nueva York, en cuya Corte federal estaba acusado desde 2020 de varios graves delitos relacionados con el narcotráfico y la corrupción. Los hechos fueron revelados en un comunicado de Trump en la red “Truth social”, en el que informó de que EEUU había realizado con éxito un ataque en gran escala contra Venezuela y su líder Maduro, que había sido detenido junto con su esposa, Cilia Flores, y ambos fueron sacados del país.
Reacciones ante el ataque
Las reacciones ante el ataque han sido diversas en función de las posiciones ideológicoa y los intereses de los distintos Estados. Por lo general, han sido ligeramente críticas -no tanto por el fondo como por la forma-, aunque cautelosas.
1.-Venezuela: El Tribunal Supremo ha proclamado presidenta interina a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que ha exigido la liberación inmediata de Maduro. Ha declarado el estado de excepción en el país, pedido la movilización armada del pueblo venezolano frente a la agresión imperialista, y declarado que Venezuela no se entregaba ni se rendía jamás. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, calificó el ataque de “ruin y cobarde” y pidió a la población que no cayera en el desespero y confiara en el Gobierno para resolver la situación. “Nos han atacado, pero no nos doblegarán”. El Gobierno interino ha solicitado la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para que se pronuncie sobre la agresión.
La líder de la oposición Machado ha publicado un comunicado titulado “Llegó la hora de la liberación”, en el que ha afirmado que, ante la negativa de Maduro de aceptar una salida negociada, EEUU había cumplido su promesa de hacer valer la ley. “Ha llegado la hora de que la soberanía popular rija en nuestro país. Vamos a poner orden, liberar a los presos políticos, construir un país excepcional y traer a nuestros hijos de vuelta a casa”. Es la hora de los ciudadanos que elegimos a González como el legítimo presidente de Venezuela, “quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional”. ¡Venezuela será libre! “Vamos de la mano de Dios hasta el final”.
2. Estados Unidos: Trump ha alabado la actuación de sus tropas, consideradas como únicas en el mundo, y anunciado que Maduro y Flores serían juzgados en Nueva York por cargos similares a los que sirvieron para condenar al-ex presidente hondureño, Orlando Hernández, sorprendentemente perdonado por Trump. Señaló que en su última conversación con Maduro le había instado a que renunciara, pero no lo hizo, por lo que sus días estaban contados. Afirmó que nadie del régimen iba a tomar el poder, si bien dijo que había una vicepresidenta nombrada por Maduro -que suponía que le había sucedido como presidenta-, con la que Marco Rubio había conversado y se mostraba dispuesta a hacer lo que consideraban necesario. No explicó quién sería su interlocutor, pero descartó a Machado, de la que comentó -con su proverbial condescendencia machista- que creía que sería muy difícil para ella ser la líder, porque no contaba con el apoyo y el respeto del país. “Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto necesario”. En circunstancias de extrema adversidad, la candidatura de González y Machado obtuvo el 83.5% de los votos, pero eso no era suficiente. Él, sin embargo, gozaba del apoyo unánime de los venezolanos, por lo que EEUU gobernarían el país. “No queremos la toma de posesión de otros y tener la misma situación que hemos tenido durante los últimos años. Así que vamos a gobernar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y sensata”. Pasando por alto el resultado de las elecciones de 2024, afirmó condescendiente que “vamos a gobernar el país correctamente. Se gobernará con mucho criterio y de forma muy justa, y se ganará mucho dinero”. No dijo explícitamente quiénes serán los ganadores, pero sí implícitamente, cuando comentó que las empresas petrolíferas norteamericanas se harían cargo de las operaciones, invertirían miles de millones de dólares para remozar las anticuadas infraestructuras energéticas que estaban podridas, y harían circular el crudo para que hubiera un mercado fluido en beneficio de todos. Rubio informó de que no se produciría más ataques, si bien Trump aseguró que EEUU iba a tomar todas opciones militares que fueran necesarias y señaló que no les asustaba poner tropas sobre el terreno si tuvieran que hacerlo.
3.-Aliados de Maduro: Han condenado los ataques norteamericanos. Rusia ha tenido el cuajo de condenar una agresión armada profundamente preocupante, que ha violado la soberanía de un Estado independiente, porque los agravios deben solucionarse mediante el diálogo. Este saludable principio es aplicable para el Kremlin en Venezuela, pero no en Ucrania. Aunque Venezuela y Rusia firmaron en 2024 un Tratado de Asociación Estratégica, ésta no irá mas allá de expresar su solidaridad, porque Putin no quiere enfrentarse a su amigo Trump, amén de que el ataque estadounidense proporciona argumentos a favor de la agresión rusa a Ucrania. China ha sido cauta y un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores declaró que su Gobierno se oponía a las injerencias en los asuntos internos de otros países, y hacía un llamamiento que se respetara la soberanía y la estabilidad de Venezuela. Como ha observado Rafa Latorre, a Rusia y a China les preocupa sus zonas de influencia y cualquier movimiento en apoyo del derecho de conquista es bienvenido. Tras Ucrania y Venezuela, Xi Yin-Ping está calentando motores para anexionarse Formosa a su debido tiempo.
Según Gustavo Petro, Colombia rechazaba el ataque y exigía el respeto a la soberanía e integridad territorial de los Estados y la renuncia al uso de la fuerza. Trump ya le ha mandado un aviso, porque, al tener el país laboratorios y fábricas de cocaína, su presidente debía cuidarse el trasero. Díaz Canel, el presidente de Cuba -que podría ser la siguiente víctima de la venganza trumpiana-, ha hablado de terrorismo de Estado y pedido la urgente reacción de la Comunidad internacional, ante un ataque criminal. Rubio le ha contestado que, “si yo viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado”. Sheinbaum ha rechazado la acción unilateral de las Fuerzas Armadas norteamericanas por ser contraria a la Carta de la ONU, y Trump ha comentado que Méjico tiene que hacer más en la lucha contra el narcotráfico, porque los cárteles de la droga gobernaban el país. “Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar”, y Trump no parece ir de farol. Lula da Silva ha afirmado que los bombardeos a Venezuela y la captura de Maduro han cruzado una línea inaceptable y sentado un precedente muy peligroso, pero no ha sido muy incisivo en su crítica. Igualmente, Gabriel Boric se ha limitado a afirmar que los conflictos no pueden ser resueltos a través de la violencia y de la injerencia extranjera, sino de forma pacífica.
4.-Enemigos de Maduro: Milei ha celebrado el ataque a un enemigo de Argentina y estimado que la libertad avanzaba. “!Viva la libertad, carajo! El ecuatoriano Daniel Noboa también se ha regocijado del ataque de Trump y de la detención de Maduro y de su costilla, manifestando que a todos los criminales les llega su hora, lo que es una versión suavizada del refrán español de “A todos los cerdos les llega su San Martín”.
Los dirigentes de los países iberoamericanos cada día más orientados hacia la derecha han mostrado su respaldo a la poco ortodoxa intervención de EEUU en Venezuela.
5.-Unión Europea: Ha tenido que hacer equilibrios para no renegar de su respeto por el Derecho Internacional y por el “ordenamiento jurídico basado en normas”, y su deseo de no enfrentarse a quien se siente totalmente ajeno a ese anticuado ordenamiento. La Alta Representante Kaja Kallas ha hecho un llamamiento a la moderación y al respeto de los principios del Derecho Internacional, si bien ha recordado que la UE ha declarado reiteradamente que Maduro carecía de legitimidad y defendido una transición pacífica en Venezuela. En esta misma línea, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha señalado que la Unión está con el pueblo venezolano y apoya una transición, no solo pacífica, sino también democrática, y que cualquier solución que se adopte deberá respetar el Derecho Internacional y la Carta de la ONU. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noel Barrot, ha condenado la captura de Maduro y advertido que una solución política no podía venir impuesta desde el exterior, y que la operación militar estadounidense infringía la prohibición del recurso a la fuerza. Los Estados miembros de la UE, a excepción de Hungría, han hecho un llamamiento a la calma y a la moderación para evitar la escalada y garantizar una solución pacífica, y ha recordado que se deben respetar los principios del Derecho Internacional y de la Carta de la ONU.
6.-España: El Gobierno español ha sido cauto en su reacción y no condenó al principio la intervención norteamericana, como le pedían sus socios de Sumar, y optado por la tibieza para evitar un enfrentamiento abierto con Trump. En un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha ofrecido los buenos oficios de España para lograr una solución pacífica y negociada de la actual crisis, al par que recordaba que nunca había reconocido los resultados de las elecciones de 2024 y siempre había apoyado las iniciativas para alcanzar una solución democrática para Venezuela. En su cuenta de X, Sánchez hizo un llamamiento a la desescalada y a la responsabilidad, e insistió en que había que respetar el Derecho Internacional y los principios de la Carta de la. Tras la rueda de prensa de Trump, Sánchez declaró que España no había reconocido el régimen de Maduro, ni reconocería una intervención que violaba el Derecho Internacional y empujaba a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo. Pidió a todos los actores que pensaran en la población civil, respetaran la Carta, y articularan una transición justa y negociada. La vicepresidente Yolanda Díaz y los ministros de Sumar han condenado la agresión imperialista, rompiendo la unidad del Gobierno. Finalmente, España se ha unido a Brasil, Colombia, Chile, Méjico y Uruguay en una declaración en la que han rechazado la apropiación externa de los recursos naturales estratégicos de Venezuela y cualquier tipo de injerencia en el rumbo político del país, y condenado el ataque a Venezuela por contravenir los principios fundamentales del Derecho Internacional. El líder de la oposición, Alberto Núñez-Feijóo, ha expresado su apoyo y el del PP a Edmundo González, a Corina Machado y a todos los demócratas venezolanos, y pedido la liberación de todos los presos políticos y una transición a la democracia conforme a la voluntad del pueblo venezolano en las elecciones de 2024.
Juicio sobre la intervención estadounidense
No resulta fácil expresar un juicio categórico sobre un tema tan complejo y en circunstancias tan excepcionales. Según Gorka Maneiro en “Voz Pópuli”, así no deberían hacerse las cosas, pero Maduro no ha permitido que se hagan de otra manera -de una forma democrática-, tras negarse a aceptar su aplastante derrota en las elecciones de 2024 y mantenerse en el poder a sangre y fuego, recurriendo a una represión brutal, que ha provocado asesinatos y encarcelamientos injustificados, y el exilio de ocho millones de venezolanos. La oposición ha intentado todos los métodos democráticos imaginables para zafarse de su verdugo, pero no lo ha conseguido. Ahora, EEUU -que ya le había advertido de lo que le esperaba si no cedía el poder- ha cortado por la vía rápida un régimen criminal que duraba demasiado tiempo. A Trump no lo ha movido la defensa de la libertad y los derechos humanos del pueblo venezolano, sino los intereses políticos y económicos de los que espera beneficiarse, pero -escribiendo derecho con renglones torcidos- ha conseguido lo que parecía imposible, la destitución de Maduro, lo cual es una buena noticia que hay que celebrar. Como ha observado con acierto “El Confidencial”, se trata de “la mejor noticia posible, de la peor manera posible”.
Como iusinternacionalista, tengo que reconocer que EEUU ha violado con su ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente las normas del Derecho Internacional, pero hay circunstancias, sino eximentes, al menos atenuantes. Vienen a mi mente dos refranes fruto de la sabiduría popular: “Quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón” y “No hay mal que por bien no venga”. Maduro ha tensado tanto la cuerda que al final se ha roto. Al enfrentarse imprudentemente al hombre más poderoso del planeta, ha encontrado la horma de su zapato, y quien juega con fuego acaba chamuscado. Sin incurrir en el maquiavelismo oportunista de que el fin justifica los medios, es evidente que en este caso el fin era justo y deseable y que, si se ha recurrido a medios heterodoxos, es porque no existían otros. Maduro ha violado una y otra vez el ordenamiento jurídico interno e internacional, y se ha parapetado en el Gobierno recurriendo a la violencia y a la represión, sin que las Naciones Unidas ni la Comunidad internacional hicieran nada para remediarlo. Es un estado de necesidad, un caso de fuerza mayor y, lo justo y deseable sería regresar al “statu quo” de las elecciones generales 2024 y hacer respetar sus resultados por las malas, ya que no ha podido hacerse por las buenas. Sin embargo, no parece que sea ésta la intención de Trump.
Solución del conflicto
Cuando la solución lógica y justa del conflicto sería que se instaurara un Gobierno de Edmundo González, que fue el vencedor de las elecciones, Trump no parece aceptarla con una descalificación frívola de Machado. Pese a haber afirmado que no seguiría el régimen chavista ilegal, se niega a encomendar la transición al Gobierno legítimo de González y se lo va a otorgar a la vicepresidenta de Maduro, y al triunvirato de criminales indeseables formado por su hermano Jorge, el ministro del Interior, Cabello, y el de Defensa, Padrino, lo peor de cada casa. Si no se estableciera el Gobierno legítimo, la alternativa, según la Constitución, sería celebrar elecciones en el plazo de un mes, pero no parece que tampoco esto entra en los planes de Trump.
La situación general ha cambiado de forma notoria porque -según Ana Palacio en su artículo “Venezuela y la gramática del poder”, publicado en “El Mundo”- ya no estamos ante un sistema internacional de reglas compartidas generalmente aceptadas. No se trata de una desviación pasajera, sino de la manifestación de una nueva normalidad, en la que el orden jurídico internacional ha dejado de operar como referente último. La actuación de EEUU no se argumenta para restaurar la democracia en Venezuela, sino para ejecutar de una decisión de la justicia penal estadounidense. Maduro y Flores han sido detenidos en virtud de la acusación penal de un Tribunal federal de Nueva York y la acción militar -en la lógica trumpista apartada del orden jurídico internacional clásico- se subordina la legalidad a la jurisdicción propia y al interés estratégico. El Poder prevalece sobre el Derecho y Trump impone su inmenso poder “quo nominor leo”, porque posee la fuerza y no se subordina a Derecho alguno.
Conclusiones
1.-El ataque estadounidense a Venezuela supone una violación del Derecho Internacional, aunque tendría una motivación si se produjera para derrocar a un Gobierno ilegítimo y criminal e instalar el Gobierno legítimo surgido de las elecciones de 2024. EEUU debería dejarse de transiciones con los secuaces de Maduro y encomendar la tarea al Gobierno presidido por González, con o sin Corina.
2.-La jurisdicción penal es territorial y EEUU no puede extenderla fuera de sus fronteras y violar las leyes secuestrando a los acusados. Debería entregarlos a la Corte Penal Internacional, ante la que se han presentados demandas contra ellos.
3.-EEUU no tiene derecho alguno a gobernar Venezuela, directamente o a través de testaferros, ni a gestionar los recursos petroleros del país, salvo que empresas norteamericanas recibieran las correspondientes concesiones de un Gobierno legítimo.
4.-EEUU no tiene derecho a tomarse la justicia por su mano y a atacar y hundir embarcaciones supuestamente utilizadas para transportar droga, y asesinar a sus ocupantes sin juicio previo. Ha incurrido por ello en responsabilidad internacional.
Madrid; 4 de enero de 2026
Enviado por José Antonio Sierra