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"Oxford Circus", de Gerardo Rodríguez Salas

Ed. Visor. 2025
miércoles 07 de enero de 2026, 12:11h
Última actualización: miércoles 07 de enero de 2026, 14:57h
Oxford Circus
Oxford Circus
"Oxford Circus" de Gerardo Rodríguez Salas. Colección Visor de Poesía. III Premio de Poesía Marpoética, Marbella 2025. 84 páginas y 21 poemas repartidos en cinco partes, en cinco “actos circenses o performativos”: Vodevil (un poema), Burlesque (9 poemas), Teatro de sombras (un poema), Fenómenos (Freak show) (9 poemas) y Extravaganza (un poema).

Oxford Circus, desde una poética elegante y discreta por la forma de presentarlo, es un rompecabezas woke que el lector debe armar. La voz poética del libro, a la vez vulnerable y resistente, está llena de simbolismos, tiene algo de voz funambulista o voz vedette, una voz que nos lleva por la cuerda floja o el alambre, pero también por la pista central del circo crisálida convertido en un territorio líquido de significación. Es un libro singular escrito para curar, para ahuyentar la angustia, que combate el dolor y lo transforma, que diría Chantal Maillard; es una alegoría cuir con una poética fluida, posmoderna y líquida. Un poemario activista lleno de códigos que, desde un surrealismo entrevelado, muy bien armado y construido, demuestra el arte y el oficio del autor. El libro concebido como un teatro o un circo con sus pistas o escenas, le sirve al autor “como metáfora espacial e identitaria” “fluidas y subalternas, que entretienen, pero no forman parte de la normatividad ni del centro social”. Un poemario estructurado como una performance cabaretera que nos lleva desde una dialéctica constructivista a una dialéctica de la interseccionalidad. El libro contiene cierto hermetismo para los no iniciados, por el mundo simbólico que encierra y la fe que profesa, cuya lectura necesita de la búsqueda y la interpretación para exprimir todo su jugo, necesita de un mapa conceptual para no perderse en el cruce de caminos que es ese “aquelarre de la diversidad” y la inclusividad, como indica el propio autor. Que Gerardo es un gran poeta ya lo sabíamos, aunque ahora ya sabemos que también está ungido por el neuma de los grandes premios. En el poemario se respira cierto solipsismo y catarsis lírica que deja al lector conmocionado en su primera lectura si no eres un iniciado, y es en la segunda lectura cuando uno comienza a comprender ese reguero de miguitas de pan cuir o geocaches woke que el autor ha ido dejando esparcidas por el texto. Hay que estar atento a la iconografía y los símbolos que construyen el poemario, a sus mitos y creencias, a sus itinerarios léxicos y a sus rituales semánticos. La voz poética se erige como una víctima vulnerable y propiciatoria, pero también resistente y capaz de subvertir la narrativa dominante, como un nuevo cristo cuir redivivo que tampoco viene a traer la paz sino la guerra de su “buenanueva”. Así el poeta, como un ladrón de palabras o de nombres o de recursos o de poemas, como un alquimista lingüístico, un taumaturgo de las emociones o un ilusionista de significados y símbolos, nos ofrece un poemario que es un truco de magia, una especie de trampantojo por los distintos niveles de lectura que posee. El planteamiento artístico y estético es magnífico, digno de un depredador literario que hace versiones de otros poemas, por la intertextualidad que contiene, por el recurso mise en abyme que usa y comparte en línea con Chantal Maillard y por la apropiación de poéticas y códigos que practica. Una auténtica obra de arte. Esta reseña podría titularse: “Aproximación a la anatomía de un poemario woke y a su zeitgeist lírico.” Para disfrutar de su lectura no es necesario desentrañarlo o diseccionarlo como he pretendido yo en esta reseña.

Cuando uno opina manifiesta lo que sabe, pero también lo que ignora. Esa es la única vía que puede aproximarnos a la duda como catarsis o fuente de aprendizaje. Vivimos un zeitgeist en el que hay una lucha titánica por el poder, por ganar el relato, por despojar a las religiones tradicionales el monopolio de la espiritualidad y la transcendencia, para asumirlo las nuevas religiones posmodernas, las ideologías con su sesgo binario y el poder hegemónico financiero con sus proyectos solidarios y filantrópicos a través de un reguero de fundaciones y oenegés, de Netflix y demás sucursales mediáticas que expanden la agenda de las élites. Una forma de convertir la fe, más líquida y fluida todavía si cabe, en un “soma” al gusto y conveniencia de la jet society más absolutista. Y así, desde el “Dios ha muerto” al espiritismo del siglo XIX pasando por el laicismo, el ecologismo religioso, el transhumanismo y la religión woke, se intenta construir un nuevo tipo de creyente con una espiritualidad y transcendencia al margen de las religiones clásicas y según los nuevos gustos e intereses ideológicos y políticos “correctos” de cada siglo. Se quiere construir una religión sin Dios a imagen y semejanza de la élite hegemónica para imponer las consciencias tranquilas de unos y agitar las consciencias de los otros, en un juego de trileros y éticas. Convirtiendo la espiritualidad y la transcendencia (en esta posmodernidad transhumanista, fluida y líquida del siglo XXI) en otro campo de batalla, en otra controversia social, cultural y religiosa. Una guerra abierta por el control del alma y las consciencias y las éticas, de opresores y oprimidos, del bien y del mal, del paraíso y del infierno, del lenguaje sagrado y del lenguaje diabólico…

La industria cultural sabe que su éxito comercial depende del espíritu de época, de ofertar lo que sabe que tiene demanda y se pude vender con facilidad porque responde a un patrón de pensamiento que está de moda, y la moda no surge de la nada, es producto de unos intereses. Si quieres despertar en el zeitgeist del siglo XXI, al menos en Occidente, “el dogma principal del pensamiento posmoderno” es la “construcción de la realidad”, como dice François Braunstein, o sea, que es la dialéctica constructivista de tabla rasa la que nos ha convencido que somos un constructo social, que podemos construir o deconstruir la verdad y la realidad a nuestro capricho. El arte y la literatura serían los vehículos correctos, como si fueran los nuevos textos sagrados, para ejercer las liturgias y los rituales de esta nueva “religión woke”. “El poder censor de la minoría es superior. Recordemos que la mayoría suele callar por miedo a ser criticada” o a “vivir el rechazo, el aislamiento, el silencio e, incluso, la exclusión.” –afirma Carmen Domingo. Y para Enrique Rubio el wokismo es un “absolutismo supremacista” que se sustenta en una serie de teorías como la teoría queer, la teoría crítica de la raza, la teoría poscolonial, la interseccionalidad…

Hay libros que te llevan a otros libros, lecturas que comparten vasos comunicantes, emparejamientos lectores que van más allá de meras casualidades, como si sucediera una serendipia bibliográfica, como si el cosmos lector estableciera una biblioterapia universal que permite comprender cada lectura desde un espectro semántico y simbólico más completo al establecerse una interconectividad significadora entre ellas. Hay libros cuyas lecturas se juntan y suceden de una forma simultánea o correlativa, como si hubiera una ley o un efecto de atracción lector que agrupa o empareja libros produciendo un efecto trombo de ideas y significados. Porque la lectura, al fin y al cabo, es eso, una simbiosis o una sinestesia de libros, de autores, de ideas, de nombres y citas, de intertextualidades y asombros, pero también de contradicciones. Y así, las lecturas de unos influyen en las lecturas de los otros y viceversa, compartiendo un mismo contagio semántico.

Cada lector es un itinerario de libros y de autores, también de ideas y sentimientos. Cada autor es a su vez también un lector, por tanto, es otro itinerario de libros y de autores, y así, encajados los unos en los otros, como una muñeca matriosca, formamos todos juntos, autores y lectores, un selfie intertextual con efecto Droste lector. Un club de lectura extendido en el tiempo como sinergia sentipensante por imitiación o por oposición. La poesía es un material altamente inflamable de combustión inmediata que nuestras neuronas sintetizan como si fuera un gel energético para deportistas, de absorción rápida, que funciona como un impulsor de la energía sentipensante, de la sinapsis entre el cerebro y la consciencia, entre la filosofía y la ética, entre las neuronas y los latidos. Dice Pedro Ugarte que “la interposición de unas palabras o de otras aspira a condicionar el discurso del antagonista. (…) Si todo lo que yo propongo lo califico como avance, ¿qué adversario tendrá el valor de proponer un retroceso?”, quizá para “proscribir todo debate.” La literatura no solo se lee, sino que se interpreta. Un libro es un mapa que conduce a un territorio léxico, a un lugar semántico y a una leyenda, pero también a una consciencia. Y como todo mapa tiene unos códigos y símbolos que hay que descifrar previamente si queremos llegar a buen puerto, o sea, a la epistemología de ese texto. Leer los premios literarios es una forma de leer el zeitgeist de nuestro momento histórico, de conocer sus sinergias y demandas, sus resonancias de moda y sus sinapsis de ingenierías lectoras o sociogénesis editoras, en definitiva, otra forma de estar al día y vivir nuestra época.

Escribía Paul Valery que “La historia es el producto más peligroso que ha elaborado la química del intelecto humano”, pero la poesía no se queda a la zaga. La poesía es una tecnología punta. Y este libro, Oxford Circus, quiere también, de alguna manera, reivindicar y reescribir una parcela de la historia a través de una retahíla de geocaches líricos y de una iconografía léxica. Yuval Noah Harari pone el dedo en la llaga y mantiene que “el poder humano depende de la cooperación de las masas; la cooperación de las masas depende de fabricar identidades de las masas, y todas las identidades se basan en relatos de ficción, no en hechos científicos.” Y con estos hilos se van tejiendo los zeitgeist de cada época y sus libros.

Harold Bloom habló en El canon occidental de la “Escuela del resentimiento” y dijo que “Leer al servicio de una ideología cualquiera es, creo, no leer en absoluto.” Y así bendecidos por la French Theory y el estructuralismo francés, una panoplia de autores y obras han influido con sus discursos y con una devoción cuasi religiosa en la lectura zeitgeist de los últimos tiempos. Michel Foucoult (“No hay más realidad constatable que la lengua ni más cosas que las palabras”), Jacques Derrida (“No hay nada fuera del texto” o “deconstruir la realidad”), Jacques Lacan (“El inconsciente está estructurado como un lenguaje.” O “Solo los idiotas creen en la realidad del mundo; lo real es inmundo y hay que soportarlo.”), Gilles Deleuze (el papel del individuo es “desmontar la red que la cultura en la que nacemos teje a nuestro alrededor”), Lévi Strauss (“La lengua es una razón humana que tiene sus razones y que el hombre no conoce.” O “La realidad es una ilusión creada por la falta de imaginación”.) Herbert Marcuse, Theodor Adorno…Y así ha surgido el posestructuralismo y la ideología woke. Donde la “nueva religión queer” nace de la mano de filósofos que son profesores de universidades americanas como Judith Batler, Peter Singer, John Money, Anne Fosto-Starling, Donna Haraway, entre otros. Pero también Paul B. Preciado, Frantz Fanon, Richard Delgado, Derrick Bell…

Si le hacemos caso a Michel de Montaigne y consideramos que “El mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la ilusión de saber la verdad”, deberíamos saber que más allá de cualquier zeitgeist y volksgeist hay una nueva luz esperándonos, una luz que brota de la duda como liberación, aunque cada época pretenda imponernos su verdad relativa como una verdad absoluta usando la duda como coartada para el cambio y la imposición de sus nuevos dogmas. Y así para entender mejor la vida, la lectura y las intertextualidades que brotan entre ellas puede ser una buena forma abrir los ojos a los matices simbólicos y a las citas que habitan en los textos.

El autor de este poemario, como buen profesor y poeta, ha ido dejando un reguero de pistas o geocaches para que sus lectores no se pierdan y guíen sus itinerarios sentipensantes, especialmente si no eres un iniciado en epistemologías identitarias. Válgame a mí y a mi reseña-opinión lectora, igual que Gerardo en Oxford Circus, hacer uso de la misma técnica o recurso mise en abyme y remitir a un entramado colectivo para adentrarme en su espesura lírica y en su hoja de ruta creativa. Puesto que estamos en una época sagrada donde la espiritualidad y la transcendencia se están continuamente redefiniendo, acudiré a otras lecturas previas antes de leer los Evangelios. Son muchas las publicaciones al respecto, tanto a favor como en contra. Yo señalaré aquí algunas para comprender el zeitgeist woke de Oxford Circus:

1.- La activista, ensayista y poeta cuir-woke Titania McGrath (personaje creado por el escritor, periodista y humorista Andrew Doyle y con la que se identifica desde el humor y la ironía), quien considera su libro “Woke” (que “es una ironía feroz sobre el mundo identitario”) como una especie de Biblia (Woke. Alianza Editorial, 2019) y que es fiel creyente de que “Las palabras pueden cambiar el mundo.”, nos convierte a todos en oprimidos y víctimas, pero también en opresores o revolucionarios. Nos marginaliza y jerarquiza, según nuestros traumas, para llevarnos a una lucha más identitaria que de clases, alejada de la “tiranía” de los hechos, pero refugiada en la “dictadura” de los sentimientos y las emociones, rompiendo la sinapsis cuerpo-mente. Escribe que “En general, la cuestión de las clases es una distracción de los problemas reales. Si el movimiento por la justicia social nos ha enseñado algo es que tu orientación sexual, género o raza tienen más capacidad para afectar tus posibilidades de movilidad social que las circunstancias económicas, la educación o el nepotismo. (…) No puedes ser woke sin defender la interseccionalidad.”

2.- La filóloga y escritora feminista Carmen Domingo Soriano, (autora de #Cancelado. El nuevo Macartismo. Editorial Círculo de Tiza, 2023) dice: “Quizás la cancelación que ha sido más virulenta en los últimos tiempos ha sido la que ha sufrido el feminismo de la mano de la izquierda posmoderna y su teoría de género, o teoría queer. Una teoría que, por resumirla de algún modo, señala, por irrelevante, la biología, mientras que le da predominio a los estereotipos de género que se eligen voluntariamente y, a partir de entonces, cada uno puede autodeterminarse como quiera, independientemente de su sexo biológico.” O “Y en aras de esa corrección política, aunque por el momento no se quema a nadie, se lanza a las llamas metafóricas de la opinión pública a cualquiera que no opine «lo correcto». Aunque la metáfora de la hoguera es preocupante… es válida. Porque el tan temido regreso de las hogueras de libros es un hecho, sí, pero sus impulsores no son nazis, sino progresistas fanáticos escudados en la «diversidad» y «la inclusividad».”

3.- Según el filósofo francés Jean François Braunstein (autor de “La religión woke. Anatomía del movimiento irracional e identitario que está poniendo en jaque a Occidente”, Editorial Espasa): “…el hombre blanco occidental y heterosexual, por definición sexista, racista y colonialista, es el «chivo expiatorio». (…) El culto woke, como muchos otros cultos religiosos es un culto a víctimas inocentes, martirizados injustamente. (…) Lo más característico de esta religión woke es que no existe el perdón. El «privilegio blanco» parece ser el equivalente a una especie de pecado original. El hombre blanco (y el heteropatriarcado) es culpable de que sus antepasados oprimieran… Lo primordial es no entablar ningún tipo de diálogo con el réprobo: ese es el objetivo de la cancel culture… buscan una catarsis de la sociedad… La teoría de género es el centro de la religión woke. …su misterio casi teológico. (…) La destrucción de la lengua es una de las consecuencias, cuando no uno de los objetivos del proyecto trans.”

4.- El escritor Enrique Rubio (autor del ensayo “Religión Woke. El despertar del supremacismo identitario. ¿Cómo el izquierdismo se ha transformado en la religión conservadora y totalitaria más importante del siglo XXI?”. Editorial Almuzara, 2023) escribe: “Para esta religión (woke) no existe el conocimiento objetivo ni la verdad, ya que todo lo visible y lo invisible son constructos culturales…El cine, la literatura y el arte en Occidente es pura propaganda política izquierdista desde hace mucho tiempo. (…) Junto a otras empresas relacionadas con el consumo cultural y la tecnología, Netflix es uno de los símbolos y uno de los motores de la evangelización woke. (…) El izquierdismo woke heredó el pecado, la culpa y la vergüenza de la tradición cristiana, pero sin posibilidad de redención.” O “¿Por qué en los últimos años ha estado ganando por goleada el relato de la izquierda woke sobre las religiones capitalista, liberal, conservadora, católica… hasta el punto de que las grandes empresas sean los patrocinadores principales de esta secta mundial? (…) ¿Se lo permitirían de no ser porque es la agenda de las élites?”.

Y después de este peregrinar lector uno parece estar ungido para afrontar el zeitgeist de Oxford Circus, porque uno descubre que, como siempre, estamos, ya sea desde una dialéctica ilustrada, romántica, capitalista, marxista, psicoanalista, constructivista, de la interseccionalidad o woke, en una batalla por el relato, por construir a través del lenguaje otra ética y otra consciencia, por fabricar otro mundo quizá igual de imposible que todos. Como vemos partir de una semántica o de otra nos predispone a leer de una o de otra manera, a ser o no ser.

Oxford Circus pudiera parecer hasta un libro hermético en la primera lectura. Es en la segunda lectura cuando descubres que varios itinerarios cruzan el libro, varias sinergias lo atraviesan y cada una colabora en la significación que encierra el texto lírico. Todas suman. Desde las citas y sus nombres al título del libro y de sus partes, desde el lenguaje utilizado a sus símbolos, desde sus gritos a sus silencios. Y así Oxford Circus, Oscar Wilde, Bonnie Hancell… nos conducen a una herencia, quizá como parte de la realidad académica del autor como catedrático de literatura inglesa y de su paso por aquellos lugares como estudiante. Y en la contraportada, casi como un colofón, con el “nihil obstat” woke bendecido por Sara Torres, se nos cita y orienta la significación señalando hacia Jack Halberstam y su obra “El arte queer del fracaso”, que de alguna manera, resemantiza todo el poemario, ya que nos conduce a otro aluvión lingüístico y semántico de conceptos que se retroalimentan unos a otros en un totum revolutum, como heteronormatividad, lógicas hegemónicas de poder, crítica al capitalismo, a las formas de parentesco, masculinidad, blanquitud, eurocentrismo, noción de víctima, feminismo radical y masoquismo, apropiación cultural, patriarcado heteromormativo, interseccionalidad cuir, cancel culture, empoderamiento… Y como dice Pedro Ugarte el uso del lenguaje nunca es inocente.

Dice Antonio Colinas, Presidente del jurado que concedió el premio Marpoética, en la entrega de éste; que llamó la atención “la audacia del libro,” que tiene fulgor y una intensidad de palabra nueva, que Gerardo es un autor con oído cuya poesía fluye y que hay dualidad en este libro. Un libro extraordinario con una atmósfera engañosa por la profundidad del libro que nos lleva a unos espacios, circunstancias y anécdotas y a ese desgarro extremado entre los símbolos. Hay formas poéticas llenas de cortes, de silencios muy bien resueltas por el poeta. En el poemario hay cierto diálogo entre clasicismo (versos endecasílabos y alejandrinos) y ese lenguaje y forma audaz nueva. La poeta Rosa Berbel apunta en la presentación del libro en Granada que “Aunque hay referencias teóricas, en realidad lo que nos encontramos aquí no es nada académico. Como digo es una carta de amor a la escritura, y a la escritura poética como una fuerza de vida. Estos poemas piensan desde su naturaleza poética, son vibrantes poéticamente y emiten una gran cantidad de luz, son juguetones y experimentales, pero también conscientes de su tradición y de su genealogía, son rupturistas a muchos niveles, pero son sobre todo reparadores; son intertextuales, que, es algo muy propio de Gerardo, siempre están remitiendo a un entramado colectivo, pero también atestiguan la consolidación de una voz singular y muy propia.” Para Francisco Javier Guerrero (“Un arco sagrado”, Cuadernos del sur, Córdoba, 27 diciembre 2025) es “Un libro de poemas genuino. Una voz nueva y transformadora.” “La noción del circo estructura las cinco partes del poemario como una alegoría terrenal identitaria que enaltece las virtudes limítrofes.”, “… una apuesta estética que desgarra el lenguaje y lo renueva a través de un estilo y unas formas –los espacios, los cortes del verso, y hasta la tipografía tienen una intención semántica–“. “Oxford Circus es un libro que renueva y sana. Que ensancha las posibilidades formales de la poesía actual. Y que, sobre todo, nos propone una forma distinta de habitar el mundo y su lenguaje.”

Adentrarse epistemológicamente en Oxford Circus, en sus creencias y conocimientos, en su verdad y la justificación que la sustenta, es adentrarse en la reivindicación de la diversidad; en cuanto a su forma y estilo es más ecléctico y experimental que su anterior libro: Los hilos de la infamia, aunque comparten vasos comunicantes y una misma voz poética. El poeta intenta que la correspondencia, la coherencia y el pragmatismo de su verdad lírica ayude a entender el mundo real, a proyectar una forma de ver y sentir, como si su poética fuera un espejo de cuerpos y ojos que refleja hacia afuera y hacia adentro; un True Mirror que muestra tu reflejo tal y como te ve el otro, o el Espejo de Oesed de Harry Potter que muestra el deseo más profundo de quien se mira en él. Y así, con su escritura de obsidiana, nos refleja a todos y a sí mismo, y atrapa líricamente un zeitgeist, esa es la gran hazaña de Oxford Circus, su esencia. Y así utiliza el recurso mise en abyme creando un efecto espejo donde un verso, un poema, una cita… establecen un diálogo intertextual, un reflejo especular, una repetición y desdoblamiento donde el cuerpo, el dolor, el grito woke… crean un laberinto textual de significación que reivindica la felicidad del placer y una liberación identitaria (“aquí escondemos/ en los armarios/ portales a otros mundos” p. 41), una pugna entre lo telúrico y lo aéreo o entre Platón y Aristóteles (“se ha estrellado el avión/ no buscará/ nadie estos cuerpos/ pero algún día/ habrá un ciclón/ a plena luz/ un saturnal de vientos y de gritos de arcilla.” P. 73).

Gerardo, como un “acróbata que salta en el vértigo de las palabras” para insuflarles una nueva vida, que diría Vicente Huidobro, transita por el surrealismo a través de una catábasis lírica en busca de metáforas que alumbren la oscuridad, que alcancen un sentido encantado con el que hechizar al lector. Gerardo ha convertido la poesía de este poemario en una poderosa tecnología de rituales y símbolos, dotándolo así de un misterio o una atmósfera de elipsis y silencios intertextuales que se complementan o completan en la mente del lector y su inconsciente. Los títulos, las citas y el lenguaje en general (convertidos en geocaches literarios sentipensantes) marcan una intencionalidad creativa, una multitud de itinerarios dentro de un único camino, con una multitud de niveles o capas semánticas, que se hacen imprescindibles identificar o descifrar para comprender la lectura general del libro y su auténtico significado. Gerardo, como hijo de su tiempo y del zeitgeist actual, se enrola en la sinergia woke para ver el mundo de una forma determinada a través de la dialéctica constructivista cuir de moda.

Empezaremos por la portada. Título e ilustración comparten, a priori, una disonancia y en conjunto predisponen para el tratamiento surrealista que contiene el poemario, donde símbolos y significados se solapan en una gran metáfora, se superponen en diferentes estratos, que aunque vale como mérito, alguien podría verlo en su contrario. Pareciera sobrevenido, ya que al principio, en la primera lectura, no encuentras una sincronía semántica con los versos del libro, pero en la segunda lectura y ya a través de la explicación que el propio poeta da en la entrevista de Javier Gilabert comprendes la intención del poeta. La ilustración es una pintura titulada El malabarista (1956) de la artista surrealista Remedios Varo que “representa la lucha personal por el equilibrio espiritual y la transformación, que da vida y significado a un mundo ordinario”, dice la IA. Wikipedia dice que “La obra de Varo evoca un mundo surgido de su imaginación donde se mezcla lo científico, lo místico, lo esotérico y lo mágico”. El título: Oxford Circus, en un principio un título sugerente nos hace viajar semántica y geográficamente hasta Reino Unido, a un cruce de caminos, a una estación de metro de Londres- Wesminster, a la intersección de las Calles Regent Street y Oxford Street. Desde esta primera mirada, Circus significaría circular y podríamos emparentarlo con un tiempo y un espacio circular. Pero en cuanto empiezas a leer te das cuenta que no es ese su significado correcto, así que esa interpretación te invita a pensar que es un título sobrevenido o por lo menos que invita a confusión. El propio autor en una entrevista dice: “el marco estructural del libro me lo dio el motivo del circo” y después añade: “el título se fragmenta en sus dos palabras: Oxford es un lugar que marcó mi trayectoria académica, porque allí fue donde realicé mi master en Estudios de Género y el lugar donde empecé a explorar mi propia disidencia de género. (…) A su vez, Circus alude a un cruce de caminos (identidades fluidas, cosmopolitas, extranjeras), pero también al circo, como lugar de identidades nómadas, o a la idea del cerco de brujería, la magia, el conjuro…” Entonces todo encaja, especialmente por la idea de circo.

Oxford Circus es un poemario que recurre al recurso literario mise en abyme o puesta en abismo (“un procedimiento literario fractal de metaliteratura o de muñecas matrioscas”) cuya interrelación hace de la intertextualidad una vía de significación sine qua non para comprender en toda su riqueza el verdadero alcance del poemario que tenemos entre las manos. Gerardo también toma una preferencia por el cuerpo accidentado, el dolor y el grito como senda, como ética y estética, igual que hace Maillard en “Matar a Platón”. El autor, como buen profesor, ha dejado un reguero de geocaches lectores para que no nos perdamos por el camino en la interpretación de su obra, aunque tengamos que realizar una labor detectivesca para descubrir su leitmotiv. Y así para llegar a Gerardo Rodríguez Salas y a Oxford Circus hay que pasar antes por Chantal Maillard y el poema “Escribir” de su obra “Matar a Platón”, pero también por Paul Preciado y su obra “Yo soy el monstruo que os habla”, Theodor W. Adorno y la poesía después de Auschwitz, Leopoldo María Panero y su poema “El cinco” del libro “La Casa del Miedo”, Oscar Wilde y la larga carta a su amante “De Profundis”, Albert Wendt y su obra “Inside us the dead”, Shakespeare y su ser o no ser, El retrato de Dorian Gray, Adán y Eva y la Biblia, Juan Ramón Jiménez y su poema “Distinto” de su libro “Una colina merididana”, Lucrecio y su obra epicúrea y hedonista “De rerum natura”, Frankfurter Engel, el reverendo Charles Tindley con “we shall overcome”, Pedro Lemebel y el “Manifiesto: Hablo por mi diferencia”, Charles Darwin y su Origen de las especies, Bonnie Hancell y su obra “In this Allegory/ Where we Dissappear, Zygmunt Bauman y su obra “Modernidad líquida”, Sidnead Overbye y su poema “El río”, Rosa Berbel y el poema “Limpieza general” de “Los planetas fantasmas”… Oxford Circus es un libro de poemas que parecen una reescritura de efecto matriosca a través de una voz lírica disociativa que suplanta poéticas y técnicas como fórmula creativa y juego identitario, por lo que podría decirse que tiene una creatividad fluida. Y así podemos comprobarlo especialmente en los poemas “Somos cuerpos opacos”, “No hay respuesta” y “Una gota” donde las reminiscencias de Overbye o Hancell son más que evidentes, igual que el poema homónimo Escribir donde Gerardo también imita a Chantal Maillard. Los idiomas que intervienen en el discurso poético del poemario son el español, el latín, el inglés y el francés, lo que le da también una atmósfera líquida.

También es un poemario iconoclasta que, a su manera, derriba estatuas y campos semánticos religiosos clásicos para resignificarlos con el dolor y su luz negra de víctima en “la abrupta ladera de la Historia”: “rocía sal/ ¡sal!/ en las estatuas”, “me lanzan dos encapuchados/ -una estatua no puede/ bailar- pero yo hago/ piruetas/ a veces/ los ángeles/ no tienen alas/ su hoguera/ prende el asfalto/ en la caída”; “y aquél ángel de Fráncfort/ con heces de palomas/ aquella noche/ alzamos/ un muro/ de las lamentaciones”. Hay una pugna/batalla religiosa por ocupar y reinventar la espiritualidad y la transcendencia y ganar el relato de la fe, entre la herencia woke-cuir y la herencia católica de la voz poética, y así podemos seguir un reguero de referencias que en contacto unas con otras y puestas en abismo reinventan el lenguaje y su significado, los ritos y los mitos, y un anticlericalismo que reescribe la Biblia convirtiendo los versos de Oxford Circus también en una escritura sagrada: “infestado de cuerpos invertidos/ que sangran y decoran/ sin ser beatificados” (p 18); “sed cantos de este templo circular” (p.25); “sobre un altar sin cirios” (p. 25); “probad la fruta de este árbol/ todos los árboles del mundo” (p 26); “que venís del jardín de las manzanas” (p. 28); “pues no nos salva/ el hijo que heredó/ la grandeza del padre” (p. 32); Pentecostés/Corpus Christi (p. 37) “y hurgaste en mi costado”; Lamentaciones, 1:12, Credo de los Apóstoles, “sin un dios que abrazar/ …/ sin obispos ni conjeturas/ sin sueños de manzanas/ sin un juicio final/ que nos maldiga” (p. 63); “que nadie/ creó a nadie/ que jamás hubo/ costillas…” (p.38); “S/ omos cuerpos opacos/…/ cuerpos infam/ es sin coronas de espinas s/ omos templos sin pr/ eces…” (p.63); “N/ o hay respuesta el pec/ (h)ado se disuelve en mi b/ oca un cuerpo márt/ ir deja un tenaz re/ gusto en este cuerpo m/ ío que sangra…” (p. 71); “… con más/ fuerza que nunca rompiendo crucifijos…” (p. 82); “aquí nada es sagrado ¿o tal vez sí? … hoy por fin confesamos” (p. 83). Y es en ese nivel freático sagrado woke-cuir de significado desde donde manan todos los veneros simbólicos de este libro mapa, de este poemario matriosca intertextual y simbólico. Después de leer a Natalie Diaz y a otros poetas y activistas posmodernos y líquidos uno descubre que comparten un radicalismo existencial y creativo, un activismo militante woke que hacen del imperativo y la deconstrucción su hábitat favorito. Gerardo usa los recursos literarios como el oxímoron o el mise en abyme entre otros como una metodología queer para combinar elementos contradictorios entre sí, diluir identidades y autores en su poética, deconstruir significados y símbolos, romper la gramática y los versos en caída como una forma de destruir el lenguaje y establecer una neolengua… en busca de otras coherencias significativas, menos normativas, para desde ahí proyectar una performatividad creadora.

Una polarización constante sostiene a este poemario y su mundo simbólico y afectivo. Símbolos que hay que valorarlos por su fuerza más que por su forma. Una dualidad mística atraviesa el poemario que funciona como un oxímoron vital con forma de larva: la lluvia (el llanto) y el fuego, la noche y la luz, el frío y el calor, vigilia y sueño, el sol y la luna, blanco y negro, el bien y el mal. Una lluvia-llanto y un fuego que bautizan en el dolor y purifican resignificando el lenguaje y su pasado simbólico, como una forma de exorcizar fantasmas, terrores y pesadillas. Y es ese isomorfismo o polarización de imágenes la que establece una constelación de emociones y pensamientos que ahondan en lo mistérico, lo esotérico y lo sagrado, estableciendo una dialéctica entre la luz y las tinieblas, imágenes opuestas que consagran la poética de Oxford Circus y su contexto histórico donde la voz poética se metamorfosea en una voz justiciera: o conmigo o contra mí, pareciera que no hay espacio alternativo para la concordia ni la tolerancia (“En la ciudad donde los libros (las togas, las nubes) nunca/ duermen no habrá lugar para vosotros”, p. 27), (“Nosotros hoy maldeciremos”, “aquí habrá fiesta aunque no quede nada”, “y habrá una luna nueva en vuestra noche”). Pero son múltiples los oxímoros repartidos por el texto, quizá como una materialización lingüística de los “cuerpos invertidos”, de la metamorfosis que persigue el poemario: “soñar un sol/que bañe el pie/ en la sombra” (p. 17); “no tolerar más/ vuestra tolerancia” (p. 18); “inventar un afuera/ dentro” (p. 19); “salir adentro” (p.35); “ardió la llama oscura” (p. 38); “encendemos la noche”, “somos doradas sombras/ que colmamos de luz” (p.47); “Un cielo alterno/ bajo el mar” (p. 61); “nunca fui luz/ nunca fui sombra” (p.65); “die hará resu/citar” (donde se juega con el significado de “die” en inglés, morir, quizá como un tratamiento líquido o fluido del lenguaje y los idiomas) (p. 71)… Es frecuente el uso metafórico de la lluvia (el llanto) en sus versos con un significado profundo de renovación simbólica ambivalente: purificación y vida, pero también tristeza y desastre. La lluvia está ligada a lo sagrado y a la abundancia, a un renacer espiritual y emocional, pero también representa la hostilidad del entorno. “… seguir el rastro/ del arcoíris/ que deshizo la lluvia” (p.16). “… ladrillos rojos, paraguas que no os salvarán/ de esta lluvia/ que suena diferente…” (p.27), “La lluvia/ tras el cristal” (p. 39)… Escribió Gilbert Durand: “Bachelard muestra cómo el grito inhumano está vinculado a la «boca» de las cavernas, a la «boca de la sombra» de la tierra, a las voces «cavernosas» incapaces de pronunciar voces suaves. Por último en la exploración experimental del sueño, se encuentran sujetos aterrorizados por los gritos de seres semianimales que aúllan, sumidos en una charca fangosa.” Por lo que en este poemario se vislumbra una agresividad de bestiario donde los humanos y los animales intercambian sus roles como criaturas híbridas: “muerdes botones con saña animal” (p. 31), “tan espesa la sangre/ sucia y grumosa” (p.38), “un hombre sueña/ con abrir la ventana/ llamar a gritos/ a un joven/ cualquiera” (p. 39), “y las brujas bailamos una vez/ en nuestra cueva, animales aullando/ en su guarida, hipnóticos conjuros/ de letras inventadas y de fuego” (p. 68), “ cómo me amabas/ cómo gritaste”, “aquí danzamos fuera de las jaulas” (p.82). La agresividad animal de las fieras, “y sus músicas horrísonas” que devoran, funcionaría como símbolo de agitación y cambio, de transformación y metamorfosis. (Ciempiés, avestruces, gallos, carneros, palomas, sirenas, larvas, primates, luciérnagas, hormigas, mariposas… recorren los versos). Un poemario crisálida, donde “no tiemblan ya las mariposas”, que nos lleva a un territorio léxico nocturno lleno de hogueras como un relato de terror camuflado con purpurina. Y así comprobamos que también el cuerpo y el oscurantismo junto al anticlericalismo configuran una poética que resignifica la negrura convirtiéndola en crisálida de palabras y significados nuevos, un poeta que actúa como un médium que habita otras poéticas para crear una poética nueva. La herida como símbolo de la vulnerabilidad y una conciencia compartida. Y la palabra terrible sangre, “tan rica de misterio, de sufrimiento y de terror” que diría E. A. Poe, como drama y maleficio, como puerta de la vida y de la muerte también abre a la feminidad. (“cuéntame un cuento/ hasta sangrar” p. 30). Y la noche, “tan espesa cruel y grumosa”, como sustancia maléfica que el poeta resignifica/invierte como positiva convertida en sustancia del tiempo, junto a la bestialidad que impregna todo el poemario, invoca a Cronos, pero también a Thánatos y por tanto a Eros. Y esa oscuridad de las tinieblas de la caverna y sus hogueras es resonancia del grito de dolor y de placer y de rabia que sostiene la larva de la voz poética que se encarna en el lenguaje.

Y así vamos atravesando la ideología woke y su agenda ritual con un reguero de referencias, desde la teoría queer (“Nadie recordará/ la caja/ el residuo biológico/ de tantos cuerpos negros/ tan convienientemente/ reciclados/”) con poemas como “Gender Buttons” (botones de género) o “Los cuerpos opacos” y su cita de la poeta queer Bonnie Hancell a una teoría colonial con poemas como “Dentro de mí los muertos” y citas a Albert Wendt. O a la teoría de la raza: “aquí no hay/ anillos de poder/ razas buenas o malas” (p. 41). O se hace referencia a la necesidad de una neolengua, a una resignificación y reescritura, a una lucha por el control del lenguaje (“escribir/ urdir la gran mentira/ sobrevivir” p. 19), (“inventaremos nombres/ cazaremos los vuestros” p.42), (“-¿quién te sostiene a ti?- / las letras encarnadas/ de una historia silente/- muchas historias-“ p.52), (“arrastra mil palabras que cortaron tu cuerpo/ las anega/ resurgen puras” p.75), (“aquí inventamos lenguas” p. 81). También nos dirige a la deconstrucción y recreación del pasado y su poder (“no hay reto(r)no/ no funciona el ctrl z/ (des)hacer el pasado (re)hacerlo/ cortar pegar” p. 34), (“Te invité a imaginar/ otra historia” p. 38), (“somos las sombras de tu historia” p. 49). O a la fiebre iconoclasta (“me lanzan dos encapuchados/ -una estatua no puede/ bailar- pero yo hago piruetas…” p 49), (“rocía sal/ ¡sal!/ en las estatuas”), (“ardemos eso es el presente girar sin pausa/ prendernos con las llamas del pasado” p. 83). O a la cancel culture (“no tolerar más/ vuestra tolerancia” p.18). Y a la batalla por el lenguaje y el relato (“¿dónde encajamos/ en vuestro puzle? /…/ ¿dónde encajáis/ vosotros/ en nuestro puzle?” p.70) con el que interpela directamente al lector.

Su primer poema “Escribir” es claramente metapoético y metaliterario y podría leerse como una declaración de intenciones o una poética, está escrito a modo de confesión donde el autor explica lo que pretende y a modo de justificación recuerda a Adorno y su “ladera de la Historia”, donde la escritura o la reescritura, como base de un constructo social-político-religioso y su dogma de tabla rasa, pone al servicio de su fe cuir. Pero también nos lleva hasta Chantal Maillard y “Matar a Platón” con la que comparte la noción del daño, la preferencia por el cuerpo y la herida, también ese recurso mise en abyme y la importancia de los títulos y apartados en las distintas lecturas que tiene el poemario. Escribir, un poema donde la repetición se hace ritual y la mirada se convierte en grito. Hay un poema experimental, visual y semántico, que llama poderosamente la atención, “Sílencio”, donde el autor juega con el lenguaje, intenta recrearlo y resignificarlo a través del juego, con signos y cabriolas gramaticales, como si el lenguaje fuese moldeable o una cadena de ADN líquido y cuántico. O los poemas “Pentecostés Corpus Christi” y “Mi infancia son recuerdos” donde la bipartición del poema nos conduce a una dualidad demiúrgica invertida, a un uno que se desdobla o un desdoble que se unifica, que recuerda a los romances y donde la tradición y la modernidad se funden como en todo el poemario. O los poemas “Somos cuerpos opacos” y “No hay respuesta” donde la lengua, la gramática y los versos se rompen o se derriten, y ese juego de caída y ruptura resignifica y expande al propio lenguaje y al propio poema. O el puñetazo en la mesa y en las sienes que es el poema Puzles líquidos y su referencia al filósofo Zigmunt Bauman. O el aquelarre final del poema “Arded” donde los “cuerpos fulgentes que gritan” transcienden el imaginario para alcanzar una epifanía simbólica y una purificación. Nuestro poeta, en el poema “Somos cuerpos opacos” (p.63), quizá como la artista/poeta del norte de Inglaterra Bonnie Hancell, lo que persigue es una catarsis a través de la práctica creativa entendida y utilizada como una terapia. De hecho las letras de algunos poemas de Gerardo se caen de un verso a otro como ocurre en poemas de Bonnie Hancell, quizá un homenaje encubierto (también sucede lo mismo en el poema No hay respuesta, p.71). Y es que como en aquella, Gerardo también ha convertido los poemas de Oxford Circus y el cuerpo en “un lugar de protesta absoluta y un lugar de epifanía poética”, que diría Richard Scott, el cual también dice refiriéndose al libro de Bonnie Lain Hancell, En esta alegoría/Donde desaparecemos, que “Leer estos poemas es ver bajo la piel de la vida misma y enfrentarse a las crudas verdades de nuestra propia humanidad.” Lo que nos lleva a otro paralelismo que se podría establecer entre Hancell y Maillard. Podríamos decir algo parecido también de Oxford Circus y de Gerardo Rodríguez Salas por los vasos comunicantes que tienen sus poéticas. El planteamiento artístico y estético es magnífico, digno de un depredador literario que hace versiones de otros poemas, por la intertextualidad que contiene, por el recurso mise en abyme que usa y comparte en línea con Chantal Maillard y su libro “Matar a Platón” y por la apropiación de poéticas y códigos que practica. Una auténtica obra de arte que cierra heridas abriéndolas, válgame el oxímoron.

Dice Gilbert Durand: “Semánticamente hablando, puede decirse que no hay luz sin tinieblas mientras que al contrario no es cierto: la noche tiene una existencia simbólica autónoma”. Oxford Circus es un libro que, refugiado en el simbolismo de la noche, en “palpar las lindes de la noche”, irradia luz, una “luz negra”, pero igualmente que toda luz emana innumerables sombras, precisamente por eso, por ser luz. Y es esa iconografía léxica, esa fatalidad entre el Régimen Nocturno y el Régimen Diurno de las imágenes y los símbolos, esa dualidad permanente sublimada en un reguero de oxímoros y códigos la que nos guía el inconsciente lector e interpretativo. Todo es un itinerario simbólico, una ceremonia poética cuir-woke, un aquelarre lírico que pretende mover voluntades y establecer miradas líquidas e intertextuales, una consciencia fluida, por lo que es también una poesía activista.

Un poemario que, como una «caja de herramientas» que diría Focault, pretende desmontar y volver a montar una mirada civilizatoria retrospectiva desde una performatividad/performance woke. Oxford Circus se balancea en la telaraña-creencia de que corrigiendo la lengua se va a transformar la realidad, por lo que su lírica brota de un pensamiento mágico y de un solipsismo extremo, al fundamentarse sobre la fe y la ilusión de que la consciencia es lo único que existe y lo único que fabrica o construye el mundo y la realidad. Un poemario que me lleva a otros libros que indagan en la misma sinergia woke, en la misma teoría social y cultural, y que comparten el mismo zeitgeist de este presente fluido y líquido, cada cual con sus costuras pero todos atravesados por un mismo hilo de reconocimientos y éxitos, como son: El sin ventura Juan de Yuste de Ali Calderón (México), Poscolonial Love Poem de Natalie Diaz (Estados Unidos) y Martinete del Rey Sombra de Raúl Quinto (España).

Y es en esa intertextualidad en la que se balancea el libro y su telaraña léxica donde el propio autor manifiesta que las dos citas de Chantal son “un tributo a la escritura en diálogo con Chantal Maillard”. Pero al releer el poemario podemos observar que las citas hablan entre ellas, que el recurso literario mise en Abyme y la intertextualidad entre citas, ideas, libros y autores nos guían por un itinerario lector concreto: “Yo soy el monstruo que os habla” (Paul Preciado); “Escribir/porque alguien olvidó gritar/ y hay un espacio blanco/ ahora, que lo habita.” (Chantal Maillard); “Una y otra vez el chirriar de los trapecios/ una y otra vez.” (Leopoldo María Panero); “For us there is only one season.” (Oscar Wilde, De Profundis); “Inside us the dead,/ like sweet-honeyed tamarind pods/ that will burst in tomorrow´s sun.” (Albert Wendt); “Si veis un hombre distinto,/ matadlo.” (Juan Ramón Jiménez); “Si non aurea sunt iuvenum simulacra per aedes lampadas igniferas manibus retinentia dextris, lumina nocturnis épulis ut suppeditentur.” (Lucrecio. De rerum natura II, 24); “Si est dolor sicut dolor meus” (Lamentaciones, 1:12); “No soy un marica disfrazado de poeta.” (Pedro Lemebel); A clean and sober temp/ le where no one comes t/ o worship.” (Bonnie Hancell); “Parece que rezuman un agua antes oculta.” (Trinidad Gan); “The ocean is calling me home.” (Sidnead Overbye); Escribir/ para hallar la paz/ después de haber hablado/ con los muertos./” (Chantal Maillard); “Me habéis dejado el suelo lleno de ideas hermosas. No hay forma de limpiarlas.” (Rosa Berbel).

Un poemario que podríamos decir que ha sido concebido muy al gusto del estilo de Broadway, de sus luces brillantes y de su teatro icónico, de plumas de colores y lentejuelas doradas. Por lo que tiene de espectáculo de variedades, al menos por cómo ha sido concebido en su estructura, más de teatro que de circo me atrevería a decir yo: (Vodevil, Burlesque, Teatro de sombras, Fenómenos (Freak Show) y Extravaganza), como una “poesía de viarietés” como lo manifiestan los nombres puestos a las distintas partes del poemario. Y así, de alguna manera, con “plumas que son cuchillos” y “con el humo de colores y purpurina”, podríamos pensar que la voz del personaje que conduce el poemario, esa voz transgresora y provocadora, es la voz de una vedette de cabaret redimida. Y Oxford Circus, el título del libro, sería lo que llama Bachelar, el “símbolo motor” que une todas las dominantes y las representaciones que el libro contiene. Y es en ese juego simbólico que impregna todo el poemario donde el teatro-circo, como arquetipo significante, muta y se transforma, no en un lugar para ser feliz, entretener y reír, sino en un territorio simbólico convertido en campo de batalla donde sufrir, transgredir y resignificar, en un relato de guerra escrito para provocar una catarsis, porque si no hay catarsis, hay psicosis. “Sed/ payasos de una carpa/ de ensueño/ y corazones rotos” –leemos en la página 26.

Si la escritura es la más alta tecnología humana, la poesía en manos de Gerardo consigue ser un arma y un artefacto al mismo tiempo, una catapulta de palabras sentipensantes llenas de sinergias con sabor a espectáculo, como constatan los títulos de los apartados en los que está dividido el poemario. Un texto, Oxford Circus, que invita a la lucha y al conflicto como vía de sanación o solución, quizá como un duelo de sables o pistolas convertidas en palabras y metáforas, todo un desafío. Y así nos encontramos dos interrogantes polarizadores que interpelan al lector y encajan como el yin y el yang en la poética del libro: “¿dónde encajamos/ en vuestro puzle?” versus “¿dónde encajáis/ vosotros/ en nuestro puzle?”. (Poema: Puzles líquidos, p.69). Lo que nos conduce a un enfrentamiento sin perdón ni tolerancia donde el destino está escrito o servido, por mucho que nos escudemos en la diversidad y en la inclusividad, que diría Carmen Domingo Soriano. El tratamiento cuir de su poética implica militancia pero a la vez también creencia, esa mirada woke sobre la sociedad y sobre la propia intimidad es asumida como ideología, pero también como religión, como otra forma de alcanzar la transcendencia y afrontar la espiritualidad, y por tanto, la salvación y el paraíso. Gerardo convierte el poema en un espacio sinestésico donde conviven el plano fónico y el plano semántico en un vaivén deconstructivo y mutante del lenguaje, lo visual, lo auditivo, lo emocional, lo filosófico, lo identitario… Y donde pronto ese yo poético infantil de algunos poemas, al inicio, conforme avanza la lectura se metamorfosea en un yo-nosotros justiciero que destila terror y amor a la vez, gota a gota, una química hostil, una alquimia de cuerpos, gritos, dolor y sangre que destila por su alambique poético woke. También puede apreciarse ese tránsito y esa venganza en el poema “Este cerco” en el que podríamos imaginar a Humpty Dumpty transformándose en un Zanco Panco diabólico.

Si una obra debe ser valorada en función de su valor estético y artístico, sin duda alguna hay que señalar que Oxford Circus es un poemario fantástico desde todos los puntos de vista, para unos, y un poemario fantástico literariamente hablando para todos, un magnífico libro de poesía cuya lectura se dirige al oído y al corazón al mismo tiempo a través de un itinerario de miguitas de pan de una voz poética que juega con el lector para llevarlo a una consciencia y una ética del mundo. Porque como dice el propio Oscar Wilde en De profundis: “…todo lo que llega hasta la consciencia es justo”, “porque… nada es imposible para la humildad y todo le es fácil al amor”. De igual manera Gerardo ha venido a nosotros con su poesía para intentar enseñarnos “el placer de vivir y el placer del arte”, pero también “el valor y la belleza del dolor” que victimiza y redime, como diría Wilde. Así que para finalizar hay que incidir en que es un poemario escrito con una sensibilidad y un oficio desbordantes, que hace de la alegoría un retablo zeitgeist que entretiene mientras catequiza, por lo que tiene de sagrado. Un poemario instalado en una visión de la realidad fomentado por la izquierda posmoderna y líquida. Pero leer al servicio de una ideología eso no es leer, que diría el pope de la literatura Harold Bloom. Y llegado aquí me acuerdo del poeta Alfonso Brezmes que dice que le “basta un poema magnífico para salvar a su autor del olvido; me sobran esas obras completas en las que no cabe un solo instante para el hallazgo, el recogimiento, la ternura o el asombro.” En este hermoso poemario encontraréis más de uno, el libro entero es un espectáculo repleto de asombros y hallazgos, de suspenses líricos. Gerardo ya está salvado del olvido. Su lectura os quemará por dentro. Arded con él, “Soñad los libros/ que ardieron tantas veces.” Pasen y lean sin dejarse atrapar por la banalidad del mal, que diría Hannah Arendt. La lectura espectáculo va a comenzar. Ocupen sus asientos y ocupémonos del cuidado del mundo y del arte. Se abre el telón. Un poemario, Oxford Circus, a la altura de la editorial que lo publica y al nivel de Gerardo Rodríguez Salas, por qué no, el próximo Premio de la Crítica Andaluza de Poesía, con mis respetos a los demás candidatos.

Bibliografía

- Rodríguez Salas, Gerardo. “Oxford Circus”. Editorial Visor, 2025.

- McGrath, Titania. “Woke”. Alianza Editorial. 2019.

- Domingo, Carmen. “#Cancelado. El nuevo Macartismo.” Editorial Círculo de Tiza, 2023.

- Rubio, Enrique. “Religión Woke. El despertar del supremacismo identitario.” Editorial Almuzara, 2023.

- Braunstein, Jean François. “La religión woke. Anatomía del movimiento irracional e identitario que está poniendo en jaque a Occidente.” Editorial La Esfera de los libros, 2024.

- Durand, Gilbert. “Las estructuras antropológicas de lo imaginario”. Taurus Ediciones. Madríd, 1981.

- Gilabert, Javier. “Gerardo Rodríguez Salas: «Siempre he apostado por la visibilidad de las identidades disidentes».” Entrevista, Culturamás, 9-12-25.

- Guerrero, Francisco Javier. Reseña: “Un arco sagrado”, Cuadernos del sur, Córdoba, 27 diciembre 2025.

- Ugarte, Pedro. Artículo: “Pedagogía, resistencia y nostalgia”. El Español, 5-12-25.

- Hancell,Bonnie. (https://www.deathofworkerswhilstbuildingskyscrapers.com/product-page/bonnie-hancell-in-the-allegory-where-we-disappear)

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