El autor, prolíficamente documentado, nos traslada en esta magnífica novela-histórica hasta el siglo VIII d.C., en la Siria cristiana de ese momento histórico. Con su estilo habitual, el autor extremeño nos recrea claramente como son los personajes, en este caso el centro de la narración se llama Efrén y es un joven cristiano que vive en el Damasco del Califato de los Omeya, quienes marcan unas normas sociales soportables para los cristianos de la vetusta capital, que lo fue, de los amorreos. Aunque deben vivir en un barrio determinado, y vestir como lo mandan los musulmanes, pero, estas condiciones eran todavía soportables. En ese momento llegan a Roma los visigodos derrotados en la batalla de Guadalete, buscando la ayuda del Papa Constantino, que es sirio de nacimiento. Efrén es un personaje casi de actualidad, y en la novela se producen dos líneas que se combinan, la del protagonista con la de los visigodos o godos del oeste. El joven padeció persecución mahometana en su más tierna infancia, aunque ahora disfruta de una cierta tranquilidad vivencial. Estimo que Jesús Sánchez Adalid es uno de los mejores escritores de novela-histórica de la actualidad, y en sus obras desgrana, con conocimiento de causa, la situación histórica de la época. El Sumo Pontífice Constantino (88º Papa de los católicos) nació en la ciudad fenicia de Tiro hacia el año 664, y fallecería en Roma un 9 de abril del año 715, cuatro años después de la malhadada derrota del rey visigodo Rodrigo (Hropareiks/Rodericus/Ludhariq. 688-711) en la batalla de Guadalete (Crónica mozárabe, 754. ‘Se fue Rodrigo a los montes Transductinos para luchar contra ellos y cayó en esta batalla al fugarse todo el ejército godo’). Por lo tanto, sí es verdad que los derrotados y deprimidos visigodos hispánicos buscasen consuelo en Roma. El Papa Constantino I lo sería entre los años 708 y 715. El emperador bizantino Justiniano II (669-711) se enfrentó, en Constantinopla, a un complot para su derrocamiento, encabezado el golpe de estado por un patricio de Pérgamo llamado Filipico Bardanes, que asesinaría al mencionado emperador y accedería al trono de la Roma de Oriente entre los años 711 y 713. El Papa no pudo confirmar a Bardano como emperador, por ser el soberano un decidido seguidor del monotelismo, doctrina religiosa que admitía en Cristo dos naturalezas, la humana y la divina, y una única voluntad. El libro presenta dos textos ilustrativos que deseo referir: Polibio (Megalópolis, 200 a.C.-ibidem, 118 a. C.): “Aquel que se cree que estudiando apenas historias aisladas podrá adquirir una idea suficiente de la historia entera se parece mucho -en mi opinión- al que, después de haber contemplado los miembros dispersos de un animal muerto y bello, se engaña pensando que es como si lo viera de verdad, con todos sus movimientos y su gracia, con su fuerza y la hermosura de la vida. Y si le mostrara entonces al mismo individuo vivo, creo que reconocería enseguida que antes estaba muy lejos de la verdad y como uno que solo soñaba”. El libro nos ofrece en su inicio dos mapas de la época y, sobre todo, uno muy esclarecedor sobre la extensión y el poder del Califato de los Omeya hacia el año 710, justo en los albores de la estrepitosa caída de los visigodos toledanos frente al bereber, de religión judía, Táriq ibn Ziyad (670-Damasco, 720) y a Musa (Musa ibn Nusair. Gobernador/Vailí de Ifriquiya/África/Túnez. Hebrón, Ca. 640-Wadi al-Qura, ca. 716). El segundo texto es de San Agustín de Hipona (Tagaste/Carthago, 13 de noviembre de 354-Hipona/Carthago, 28 de agosto de 430): “Camina continuamente, avanza sin parar; no te pares en el camino, no retrocedas, no te desvíes. El que se para no avanza. El que añora el pasado vuelve la espalda a la meta. El que se desvía pierde la esperanza de llegar. Es mejor ser un cojo en el camino que un buen corredor fuera de él”. Efrén realiza un viaje que estima más que necesario, y que le conducirá hasta el monte Ouadi Quadisha donde crecen los cedros sagrados, buscando el conocimiento de una profecía. El hecho histórico se puede definir, sin ambages de ningún tipo, como el de las vicisitudes que están padeciendo los cristianos en los antiguos territorios del Imperio de Bizancio, poco controlados por él, ante el abrumador e imparable avance del Islam. El autor nos ofrece datos, fehacientes y trasplantables a la actualidad sobre el comportamiento, que en ocasiones, tienen algunos de los musulmanes actuales contra los cristianos. La ubérrima prosa y la ingente labor de documentación del profesor Sánchez Adalid, ya se observa en el inicio del libro, leamos su estilo florido, definitorio de los personajes, y por ende estupendo: “Los godos de Hispania llegaron a Roma en pleno otoño. Lo recuerdo muy bien, porque entonces acababa de iniciarse el Adventus. Una semana antes llovió tanto que se inundó el atrio de la basílica de Santa María Antigua y el agua penetró después hasta el tabernáculo. Tres días tardaron en arreglar el deterioro, para que se pudiera celebrar allí el domingo. Pero el lunes amaneció un sol extraño… Una luz pulida y perezosa fue iluminando el Aventino, mientras brotaban las siete colinas de la bruma. Hubo primero un silencio templado, pasmoso, que se extendió durante un tiempo que debió de ser exiguo, pero algo me hizo sentirlo más largo. Y un instante después, con la usual diligencia de cualquier mañana, sonaron en los patios las órdenes y los rumores propios del cambio de guardia. Sin embargo, aquel no iba a ser un día cualquiera”. El autor investigó, de forma pormenorizada, sobre un documento existente en la Biblioteca Vaticana, tan rica en información y tan difícil, por su magnificente amplitud, de investigar; en dicho texto se citaba claramente sobre la llegada del último arzobispo visigodo toledano a Roma, para buscar la ayuda del Papa Constantino, tras la invasión musulmana de Hispania. El Sumo Pontífice lo acogió con todo afecto y fraternidad, ya que él mismo debió escapar de Siria, tras la llegada de los ismaelitas, a través de la isla de Lesbos, por la persecución de Califa Uthmán (ca. 573-656), cuyo reinado abarcó desde el año 645 hasta su muerte. El último arzobispo católico de Toledo fue, en efecto, Sinderedo/Sinderedus (Sinderedus episcopus ex Hispania), quien sería ordenado como obispo en el año 710 d.C. El prelado hispánico asistió al concilio presidido por el Papa Gregorio II, en el año 721, contra los ilícitos casamientos de los clérigos. «Mi nombre es Efrén, sirio, nacido en el barrio cristiano de Damasco, el quinto año del califa Abd al Malik… Así empieza la extraordinaria historia de un joven educado en la Siria cristiana, en el primer califato Omeya, periodo de máxima expansión del islam, en el siglo VIII. A las puertas de la edad adulta, Efrén se hará consciente de la pérdida de identidad de una antigua cultura oprimida. Sintiéndose llamado a hacer algo, emprenderá un viaje que le llevará hasta un fascinante santuario poblado por anacoretas en el Valle Santo (Ouadi Qadisha), donde se custodia una profecía que parece estar empezando a cumplirse. Tras su conocimiento, Efrén será enviado a afrontar un gran riesgo… Esta novela nos descubrirá muchos misterios de la historia de Siria: la terrible irrupción del primer califato, las guerras con Bizancio, la rebelión de los llamados mardaítas, la importancia de la vida monástica y los ocultos escritos proféticos de los Padres del cristianismo originario. Cosas sorprendentes e indispensables para comprender todo lo que hoy está sucediendo en el mundo, a pesar de haber transcurrido ya trece siglos». Los mardaítas eran una tribu de montañeses cristianos, en la Hatay otomana, que consiguieron mantener su autonomía y sus creencias frente a Bizancio y a Damasco. Por consiguiente, deseo cualificar de sobresaliente a esta obra, que enriquece el mundo de ese género literario que enriquece y complementa al de la Historia sensu stricto. «Eleanore Regina Anglorum, salus et vita. ET. Regis Regum rectissimi, prope est Dies Domini». Puedes comprar el libro en:
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