www.todoliteratura.es

"Los visigodos", de Santiago Castellanos

Ed. Síntesis. 2018. Actualización
martes 12 de mayo de 2026, 22:21h
los visigodos
los visigodos

La gens de los Godos está dividida en dos gentilidades, una del oeste o visigoda y otra del este u ostrogoda. En el siglo IV d. C., los romanos dominaban el orbe conocido, llegando hasta el río Elba. También dominaban las tierras entre el Rin y el Danubio, y el norte de África. Durante siglos y desde la muerte de Gayo Julio César, el colapso definitivo de la República conllevó la aparición de un nuevo régimen político diferente, que ahora se llamó Principado/Principatus, siendo Gayo Julio César Octaviano el Princeps civitatis, ideado todo ello por este personaje tan ambicioso como pocos y que, a partir de ese momento, comenzó a llamarse el Emperador César Augusto. Este nuevo sistema político descansaba en un ejército legionario romano muy eficaz, y con las urbes que poseían un sistema político, religioso, fiscal y administrativo lo más eficiente posible, por lo que eran un remedo de lo que ocurría en la Urbe capitolina, Roma, caput del SPQR o Senatus Populusque Romanus.

Durante los últimos tres siglos, la ideología imperial ha logrado extender su hegemonía intelectual con muy pocas resistencias o matizaciones. En ciudades de Britania o del norte de la Galia, pero también de la Bética o de Siria, se escribe en latín, también en griego y en otras lenguas. Se adora a dioses tradicionales de Roma, pero además a otro tipo de divinidades, especialmente orientales. Y, finalmente, ha ido expandiéndose el cristianismo, apoyado por Constantino. Aunque no va a ser hasta finales del siglo IV cuando el emperador de origen hispano Teodosio decida que una de las variantes cristianas, el catolicismo, sea la religión oficial del Imperio”.

El Imperio romano tenía unas fronteras importantes, amplias y muy difíciles de defender, limes o límites en plural. Los enemigos se encontraban por todas partes y trataban de presionar a Roma, ya que les interesaba, sobremanera, estar dentro de la protección de lo que se puede calificar como lo que era más civilizado. Un caso flagrante de lo que escribo es el del emperador Marco Aurelio, cuando en la segunda mitad del siglo II d.C., observa con preocupación como, nuevamente, pueblos germanos presionan sobre las fronteras romanas orientales septentrionales. Tras la muerte del emperador Alejandro Severo en el año 325 d. C., los emperadores subsiguientes van a pertenecer, en un % muy elevado, al estamento militar, y de esta forma están más que acostumbrados a enfrentar los problemas bélicos con los bárbaros que los ciñen por todas partes, y tratan de amedrentarlos y domeñarlos. En este momento histórico es cuando se empiezan a nombrar a los diversos pueblos germanos que agobian a Roma, y que constituyen un peligro para la propia existencia imperial. Sea como sea, el derecho romano da para todo, y es por ello por lo que se comienza a acuñar el calificativo de foederati o de amicus populi romani. Hasta tal punto es así la cuestión que tras la mal denominada como ‘anarquía militar’ entre los años 235 y 284 d. C., con los emperadores, que no me resisto a no citar: desde Maximiano “el Tracio” (235-238); Gordiano I (se suicidó en abril de 238 al conocer la muerte de su hijo Gordiano II en la Batalla de Cartago/12 de abril de 238); Pupieno y Balbino (abril-julio de 238. Asesinados por la Guardia Pretoriana); Gordiano III (julio de 238 a febrero de 244. Asesinado); Filipo “el Árabe” (febrero de 244-septiembre de 249); Filipo “el Joven” (247-septiembre de 249); Decio (septiembre de 249-julio de 251); Herenio Etrusco (mayo-julio de 251); Hostiliano (julio-noviembre de 2151); Treboniano Galo (julio de 251-agosto de 253); Volusiano (noviembre de 251-agosto de 253); Emiliano (agosto-octubre de 253); Valeriano (octubre de 253 a mayo de 260) y Galieno (octubre de 253 a septiembre de 268). Por fin el 20 de noviembre del año 284 y ya hasta el 1 de mayo de 305 d.C., un nuevo emperador accede al poder, pero es un hombre muy fuerte y dominará con mano firme y de hierro aquella anarquía caótica, se llama Gayo Aurelio Valerio Diocleciano Augusto, nacido en una familia iliria de Dalmacia. Sus reformas son importantes, ya que tiene claro que es preciso detener aquella sangría histórica que parece que acabará con la rica historia de Roma.

Durante varios años, Diocleciano ha dado forma a un sistema colegiado de gobierno imperial, en el que un collegium de emperadores, compuesto por dos augustos y dos césares, conforma lo que se suele conocer como la Tetrarquía, el poder de cuatro. Pese a que, en la práctica, supone de hecho una cierta división del poder, no se trata de una partititio definitiva. De hecho, la retórica oficial y la propaganda imperial se esfuerzan por promover la idea de que los tetrarcas actúan en perfecta armonía, aunque esto no sea precisamente así en muchos aspectos”.

La soberbia del pueblo heleno, sobre todo por parte de los atenienses es palpable desde el principio de su relación con aquellos pueblos del norte y del centro de Europa, a los que no solo no asumen, sino que no entienden en lo más mínimo. Los denominarán como BARBAROI /BÁRBAROS, y se refieren a grupos de personas o gentilidades o colectividades, que viven fuera del mundo griego, no entendían nada de su idiosincrasia, incluidas sus lenguas, y los despreciaban por no formar parte de la Hélade. Los romanos los cualificaban, de forma ya más aséptica, como a todos aquellos pueblos no romanos, y sobre todo si vivían fuera de las fronteras del poder imperial romano.

«La percepción de los godos está mediatizada por el enfoque romano que, al igual que los griegos, utilizaban el concepto de ‘bárbaros’ para aludir a esos pueblos ajenos a quienes consideraban inferiores. Sin embargo, esos tópicos no deben conducirnos a comprender a tales grupos como a una suerte de pueblos homogéneos. Los Gothi, los godos, eran en realidad una amalgama de grupos diversos, que vivían en el mundo que quedaba más allá del limes, la frontera imperial romana, en los siglos III y IV d.C. Algo más de tres siglos después, el reino godo que se había establecido en Hispania fue liquidado por los musulmanes. Este libro desafía una lectura lineal de la evolución de los godos, impulsadas por los nacionalismos de finales del mundo moderno en Europa, aplicados no solamente al caso de los visigodos, sino también a los anglos y sajones o a los francos, entre otros, en la búsqueda de una supuesta génesis de las naciones contemporáneas. Baste anotar que el término ‘visigodo’ se iba a abrir camino en una fase avanzada, a partir del siglo VI. Este libro, por el contrario, propone una explicación diacrónica y conceptual de la historia de los visigodos. Sobre la base de las fuentes griegas y latinas, se han tenido en cuenta las más recientes investigaciones en los planos político, religioso, social o económico, para configurar un manual breve, dirigido especialmente a estudiantes y profesores universitarios, así como al público general interesado en el final del Mundo Antiguo y el inicio de la Edad Media».

Los romanos muy vinculados por afinidades de todo tipo y condición a los griegos, habrían aceptado del pueblo helénico todo lo relativo a estos pueblos tan radicalmente diferentes a ellos. El léxico para referirse a ellos, se fundamentaba en las fuentes escritas griegas o romanas, ya que los germanos no desarrollaron casi ningún tipo de fuente literaria. Cuando el obispo arriano Ulfila fue enviado a convertir a los godos, en el siglo IV d.C., se dedicó a traducir la Sagrada Biblia a la lengua de aquellos pueblos germanos, con la finalidad de que al conocerla se convirtieron al credo de Arrio. Hacia el siglo VI ya en el emporio de todo tipo que fue el Bizancio y la Constantinopla del cultísimo emperador Justiniano (482-565), el historiador Jordanes (siglo VI d.C.) compila todo un relato histórico sobre aquel extraño y atractivo pueblo de los godos. Para realizar su obra se habría fundamentado en el libro sobre el origen de los godos/Historia Gothorum del historiador Casiodoro (ca. 485-580), ya desaparecida. Los godos se dedican a sus tradiciones religiosas ancestrales, a mediados del siglo IV, con sus cultos circunscritos a la tradición tribal, adorando diversas deidades de linaje.

En el año 415 d.C., los godos del rey Ataúlfo se establecen en Barcelona/Barcino/Barcinona, actuando en Hispania como federados de Roma, durante el verano de ese año 415 el monarca visigodo será asesinado por uno de sus hombres, vinculado a Sigerico, derrotado unos años antes por Ataúlfo. El autor del magnicidio parece ser que se llamaba Evervulfo o Doubio, según los cronistas. A partir de ahí y durante unos trescientos años los visigodos van desarrollando su devenir vivencial hispánico, que será brutalmente interrumpido en el 711. Nombres conspicuos jalonan su historia hispánica, tales como: Atanagildo, Leovigildo, Wamba, Recaredo, Chindasvinto, Recesvinto, Gundemaro, Sisebuto, Suintila, Witiza, Égica, Eurico, Rodrigo, etc. Estamos, por lo tanto, ante una obra muy interesante, destacable y esclarecedora sobre los Visigodos, que se puede considerar un jalón esencial de la evolución hispánica ulterior. ¡Recomendación sin circunloquios! «Intellectus appretatus discurrit qui rabiat. ET. Quid pro quo. ET. Dicebatur».

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios