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"Nerón", de Anthony Everitt y Roddy Ashworth

Edhasa. 2024
viernes 03 de abril de 2026, 21:20h
Actualizado el: 31 de marzo de 2026, 23:08h
Nerón
Nerón

Sí existen personajes extraños en la Historia del mundo, unos positivos y otros negativos, pero todos ellos muy interesantes y sumamente paradójicos, este del presente ensayo, es extraño y atractivo hasta límites insospechados, y me estoy refiriendo a: Nero Claudius Caesar Augustus Germanicus/Nerón Claudio César Augusto Germánico, Anzio/15 de diciembre de 37 d. C.-Roma, 9 de junio de 68 d.C. En la historiografía de la Antigüedad y evolucionando hacia la perfección, Nerón es uno de los prototipos del pésimo gobernante, cruel, vanidoso e incompetente, y carente de la más mínima empatía. Cuando los historiadores analizamos su forma de gobernar, sorprenden sus actos que son extraños, diferentes, paradójicos e histriónicos.

Tuvo relaciones incestuosas con su madre y la asesinó. Incendió Roma, la capital de su imperio, y a continuación, mientras contemplaba las llamas desde un punto de inmejorable perspectiva, hizo sonar la lira y entonó un aria para cantar los atropellos del saqueo de Troya. Mandó desescombrar las abrasadas ruinas del centro de la ciudad y erigir en su lugar un palacio inmenso: la Casa de Oro. Echó la culpa del siniestro a la nueva secta religiosa que empezaba a hacerse notar por esos años: la de los cristianos, a los que en algunos casos convertiría en antorchas humanas para iluminar las carreras del circo. Nerón creía ser un músico magnífico y un formidable cantante, pero lo cierto es que carecía totalmente de talento: fue algo así como la Florence Foster Jenkins de su época. Éstos son algunos de los hitos de la existencia de Nerón que han superado los siglos. Pero persiste un misterio: mucho tiempo después de que fuera despuesto y se suicidara, unas manos anónimas seguían poniendo flores en su tumba. En la mitad oriental del Imperio romano, surgieron además varios hombres que aseguraban ser Nerón y que provocaban problemas a las autoridades. Una difundida creencia sostenía que el difunto emperador terminaría regresando junto a su pueblo para procurarle paz y armonía. Rex quondam, rexque futurus: rey una vez, rey por siempre. Había quien amaba al monstruo”.

Una las cosas que sorprenden en la evolución política de este emperador, es la auténtica contradicción de su vida, ya que a pesar de las cosas terribles que llevó a cabo, típicas de un tirano miserable, curiosamente el Imperio fue caminando hacia un buen puerto en su evolución socioeconómica. Entre otras cuestiones de mayor o menor enjundia, consiguió un duradero armisticio con el imperio de los partos. Se tiene la consciencia histórica de que tenía muy buenas condiciones para la canción y para la composición musical. No obstante, los magnates senatoriales siempre estuvieron en su contra, pero el público lo idolatraba, ya que conjugaba siempre el axioma de: ¡panem et circenses!, preconizando y patrocinando deportes de mucho predicamento entre los romanos, tales como eran las carreras de carros o de cuadrigas, y los combates entre los gladiadores. Algo que destacaría entre el medio que le rodeaba era la personalidad arrolladora de su madre Agripina “la Menor”, la hija de Germánico, el gran héroe militar de Roma, y sería su augusta progenitora la que le inclinaría hacia el mundo de la política, apartándole del mundo del arte, que era lo que el deseaba fervientemente. No me resisto a no describir, siguiendo a los autores de su época, como era el fenotipo del joven emperador de la Dinastía Julia-Claudia; como ya es público y notorio el apelativo ‘NERÓN’, significaba ‘FUERTE’ en el dialecto de los sabinos, los cuales fueron otro de los pueblos itálicos en la época monárquica de la Roma de la Edad Antigua. Su padre y primer esposo de su madre sería Gneo Domicio Enobarbo, para luego ser adoptado por el segundo esposo materno, quien sería el Emperador Claudio. Se matrimoniaría hasta en tres ocasiones con: Octavia (53-62), Popea Sabina (62-65) y Estatilia Mesalina (66-68).

El joven había cumplido ya los diecisiete. Su rostro presentaba el atractivo temporal característico de rodo adolescente, pero un observador atento habría sabido detectar los alevosos rasgos del hombre en que habría de convertirse. Estamos ante un joven de mediana estatura, cabellos rubios y ojos azules, y afectado por una ligera miopía. Su cuello era excesivamente grueso, y tenía el cuerpo -al parecer maloliente- cubierto de pecas. Las piernas, sumamente delgadas, contrastaban con el abultado vientre. Así era Nerón o, para mencionar la totalidad de sus nombres y títulos, Nerón Claudio César Augusto Germánico. Corre el otoño del 54 d.C. y acaba de convertirse en emperador de Roma. Rodeado de los más altos cargos políticos del Imperio, todos ellos envueltos en sombrías togas de duelo, el muchachito preside los ritos funerarios de su predecesor y padre adoptivo, Tiberio Claudio César Augusto Germánico, a quien conocemos con el más sucinto nombre de Claudio”.

El adolescente no tiene ni la menor idea de cómo gobernar aquel Imperio de Roma tan extenso y tan complejo, con indudables problemas de identidad y de reivindicaciones globales de todos aquellos seres humanos, que viven fuera de la urbe capitolina, decenas de razas y diferentes religiones acompañantes. El Emperador César Augusto había fijado en sendas placas de bronce sus memorias, para que los ciudadanos conociesen y admirasen sus hazañas. Se realizaron múltiples copias de ellas para difusión y solaz, sobre todo de forma admirativa, de todo lo que había realizado el primer emperador de Roma. Dichas memorias se denominaron o titularon como ‘RES GESTAE’, que se puede titular como ‘COSAS LOGRADAS’. Nerón era un gran admirador de su tatarabuelo, que era quien había conformado y modelado la nueva estructura política. César Augusto escribe que: “A los diecinueve años de edad (en el 44 a.C.) alcé, por decisión personal y a mis expensas, un ejército que me permitió devolver la libertad a la República, oprimida por el dominio de una bandería. (…). Proscribí a los asesinos de mi Padre, vindicando su crimen a través de un juicio legal (…). Hice a menudo la guerra, por tierra y por mar. Guerras civiles y contra extranjeros, por todo el universo. Y, tras la victoria, concedí el perdón a cuantos ciudadanos solicitaron gracia. (…). Italia entera me juró, por propia iniciativa, lealtad personal y me reclamó como caudillo para la guerra que victoriosamente concluí en Accio”.

César Augusto era muy inteligente, taimado y con una idea muy clara de cual era su identidad. Como es un vencedor desde la primera juventud, casi 18 años, está muy orgulloso de que todo lo ha conseguido por su genética diferente, aunque ese vocablo todavía no es conocido en Roma, y todo ello tiene su nacencia en las Idus de marzo, 15 de marzo, del año 44 a.C., cuando el Dictador Perpetuo y tío-abuelo-materno Gayo Julio César será asesinado de forma sangrientamente inmisericorde. Está claro que, y así lo consideró siempre Augusto, que los dioses estaban con él y, de esta forma, se encargarían de prolongar su devenir vivencial. “En el 31 a.C., Augusto (o Cayo Julio César Octaviano, como todavía se le conocía por entonces) derrotó a su rival, Marco Antonio, y a su amante y camarada política, Cleopatra VII Filopátor, reina de Egipto, en una batalla naval librada frente al promontorio de Accio, en la costa noroccidental de Grecia”. Es de agradecer y felicitar que la nominación de Augusto sea la correcta, legalmente hablando, ya que ese nombre fue el que obtuvo tras ser prohijado por Julio César. Nerón era un personaje que solía estar muy lejos del populacho de Roma, y es así como no conocía o analizaba los sentimientos de los romanos. Durante toda su vida irá cometiendo errores, hasta llegar al hartazgo del pueblo de Roma, y hasta será un gran pusilánime cuando decida, motu proprio, aceptar la condena del Senado de Roma, pero su cobardía le impedirá hacer frente a su condena según las viejas leyes de Roma.

«El nombre de Nerón, emperador del Imperio romano entre los años 54 y 68, ha sido durante mucho tiempo sinónimo de crueldad, decadencia y despotismo. Según nos han contado, ordenó prender fuego a Roma y, mientras tanto, él tocaba la lira; luego, hizo limpiar los destrozos y las ruinas carbonizadas y construyó un gran palacio. Cometió incesto con su madre, Agripina, quien lo puso en el trono, y después la asesinóPero todas estas historias no forman una imagen completa del personaje, lleno de matices y contradicciones. Por el contrario, durante su mandato, el Imperio estuvo bien administrado, presidió triunfos diplomáticos, y las legiones, tras vencer a la feroz reina icena Boudica, que había encabezado una de las mayores revueltas a las que Roma jamás se tuvo que enfrentar, finalmente conquistaron Britania. Nerón amaba el arte, la cultura y la música, y se ganó la fidelidad de las clases bajas organizando espectáculos grandiosos. Y, según parece, no mandó incendiar Roma. Ahora, al fin, gracias a esta biografía escrita por el historiador Anthony Everitt y el periodista de investigación Roddy Ashworth, podemos comprender realmente quién fue Nerón y todas las contradicciones inherentes a su figura. Y, además, en este ensayo, la antigua Roma cobra vida: las calles propensas a sufrir un incendio, las intrigas políticas, los asesinatos y los proyectos arquitectónicos en curso. En aquel mundo bullicioso y políticamente inestable, el emperador era vulnerable a los feroces senadores y aristócratas, que gustosamente le hubieran usurpado el poder y que a menudo estaban dispuestos a asesinar a sus rivales. Puede que Nerón tuviera una visión de futuro para el Imperio, pero, tal vez, atormentado e inseguro, no tuvo arrestos para gobernarlo como hubiera deseado. Es ésta la sangrienta historia de uno de los emperadores más famosos del Imperio romano. Y por fin su vida no es sólo un compendio de rumores maledicentes, sino también una historia complicada y aleccionadora sobre el temple necesario para gobernar».

La colección de Libros de Historia de Edhasa es de lo mejor realizado nunca en el mundo literario de la historiografía actual, y merece los máximos parabienes. ¡Obra completa, sobresaliente y necesariamente esclarecedora! «Reformare homines per sacra, non sacra per homines. ET. Malum quidem nullum esse sine aliquo bono».

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