La Semana Santa sevillana como motivo de inspiración poética: García Lorca y su poema “La saeta” IIIEl poema "Paso" de Federico García Lorca describe la procesión de la Virgen de la Soledad en Sevilla, utilizando imágenes visuales y sonoras que evocan su majestuosidad. "Saeta", por otro lado, presenta un Cristo moreno, simbolizando el sufrimiento y la devoción del pueblo andaluz. Ambos reflejan la profunda conexión entre fe y cultura.
Paso
Virgen con miriñaque,
virgen de la Soledad,
abierta como un inmenso
tulipán.
En tu barco de luces 5
vas
por la alta marea
de la ciudad,
entre saetas turbias
y estrellas de cristal. 10
Virgen con miriñaque
tú vas
por el río de la calle,
¡hasta el mar!
El poema “Paso”, cuyo título designa la efigie o grupo que representa un suceso de la Pasión de Cristo, y se saca en procesión por la Semana Santa, es un romancillo heterométrico compuesto por 14 versos, que van desde las dos sílabas métricas -la palabra “vas”, del verso 6-, hasta las ocho -son octosílabos los versos 2, 3 y 13-; y presenta asonancia agua /á/ en todos los versos pares. Si dividimos el romancillo en tres partes (versos 14, 5-10 y 11-14), la tercera parte contiene las rimas cruzadas propias de una cuarteta: /á-e/ (versos 11 y 13), /á/ (versos 12 y 14), y la asonancia /á-e/ abre el primer verso, que se repite como verso 11). El resto de los versos son sueltos: 3 (/é-o/), 5 (/ú-e/), 7 (/é-a/) y 9 (/ú-a/). Y resulta especialmente significativo el desigual número de sílabas de los versos y los tipo de asonancias en determinados lugares del poema, porque ayudan a sugerir ese “vaivén” continuo del oleaje humano y ese balanceo acompasado del paso de la Virgen de la Soledad, en su recorrido por las calles sevillanas cruzadas por el Guadalquivir. En los cuatro primeros versos, García Lorca compara el miriñaque de la Virgen de la Soledad, que da vuelo a su vestimenta, con un “inmenso / tulipán”. El símil tiene un doble fundamento, apoyado, por un lado, en la significación de miriñaque (armazón interior y circular de tela rígida o muy almidonada, reforzado con aros de metal, que se ponían las mujeres debajo de las faldas para abombarlas, a la altura de las caderas); y, por otro ante las características del tulipán (cuyas hojas son grandes, así como su flor, de seis pétalos de hermosos colores). El encabalgamiento “inmenso / tulipán” ayuda a visualizar el gran tamaño del miriñaque que porta la Virgen de la Soledad, que se venera en la Parroquia de San Lorenzo Mártir, de Sevilla (la advocación de esta Dolorosa sevillana cierra los desfiles procesionales de la tarde del Sábado Santo). Los versos 5-8 y 12-14 están en estrecha relación (“En tu barco de luces / vas / por la alta marea / de la ciudad” […], “tú vas / por el río de la calle, / ¡hasta el mar!”. El “barco de luces” -por alusión a la candelaria- es el propio paso, llevado a hombros por costaleros, que lo “mecen” con especial cuidado y esfuerzo; “barco” que navega “por la alta marea / de la ciudad, / entre saetas turbias / y estrellas de cristal” (el adjetivo “turbias” del verso 9, aunque aplicado a “saetas”, puede adquirir el significado de “turbulentas”, en referencia a la muchedumbre arremolinada que lleva en sus manos velas cuyas luces parecen “estrellas de cristal” -verso 10-; en coherencia con los versos 13-14: con unas calles (“por el río de la calle”) abarrotadas de gente, “hasta el mar”. Sin duda, la riqueza de las imágenes visuales se producen tanto en el poema como en la realidad.
Saeta
Cristo moreno
pasa
de lirio de Judea a clavel de España.
¡Miradlo, por dónde viene! 5 De España. Cielo limpio y oscuro,
tierra tostada,
y cauces donde corre
muy lenta el agua. 10
Cristo moreno,
con las guedejas quemadas,
los pómulos salientes
y las pupilas blancas.
¡Miradlo, por dónde va! 15
Romancillo con fuerte heterometría (los versos fluctúan entre las dos sílabas -verso 2- y las ocho -además del verso 12, son octosílabos los versos 5 y 15, que marcan el ritmo del poema-; el verso 6 es trisílabo; son pentasílabos los versos 1, 8, 10 y 11; hexasílabo el verso 4; y heptasílabos los versos 3, 7, 9, 13 y 14). Y en cuanto a la rima, se mantiene la asonancia /á-a/ en los versos pares, lo que implica una sonora perceptibilidad acústica, que queda flotando en el “ambiente poemático”, ya que el último verso es el único agudo del poema, terminado precisamente con la palabra “va”. Riman en asonante /éo/ los versos 1 y 11 (se trata del mismo verso); en asonante /é-e/ los versos 5 y 13, y quedan sueltos los versos 3 (/é-a/), 7 (/ú-o/), 9 (/ó-e/) y 15 (/á/). Esta distribución de rimas corre, pues, pareja a la heterometría, habida cuenta de que el poema no contiene ningún encabalgamiento y, pese a ello, la impresión de movilidad es absoluta, así como los gratos efectos eufónicos. Todo el dramatismo del poema se concentra en los versos 5 (“¡Miradlo por dónde viene!” y 15 (“¡Miradlo por dónde va!”), exclamación desgarradora que parece extenderse por toda la geografía andaluza. García Lorca ha sometido “el Cristo” procesional a un proceso de “agitanización”: “Cristo moreno” (versos 1 y 11; es decir, con la piel, atezada que es propia de los gitanos); un Cristo que deja de ser “lirio de Judea” (verso 3; fueron los romanos los que cambiaron el nombre de Judea por el de Palestina, y bajo el poder del gobernador Poncio Pilato, Cristo fue crucificado. Es posible que la metáfora “lirio de Judea” para referirse a Cristo se deba, también, al color de las flores de esta planta, cuyos grandes pétalos son, a veces, de color blanco), para convertirse en “clavel de España” (verso 4; el color rojo subido -y el olor muy agradable- del “clavel” connotan un fuerte sentimiento pasional). Y al decir “de España”, García Lorca está trascendiendo los límites geográficos de Sevilla (e incluso al paso del Cristo de la Expiración sevillano puede venirle a la mente “el Cachorro” de Granada, del escultor barroco Francisco Antonio Ruiz Girón). “De España” (verso 6), en efecto y, por tanto, de Andalucía también: “Cielo limpio y oscuro, / tierra tostada, / y cauces donde corre / muy lenta el agua” (versos 7-10, en los que la adjetivación -“limpio y oscuro”, “tostada”, “lenta”) aporta connotaciones emocionales de alto valor estético). Pero puesto que el poema se titula “Saeta”, hemos de suponer que el cortejo procesional se detiene ante cualquier voz desgarradora que entona una copla llena de fervor religioso en cualquier sinuoso callejón; y entonces puede contemplarse en primer plano el sufrimiento que refleja en su rostro la imagen del Cristo gitano (versos 12-14: “con las guedejas quemadas, / los pómulos salientes / y las pupilas blancas”. Ni siquiera el equilibrio de las construcciones paralelísticas (“determinante+nombre+adjetivo”) puede atenuar el dramatismo de ese instante en que cruza el aire una saeta ante el rostro de un Cristo que ha agonizado en la cruz. Hay que vivir la experiencia para saber de lo estamos hablando, sobre todo cuando al costumbrismo cultural se impone la fe. El verso 15 -“¡Miradlo, por dónde va!”- con que se cierra el poema es una acertadísima variante del verso 5, frecuente en múltiples saetas populares -“Miradlo, por dónde viene”-, y ayuda a sugerir el movimiento del paso que transporta al “Cristo moreno”. En cualquier caso, es la expresión dolorida de un sentimiento que nace de lo más profundo del alma y trasciende los límites de lo puramente literario.
Interpretaciones musicales. “Saeta”. Enrique Morente. https://www.youtube.com/watch?v=vqN_K5iOhv8
“Procesión”, “Paso” y “Saeta”. Mario Castelnuovo Tedesco. https://www.youtube.com/watch?v=zVtk-yZPJCs
El comentario de los poemas 1 (“Arqueros”) y 2 (Noche”) se encuentra publicado en esta misma revista digital (25 de mayo de 2026).
Y el de los poemas 3 (“Sevilla”) y 4 (“Procesión”) con fecha 26 de mayo de 2026.
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