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"Los arrianos del siglo IV", de John Henry Newman

Ed. Encuentro. Universidad Pontificia de Salamanca. 2020
viernes 05 de junio de 2026, 22:21h
Los arrianos del siglo IV
Los arrianos del siglo IV

Un libro extraordinario, y sobre un tema religioso que fue esencial en el Medioevo. Durante la primera época de la Alta Edad Media los arrianos se enfrentaron, ácremente y con cierta dosis de confrontamientos bélicos, teológicos y políticos contra otros cristianos, y en este caso serían contra los católicos. Si nos ceñimos a la Hispania de los visigodos, la persecución arriana contra los católicos o hispanorromanos fue importante, con el gran soberano Leovigildo a la cabeza, léase la condena a muerte por decapitación realizada por el propio soberano sobre su primogénito, el duque Hermenegildo de la Bética.

La garantía de la Universidad Pontificia de Salamanca /Reino de León apoya el esfuerzo de Encuentro. Del autor poco se puede decir, que no sirva para loar y enaltecer su figura fuera de serie. Se trata del cardenal Newman, que obtuvo el capelo cardenalicio por medio del Papa León XIII, muy merecidamente. Y el 13 de octubre de 2019 sería canonizado por el papa Francisco en Roma. Esta tercera edición fue realizada por su autor en abril de 1871. Los arrianos fueron un grupo de cristianos seguidores de la doctrina de un sacerdote del siglo IV d.C., llamado Arrio (ca. 256-336), quien afirmaba que Jesucristo era una criatura de Dios Padre, y por lo tanto subordinado al Todopoderoso; era una creatura de Dios creada de la nada. Esta doctrina herética sería adoptada por dos pueblos germanos de gran predicamento, serían los visigodos o godos del oeste y los vándalos, estos dos pueblos muy orgullosos conseguían de esta forma diferenciarse de sus odiados y soberbios romanos, ya que estos seguían claramente el cristianismo del Concilio de Nicea (325 d.C.), donde se defendía claramente la Doctrina Trinitaria (Dios-Padre; Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo), en este Concilio Ecuménico se condenó por herejía a la doctrina de Arrio, y el clérigo sería excomulgado. ARRIO: ‘Jesucristo es el Hijo de Dios, procedente del Padre, pero no eterno, sino engendrado por el Padre antes que Dios creará el tiempo’.

Los visigodos llegaron desde el paganismo hasta el arrianismo cuando el emperador Valente (Flavio Valente Augusto. 328/Cibalae-Adrianópolis, 9 de agosto de 378) les otorgó tierras de labranza y de colonización, en la ribera derecha del río Danubio, y para iniciar su conversión el obispo arriano Eusebio de Nicomedia (¿?-m. 341) los envió a su amigo arriano, el obispo Ulfilas (ca. 311-ca. 388) que los convirtió sin gran esfuerzo.

El concilio celebrado en Nicea de Bitinia el año 325 fue el que formalmente detectó y condenó el arrianismo. En los años siguientes siguió su curso con diversos cambios de opinión y diversa fortuna hasta la fecha del segundo Concilio General (Constantinopla 381). Fue entonces cuando, agotadas ya las posibilidades de la sutileza herética, la facción arriana fue expulsada del cuerpo católico y se constituyó como secta distinta externa al mismo. Es precisamente durante este período en el que todavía mantiene su influencia en los credos y en el gobierno de la Iglesia, cuando el arrianismo solicita particularmente la atención del estudioso de la historia de la Iglesia. Tras este período, el arrianismo no presentará nada nuevo en cuanto a doctrina y solo merece atención como principio animador de una segunda serie de persecuciones, cuando los bárbaros del norte, que se habían infectado de él, ocuparon las provincias del Imperio Romano”.

La Iglesia católica de Antioquía era de una importancia capital, ya que era la prelatura metropolitana para los católicos de Siria, Cilicia, Fenicia/Líbano, Comagene, Osroene y Mesopotamia (Asiria, Babilonia). Todas estas provincias tenían a esa gran ciudad como la capital de la autoridad patriarcal. Antioquía habría sido, como era lógico por su extraordinaria importancia sociopolítica y geográfica, el centro de las misiones apostólicas para la conversión de los paganos, inclusive el mito se alimentaba al indicar que hasta san Pedro habría sido su primer obispo de los discípulos del Hijo de Dios Hecho Hombre, Jesucristo. Tras la muerte martirial del obispo Babilas (¿?-m. 250. Decapitación), por la orden del emperador Decio (Gayo Mesio Quinto Trajano Decio. Budalia, 201-Abrito, 1 de julio de 251), será substituido por Pablo de Samosata (ca. 200-post 272), su defensa del adopcionismo (Cristo era el hijo adoptado de Dios) herético prepararía el arrianismo, motivo por el cual sería juzgado por tres concilios, y para terminar siendo condenado y excomulgado. Su apoyo le vino de la Reina Zenobia de Palmira (Septimia Zenobia. Bat Zabbai, ca. 240-ca. 274 d.C.), que valoraría sus cualidades políticas y literarias.

«En Los arrianos del siglo IV, la primera investigación sistemática de envergadura publicada por Newman cuando aún era un joven clérigo anglicano, aborda la génesis, el desarrollo y consecuencias de la herejía arriana, la primera gran crisis de la Iglesia después de la época de las persecuciones. Aunque la obra se sitúa casi al inicio de la evolución del pensamiento de Newman, contiene algunas importantes intuiciones que el recientemente proclamado santo retomará en sus estudios posteriores. Planteada inicialmente como una historia de los concilios, el autor terminó abordando, con un enfoque más teológico que histórico, la evolución del grupo arriano en el período anterior al Concilio de Nicea y la actividad de san Atanasio. A lo largo del texto Newman combina la exposición sistemática y la narración histórica, al tiempo que va estableciendo una analogía entre el siglo IV y la situación contemporánea a partir de los temas y personajes que trata, comparando en varios capítulos la Iglesia anglicana de su época y aquella de los primeros siglos. En la reconstrucción histórica del arrianismo, destaca su aportación personal acerca del origen de la herejía en Antioquía, liberando así a la escuela de Alejandría de la acusación de ser en ella donde surgió. Sostiene también que el arrianismo estaba estrechamente relacionado con la escuela aristotélica de su época y, en especial, con los sofistas».

Pablo de Samosata era un síntoma de lo que, ya en este temprano momento histórico del cristianismo se observaba, y que no era otra cosa que una cierta dosis de corrupción, lo que se observaba en el indubitable lujo existente en la opulenta urbe de Antioquía. Se cita la idiosincrasia de Arrio como la de un personaje turbulento y muy heterodoxo, quebrantador axiomático de la más mínima disciplina eclesiástica. Los razonamientos doctrinales de Arrio crearon una gran conmoción en el Egipto cristiano de los primeros tiempos, lo que se incrementó cuando se dedicó, por escrito, a satirizar con su teoría antitrinitaria, inclusive creando un cúmulo de versos en los que se dedicaba, ante el populacho, a ridiculizar a la ortodoxia.

Pero más adelante, cuando la herejía fue expuesta delante del Concilio de Nicea y él tuvo que ponerse a la defensiva, así mismo cuando más tarde sus éxitos le obligaron a ocupar las cátedras de teología, sufrió el destino que tuvieron previamente otras herejías doctrinales: a pesar del favor de la corte, se dividió al menos en cuatro credos diferentes en menos de veinte años; y a la larga tuvo que ceder ante aquella verdad despreciada pero indestructible que durante algún tiempo había pretendido oscurecer”.

La obra de una gran calidad nos aproxima, sin circunloquios, a la cuestión religiosa o teológica del arrianismo, y aunque no entra de lleno en el aspecto histórico, más que lo preciso y necesario, el hecho no desluce toda su argumentación. El Evangelio de San Juan indica nítidamente, en palabras de Cristo, que nadie puede llegar al Padre-Yahwéh-Dios sin pasar por su mediación, ya que el Padre y él, como Hijo, son una misma cosa. El arrianismo tiene una más que estrecha relación con el aristotelismo de la época. La causa estriba en que los teólogos y clérigos heréticos de ese momento histórico, tienen bien claro que para oponerse a los defensores ortodoxos de la Verdad Revelada existe un método aristotélico muy válido con el que poder obtener sus fines, y que no es otro que la diatriba o la crítica constante, Aristóteles era su ejemplo y los sofistas sus dirigentes. Siendo el Sofisma: ‘un razonamiento falso que parece válido o verdadero, diseñado con la intención de engañar o persuadir’.

No obstante, donde está el auténtico mal, por medio del cual se introdujo el arrianismo en el cristianismo, se encuentra en la Iglesia de Alejandría, donde se sistematizaría, en los inicios del siglo III, una filosofía denominada como Neoplatonismo o Eclecticismo, siendo esta escuela la que introdujo, posiblemente, el arrianismo con respecto a la Santísima Trinidad. Estimo que estamos a una obra magistral sobre el nacimiento, la evolución y la condena de las teorías de Arrio, que tanto daño hicieron al cristianismo católico ortodoxo y rigurosamente doctrinal. Por consiguiente, recomiendo que se pueda disfrutar con su lectura, ya que la obra es de calidad indudable y paradigmático. El autor, sacerdote anglicano en 1825, formó parte del Movimiento de Oxford que pretendió que la Iglesia de Inglaterra volviese al seno del Catolicismo Universal, a donde él llegó en 1845, ordenándose como sacerdote en 1847. En 1879 sería cardenal por nombramiento de León XIII. Se le ha considerado siempre como un clérigo de inteligencia preclara e inspirador del ulterior Concilio Vaticano II (25 de enero de 1959). En suma, una obra literaria muy necesaria, y que se debe conocer fehacientemente. «Obiit Almansur et sepultus est in infero. ET. Qualis Artifex pereo!».

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