Sonetos metapoéticos, VEl "Soneto de la vida" de Manuel Machado compara las etapas de la vida humana con la estructura de un soneto. Infancia y juventud se reflejan en los cuartetos, mientras que madurez y vejez aparecen en los tercetos. El estrambote resalta la inmortalidad del arte frente a la fugacidad de la existencia.
El soneto de la vida
A la manera y en memoria de Manuel del Palacio,
maestro del soneto.
Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido…
Y, apenas iniciado, ha transcurrido
la infancia, imagen del primer cuarteto.
Llega la juventud, con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también ¡que ya se ha ido!
antes de entrar en el primer terceto.
Maduros, a mirar a ayer tornamos,
añorantes y, ansiosos, a mañana…
Y así el primer terceto malgastamos.
Y cuando en el terceto último entramos,
es para ver, con experiencia vana,
que se acaba el soneto... y que nos vamos.
Pero, cuando logramos, tal vez, del arte el último secreto,
si la vida se va, queda el soneto.
(Al estilo de Lope), soneto de Manuel Machado,en el diario Azul, 20 de enero de 1937, pág. 4.El soneto se titula también “Alfa y omega”.En Poemas varios (1921).
Algunas aclaraciones previas.
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/poesias-escogidas--1/html/
Comparación de la existencia humana con la estructura de un soneto. Los cuartetos representan la infancia y la juventud; los tercetos, la madurez y la vejez; y el estrambote es una reflexión acerca de la inmortalidad del Arte, que vence el paso del tiempo. Antes de entrar en el contenido del soneto de Manuel Machado, veamos cómo lo ha construido desde una perspectiva métrica: dos cuartetos (versos 1-8), dos tercetos (versos 9-14), seguidos de un tercer terceto (versos 15-17) que sirve de estrambote.
Análisis métrico. Los cuartetos se ajustan al modelo tradicional de rimas consonantes: ABBA / ABBA:
El verso 3 es polipausado (“Y, apenas iniciado, ha transcurrido”); y son pausados los versos 4 (“la infancia, imagen del primer cuarteto”) y 6 (“de la vida, que pasa inadvertido”; pausa que cierra un encabalgamiento abrupto: “el secreto / de la vida”, Y en cuanto al ritmo acentual, son endecasílabos sáficos los versos 1, 4, 7 y 8; melódicos los versos 2 y 6; heroico el verso 3; y el verso 5 lleva el acento en la sílaba 6.ª, como es preceptivo. Son destacables las antirritmias producidas por el acento en la sílaba 7.ª del verso 3 (“Y, apenas iniciado, ha transcurrido”), y en la 9.ª sílaba del verso 7 (“y que se va también ¡que ya se ha ido!“). En el verso 2 se percibe con nitidez la asonancia interna /á-o/ (“empezado con lánguido”) así como la aliteración de la consonante dental “d” (“empezado con lánguido descuido”). Los tercetos presentan la siguiente distribución de rimas consonantes: CDC/CDC:
El verso 10 es polipausado (“añorantes y, ansiosos, a mañana…”); y son pausados los versos 13 (“es para ver, con experiencia vana”) y 14: “que se acaba el soneto... y que nos vamos”). Desde el punto de vista rítmico-acentual, son heroicos los endecasílabos 9 y 11; melódicos los endecasílabos 10 y 14, y sáfico el endecasílabo 13. En en el endecasílabo 12 se produce una antirritmia en la 7.ª sílaba (“Y cuando en el terceto último entramos”). Y no es casual la abundancia de nasales en los versos 9 y 10, originádose una expresiva aliteración: “Maduros, a mirar a ayer tornamos, / añorantes y, ansiosos, a mañana…”; una aliteración que se combina con la del fonema vocálico /a/ en el verso 10 (”añorantes y, ansiosos, a mañana…”, con el consiguiente aumento de la sonoridad. El estrambote está formado por tres versos: el 15, un heptasílabo que repite la rima del último verso con el que propiamente concluye el soneto (C: /-ámos/), y que contiene la asonancia interna /á-o/ (“cuando logramos”); y dos endecasílabos con rima gemela, que curiosamente es la misma con el que arranca el soneto (A: /-éto); y decimos curiosamente, porque con la palabra “soneto” termina el primer verso y, con la misma palabra se cierra el estrambote. Por lo demás, el verso 16 es un endecasílabo heroico y, el 17, melódico.
Contenido: el Arte neutraliza el “tempus fugit”. Si hay un soneto en el que el estrambote resulta totalmente necesario es este. Y leyendo atentamente el soneto, no hay duda de que ciertas reminiscencias quevedescas relativas al paso inexorable del tiempo impregnan el contenido “más serio”. La idea de que las diferentes etapas de la vida se consumen de manera sumamente rápida -sin que se sea consciente de ello- ha determinado el tipo de selección léxica empleada. Por un lado están los adverbios de tiempo, que ayudan a subrayar el carácter temporal de la existencia: “apenas” (verso 3), “ayer” (verso 8), “mañana” (verso 10), “cuando” (versos 12 y 15); así como la locución prepositiva “antes de”, que indica prioridad temporal. Y por otro lado, no hay más que reparar en la naturaleza semántica de la mayor parte de los verbos intransitivos que se esparcen por todo el soneto, y que lo dotan de una extraordinaria “movilidad”: “ha transcurrido” (verso 3), “llega” (verso 5). “pasa” (verso 6), “va/se ha ido” (verso 7), “entrar” (verso 7), tornamos (verso 8). “entramos” (verso 12). “nos vamos” (verso 14), “se va” (verso 17). Incluso podríamos sumar a la lista el valor de los adjetivos, ya sean predicativos (verso 6: “inadvertido”; verso 8: “maduros”; verso 10; “añorantes y ansiosos”) o adjuntos al nombre (verso 2: “lánguido descuido”; verso 13: “experiencia vana”; verso 16: último secreto”). El otro aspecto más lúdico es el de “meter en un soneto” toda la vida (“verso 1: “Cabe la vida entera en un soneto”) y distribuirla en razón de las estrofas de que este se compone, para rematar con un inesperado estrambote que le da sentido a toda la composición. Vayamos viendo, pues, esta analogía, estrofa por estrofa. Los dos cuartetos representan, respectivamente, la infancia y la juventud. Esa inocencia y despreocupación de esta primera etapa de la vida, caracterizada por la inconsciencia, transcurre en un “lánguido descuido” (verso 2, que concluye con unos sintomáticos y sugerentes puntos suspensivos). Así, la niñez que pasa en un abrir y cerrar de ojos -en un santiamén- es comparable a la celeridad con que se compone el primer cuarteto de un soneto. La breve temporalidad de ambos hechos viene marcada por el matiz de fugacidad que aporta el verso 3: “Y, apenas iniciado…”. El segundo cuarteto arranca con la llegada de la juventud, simbolizada en “el secreto / de la vida” -aún por descubrir; toda una metáfora de la “esencia de la existencia”, aunque sea efímera- (versos 5-6), pero esta etapa se esfuma tan inadvertidamente que uno se percata de ello cuando ya se ha perdido: “y que se va también ¡que ya se ha ido” (verso 3). Adviértase la eficacia del “juego temporal”: primero el presente de indicativo (“se va”) y después el pretérito perfecto, que aspectualmente sitúa los hechos expresados en el pasado más inmediato (“¡ya se ha ido!”), y ligando ambas circunstancias temporales, el adverbio “también” (que relaciona algo con lo que ya ha sido nombrado). Algo similar ocurre con el segundo cuarteto; cuando el poeta quiere darse cuenta, se encuentra ya en el primer terceto; o, dicho de otra manera: igual que el poema “va a entrar” en los tercetos, el ser humano “está a punto” de abandonar la juventud para entrar de lleno en la madurez, o lo que es lo mismo, en el primer terceto. Los tercetos simbolizan, respectivamente, la madurez y la vejez. El primer terceto podría haber sido firmado por Quevedo. Basta con recordar su soneto “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?” (cuyo título es “Represéntase la brevedad de lo que se vive, y cuán nada parece lo que se vivió”). https://www.poesi.as/fq48041.htm De entrada, es significativa la acumulación de determinados adjetivos, certeramente elegidos por su valor semántico: “maduros”, “añorantes”, “ansiosos”. Situados en el presente, el tiempo se pierde evocando con nostalgia un pasado irrecuperable (ayer: infancia/juventud) y anticipando con ansiedad un futuro aciago (mañana: vejez/muerte). Es la expresión de un sinvivir por lo que “ya no está” y también de una desazón por lo que “todavía no ha llegado” (lo que podría conllevar un cierto fracaso vital que el poeta no concreta). Repárese, además, en la eficacia del uso del plural sociativo, que incluye al lector: “tornamos/malgastamos”. Con el primer terceto ocurre algo parecido, en términos metafóricos: si se vuelve la vista atrás, ahí están los cuartetos ya finalizados; y si se mira hacia adelante, se entra ya en el segundo terceto, que remata el soneto. El segundo terceto nos trae a la memoria el “Adiós a la vida”, del tercer acto de “Tosca”, la ópera de Puccini (la célebre aria “E lucevan le stelle”), aunque nada tenga que ver el final de Mario Cavaradossi -ejecutado en el Castillo Sant Angelo de Roma- con el final del soneto de Manuel Machado, “redimido” por el estrambote. Simplemente, “cuando se acaba el soneto… nos vamos”; y todo ha sido una “experiencia vana” (de nuevo un sentimiento barroco)…La llegada al último terceto es equivalente al final de la existencia: se acaban los versos al igual que se acaba el tiempo vital, y la experiencia acumulada con el transcurrir de los años es “vana”, en tanto en cuanto es incapaz de detener el paso del tiempo, que se para definitivamente con la muerte (es decir, con el término del soneto). ¡Pero falta el estrambote! Y ahí queda el soneto, resistiendo los embates del tiempo, porque frente a la fugacidad de la vida, la obra de arte permanece transida de inmortalidad. Algo a lo que aspiraba el poeta latino Quinto Horacio Flaco: “Exegi monumentum aere perennius” [He levantado un monumento más duradero que el bronce] (Odas, III, 30, 1); palabras con las que da a entender que su obra perdurará a través de los siglos y le proporcionará fama inmortal. Y, desde luego, no iba desencaminado, porque sus versos han sobrevivido a su muerte. Manuel Machado es algo más humilde, al emplear el adverbio de duda “tal vez”… Pueden comprar su obra en:
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