En el Teatro Amaya de Madrid se perpetra sin pudor la reposición de La venganza de Don Mendo, el colosal monumento dramatúrgico al ripio y al despropósito histórico concebido originalmente en 1918 por el inmortal Pedro Muñoz Seca.
Bajo la batuta y dirección de Esperanza Lemos, esta nueva propuesta de GyC Producciones demuestra que el "astracán" —ese subgénero menor hecho para arrancar la carcajada a base de retruécanos, anacronismos y chistes inesperados— goza todavía de muy buena salud.
El elenco estelar reúne a quince abnegados comediantes dispuestos a desangrarse en su venganza con suma dignidad en escena. En el pase que vi yo, quien encarnaba al mítico don Mendo es Felisuco, aunque me consta que en otras funciones lo interpreta Leo Washington. Los acompañan veteranos de la caraba y el chascarrillo escénico como José Carabias, Carlos Manuel Díaz y Josele Román. Todos ellos se lanzan sin prejuicios al noble arte de la rima asonante y consonante, al ripio puro y duro, defendiendo el texto con un ritmo frenético y gamberro que salva cualquier posible pega.
La puesta en escena huye de vanguardias pedantes, lecturas simbolistas y artificios innecesarios. La escenografía es puramente funcional, un espacio clásico que evoca las diferentes situaciones en cartón piedra para dejar todo el peso a las interpretaciones simpáticas, el vistoso vestuario tradicional y, por supuesto, la bendita palabra. Hay algún añadido jocoso y guiño moderno, pero aquí se viene a lo que se viene: a ver espadachines y caballeros rimando " don Mendo" con "estupendo". Y es de agradecer que el texto se mantiene, prácticamente en su totalidad, como el original de Muñoz Seca.
E imbuido por el espíritu del autor, me atrevo a relatarles esta crónica con algún ripio o rima sin ínfulas.
¡Atended, espectadores,
que en un teatro madrileño
los actores, con esmero,
nos ofrecen este empeño!
Don Mendo, noble emparedado,
por culpa de Magdalena,
¡ay, Magdalena!
regresa muy enfadado
a vengar su triste pena.
Con rimas de palabra gorda
y un humor que no se esconde,
la obra al público aborda
¡no importa cómo ni dónde!
¿La motivación para tal encuentro?
Hacer reír al ser humano,
que con tanta crisis dentro
necesita un ritmo sano.
Muñoz Seca parodiaba
la tragedia de honor y venganza,
y hoy la risa nos atrapaba
con una histriónica matanza.
La función dura dos horas
más el descanso del intermedio,
para aliviar las neuronas
y poner al tedio remedio.
Nunca pasa de moda
este Menda que es don Mendo
que bien se acomoda
a pesar de tanto estruendo.
La genialidad de esta pieza radica en su absoluta falta de vergüenza. Cuando Muñoz Seca la estrenó a principios del siglo XX, lo hizo para reírse de los solemnes y estirados dramas románticos del siglo anterior. Cien años después, sigue siendo la cuarta obra más representada de la historia de España. ¿La motivación para hacerla hoy en día? En tiempos de in-corrección política e intensidades digitales, el regreso al absurdo puro, al anacronismo y al chiste porque sí, es el mejor bálsamo terapéutico. Una comedia inmortal que demuestra que, a veces, la mejor forma de entender la historia es matándola de risa.
INFORMACIÓN
LA VENGANZA DE DON MENDO
Autoría: Pedro Muñoz Seca
Dirección: Esperanza Lemos
Elenco: Leo Washington, José Carabias, Felisuco, Pepe Ruiz, Josele Román, Natalia Ruiz, Miranda Collado, Víctor de las Heras, Rubén Casteiva, María José Maldonado, Jairo Lemos, David Zarzo, Ariadna Moracho, Pilar Santamaría y Gonza Lemos.
Producción: GyC Producciones
Teatro Amaya