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Fotograma de la película 'Cumbres borrascosas' de 1939
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Fotograma de la película "Cumbres borrascosas" de 1939

Cumbres borrascosas: De la literatura al cine

domingo 26 de julio de 2026, 17:16h
1. El género literario de Cumbres Borrascosas

En 2024, en una escena de Yellowstone, John Dutton le dice a su hijo al desentrañar un secreto del pasado: "no sé explicar la química de la atracción, la que nos lleva a hacer aquello que nos destruirá. No puedo explicártela porque no la entiendo yo mismo."

Cumbres borrascosas
Cumbres borrascosas

Este misterio, coetáneo y al tiempo tan antiguo como la literatura, recorre buena parte del canon universal. El propio Homero lo plantea en La Ilíada cuando Aquiles, el hombre más poderoso, el dios más humano, al conocer la muerte de Patroclo, no se entrega a la tristeza sino a una furia destructiva que arrasa con todo, incluso consigo mismo.

La fascinación por el amor que destruye ha producido algunas de las obras más perdurables de Occidente: Romeo y Julieta convirtió la pasión adolescente en símbolo eterno del amor imposible; Los sufrimientos del joven Werther trazó el mapa moderno de la obsesión sentimental; El gran Gatsby demostró que el amor idealizado puede ser una forma refinada de la codicia. Todos terminan mal. Todos fascinan precisamente por eso.

Cumbres Borrascosas pertenece a ese linaje, y así se lee mayoritariamente: como una historia de amor imposible entre Catherine Earnshaw y Heathcliff, una pasión tan poderosa que ni la muerte logra extinguirla.

Es una lectura legítima pero incompleta porque Emily Brontë no escribió solo una historia de amor. Escribió al mismo tiempo una novela de terror.

El terror que Brontë explora es más moderno y perturbador que el terror gótico popular en aquella época: el miedo que puede causar la convivencia doméstica con alguien que nos odia. La diferencia esencial entre Cumbres Borrascosas y sus predecesores en el género del amor obsesivo es que aquí la pasión no se consuma ni se frustra en un instante glorioso: se pudre durante décadas, se transforma en rencor sistemático y aplasta a quienes tienen la desgracia de estar cerca. No hay ningún Romeo que muera joven y hermoso. Hay un Heathcliff que vive demasiado tiempo.

La pasión de Heathcliff por Catherine es real e irreductible, y la novela la trata con toda su complejidad, tal y como veremos en el apartado siguiente. Frente a esto, lo que define a Heathcliff como personaje no es lo que siente por Catherine, sino lo que hace con ese sentimiento cuando la sociedad —y la propia Catherine— lo rechaza por su origen. Lo que comienza como un malentendido marcado por la confusión entre lo que Catherine siente y lo que cree que debe ser desencadena en Heathcliff un odio que se vuelve sistemáticamente contra quienes no tienen ninguna culpa: Isabella Linton, su esposa, a la que somete con crueldad calculada; y la segunda generación, a la que manipula y arruina sin remedio.

El propio Heathcliff lo explica con una lucidez que hiela:

"El tirano oprime a sus siervos y ellos nunca se revuelven contra él; lo que hacen es machacar a los que tienen debajo. Si has arrasado mi palacio, no te empeñes ahora en construirme una choza ni te regodees vanidosamente en el rasgo caritativo que supone ofrecérmela como hogar."

Es la anatomía perfecta del abusador doméstico: alguien que ha sido humillado y descarga esa humillación sobre quienes no pueden defenderse. Brontë lo describe en 1847 con una precisión que tardaríamos más de un siglo en nombrar clínicamente.

Isabella Linton lo define justo antes de huir: “Y preferiría verme condenada a habitar para siempre en las tinieblas infernales que volver a pasar una sola noche bajo el techo de Cumbres Borrascosas”.

Cumbres Borrascosas es, por tanto, una novela que transciende los géneros románticos y de terror por los que atraviesa: una historia de amor imposible que muta, sin que el lector lo advierta del todo, en una exploración del terror doméstico; la obra que anticipa, con más claridad que ninguna otra del canon, lo que hoy llamaríamos violencia de género. Una obra maestra irrepetible.

2. Heathcliff y Catherine: la pasión extrema: el origen y sus consecuencias. Amor constante más allá de la muerte.

Heathcliff es un niño callejero que el señor Earnshaw lleva a Cumbres Borrascosas después de encontrarlo vagabundeando en un viaje de negocios.

Pese a su tendencia a la violencia y el mal comportamiento, desarrolla un vínculo noble y profundo con Catherine Earnshaw, la hija pequeña de quien se vuelve absolutamente inseparable, desatando los celos de su hermano mayor Hindley.

Después de la muerte del señor Earnshaw, esta amistad profunda e íntima se ve continuamente puesta a prueba por el mal trato y la degradación que Hindley ejerce sobre Heathcliff a quien trata peor incluso que un animal.

Pese a todo, Heathcliff es capaz de soportar todo por el vínculo rocoso e indeleble que le une con Catherine (todo se les olvidaba en cuanto podían volver a estar los dos juntos) y, seguramente, en otras circunstancias, la suya habría sido una historia de amor volcánica y apasionada.

Sin embargo, en una escapada traviesa de ambos hacia Granja de los Tordos (la gran mansión vecina), Catherine sufre una lesión que le obliga a estar seis semanas recluida en Granja de Tordos donde conoce a Edgar Linton.

En ese periodo, ante el enfado de conocer la lesión de su hermana y ya en grave estado de degradación por su afición al juego y a la bebida, Hindley prohíbe a Heathcliff acercarse a su hermana.

Después de regresar a Cumbres Borrascosas, pasado un corto periodo de tiempo, Catherine confiesa a Nelly que se casará con Edgar Linton pese a que la única persona que desea es Heathcliff: “no tengo más derecho a casarme con Edgar Linton que a entrar en el cielo; y si el condenado de mi hermano no hubiera hecho caer tan bajo a Heathcliff, ni se me hubiera pasado por la cabeza. Pero tal como están ahora las cosas, casarme con Heathcliff me degradaría. Así que nunca sabrá cuanto le amo. Y no por guapo, Nelly, sino porque es más yo que yo misma. Sea cual fuere la sustancia de que están hechas las almas, la suya y la mía son idénticas...”.

El amor de Catherine es genuino, cariñoso y protector. No se aleja de Heathcliff sino para conseguirle una vida mejor cerca suyo. Es valiente y está dispuesta a sacrificarse por tenerle cerca:

“Quien va a ser capaz de separarnos, di. ¡El que lo intente, correrá la suerte de Milo… ¡Todos los Linton del mundo se volverán cenizas antes de que yo consienta en abandonar a Heathcliff! Si tengo que pagar ese precio, no me casaré con Linton… En cambio, casándome con Linton, puedo ayudar a Heathcliff a que prospere y pueda verse libre de las garras de mi hermano.”

La declaración de amor (una de las más potentes de la literatura universal) continua hasta concluir con una de las frases más recordadas:

“Mis mayores desdichas en este mundo han sido las de Heathcliff y cada una de ellas la he visto venir desde el primer momento y la he padecido, él es mi principal razón de existir. Si perecieran todas las demás cosas pero quedara él, podría seguir viviendo. Si, en cambio, todo lo demás permaneciera y el fuera aniquilado, el mundo se me volvería totalmente extraño y no me parecería formar parte de él.

Mi amor por Linton es como el follaje de un bosque y estoy completamente segura de que cambiará con el tiempo, de la misma manera que el invierno transforma los árboles. Pero mi amor por Heathcliff se parece al cimiento eterno y subterráneo de las rocas; una fuente de alegría bien poco apreciable, pero no se puede pasar sin ella. Nelly, yo soy Heathcliff; siempre me estoy pensando en él, no necesariamente como en algo placentero, sino como en eso, en mi propio ser.

La relación de Catherine y Heathcliff es el epítome más brutal del amor salvaje que ha dado la literatura universal, por eso, Camus señala en el comienzo de El hombre rebelde que Heathcliff “mataría a la tierra entera para poseer a Cathie, pero no se le ocurriría la idea de decir que ese asesinato es razonable o está justificado por el sistema. Lo realizaría y ahí termina toda su creencia. Eso supone la fuerza del amor y el carácter.” Sin embargo, su vigorosa pasión toma caminos opuestos.

Heathcliff huye de Cumbres Borrascosas después de escuchar sobre el futuro matrimonio sin llegar a escuchar la explicación de Cathy para volver convertido en un hombre frío, calculador y vengativo.

Aunque llega a confesar a Nelly que la pasión que siente por Catherine no le permite alejarse de ella, se dirige a ella con suma crueldad reflejándose de forma clara en el fragmento antes citado sobre la opresión del tirano sobre sus siervos.

“Yo de ti no me voy a vengar. No entra en mis planes. El tirano oprime a sus siervos y ellos nunca se revuelven contra el…”

Los malos tratos y desprecios continuados de Heathcliff acaban quebrando la voluntad de Catherine para luchar contra la enfermedad que sufre presentándose Heathcliff en su lecho de muerte para, pese a rogar inicialmente que no le deje concluir:

“Ahora me doy cuenta de lo cruel que has sido conmigo, de lo falsa y cruel que has sido. ¿Por qué me despreciaste? ¿Por qué traicionaste, Cathy, a tu propio corazón? No puedo tener una sola palabra de consuelo para ti, te mereces lo que te pasa. Eres tú quien se ha matado a sí misma. Sí, puedes abrazarme y llorar cuanto quieras, puedes provocar mis lágrimas y mis besos, pero ellos mismos serán tu ruina y tu perdición. ¿Si me amabas, en nombre de qué ley me abandonaste? ¿En nombre de la mezquina ilusión que despertó en ti Linton? Dímelo. (…) No he sido yo quien ha roto tu corazón, te lo has roto tú misma y al hacerlo has destrozado de paso el mío. Y la peor parte me toca a mí, porque aún tengo fortaleza. ¿Crees que me apetece vivir? ¿Acaso te gustaría a ti vivir si te encerraran el alma en una tumba?”

La misma llama prende y mueve los corazones de Heathcliff y Catherine, pero camina en direcciones opuestas. El amor de Catherine es constructivo, bondadoso, generoso y paciente. El de Heathcliff destructivo, vengativo, rencoroso, egoísta e implacable.

Si algo cuenta precisamente la novela es que la pasión no es una cualidad positiva por sí misma y que el amor es algo mucho más complejo y elaborado que la pasión irracional.

3. Heathcliff como arquetipo de violencia doméstica. Hareton como rayo de luz entre las tinieblas.

Uno de los grandes temas que Emily Brontë plantea pero no resuelve es una cuestión eternamente debatida sin solución, aunque, como veremos, la ciencia resuelve algunos aspectos de la misma.

¿La maldad nace o se hace?

El Heathcliff que llega a Cumbres Borrascosas siendo un niño es un gitano agradecido por el rescate de su salvador (el padre de Hindley y Catherine) que es descrito desde el inicio como violento y temperamental. Corroído por la envidia y los celos hacia el nuevo huésped con quien tiene que compartir a su padre y su hermana, Hindley desarrolla una continua tortura de carácter leve pero incesante sobre el joven Heathcliff que ya desde los primeros abusos de Hindley, jura venganza.

Pese a todo, tolera todos los abusos por el agradecimiento hacia su salvador (incluso ya fallecido) y su cariño hacia Catherine, su único refugio.

Sin embargo, cuando, a escondidas, descubre la conversación de Nelly y Cathy sobre el futuro matrimonio de esta con Linton, decide huir de la región y nunca vuelve a ser el mismo.

Vuelve convertido en un señor alto, guapo, elegante y rico. Su venganza comienza donde comenzó su humillación: en Cumbres Borrascosas. Hindley, arruinado por el juego y la bebida, se ve obligado a venderle la casa, y Heathcliff la compra. A partir de ese momento, su antiguo amo y tirano y Hareton, el hijo pequeño de éste, quedan atrapados en ella bajo su tutela, en condiciones miserables.

Pero la venganza no se detiene aquí. Se extiende, con menor intensidad, a Catherine -su amor le limita, aunque sus palabras y sus actos no dejen de ser crueles- y en toda su extensión, a Isabella, la hermana de Edgar Linton. Ella se enamora perdidamente de él lo que Heathcliff aprovecha para casarse con ella y alejarla de su familia, y convertir su matrimonio y su vida en un infierno, como ella misma confesará a Nelly.

La venganza culmina con la segunda generación: Linton, el hijo enfermizo que tuvo con Isabella, y Cathy, la hija de Catherine). A estos dos adolescentes los manipula para hacerse con las dos grandes propiedades de la comarca, Granja de Tordos y Cumbres Borrascosas, y culminar así su magno plan de venganza sobre las dos sagas familiares que causaron su ira.

De esta forma, dentro de las fases del duelo descritas por Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), Heathcliff se queda atrapado desde el rechazo (forzado) de Catherine en la ira y, ni siquiera en sus últimas horas, cuando confiesa que no puede seguir torturando a los restos de aquellas dinastías, renuncia a su maldad sino por agotamiento.

En este mismo sentido, Erich Fromm distinguía entre una agresión benigna, de carácter defensivo, reactivo y temporal que tiene carácter animal y una destructividad maligna, que busca destruir por destruir y que es exclusivamente humana.

Dentro de esta teoría, enmarcaríamos la venganza sobre Hindley dentro del carácter de la agresión benigna (incluso aunque haya necesitado años para planificarla y ejecutarla) mientras que la destrucción del resto de personas que le rodean no puede enmarcarse sino dentro de la destructividad maligna que surge cuando destruir se convierte en su única forma de sentir poder, de sentir que existe.

Isabella lo define bien poco después de la muerte de Catherine cuando le dice a Nelly: “Debería quedarme y me gustaría mucho, lo primero por hacer compañía a Edgar y cuidar a la niña y luego porque este es mi verdadero hogar. Pero Heathcliff no me dejaría, ya te lo he dicho. ¿Crees que iba a soportar que volver a engordar y estar alegre? ¿Crees que iba a aceptar la idea de sabernos felices y tranquilos, sin empeñarse en envenenar nuestra felicidad?.

Así, a diferencia de otros grandes villanos literarios que buscan justificación o doctrina para sus actos, Heathcliff no construye sistema alguno. Como explica Camus en El Hombre Rebelde, no hay coartada, no hay ideología. Solo la fuerza bruta de una pasión irrealizada convertida en destrucción pura.

Frente a esta violencia y crueldad terrorífica de Heathcliff, surge el personaje de Hareton, hijo de Hindley que, llamado inicialmente a heredar Cumbres Borrascosas, crece sin educación y en ínfimas condiciones bajo el mandato cruel de Heathcliff debido a la ruina de su padre. Así, pese a lo cruel e inmerecido de su destino y a su carácter rudo a lo que se suma el desprecio con que Cathy (de quien está enamorado) le trata, mantiene un comportamiento cariñoso, noble y respetuoso con la misma dejando el final del libro la puerta abierta a una relación entre ambos tras la muerte de Heathcliff que permitiría en cierta medida una restauración de la situación tradicional.

La novela, en su cierre, parece responder que la maldad nace y no se hace puesto que, en parecidas circunstancias, Hareton y Heathcliff adoptan actitudes diferentes consiguiendo Hareton, a través de la mejora de su comportamiento, la añorada cercanía de Cathy.

4. La posible inspiración biográfica de la novela.

Emily Brontë, autora de Cumbres Borrascosas, creció en la primera mitad del siglo XIX dentro de una familia marcada por la tragedia y la literatura.

La prematura muerte de su mujer y de sus dos hijas mayores dejó al reverendo Brontë cautivo en los páramos de Yorkshire sin fuerzas para salir de aquel terreno agreste que aparece fielmente reflejado en la novela.

En aquel lugar árido y solitario, los cuatro hermanos Brontë se consagraron con devoción a la escritura. De esta forma, se encerraron horas y horas en sus cuartos creando respectivos mundos fantásticos. Charlotte y Branwell, los mayores, desarrollaron las aventuras de Angria mientras que Emily y Anne se aventuraron por los ignotos mundos de Gondal.

De esta forma, las tres hermanas (Emily, Charlotte y Anne) terminaron escribiendo obras inmortales [1] que, como refleja este artículo, siguen siendo ampliamente leídas y discutidas en la actualidad.

El único varón, Branwell, pintor y escritor posiblemente tan talentoso como sus hermanas, nunca llegó a desarrollar una obra de calado.

Una obsesión amorosa con una mujer mayor y casada terminó de quebrar su frágil temperamento. Así, trabajando como tutor en casa de los Robinson en Thorp Green, se enamoró perdidamente de la señora de la casa, bastante mayor que él y casada. Cuando el señor Robinson descubrió la situación, despidió a Branwell fulminantemente. Posteriormente, su personalidad inestable, con una intensidad emocional que oscilaba entre el entusiasmo desbordante y la oscuridad total combinada con el opio y el alcohol lo fue consumiendo.

Emily, por su parte, también era una mujer de carácter. Con tendencia a la rebeldía, ante cualquier problema, abandonaba la comida manteniendo así una insana relación con la alimentación. Muy cercana a su hermano, con una personalidad igual de potente, seguramente viviese sus años de destrucción con pánico, descubriendo, desde la mayor de las penurias, lo lejos que puede llegar un corazón enamorado que se siente rechazado en el camino de la autodestrucción, causando terror a su alrededor durante el proceso y, sin embargo, sin dejar de querer salvarle durante todo el proceso.

En este sentido, es fácil imaginar (aunque nunca podremos probarlo) que Emily no necesitaba inventarse a Heathcliff porque lo tenía a su lado, destruyendo su propia vida y atemorizando a las personas que le querían. Tampoco necesitó imaginar a Catherine porque, aunque no quisiera reconocerlo, había vivido toda su vida en sus zapatos.

5. La diferencia de calidad literaria entre la primera y la segunda generación. Nelly Dean como narradora y persona ajena a los hechos narrados en la segunda generación.

Un suceso dramático divide en dos partes claramente diferenciadas Cumbres Borrascosas.

A partir de la muerte de Catherine, propiciada por una salud endeble agravada por los continuos tormentos a que se ve sometida, la narración se centra en Heathcliff terminando con la salud de Isabella que termina huyendo después de ver su moral y autoconfianza aniquilada.

Además, tras la muerte de Edgar Linton, la historia se centra en los ardides desarrollados por Heathcliff para manipular a su propio hijo (Linton) y a Cathy, la hija que Edgar tuvo con Catherine, de cara a hacerse con el control absoluto de Cumbres Borrascosas y Granja de Tordos y de hacer sus vidas lo más infelices posibles (en el caso de Linton, su débil salud y toda una vida bajo el dominio de su padre ya habían hecho de su vida una tortura).

A su muerte, pese a que considera realizada su venganza y no le quedan fuerzas para seguir torturando a los dos únicos familiares supervivientes: Cathy y Hareton, el libro parece dejar abierta la puerta a la esperanza con la tierna amistad entre ambos que destaca con fuerza las últimas páginas del libro.

Esta segunda parte, de una extensión similar a la primera, tiene, sin embargo, una calidad literaria y fuerza narrativa muy inferior a la primera. Si bien es necesaria para redondear la historia de Heathcliff convertido en un psicópata destructor por los efectos del amor frustrado con Catherine, es pesada y repetitiva. La segunda generación carece de la chispa y la pasión con la que viven y aman Heathcliff y Catherine (con la excepción de algunos momentos de Cathy) y la narración es confusa y repetitiva dando la sensación de que algunos pasajes ya habían sido leídos antes.

Muchos lectores y algunos académicos se han preguntado por la causa de tan notable disonancia en la novela.

La teoría más plausible a mi juicio es la de que Emily Brontë terminó la novela mientras la tuberculosis ya lastraba sus fuerzas, agitada por la necesidad de culminar la historia a la que había dedicado su corta vida pero sin la energía vital suficiente para escribir con el ímpetu que muestra en la primera parte. Juliet Barker, en su biografía monumental The Brontë publicada en 1994 documenta bien el deterioro físico de Emily durante la escritura. Es una teoría intuitiva pero razonable si tenemos en cuenta que Emily escribió esta segunda parte entre 1846 y 1847, cuando la enfermedad ya cabalgaba desbocada, muriendo en diciembre de 1848.

La teoría más benévola con la escritora es que el papel de narradora de Nelly, que no vive muchos de los momentos narrados, sino que conoce de ellos a través de terceros, entorpece el conocimiento de la acción y no permite darle el mismo grado de detalle. Es una corriente académica sostenida de forma provocadora por James Hafley en The Villain in Wuthering Heights (1958) [2]. Esta interpretación va mucho más allá para describir a Nelly Dean como la verdadera villana de la novela, argumentando que sus intervenciones en momentos clave agravan sistemáticamente los conflictos y que su narración está contaminada por su propia moral conservadora.

Personalmente no comparto esta lectura: la novela narra, en su estructura más esencial, las consecuencias del amor imposible en un hombre de naturaleza violenta, algo que Emily Brontë tenía ante sus ojos en la vida real en la figura de su hermano Branwell. Interpretar que Nelly distorsiona sistemáticamente la historia que narra y que tiene un arco emocional perfectamente coherente sin esa intervención convierte una hipótesis provocadora en una lectura que necesita más sustento del que Hafley proporciona. La provocación es legítima pero poco coherente con una lectura lógica de la novela.

6. Cumbres borrascosas en el cine: cuatro películas de distinta calidad.

La reciente aparición en 2026 de la versión cinematográfica de Cumbres Borrascosas dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi ha desatado inagotables ríos de tinta.

La película sigue la tesis de James Hafley sobre el protagonismo oculto de Nelly como villana oculta de la novela, manipulando una historia que su moral conservadora no le permitía aceptar. Esta versión lleva esta teoría al extremo, convirtiendo una novela de terror doméstico en un festival de lujuria (que nunca se da en el libro, aunque se insinúa) y acaba transformando a todos los personajes en caricaturas de los personajes originales. En este sentido, está tan alejada del espíritu y el trasfondo de la historia original que un mínimo respeto a la misma hubiese aconsejado un cambio de nombre para desvincularla de la misma [3].

Lo resume muy bien (y con muy mala leche) una breve critica publicada por un usuario de Letterboxd: “Emily Brontë murió de tuberculosis hace 177 años y, aun así, esta adaptación es la peor cosa que nunca le ha pasado”.

Quienes la defienden dicen que tiene una gran fotografía (lo cual es cierto, aunque no refleja los sombríos páramos de la novela) y es la visión personal de la autora. Para ser justos, la primera hora de película se adapta bastante bien al canon. El desbarre comienza desde que vuelve Heathcliff para acabar viajando a velocidad atómica hacia el abismo.

Han existido otras versiones que merece la pena tratar aquí y nos centraremos en las tres versiones más conocidas: la de Peter Kosminsky en 1992, la de William Wyler en 1939 y la de Buñuel en 1953 que, en hilo con lo anterior, hay que destacar que fue llamada Abismos de pasión. [4]

La versión de Peter Kosminsky, con Juliette Binoche y Ralph Fiennes como Catherine y Heathcliff y Anne Devlin como guionista, me resulta la versión más fiel a la literalidad de la novela.

De esta forma, renunciando en buena medida a personajes importantes en la novela, pero ajenos a la trama principal como Joseph y Nelly, es la única que presenta a las dos generaciones al completo y en que Heathcliff aparece como una fuerza destructora inigualable para todo aquello que le rodea.

La película reproduce la literalidad de los diálogos más importantes de la novela logrando gran naturalidad y fluidez y creando un ambiente propicio para empaparnos de la historia y sus implicaciones.

En la película, Heathcliff aparece como una persona vengativa, fría y calculadora que va atacando con paciencia las cosas más queridas por las personas a las que se ha jurado internamente destruir hasta lograr el objetivo de la aniquilación de todo rastro de felicidad, siendo en este sentido la versión más fiel al libro.

En este punto, la película marca una notable diferencia con Abismos de pasión, una versión personalísima de la novela de Emily Brontë.

Merece la pena destacar que Buñuel ha sido uno de los mejores y más originales cineastas de la historia capaz de crear un estilo y una narrativa que hace perfectamente distinguible como suyas casi todas sus películas y Abismos de Pasión está en esta línea.

En ella (en línea con muchas de sus películas de su etapa mexicana como El Bruto y Él), Alejandro (trasunto de Heathcliff) aparece como un personaje mucho más bruto y salvaje, sin la crueldad sofisticada, inteligente y retorcida de la película de Kominsky, mucho más en sintonía con el perfil de Heathcliff en la novela.

En esta línea, además de la relación con Catalina y pese a prescindir de buena parte de los personajes secundarios, destacan las escenas de crueldad en Cumbres Borrascosas con Ricardo (trasunto de Hindley) y su hijo. En uno de esos macabros y sarcásticos guiños tan propios del genio turolense, el final de la novela con Heathcliff yendo a reunirse con el fantasma de Catherine se magnifica y ridiculiza con un Alejandro desesperado bajando al panteón donde reposan los restos de su amada para besarla y recibiendo la muerte de un disparo de su cuñado mientras la maravillosa música de Wagner en Tristan e Isolda redondea la escena.

La película de Buñuel consigue así una narración cinematográfica muy potente, la más salvaje de todas las versiones y con el toque más personal que, respetando los rasgos más esenciales de la historia y con un tono aún más oscuro y brutal, se empapa de todos los rasgos propios de la novela para hacerlos propios y lograr una película original y honesta.

Por último, debemos referirnos a la versión de William Wyler de 1939, sin duda la más famosa y que me genera una sensación agridulce de la que no soy capaz de desprenderme.

Se trata de un melodrama magnífico en la época gloriosa del género y excelentemente interpretada por Laurence Olivier y Merle Oberon.

¿Por qué tengo entonces sentimientos encontrados con la película? Porque, y si admitimos que Buñuel hiciese su propia versión quizá deberíamos admitirlo aquí, la película narra una historia de amor imposible casi dulce entre Heathcliff y Catherine que, desarrollada tiernamente desde la adolescencia, evoluciona hasta un final en que el amor más allá de la muerte de ambos aparece de la manera más explícita.

En este sentido y en consonancia con el análisis realizado hasta aquí, esta historia de amor imposible dulce y tierno con un final casi feliz traiciona la esencia de la novela.

Los personajes que en Brontë son fuerzas oscuras aparecen aquí como claroscuros con buen corazón. El padre es bondadoso, Catherine y Heathcliff son impulsivos pero simpáticos, y solo Hindley muestra algo de su verdadera crueldad. El Heathcliff de Olivier es un hombre duro al que la vida ha golpeado, no el psicópata calculador y frío que describe la novela.

Wyler convierte así el terror doméstico en romanticismo y la destructividad maligna en pasión frustrada. El resultado es un melodrama magnífico muy propio de su época, impecable en lo que se propone. El problema es precisamente eso: lo que se propone no tiene nada que ver con lo que Emily Brontë escribió.

En definitiva, Cumbres Borrascosas encierra y entrelaza magistralmente dos historias, la de la pasión amorosa extrema y la de la crueldad doméstica. Ambas tienen tanta fuerza que podrían funcionar como historias independientes, pero no cabe duda de que la novela otorga igual importancia a ambas.

Sin embargo, la versión de Wyler y de Fennell parecen quedarse exclusivamente ancladas a la vertiente amorosa mientras que la de Kominsky, sin duda la más fiel al original, resulta algo fría en su fidedigno tratamiento.

Resulta así curioso que, frente a estas, la libérrima versión de Buñuel, llevando la historia a su propio terreno y a su estilo narrativo, sea la que mejor capture la esencia de la novela, mostrando al mismo tiempo y con absoluta claridad la pasión extrema que motiva a Alejandro y la crueldad doméstica que, fuera de esta pasión, desata sobre el resto de los personajes.

NOTAS

[1] Además de la analizada Cumbres Borrascosas, merece la pena citar Jane Eyre escrita por Charlotte y ampliamente analizada y alabada por Virginia Woolf en Un cuarto propio. Con posterioridad, escribió Shirley y Villete, menos conocidas.

Anne, por su parte, mantiene aun relevancia dos siglos después con Agnes Grey y La inquilina de Wildfell Hall.

[2] No traducida al español.

[3] Eso hizo Buñuel, por ejemplo, en Abismos de Pasión.

[4] Por falta de espacio, no se tienen en cuenta otras películas de menor impacto y audiencia.

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