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Nuestro poema de cada día
JUAN EUGENIO DE HARTZENBUSCH, por Luis López Piquer. 1855-1859. Óleo sobre táblex, 18,5 x 13,5 cm. Museo del Prado. (Depósito en otra institución).
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JUAN EUGENIO DE HARTZENBUSCH, por Luis López Piquer. 1855-1859. Óleo sobre táblex, 18,5 x 13,5 cm. Museo del Prado. (Depósito en otra institución).

La crítica social en las Fábulas en verso de Juan Eugenio de Hartzenbuch

Hartzenbusch continuó el legado de los grandes fabulistas del XVIII -Samaniego e Iriarte-, y renovó el género adaptándolo a los gustos románticos. En 1848 se publica por primera vez, en el Semanario Pintoresco Español, y en formato libero, Fábulas puestas en verso castellano; y dos años después se vuelve a publicar la obra en edición ampliada. La claridad expositiva y el trasfondo moral de sus fábulas le garantizaron una gran difusión en su época.

Juan Eugenio de Hartzenbusch: Fábulas en verso castellano. Madrid, 1950, 2.ª edición. Reproducción digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/fabulas-en-verso-castellano--1/html/fee57c5c-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html
Juan Eugenio de Hartzenbusch: Fábulas en verso castellano. Madrid, 1950, 2.ª edición. Reproducción digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/fabulas-en-verso-castellano--1/html/fee57c5c-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

Y de esta obra presentamos y comentamos las fábulas XIII (“Las espigas”), XVIII (“El espejo y el agua”) y XXI (“El santero”).

Las espigas
La espiga rica en fruto
se inclina a tierra;
la que no tiene grano
se empina tiesa.
Es en su porte
modesto el hombre sabio,
y altivo el zote.

El tema de la fábula de Hartzenbusch (la contraposición entre la humildad del sabio y la vanagloria del ignorante) ha sido objeto, con diferentes matices, de un amplio tratamiento literario. Bate recordar algunos ejemplos:

Esopo: “La caña y el olivo”.

https://aesopica.org/es/fabulas/la-cana-y-el-olivo/

“La rana gritona y el león”.

https://es.wikisource.org/wiki/La_rana_gritona_y_el_le%C3%B3n_(ed._desconocida)

Félix María de Samaniego: “El buey y la rana”.

https://secretosparacontar.org/tema_contenido/la-rana-y-el-buey/

Víctor Iriarte: “El buey y la cigarra”.

https://albalearning.com/Capitulo.aspx?id=3262

La peculiaridad de Hartzenbusch estriba en que solo ha necesitado 7 versos de arte menor para construir su fábula. Y lo hace empleando una seguidilla compuesta o con bordón: 7-5-7-5, con rima asonante /é-a/ los pares (“tierra/tiesa”); y 5-7-5, con rima asonante /ó-e/en los impares (“porte/zote”).

La fábula está montada sobre una doble comparación: por un lado, la espiga cuajada de fruto, que representa al hombre sabio y simboliza el valor de la modestia; y por otro lado, la espiga vacía, que representa al zote, y simboliza al ignorante y presuntuoso. El mensaje de la fábula es claro: se critica la ignorancia de quienes quieren aparentar lo que no son. Y así, las espigas llenas de grano bajan la cabeza por su peso, mientras que las vacías apuntan hacia arriba con orgullo. Humildad frente a arrogancia en las conductas vitales de las personas; modestia (“hombre sabio”) frente a soberbia (“zote”).

El espejo y el agua
Disputaron el agua y el espejo,
y fue la riña de tenor siguiente.
-ÉL: Yo, de genio duro, lo reflejo
todo sin aprensión exactamente.
-ELLA: Pues yo, con mi carácter blando,
todo lo pinto a medias y jugando.
-El defecto menor, el más pequeño
tizne que manche un rostro, yo lo enseño.
-La mancha enseñarás; pero, amiguito,
hago yo más que tú, pues yo la quito.
Enoja la desnuda reprimenda;
dulce amonestación produce enmienda.

Apoyo léxico. A tenor (verso 2) es una locución prepositiva con el significado de “conforme a”.

La fábula viene dividida en dos partes: versos 1-10 (discusión entre el espejo -que simboliza la rigidez- y el agua -que simboliza la flexibilidad-) y versos 11-12 (la necesidad de ser moderado a la hora de reprimir conductas inadecuadas, buscando la ocasión para corregirlas)). El montaje en forma dialogada tiene por finalidad mostrar los defectos o virtudes de los personajes -en este caso inanimados-, entre los que se desarrolla un conflicto que sirve de preparación a la moraleja,

La primera parte es una agrupación de diez versos endecasílabos en la que los cuatro primeros forman un serventesio (ABAB), y el resto forman tres pareados (CC, DD y EE). Y la moraleja final -segunda parte- es otro pareado (FF). Llama la atención el predominio de endecasílabos enfáticos (versos 3, 4, 6, 8. 10, 12; son heroicos los endecasílabos 9 y 11; melódicos los endecasílabos 1 y 7; y sáficos los endecasílabos 2 y 5. Hay encabalgamiento en los versos 7 y 8 (“… El más pequeño / tizne…”).

El fabulista presenta el espejo como ejemplo de extrema objetividad, reflejando la realidad sin disimulos (versos 3-4: “… lo reflejo / todo sin aprensión exactamente”), regodeándose en exhibir cualquier defecto por insignificante que sea (versos 7-8: “… el más pequeño / tizne que manche un rostro, yo lo enseño”). Encarna, pues, la crítica severa sin más, sin ofrecer alternativas.

En cambio, el agua muestra mayor tolerancia (verso 5: “… con mi carácter blando”), es capaz de disimular las aristas más agresivas de la realidad (verso 6: “todo lo pinto a medias y jugando”), y, lo que es más importante, eliminar los defectos (verso 10: “hago yo más que tú, pues yo la quito [la mancha en el rostro]”).

Así planteado el conflicto (“la riña”), el fabulista pone en valor la importancia de ayudar a corregir los errores que se pudieran cometer (verso 12: “dulce amonestación” -que parece un benévolo oxímoron)-, en lugar de limitarse a criticarlos sin aportar soluciones constructivas: “verso 11: “desnuda reprimenda”). En ambos casos, los adjetivos “dulce/desnuda”) son los más apropiados para calificar a los nombres a los que respectivamente se refieren: “amonestación/reprimenda”).

Bibliografía.

Angélica García Manso: “El espejo y el agua de J. E.

Hartzenbusch: una lectura didáctica sobre el género de la fábula”.

https://revistadeliteratura.revistas.csic.es/index.php/revistadeliteratura/article/view/505/518

El santero
A cierta romería,
sobre una dócil mula caballero,
iba en Andalucía
un pícaro santero,
que de cada espolazo
al animal sacábale un pedazo,
y mientras, cariñoso, le decía:
Corra, que su cachaza me atribula;
corra por caridad, hermana mula.
Faz de paloma, corazón de arpía,
palabras de ángel y obras de demonio:
tal es, sin levantarle testimonio,
la pérfida, la vil hipocresía.

Apoyo léxico.

Romería. Peregrinación que se hace por devoción a un santuario. Mula caballero. Mula mansa y de gran resistencia, entrenada para llevar personas en caminos largos. Santero. Persona dedicada a la escenificación de rituales mágicos en los que se mezclan elementos religiosos africanos con el catolicismo, y en los que hay mucho de superchería. Espolazo. Aguijonazo dado con la espuela a la caballería para que ande. Cachaza. Parsimonia, lentitud. Atribular. Entristecer, acongojar. Por caridad. Expresión coloquial usada para pedir comprensión o benevolencia. Arpía. Animal fabuloso alado, con rostro de mujer y cuerpo y garras de ave de rapiña. Sin levantar testimonio. Hablando con sinceridad, diciendo la verdad y sin levantar calumnias. Pérfida. Traidora, desleal.

La fábula es un alegato contra la hipocresía, calificada como “pérfida” y “vil” en el verso que la cierra (el 13). Y, en efecto, la fábula consta de 13 versos en los que se combinan heptasílabos (1, 3, 4 y 5) con endecasílabos (los nueve restantes). Y está dividida en dos estrofas, la segunda de las cuales -un cuarteto- corresponde a la moraleja. La primera es una novena, en las que el poeta ha agrupado caprichosamente versos y rimas consonantes; y así, riman en /-ía/ los versos 1, 3 y 7 (“romería/Andalucía/decía”); en /-éro/ los versos 2 y 4 (“caballero/santero”); en /-ázo/ los versos 5 y 6 (“espolazo/pedazo”); y en /-úla/ los versos 8 y 9 (“atribula/mula”). En el cuarteto se repite la consonancia /-ía/ en los versos 10 y 13 (“arpía/hipocresía”), y los versos 11 y 12 riman en /ó-o/ (“demonio/testimonio”).

El santero, al que también el fabulista llama “pícaro”, se comporta con crueldad con la caballería que le lleva a una romería: “aguijar espuelas” para que la mula camine más rápido -una mula no de carga, sino “caballero”- se convierte en un acto de sufrimiento para el animal, lo cual se explica con gran plasticidad en estos dos versos, en los que aliteración del fonema /a/ hace más patética la escena: “que de cada espolazo / al animal sacábale un pedazo” (versos 5-6),; porque el pícaro santero está desesperado ante su lentitud (verso 8: “Corra, que su cachaza me atribula”). Pero a la par que maltrata a la mula caballero, le habla con cariño, e incluso la llama “hermana mula”. Una nota de amarga iron´ñia de desprende del empleo de la locuciòn prepositiva “Por caridad”, como si el santero le pidiera a la mula caballero que fuera benevolente con sus violentas acciones.

Para introducir la moraleja, el fabulista empieza por emplear dos construcciones paralelísticas bimembres, formadas por un nombre acompañado de un complemento nominal, en el primer caso en relación asindética (verso 10: “faz de paloma, corazón de arpía”) y, en el segundo, unidos por la conjunción “y” (verso 11: “palabras de ángel [angelicales] y obras de demonio [demoníacas]”). La doble contraposición “paloma/ángel” y “arpía/demonio” subrayan, con gran mordacidad, la contradictoria personalidad del santero que, según su conveniencia, es capaz de ofrecer la cara -más amable o más mezquina- que más conviene a sus intereses, haciendo gala de una radical ruindad. Y ello justifica los dos versos con que se cierra la fábula para definir esas actitudes morales: “tal es, sin levantarle testimonio, / la pérfida, la vil hipocresía” (versos 12 y 13).

Del análisis de la fábula de Hartzenbush “Los tres quejosos” nos ocupamos en el artículo publicado en esta misma revista digital con fecha 27 de octubre de 2025. Se accede a él en el siguiente enlace:

https://www.todoliteratura.es/noticia/61718/el-rincon-de-la-poesia/samaniego-y-hartzenbusch-dos-voces-en-la-tradicion-fabulistica-espanola.html

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