El mundo está que arde. Menos mal que la nueva borrasca IVO ha llegado para apagar los ánimos, aunque Trump y Pedro Antonio siguen por aquí. Uno legislando leyes que están dejando a los americanos descuadrados, el otro aprobando un decreto minibus y descafeinado que beneficiaría a los jubilatas, a los okupas y a los que usen el abono transporte. Como dice Azucena del Valle en "Tomorrow will be another day" todo pasará y mañana será otro día. Lo que no sabemos es si será mejor.
¡Eh, Petrel!, ese saludo y el libro que cuenta todo lo demás fue uno de los mitos de mi generación. Lo escribió el donostiarra Julio Villar en 1972, después de completar su primera vuelta al mundo en solitario a bordo del ‘Mistral’, una embarcación de fibra, tan ligera como una pluma. Cuatro años de navegación, treinta y dos mil millas náuticas.
Nuestro poema de cada día
El poema "Anchas sílabas" de Blas de Otero expresa su anhelo por una patria renovada y en paz, superando el sufrimiento histórico. A través de un lenguaje poético rico y estructurado, Otero busca la esperanza y la unidad del pueblo español, utilizando recursos como el paralelismo y encabalgamientos para enfatizar su mensaje.
(Cómo ensartar refranes en boca de don Quijote)
Esto diciendo, se entró por medio del escuadrón de las ovejas y comenzó de alanceallas con tanto coraje y denuedo como si de veras alanceara a sus mortales enemigos. Los pastores y ganaderos que con la manada venían dábanle voces que no hiciese aquello; pero, viendo que no aprovechaban, desciñéronse las hondas y comenzaron a saludalle los oídos con piedras como el puño.
En "Cordelia", Peru Cámara nos transporta al Euskadi de los años 80 para ver cómo fueron esos tormentosos momentos de angustia. También crea un thriller a raíz de la desaparición de una joven de Barakaldo después de las inundaciones de agosto de 1983.
«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra
Los beneméritos historiadores Pelayo Castillo Palacios y Antonio Bonilla descubrieron un nuevo documento inédito sobre la llegada de Cervantes a Niebla, ignorada en las biografías documentadas y noveladas del autor de El cerco de Numancia. Dicha perla documental pone en evidencia que el 27 de julio de 1593 en Niebla «se juntaron en el cabildo Juan Lucero y Rodrigo Álvarez, alcaldes ordinarios, Juan Prieto de Vayas, Andrés de Gallegos, Francisco de Avendaño y el licenciado Ramírez, regidores, y Juan Rodríguez Mocho, procurador, en presencia de Miguel de Cervantes, comisario por Miguel de Oviedo, proveedor y contador por su Majestad, para «conducir todo el trigo que pudiere hallar entre los vecinos de ella para el proveimiento de las galeras de España… y se tomó asiento con Miguel de Cervantes, comisario, que se le dé y sirva de esta villa a su Majestad con noventa fanegas de trigo» (Pelayo de Castillo Palacios, Miguel de Cervantes…, 1).
Nueva crítica
Es curioso, creo, el hecho de que todo libro de poesía oriental tiene siempre, para nosotros, algo de evocación.
“Juan Larrea rechazó su pasado y la cultura europea”
“Diario del Nuevo Mundo” de Juan Larrea recoge las anotaciones que escribió el poeta en el exilio mexicano tras huir de Europa, entre 1940 y 1947, en un momento vital de la historia. Primero huyó de la España franquista y se estableció en Paris. Ante el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, decidió abandonar el viejo continente para establecerse en el nuevo, como panacea de una nueva forma de vivir.
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PLAZA DE GUIPÚZCOA
Seguro que alguna vez te has preguntado quién será el iluminati que pone nombre a las tormentas. Vale cualquier pregunta por absurda que sea. Cualquiera, excepto ¿Qué es terrorismo? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Eso ni se toca. Pero sigamos con rayos y truenos.
Winslow Homer realizó en 1909 el que dicen fue su último óleo: Driftwood (‘madera de deriva’) en el que vemos un mar embravecido, gris y tormentoso que se confunde con el cielo. En la base del cuadro, un hombre trata de hacerse con un enorme tronco. Pero es solo un hombre: resulta, frente a las olas, insignificante, y junto al tronco, impotente. Tres décadas después, Marsden Harley pinta una pila de troncos varados en la orilla del río Bagaduce (Maine).
Una simiente se sembró en los sietes día que duró el Tercer Simposio Internacional de la Academia Tomitana y la Academia Universalis Poetarum en el mes de agosto en Tomis-Constanza.
Al simular el otro día que se masturbaba con un crucifijo en una iglesia, Ane Lindane vino a sintetizar, grosera y grotescamente, las dos obsesiones que han marcado dramáticamente mi vida; las mismas que abrumaron a San Agustín y, en tiempos mucho más recientes, a Woody Allen, un ateo de carácter obviamente religioso. Como para ellos –y creo que puedo jactarme de encontrarme en tan conspicua compañía- el sexo y la religión han constituido desde el principio el núcleo de mi personalidad y de mi biografía, los dos planetas gigantes que conforman el campo gravitatorio en el que me muevo, con esfuerzo, y del que nunca podré escapar. Sería subestimar la perspicacia del lector precisar aquí que tener o no tener fe, como mantener o dejar de mantener relaciones sexuales, son cuestiones muy distintas de estar obsesionado con esos dos factores que polarizan nuestra naturaleza humana.
Permítasenos otorgar un realce, acaso inmerecido para estos rudimentos, reproduciendo, a manera de introducción y resguardo, dos citas de incontrovertible ponderación; en La tragedia griega (Gredos, Madrid, 2011), la erudita Jacqueline de Romilly afirma: “Haber inventado la tragedia es una hermosa medalla de honor; y esa distinción pertenece a los griegos”. Por su parte, el padre dominico André-Jean Festugière, filólogo, filósofo y notable traductor, comienza su imprescindible ensayo La esencia de la tragedia griega (Ariel, Barcelona, 1986) con la siguiente aseveración: “Sólo una tragedia hay, y es la griega.”
Editorial Salamandra
Desde que tomó la antorcha para alumbrar la novela de serie negra desde una geografía siciliana, pero sin fronteras, de Vázquez Montalbán, Andrea Camilleri fallecido en 2019 ha seguido fielmente a su personaje el comisario Salvo Montalbano, apareciendo en las novedades de la editorial Salamandra.
Vieron el mar, hasta entonces
dellos no visto.
El Quijote, II, 61
¿Ha deseado en algún momento Don Quijote de la Mancha, el de la triste figura, ver el mar? O, mejor sería preguntar, dada la condición soñadora y apasionada de su raciocinio: ¿ha deseado sentir el mar?
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