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Fernando Pessoa

Ed. Cátedra, Madrid, 2019

Una antología de un poeta así, tan universal en la transmisión más sutil de los sentimientos humanos, de la racionalización del pensamiento como indagador en el alma ávida de conocimiento, de religiosidad en el sentido de trascendencia, de vinculo, es un regalo difícilmente eludible para cualquier ‘conciencia sentiente’, como diría Zubiri.

Ed, Cátedra, Madrid, 2019

Una antología de un poeta así, tan universal en la transmisión más sutil de los sentimientos humanos, de la racionalización del pensamiento como indagador en el alma ávida de conocimiento, de religiosidad en el sentido de trascendencia, de vinculo, es un regalo difícilmente eludible para cualquier ‘conciencia sentiente’, como diría Zubiri.

Por Fernando Almeida

Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro y Bernardo Soares, cuatro de los grandes heterónimos que inventó Fernando Pessoa, el gran poeta portugués. En 2018, cuando la literatura celebra los 130 años de su nacimiento, veinticinco narradoras de diez países le rinden homenaje en el libro “Los cuentos que Pessoa no escribió”.

Veinticinco escritoras iberoamericanas celebran al gran poeta portugués en la antología:

A 130 años del nacimiento de Fernando Pessoa, veinticinco mujeres de diez países de Iberoamérica, se unen para rendirle un histórico homenaje. Cada una de ellas desentrañó alguno de los tantos enigmas que rodean al inmortal poeta y escribió un relato. "Los cuentos que Pessoa no escribió" (Huso Editorial, 2018), antología y edición de Mayda Bustamante y Gabriela Guerra, reúnen a prestigiosas autoras de España, Portugal, Argentina, Costa Rica, México, Cuba, Colombia, República Dominicana, Venezuela y Perú. El lunes 12 de noviembre la obra se presentará por vez primera, a las 19:00 horas, en la librería Ocho y Medio de Madrid como parte del programa de la 16ª Muestra de cultura portuguesa. En la presentación en Madrid se proyectará un audiovisual conmemorativo realizado por Yanet F. Fábregas, la actriz Marta Cantero y varias autoras leerán fragmentos de sus cuentos, y fado estará presente en la sala.

Llegar al alma de Pessoa es complicado, porque su universo es un conjunto de sombras y fantasmas que no dejan huellas en el camino. Hay que adivinarle más allá de la línea de lo obvio, entre las luces y las sombras de las paradojas, en la reinterpretación de los ismos que inventó y con los que situó a Portugal en el mapa europeo de la cultura.

Ayer se cumplieron 129 años del nacimiento del poeta portugués en el cuarto izquierda del número 4 del Largo de San Carlos, frente a la Ópera de Lisboa. «Lisboa con sus casas/ de varios colores…/ A fuerza de diferente, esto es monótono, como, a fuerza de sentir, me quedo sólo pensando./ Sí, de noche, acostado pero despierto/ en la lucidez inútil de no poder dormir,/ quiero imaginarme alguna cosa/ y siempre surge otra (porque hay sueño,/ y, porque hay sueño, un poco de ensueño),/ quiero extender esa mirada con la que imagino hasta los grandes palmares fantásticos,/ pero no veo nada más,/ contra una especie de lado de dentro de los párpados,/ que Lisboa con sus casas/ de varios colores.» (1)

El poeta Pessoa, el ‘compañero’ en la vida de los sentidos y de la inteligencia, nos ha llegado a los lectores a través no sólo de su nombre propio, sino de sus heterónimos (Ricardo Reis, Alvaro de Campos…), esto es, sus Otros, que no son sino complemento de sí, del hombre que ha hecho uso de las noches y los días para de-mostrar a ese lector muchos de los secretos que creíamos tener como tales. Él ha sabido atribuir una luz especial a las palabras y su sentido, su significación Y con ello nos ha enseñado a distinguir.

Pocas imágenes se conocen del hombre que se paseaba por Lisboa sin pisar sus charcos; un Pessoa que, a buen seguro, no llegó a imaginar que sería retratado por su amigo Almada Negrerios, o que su figura, tan característica para los conocedores de su extensa obra literaria, sería esculpida en cerámica por una empresa gallega (Sargadelos).

Libertad, desesperanza, duda, contradicción, nihilismo desbordante que desemboca en un pensamiento filosófico distinto al heterodoxo, por tratarse de una filosofía poética que aborda la naturaleza del más allá que transita sobre caminos sin esperanza, son solo algunas de las acepciones que nos evocan estos relatos pessoanos que van desde la multiplicidad filosófica a la paradoja sin dejar a un lado la moraleja.

Fernando Pessoa dibujó su vida con los trazos de la silueta de los héroes anónimos, igual que aquellos argonautas que fueron en busca del vellocino de oro. Sin embargo, él no lo hizo embarcándose en un navío sino a través de un sueño escondido bajo un mapa de sensaciones al que dotó del silencio de la noche, del anonimato de un fantasma que huye de la sombra de sí mismo y de la necesidad de ser otro. Muchos han sido los que se han acercado al mítico arcón donde guardó más de veinticinco mil documentos que, tras su muerte, han sido rescatados del olvido.

El poeta portugués exploró los límites de la creación de una forma caótica, pero también multidisciplinar, de tal modo, que nada escapó a su complejo universo cargado de literatura y poesía, pero también, de metafísica, filosofía y trascendencia en forma de manifiestos, artículos y publicaciones en revistas como: Águia, Orpheu, Atena o Presença.

Pudiera dar motivo a sospecha la obra de un Diarista que, en alguna de sus páginas, comete el ejercicio de sinceridad de decir: “De lo de ayer me he olvidado. No tengo nada que decir” Para mí, al contrario, le avalaría en su condición de narrador de lo cotidiano: la misma sinceridad que demuestra esta frase, repetida en algún caso, hace concebir lo propio cuando recuerde, cuando nos narre sus impresiones del vivir. Y eso es importante.

Lo primero que sorprende de esta exposición es su ubicación, pues está situada en el sótano -1 del emblemático edificio del Círculo de Bellas Artes, lo que le infiera, ya desde su inicio, una identidad clandestina.

"Los problemas de las personas existen ya antes de que se pronuncien las palabras" podemos leer en el Wen Tzu (1) Si nos remontamos al inicio mismo de la palabra, hemos de considerar que ésta nace para asociarse al rito, a la danza, y explicar lo que a través de ésta el hombre no pueda o no sepa hacer respecto de su voluntad, de la manifestación de lo que pretende exponer como problema o como deseo. De lo que hemos de derivar que la palabra, esencialmente, nace como un bien, un bien necesario que exige los atributos de la claridad, de la sinceridad, de la sencillez incluso.

Luego de escribir en sus ‘Ficciones del interludio’ aquello de: “La vida es un pordiosero borracho/ que tiende la mano hacia su propia sombra” estamos, creo, suficientemente preparados para entrar en uno de los libros más emocionantes e inteligentes que haya dado el siglo XX, el "Libro del Desasosiego", de este autor cuya obra es de una riqueza marina: Fernando Pessoa.