www.todoliteratura.es

Gadamer

De "Verdad y Método" (Ediciones Salamanca, 2012), de Gadamer, sale el presente palique (páginas 354-358)

¿Podemos decir que las obras literarias pueden adueñarse de las palabras "derecho científico"? Un conocimiento, sea poético o novelesco, físico o sociológico, es científico cuando es certero, es decir, cuando nos permite hacer algo siempre sin yerro.

Sílex Ediciones

La imagen de la cubierta es también del autor: un tendedero con una colada tendida que desprende una paciencia infinita, donde un banco parece esperarte al atardecer o al amanecer. Todo un presagio de la silla cómplice que te espera dentro, una forma de ser y de estar en la vida y en las ideas, pero también en la literatura y en el mundo. 89 relatos/capítulos/artículos (muchos publicados en prensa), más un prólogo de Ernesto Calabuig y “Agradecimientos”. 200 páginas en total. El libro alterna las páginas escritas y en blanco, los textos en las páginas impares y las pares permanecen inmaculadas. La mayoría de los fragmentos/artefactos/ensiemplos solo tienen un párrafo, de unos 20 o 25 renglones en su mayoría, de unos 1100 caracteres aproximadamente y sobre 280 palabras cada uno, con un empaque posmoderno y a la vez costumbrista. Se balancea en un terreno fronterizo y movedizo, a caballo entre el diario, la crónica, la autoficción, lo poético, lo pictórico, lo filosófico, lo periodístico, lo autobiográfico, lo político, lo didáctico, lo moralizante… Este libro es un espacio yoísta que busca o pretende ser una voz colectiva o erigirse en opinión pública, una colada ecléctica (en sus dos acepciones: como ropa tendida, pero también como masa de lava que también expulsa bombas volcánicas) de 89 retazos/retales/prendas/vestidos que como un tendedero existencial pone el autor a secar al sol de los ojos lectores. Es su forma/código de entender el cuerpo ciudadano y la belleza ideal de estar/caminar en el mundo, en este caso en Santiago-Pontones, como paradigma de la España vacía-da y el mundo globalizado posmoderno. Ante todo, Los últimos deseos, es un territorio geográfico y literario, pero también un territorio intertextual y algorítmico, fundamentalmente con “La España vacía” de Sergio del Molino como late motiv que todo lo enmarca, pero a mi entender también con Pedro Antonio de Alarcón, Gerald Brenan y don Juan Manuel. En este libro el autor establece un pacto claro consigo mismo, pero también con el lector, como paradigma del otro, y en cierta medida, tienes la sensación de estar viviendo una inercia que te empuja a pensar que el conde Lucanor estuviera hablando con Patronio sobre sus reglas, sus valores, su pensamiento, su mirada, sus deseos de simetría y orden hasta convertirse en un relato catecismo de época. Escrito con una prosa brillante que engancha y seduce es un libro de ágil y amena lectura.

Quizás haya sido el escritor Pankaj Mishra (1969) quien al escribir su obra Los románticos, sobre Benarés y luego Para no sufrir más nos daría la palabra adecuada para este breve comentario y también como no mencionar al Fotógrafo y Pintor Luis Gabú quien ha coordinado una Exposición hace unos meses con el nombre de Ernesto Fernández. Cuba desde 1957. A memoria fotográfica que al hablar de Javier Gozálbez y Dulce Cebrián comenzo a hablar de algunos autores que por los estudios que realizan que pronto y con tiempo serán verdaderos clásicos y son unos románticos dentro del estudio y de la investigación.

La literatura es imprescindible por cuatro razones. Porque ejerce la imaginación, porque llena vacíos existenciales, porque mejora, enriquece la lengua, y porque desbroza la historia. Imaginación, ser, palabra y conciencia son bases de la ciencia y pulimentan el arte de preguntar, el sentido común (dable al crédulo, racional y elocuente conocedor de tradiciones, diría Gadamer), y soslayan el dogmatismo y el escepticismo. 

\n

Ignoro si los meditadores del mundo sajón, único mundo pensante, han hecho alguna pesquisición para determinar el influjo que tiene la literatura sobre la epistemología y ésta sobre la otra. Allende Walter Benjamin, Bajtín, Gadamer, poco o nada sobre el tema hay digno de mi interés. Todo científico moderno, como los mentados, debe llevar en sí un poeta y un filólogo. Ser filólogos nos ayuda a tener siempre presentes las burlas que el lenguaje hace y ser poetas a no amarrarnos a los métodos.

Los largos años de lectura hacen que empecemos a encontrar similitudes y parecidos entre cosas que son totalmente diferentes; esta costumbre, dicho sea de paso, es una costumbre poética que nos hace perder el juicio. Hay engorrosos libros que no dirían nada sin la ayuda lejana de otros libros o de autores imaginativos que simulan haberlo pensado todo.

  • 1

Ed. Tecnos, Madrid, 2017

Considero que por Estética –como disciplina teórica, como ejercicio de observación y práctica de conocimiento- ha de entenderse como uno de los avances en el ejercicio racional del hombre entendiendo en ello que, gracias al sentido otorgado a ésta, el hombre ha establecido un nuevo equilibrio en la naturaleza.

Maurizio Ferraris, italiano filósofo, en artículo publicado en el periódico “La Reppublica” (“Il Ritorno al Pensiero Forte”, 8 de agosto de 2011) ha criticado el “populismo mediático”, que es causante, según afirma, del pensar débil (débil, afirmemos, es todo pensamiento relativista, carente de lógica, accidental, efectual, descontextualizado) propio de las masas. Dialoguemos con tal texto, someramente, para atisbar las consecuencias sociológicas que el estulto pensar acarrea. 

\n


En esta segunda entrega de su obra Pensamiento posmetafísico, Jürgen Habermas intenta determinar el sentido de la filosofía después de la crisis de su privilegio epistemológico frente a otras disciplinas y tras el cuestionamiento del predominio de la teoría sobre la praxis. Tres grandes temas son abordados en este contexto: el cambio de perspectiva desde las imágenes del mundo metafísicas al mundo de la vida; la relación entre religión y pensamiento posmetafísico, y el papel de la religión en el contexto político de una sociedad postsecular y liberal.

A buen seguro desdeñaré al que tome por lo serio este palique, hecho primero para enseñar a despreciar que a justipreciar lo que algo vale. Despreciar, aunque contiene tonos peyorativos, es actividad principal de los científicos. Despreciar es quitar valor, estima, lo que sobra, como decía el filósofo Spinoza. La jerga científica, que a sí misma y engreída se llama naturalista, como si el concepto de lo natural fuera superior a todo otro concepto, ocupa su lugar en el mapa del saber humano sin que los filósofos se tomen la molestia de encararla, de cuestionarla.