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Machadolibros

Machadolibros, Madrid, 2019

De alguna manera podríamos sostener que el arte de mirar equivale al arte de ser. Al tiempo, como es lógico deducir, el mirar, que es un ejercicio subjetivo –más el ‘juzgar artísticamente’, digamos- propicia tantos puntos de vista distintos, todos ellos razonados, como observadores existan.

Machadolibros, Madrid, 2018.

El arte ha generado tradicionalmente un deseo de transmisión unido a una forma libre de decir, de expresarse. Resulta, si acaso, un tanto paradójico, sin embargo forma parte de la propia libertad a la que todo artista ha de aspirar; en la referencia del otro, de la obra o los dictados del otro, hay –o así lo ve o pudiera verlo el artista- una invitación implícita a la transgresión, lo que llevará a un arte nuevo, a una forma distinta del decir, que tal es la naturaleza de todo arte. Más, tal vez, cuando ese decir se guarde en la música.

Machadolibros, Madrid, 2017 (3ª ed.)

No sólo por lo que cada artista aporta desde el lado de la práctica material, desde la inteligencia y la imaginación, podría decirse que el mismo acepta implícitamente un grado de responsabilidad (social, político, religioso, cultural…) ante el potencial público al que se dirige, sino que, como tal discurso público (entendido este término en sentido amplio) el artista adquiere un grado de significación, de didáctica colectiva que le hacen distinto y, en ello, sujeto de responsabilidades.

Machado libros, Madrid, 2017

A este autor hemos tenido ocasión de conocerle en España por su aquilatado sentido del humor a la hora de referirnos anécdotas y conocimiento a propósito de los mayores protagonistas de la música clásica. Recuérdese, si no, el ‘resonante’ sentido del humor presente en su libro ‘Por qué Beethoven tiró el estofado’, una delicia de ironía no exenta de cultura musical, no en vano está considerado este inglés como uno de los mejores violonchelistas de nuestro tiempo, que todo hay que decirlo.

¿Por qué no atender al beneficio que supone la lucha de contrarios? ¿Por qué no aceptar el bien, tan racional, de la diferencia, de los opuestos como razón dialéctica? Y así ya sea para el devenir cotidiano, para el amor o el arte.

Es probable que la palabra Justicia haya sido una de las más pronunciadas a lo largo de la historia. Junto con las palabras amor y libertad, tal vez lo haya sido. Ahora bien, justicia implica, por sí, contraposición, a sabiendas de que no ha de ser, necesariamente, la misma la idea de justicia del acusado y la del acusador. Es, pues, una palabra (un concepto, una filosofía) dialéctica pura. No es posible verla de forma unívoca, ha de examinarse su valor, su contenido, con carácter comparativo, a tenor no ya solo de la norma, sino de esa connotación de justicia personal-humana que todos portamos como identidad para relacionarnos con la realidad; por no hablar de la justicia poética, una estimación que alude a realidad e imaginación a partes desiguales.

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Machadolibros, Madrid, 2018

El buen lector hallará aquí un texto rebosante de sabiduría poética, de conocimiento literario al servicio de la idea de poesía y estética pero, en general, a favor de que el texto escrito sea la mejor representación –visible, fundada, racional incluso- de un sentido de armonía (el mismo que ha contribuido al perfeccionamiento de la educación occidental, también en su sentido genérico, universal) y, por extensión en su dimensión de riqueza, a la capacidad especulativa, curiosa; al sentido de la libertad como seres dotados de inteligencia consciente respecto de la realidad.

Machado libros, Madrid, 2017

Me ha llamado la atención en este breve pero enjundioso ensayo de la profesora Pulcini la claridad de los planteamientos en cuanto a la significación social de las pasiones humanas (la colección completa de esta edición de estudios acerca de las pasiones, amparada por el sello Machado libros, comprende el ciclo de los pecados capitales, añadiendo al actual los demás, esto es, la ira, la avaricia, la gula, la lujuria, la pereza y la soberbia).

La literatura, afortunadamente, no tiene origen. Es decir, la fuente de lo contado puede ser infinita, como infinitos podemos considerar que pueden ser los autores, más a sabiendas que lo que tantas veces tenemos delante como lectura no ha de procede necesariamente de un literato profesional sino que tal procedencia, por fortuna, puede ser varia (y en ello habría que entender, sin duda, una posible forma de originalidad).

Cuando el libro, a su interés cultural une el atributo, tan escaso, de la originalidad, es de celebrar pues une al presumido gozo por el conocimiento, la satisfacción de esa curiosidad que Platón invocaba como medio para alcanzar la sabiduría.