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Quequé

Gastón Segura hubiese querido para la presentación de su libro “Los invertebrados” tener a su lado a Esperanza Aguirre, personaje de su novela que no queda bien parada en sus páginas, esta ex política madrileña que tiene una gran visión cómica como demostró en un antiguo programa del Gran Wyoming al ponerse aquellas gafas de sol, no quiso presentarse al evento y los editores tuvieron que encontrar un sustituto de altura, Héctor de Miguel, salmantino de cuna y amante de los madriles, muchos lo conocerán como Quequé, persona de gran vis cómica, como demostró en la presentación, y lector atento y documentado.

Hoy no he venido a hablar de mis libros, aunque no será por falta de ganas. Hoy quiero hablar de Francisco García Pavón (Tomelloso, Ciudad Real, 24 de septiembre de 1919- Madrid, 18 de marzo de 1989), ya que durante el pasado año 2019 se conmemoró el centenario de su nacimiento con diferentes actos culturales, entre los que destacó la convocatoria, por parte de la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla-La Mancha, del Primer Premio Especial de novela corta policiaca en homenaje a Francisco García Pavón. Por suerte, tuve el honor de ganar ese premio con mi libro titulado Esperando a Randy. Pero ya dije que no iba a hablar de mi libro. Esta referencia es sólo una excepción que explica porqué firmo este artículo dedicado a García Pavón.

El Círculo de Bellas Artes otorga el nombre de la filóloga y lexicográfica María Moliner, a una de las salas del edificio. En torno a la autora del Diccionario de uso del español, se ha diseñado la jornada “Con M de Moliner”, en la que Moliner y el lenguaje compartirán protagonismo.

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Este año, si la escurridiza y contumaz variante Delta lo permite —algo sobre lo que ni yo ni gobierno alguno estamos seguros—, la populosa feria del libro de Madrid se inaugurará en septiembre. Por supuesto, más allá de aprovechar los últimos días de largas y perezosas tardes, y más allá de disfrutar la tibieza que los acompaña; incluso más allá de que los grandes editores y los autores de relumbrón estén disponibles para este auténtico salvavidas de las librerías madrileñas antes de que otros certámenes los reclamen para Frankfurt, para Guadalajara o para qué sé yo adónde… En fin, que más allá de todos esos considerandos que convierten a la fecha en idónea, sucede, además, que septiembre es el mes de los regresos. ¿Y qué será esta feria del libro sino un clamoroso regreso?