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Remansos

Nuestro poema de cada día

Primeras canciones, de García Lorca: la poesía popular con imágenes de corte surrealista. I

27/06/2026@16:16:00

Este poemario fue escrito en 1922, pero no se publicó hasta 1936; y lo integran las siguientes composiciones: “Remansos”, “Remansillos”, “Variación”, “Remanso, canción final”, “Media luna”, “Cuatro baladas amarillas”, “Palimpsestos (I. Ciudad. II. Corredor. III. Primera página), “Adán”, “Claro reloj” “Cautiva” y “Canción”. En general, los poemas han adelgazado su componente narrativo para quedar reducidos a puro lirismo. Y salvo en el caso de “Adán” -que es un soneto-, en el resto de los poemas García Lorca opta por el verso breve -una fuerte heterometría combina desde versos bisílabos a octosílabos; tal es el caso, por ejemplo, del poema “Corredor”-; y están presenten los elementos básicos de la poesía popular -rimas asonantes, romancillos, estribillos, reiteraciones léxicas, paralelismos de estructura sintácticas muy sencilla...- combinados con imágenes de corte surrealista y sorprendente belleza plástica.

"El río (La canción del olvido)", de Ricardo Martínez-Conde

Zadar eds., 2024

Hay libros que cuentan una historia y otros que proponen una inmersión en la materia del recuerdo. "El río (La canción del olvido)", de Ricardo Martínez-Conde, pertenece a esta segunda categoría: más que una novela en sentido clásico, es un un mosaico de escenas que actúan como ejercicio de memoria emocional, una reconstrucción de la juventud entendida como territorio moral, afectivo e intelectual.

Nuestro poema de cada día

Federico García Lorca y el mundo de la naturaleza como protagonista

El libro de Federico García Lorca Nuevas canciones (1921-1924) lleva weste título en la primera edición; luego el poemario se titulará simplemente Canciones. Y está compuesto por once secciones, que llevan los siguientes títulos (entre paréntesis, el número de poemas que integran cada una de ellas): I. “Teorías” (14). II. “Nocturno de la ventana” (4). III. “Canciones para niños” (7). IV. “Andaluzas” (9). V. “Tres retratos con sombras” (6: Verlaine/Baco, Juan Ramón Jiménez/Venus, Debussy/Narciso). VI. “Juegos” (8). VII. “Canciones de luna” (7). [1925] VIII. “Eros con bastón” (7). IX “Trasmundo” (7). X. “Amor” (10). XI. “Canciones para terminar” (9). En total hay, pues, 88 poemas.

Nuestro poema de cada día

Los Sonetos del amor oscuro de García Lorca: la capacidad de amor y sufrimiento de un corazón apasionado. I

El 17 de marzo de 1984 se produjo una verdadera conmoción en los ambientes literarios españoles: el diario ABC, bajo la supervisión de Luis María Ansón, publicaba, por primera vez en castellano, los Sonetos del amor oscuro, una colección de 11 sonetos escritos por Federico García Lorca durante 1935 y los primeros meses de 1936; una publicación acompañada de varios estudios críticos. El 24 de marzo de 1985, coincidiendo con el 50 aniversario del asesinato del poeta, apareció en el mismo diario una segunda edición, con los originales autógrafos del poeta.

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Camilo José Cela y la prosa de los libros de viajes

Con Viaje a la Alcarria -1948-, Cela inicia sus incursiones en un género en el que se ha revelado como un maestro excepcional: el libro de viajes. Sus obras en este género -a este libro siguen Del Miño al Bidasoa (1952), Primer viaje andaluz (1959), Viaje al Pirineo de Lérida (1966), etc.-, a pesar de su carácter documental, no están exentas de virtuosismo estilístico; y en ellas se recogen artísticas descripciones de paisajes y una amplia galería de tipos curiosos, en una línea más próxima al cuadro de Goya o de Solana, o al esperpento de Valle-Inclán, que al costumbrismo tradicional.

LA MEMORIA DE LA MIRADA

Uno de los posibles y múltiples modos de acceder o, al menos, atisbar el genuino fenómeno literario (y tal es el caso de Alberto Boco: un fenómeno inequívocamente genuino y literario, como se constata en su reciente antología de poemas, titulada Enigmática gracia de las cosas) sería establecer, grosso modo, cuál de los cinco sentidos predomina en la producción de un autor. Acaso un par de ejemplos, entre tantos, resulten lo suficientemente ilustrativos: Proust huele y transmite con admirable –y aún no igualada- precisión la textura y los matices de cada aroma: el césped recién cortado, la pátina que deja la lluvia sobre el empedrado de las calles parisinas y hasta las fachadas de las catedrales; en la cadencia de la prosa faulknereana, por su parte, cada sonido halla su asiento y todo murmullo hace su habitación: las frases astilladas de un débil mental, la crepitación de un vestido de seda o el estruendo de un martillo que hunde los clavos sobre la tapa de un ataúd. La poesía de Boco, en principio, mira; mira con ojos incendiados y voraces.

RETRATO DE GRUPO CON MONARCA

Arriesguemos de entrada una hipótesis discutible. Hay generaciones que hacen historia y otras que padecen la historia que hicieron sus mayores. No creo que sea muy original, pero tampoco doy ahora en el trastero desordenado de mi memoria lectora con un precedente claro de mi teoría. Vamos, pues, con la casuística, que será, me parece, lo más clarificador.

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Nuestro poema de cada día

La persistencia de la palabra poética vence el paso del tiempo

La poesía, según Miguel d'Ors, consiste en palabras que trascienden el tiempo y evocan recuerdos, resucitando momentos pasados. A través de su sencillez y musicalidad, logra inmortalizar experiencias familiares y la esencia de la vida, convirtiendo lo efímero en algo perdurable y significativo.

Nuestro poema de cada día

La poética de Antonio Machado

Entre los textos que Antonio Machado escribió sobre poesía, recogemos el poema titulado "De mi cartera" que publicó al final de Nuevas canciones (1924). Está dividido en siete partes (soleás, una copla y un breve romance); y recogen algunos de los principios de su poética.

Nuestro poema de cada día

"La casa encendida": Reflexiones sobre la soledad y la rutina en la poesía de Luis Rosales

Luis Rosales (Granada, 1910-Madrid, 1992) es un miembro destacado de la Generación del 36 (integrada por figuras literarias de la talla de Miguel Hernández, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo...). Su legado poético -sentimiento religioso de profunda espiritualidad y preocupación por la corrección formal del el lenguaje- se inscribe en el ámbito de la denominada -por Dámaso Alonso- “poesía arraigada” -entrañable, intimista, volcada en su entorno cotidiano-.

Nuestro poema de cada día

¿Qué papel puede desempeñar la lectura de poesía en nuestra vida diaria?

Ya nos lo dijo Dámaso Alonso en su día, con estas palabras:

Leemos un pensamiento profundo en una obra científica, y lo admiramos, pero no nos conmovemos. Nuestra intuición es puramente intelectual, no afectiva, no imaginativa. Flecha veloz, flecha que quizá atraviese distancias estelares, se mueve por un cielo desvaído, un cielo sin color, y sin más dimensión que la del volador avance. He aquí que un pensamiento semejante penetra en la esfera artística. Un poeta de genio lo ha atenazado un instante, se lo ha asimilado y lo ha expresado. La flecha silba veloz, pero ahora ilumina y puebla mundos en su avance, atraviesa un cielo que es suprarreal (porque está hecho de infinitas dimensiones) y, a la par, realísimo; y -el milagro más importante- por nuestro corazón pasan efluvios de un dulce dolor o de un gozo amargo; sí, impelido por la ternura, también nuestro prisionero corazón se siente pájaro. El pensamiento del filósofo puede abrir una sima a nuestros pies; el del poeta no nos abre los ojos al abismo, sino a la belleza del abismo y su atracción: estamos movidos, conmovidos. (cf. Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos. Madrid, editorial Gredos, 1966. BRH, Estudios y ensayos, núm. 1, p. 113).

Jorge Semprún, en la memoria agradecida

En París y por aquellos días, solo ejercía de flâneur (de paseante, digamos) durante las tardes. Por la mañana, mi trabajo académico consistía en abrir surcos en el campo de la autobiografía literaria. Al mediodía francés –entendiendo por tal las doce de la mañana-, cumplía con la pausa laboral y con la sacrosanta costumbre de un demi de cerveza, o sea, de una caña a palo seco, sin tapa, para entendernos. Frente a mi lugar de trabajo, una pequeña plaza, uno de esos remansos que sirven de oasis al ciudadano, y un bistrot de los “de toda la vida”. Ese día que rememoro, me encontré a Jorge Semprún, café en mano. Cruzamos la mirada, pero la desvié rápido porque suponía que no se acordaría de nuestro encuentro en España un par de años antes. Sabía de su memoria de elefante, pero no hasta el extremo de saludarme por mi nombre. Con la curiosidad que le caracterizaba, me preguntó por mis andanzas parisinas y, al enterarse de que me movía por los territorios autobiográficos y, en concreto, por la literatura concentracionaria, me recomendó, con la pasión del gran lector que era, una novela de la que, hasta ese momento, solo conocía su título. (Recuerdo ahora su consejo literario que leí, emocionado, en mi habitación del Colegio de España, alzando la vista de vez en cuando hacia los árboles que la rodean en la Cité Universitaire: La peau et les os (La piel y los huesos,1949), la novela de Georges Hyvernaud.

Pedro Santamaría: “La corrupción era un mal endémico de la sociedad romana”

Autor de "Al servicio del Imperio"

Pedro Santamaría es un prestigioso novelista histórico santanderino. Abogado de profesión y traductor y escritor por vocación, se dedica a escribir novelas sobre sus dos grandes amores: Cantabria y Roma.