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Víctor González

Imagínate que hubiera alguien, hoy, que pudiera contarte cómo la plana mayor del nazismo celebraba sus reuniones espiritistas, cómo se manejaba en el día a día Himmler, cómo se fraguó el partido nazi o cómo se comportó Hitler en su crecida y posterior debacle. Imagina que todo eso te lo pudieran contar de primera mano. Si crees que no podrías evitar leer ese documento tengo que decirte que este es tu libro. Vale, quizás el testimonio no es real, quizás solo te estoy hablando de una novela que ha escrito Juan Martorell, pero dime, ¿qué es real? Hay un libro que consigue acallar ese “gusanillo” que quizás has sentido despertar mientras te hablaba de la posibilidad de un libro así. ¿Por qué no aprovecharlo? Hoy hablo de ‘El manuscrito nazi’, la última novela de Juan Martorell y que ha publicado en junio Espasa.

Me fascina que pueda entretenerme durante unos días con un libro en el que no dejan de suceder cosas, de aparecer nuevas aventuras sin ningún tipo de tregua a la quietud y, poco después, que me ocurra lo mismo, el mismo sentimiento de entretenimiento, con otro libro en el que aparentemente no pasa nada. Viva la Literatura. El libro del que hablo hoy entra dentro de este segundo grupo, de esos libros en los que parece que nunca pasa nada cuando en realidad está pasando todo, de esos libros que son como la propia vida misma. Hoy hablo de la joya de la corona literaria que fraguó Clarice Lispector, ‘La pasión según G.H.

Me gustaría empezar diciendo que ojalá hubiera más gente como Carlo Padial en el mundo pero me da miedo decirlo porque no sé si eso sería realmente un beneficio o un peligro para los demás. Todos tenemos heridas, todos tenemos taras, pero pocos son capaces de mostrarlas, de no camuflarlas, de hablar de ellas o, incluso, de mofarse de ellas. Carlo Padial es capaz de eso y de mucho más. Por eso me da miedo. Nos lo muestra en sus vídeos de Internet continuamente – de los que me declaro fan – y nos lo muestra, también desde ahora, en este libro confesional que es "Doctor Portuondo", publicado por Blackie Books.

Quizás te haya ocurrido alguna vez el estar delante de alguien que lo ha pasado mal por algo y que te está contando su situación, y tú le escuchas, le escuchas hasta el final, si lo hay; aunque desde el principio, desde que le has mirado a los ojos, sabes que ahí falta algo por contar. No sé cuándo ni cómo lo notas pero lo sabes. Ves que hay una nube negra encima de su cabeza que no quiera soltarse, que no quiere arrancarse a llover toda el agua acumulada. Y cuando digo agua me refiero a pena. Pena sobrevolando un texto que ya de por sí pellizca es lo que caracteriza al libro del que hablo hoy: ‘Lo que ya no íbamos a necesitar’, de Maite Núñez.

Hay veces, y sobre todo si eres lector, que encuentras una frase que da sentido, cuerpo, a un pensamiento o sensación que llevabas tiempo teniendo. Leo desde hace bastantes años y al principio dedicaba mi tiempo a novelas que iba encontrando, ya fuese en librerías o por casa, sin ningún tipo de criterio. A veces me encontraba con libros geniales y al terminar de leerlos sentía la necesidad de estar unos días sin leer nada más, como si mi inconsciente o incluso el propio cuerpo me pidiera que dejara reposar lo leído, que descansara unos días para que todo lo absorbido pudiera penetrar de forma óptima.

Si te gusta la música, la música de ahora digo, te habrás dado cuenta de que se está poniendo de moda en muchos grupos y artistas en solitario ofrecer comentarios de sus canciones. Abres por ejemplo Spotify y te encuentras el disco con todos sus temas y a su lado la versión comentada de cada uno de ellos. Es cierto que a muchos nos gustará el hecho de escuchar la letra de una canción e imaginar el porqué de la necesidad de escribirla.

¿Cuántas veces nos han dicho que la escritura es terapia, que sirve para autoexorcizarse, que es inevitable dejar en ella la huella de quien escribe? Como siempre, ofrecer la teoría es mucho más fácil que mostrarlo en la práctica. En ‘Invierno en Brasil’ no hay teoría, es todo práctica del manejo del teclado de Esther Recio, medio por el cual sanar.

Es inevitable que un ser sensible se estremezca ante la barbarie que desprende una guerra. Esto le sucedió a Ernest Hemingway, quien vivió desde dentro la Guerra Civil Española y consiguió sacar de ella, además de muchos traumas, lo mejor de su literatura. Parte de ello es este ‘El viejo del puente’, que publica ahora Libros del Zorro Rojo ilustrado maravillosamente por Pere Ginard.

Si alguna vez has sentido que siempre serías joven (y no), que los amigos son para siempre (y no), que las borracheras son para siempre (y no), que las resacas asumibles y eufóricas son para siempre (y no), que los besos son para siempre (y no); y si, además, has tenido la suerte o la desgracia de deambular como buen noctámbulo borracho, solo, con amigos, parejas, risas, llantos y/o manos cogidas de la tuya por las calles de Barcelona, solo puedo decirte que este es un libro para ti, igual que lo ha sido para mí: ‘Rayos’, de Miqui Otero, publicado por Blackie Books.

Conocí a Carlos Mesa hace ya varios años por pura casualidad al apuntarme sin ningún tipo de referencia previa a una ruta que él mismo organizaba y dirigía a través de su empresa Planeta Insólito. A partir de ese momento he hecho más rutas con él – algo que recomiendo mucho, sobre todo si eres de Barcelona – y, a tenor de lo que aquí nos ocupa, he leído también alguno de sus libros. Ahora aparece de la mano de un gran sello como es Planeta para lanzar al mercado esta ‘Guía de la Cataluña mágica’, publicada por Luciérnaga, editorial que ya he tratado en otras ocasiones en el blog.

Me empieza a preocupar que en poco más de un mes haya dicho en dos reseñas que no sé lo que he leído. Me entra la duda ahora que veo que se repite de si soy yo o son los libros o somos ambos los que juegan el uno con el otro. Antes veía todo claro, ahora, y por culpa de libros como este, no. Y no sé qué es mejor. Ni peor. Así que como no puedo hablar mucho de lo que significa la historia de esta novela – quizás no querer decir nada es lo que quiere decir este libro –, hablaré de todo lo que me ha venido a la mente leyéndola.

Si estás leyendo esta reseña lo más probable es que te guste Murakami, y si te gusta Murakami vas a leerte este libro. Es inevitable – por lo menos para mí pero creo que también para muchos otros – que en una cabeza tan chafardera como la nuestra, gestada a partir de programas del corazón 24/7 en nuestros televisores, no nos hayamos preguntado alguna vez (o muchas) quién hay detrás del Murakami escritor de novelas. Pues bien, el que hay detrás de todos esos best sellers es el Murakami de este libro.

Me ha sido inevitable – y lo debo confesar porque ha afectado a mi lectura – ver ya desde la portada de este libro el recuerdo del Campo o las Calas con los que la fotógrafa Jeanne Chevalier buscaba ofrecer junto a los textos de José Ángel Valente las huellas de lo temporal en lo atemporal, de la huella en lo liso, de la grieta en lo duro, como es la vida de uno en este eterno silencio o vacío, como es la vida de Ricardo Martínez Llorca para cualquiera que no sea él. Cuando uno se agrieta tiene dos posibilidades: enmendarse o dejarse romper del todo. Y Ricardo, en este libro, se rompe del todo. Lo que pocos saben es que tras la rotura completa está la liberación, lo que la mayoría obvia es que detrás de la grieta está la luz, y esto es "Luz en las grietas".

Dice David Ruíz en su poema ‘Luto’ que «deberían inventar un luto en la alegría / que nos obligue a celebrar las cosas buenas». Ese luto es el que él, sin saberlo, nos hace pasar tras la lectura de "Nubes negras", el poemario que publica de la mano de Frida Ediciones.

Julio Cortázar es de aquellos pocos genios que viendo cualquier cosa de las que a nadie nos llamaría la atención en nuestro día a día puede crear una historia. En este caso, supo agarrar las gotas de agua provocadas por la lluvia y retenerlas para siempre en el papel, un papel que va transformándose edición tras edición y que ahora se titula, de la mano de Nórdica Libros, ‘Aplastamiento de las gotas’.