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"Don Pedro Girón, duque de Osuna", de Luis M. Linde

Ed. Encuentro. 2024
martes 10 de febrero de 2026, 22:21h
Don Pedro Girón, duque de Osuna
Don Pedro Girón, duque de Osuna

Don Pedro Téllez-Girón es el todopoderoso III duque de Osuna. Estamos en el año de 1594 cuando hereda la Casa de Osuna, que es una de las más paradigmáticas de los Reinos de Castilla y de León. La dinastía tendría su nacencia en el condado de Ureña, título que le concedería el Rey Enrique IV “el Impotente” de Castilla y de León. Por consiguiente, este extraño ducado de Osuna contenía bastantes paradojas e irregularidades, tanto en sentido jurídico como en el político más estricto, en su nacencia; ya que el título del susodicho ducado de Osuna sería del más reciente año 1562.

No obstante, esta casa ducal reunía características paradigmáticas y muy reseñables, ya que siempre habían estado en la proximidad del trono, y, por ello, inclusive habían sido la única familia de los Reinos de Castilla y de León que podían haber ocupado el trono conspicuo de esta Corona unida y dúplice. Comenzaré por una corrección a un importante error histórico. Página-29, ¡en ninguna circunstancia Alfonso VI es Rey de Castilla desde 1072!, ya que según Sancho II y uno de sus diplomas: ‘Imperando el Príncipe Sancho en Burgos y mi hermano Alfonso el Emperador en León’. Cuando la Reina-Propietaria Sancha I de León divida su Corona entre sus hijos, según consta en su testamento subrayado por el rey-consorte Fernando I de León, Alfonso recibe León a título de Emperador, y García y Sancho como Príncipes dependientes. Tras la pseudoderrota de Alfonso VI en Golpejara, Sancho II, cuyo numeral define ser Rey de León, y tras coronarse en la Catedral de Santa María de Regla de la Urbe-imperial legionense, como excepción, ya que los monarcas de León se proclamaban, hasta su muerte en la leonesa Zamora, ‘la bien cercada’, solo signa como rey-emperador de León. Tras su muerte y el regreso de Alfonso VI, en 1072, será de nuevo Rey-Emperador de León o de Hispania, y Castilla son solo condados dependientes, ¡como siempre!, del Reino de León. Lo de Castilla es una paradójica invención. Hecho, prístino, que se transmite a su hija Urraca I “la Temeraria” de León, y que firma como: ‘Imperatrix Legionis et Regina Tota Hispania O Urracha Rex Legionis’.

Cuando muera de una endometriosis o de una infección puerperal lo hará en el castillo de Saldaña/Reino de León. Seguiremos los rigurosos medievalistas leonesistas dejando a la ahistórica Castilla donde le corresponde historiográficamente ser y estar, libre de la hojarasca castellanista milenaria. Página-31: No existe la titulación de Corona de Castilla, ya que cuando el infante leonés, Fernando Adefónsez toma el poder legionense, de forma irregular, ya que orilla el testamento de su padre el Rey Alfonso IX “el de las Cortes o el Legislador” de León, amenazando a sus legítimas herederas, las infantas Sancha y Dulce, en el año 1230, firma siempre y crea la bandera cuartelada como Rey de Castilla y de León, y deseo añadir que esa es la titulación legal hasta Juana I, sensu stricto, reuniéndose las Cortes por separado casi hasta Pedro I “el Justiciero” de León. “Cuando oviere de facer Cortes que las faga con todos los omnes de la mi tierra en uno en Tierras Leonesas”. Y como decía Stanley G. Payne: “El Reino de León concedió mayor reconocimiento legal a los intereses de sus distintas regiones, ciudades y clases sociales que cualquier otro sistema de libertades locales en la Europa de la Alta Edad Media”.

Según la leyenda, D. Rodrigo le salvó la vida al rey, Alfonso VI, en una batalla librada en la comarca de La Sagra, en Toledo, cediéndole su caballo para que pudiera huir y abriéndole camino, espada en mano, entre la morisma. Para poder probar su hazaña, D. Rodrigo recogió ‘un jirón del real vestido’; cuando fue rescatado -pues cayó prisionero de los musulmanes- pudo demostrar que había sido él, y no otro caballero impostor, quien había salvado al rey, y pidió, como única recompensa, que se le permitiera usar los ‘jirones’ en su blasón, de donde el nombre ‘Girón’ y los elementos de su escudo: un caballo y tres jirones añadidos al tablero de ajedrez de los Cisneros. Sin embargo, los escudos con pinturas heráldicas familiares no se conocieron hasta un siglo más tarde de la supuesta batalla en La Sagra, sobre la cual, además, no hay mención en las crónicas hasta el siglo XVI. De hecho, hasta el siglo XIV los Girones usaron el escudo de su linaje de origen -Cisneros- y sólo a finales de ese siglo empezaron a usar el escudo con los jirones. Por todo ello, parece probable que, al igual que ocurrió con otras familias de la nobleza castellana, la imagen de su escudo se inspirase en el apellido, cuyo origen en el siglo XII no conocemos. Juan de la Cueva, poeta sevillano que, según Menéndez Pidal, fue el primero en recitar un romance en un escenario de teatro, en Sevilla, en 1579, recogió la leyenda en su Origen de los Girones en D. Rodrigo Cisneros”.

Durante el reinado del Rey Pedro I (1350-1369), Justiciero en el Reino de León, donde tenía muchos partidarios, y Cruel en el Reino de Toledo, ciudad que estaba a favor de Leonor de Guzmán; la familia de los Téllez-Girón estuvo a punto de desaparecer; ya que la familia se dividió a favor del monarca o de su hermanastro Enrique II “el de las Mercedes” de Trastámara (1369-1379), y entonces sus miembros se fueron al Reino de Portugal, apoyando al monarca lusitano en sus reivindicaciones al trono de los Reinos de Castilla y de León; ya que no confiaban que el nuevo soberano les siguiese manteniendo las donaciones que les había concedido el rey asesinado en los Campos de Montiel. Por todo lo que antecede, los Téllez-Girón solo regresaron a las tierras de Castilla y de León cuando ascendió al trono Juan I, bisabuelo de la Reina Isabel I “la Católica”: ‘porque yo soy la reina et subcessora destos reinos de Castilla et de León’. El apodo o calificativo de “el Doliente” solo le corresponde, según la historiografía, a Enrique III de Trastámara y no a Enrique IV, este es considerado o cualificado como “el Impotente”. Será, a partir de 1445, cuando los hermanos Pedro Girón y Juan Pacheco, aliándose con el Príncipe de Asturias, el futuro Enrique IV, formarán una alianza entre ellos para acabar con el valido D. Álvaro de Luna, que será ajusticiado de forma inmisericorde. Don Pedro Téllez-Girón, III duque de Osuna y VII conde de Ureña, nacería en diciembre de 1547 en la casa ducal hispalense de Osuna. En el año de 1602, el duque se encuentra en Flandes, siendo rey de las Españas, Felipe III Habsburgo, donde está documentado que realizó una más que brillante carrera militar. Cuando llega a un Flandes ardiendo políticamente por la presión de los luteranos contra los intereses católicos de las Españas, observa como la situación militar del archiduque Alberto y de sus tropas católicas es más que difícil y problemática. Además, y para agravar más si cabe, la situación política en las tierras flamencas, la desconfianza y desconexión política entre los gobernadores Alberto y su esposa Isabel Clara Eugenia con la Corte de Felipe III es muy grande. En este momento histórico, el todopoderoso valido y primer ministro, el duque de Lerma, tiene tanto dominio sobre el neblinoso de carácter como es Felipe III, que intentará conseguir la renuncia del archiduque Alberto de Austria (1559-1621) al título de monarca de Flandes, aunque dicho título le habría sido entregado por el Rey Felipe II “el Prudente” Habsburgo en el año 1595...

«Según el juicio histórico tradicional, Felipe III fue una persona indolente que, durante su reinado (1598-1621), entregó todo el poder a un valido corrupto, el duque de Lerma, con el que se inicia una larga decadencia. Felipe III ha sido juzgado mucho más severamente que su hijo, Felipe IV, y el valido de éste, Olivares, más favorablemente que Lerma, algo que resulta sorprendente si se comparan los resultados de sus respectivos gobiernos. Sin embargo, la interpretación tradicional está siendo revisada y conocemos cada vez mejor la historia de la monarquía hispánica en los primeros dos decenios del siglo XVII, que fueron, seguramente, el cénit de su poder. Este libro simpatiza con esa corriente ‘revisionista’, centrándose en la extraordinaria figura de Pedro Téllez-Girón, III duque de Osuna, héroe de la guerra de Flandes, virrey de Sicilia y de Nápoles, inspirador, real o supuesto, de un episodio nunca completamente aclarado, la ‘conjura de los españoles contra Venecia’ de 1618, y armador de la mayor flota corsaria que existió en su época en el Mediterráneo. El ‘Grande Osuna’, como le llamó, en un famoso soneto, su amigo y agente, Francisco de Quevedo, fue un personaje legendario aún en vida y, con el tiempo, pasó a ser uno de los más destacados ‘réprobos’ de la Leyenda Negra. Su biografía, sin las fantasías y caricaturas que la han venido ocultando, ayuda a entender mejor los sucesos del reinado de Felipe III, el gobierno de Lerma y el papel de la monarquía española en Europa a comienzos del XVII».

En suma, una obra interesante sobre un magnate nobiliario muy importante en la Historia de las Españas y de Europa, del que además porto ese apellido ducal, aunque uno solo posea la aristocracia cultural. ¡Obvia y necesaria obra! «Si fas endo plagas caelestium ascenderé cuiquam est mi soli caeli maxima porta patet».

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