La autora e investigadora madrileña afirmó, al comienzo de nuestra conversación que “hay muchísimas mujeres en la historia que han hecho cosas importantes y darlo a conocer enriquece nuestra visión histórica”. Según ella, las mujeres representan algo más del 50% de la humanidad y muchas han tenido un papel determinante en la historia. Sin embargo, señaló que “la profesión de historiadora en femenino es muy reciente, lo que ha influido en cómo se narra el pasado”. Hasta el siglo pasado, no había muchas mujeres en la Universidad y pocas en las aulas de Historia. María José ha subrayado que “el relato masculino se suele fijar en otras cosas y no siempre refleja las virtudes o acciones de las mujeres”. Ella considera que el resurgir que estamos viviendo “es positivo para entender mejor el pasado”. Ese es el papel que ha querido dar a la marquesa de Santa Cruz, protagonista de la novela, también ha mencionado figuras como la duquesa de Alba o la condesa duquesa de Benavente, quienes fueron parte de una sociedad ilustrada a finales del siglo XVIII. Estas mujeres, impulsadas por un halo de libertad, “hicieron cosas que hasta entonces eran absolutamente impensables”, rompiendo normas sociales. La autora también ha reflexionado sobre el significado de vivir sin permiso en el contexto del siglo XIX. Esta frase, presente en su novela en varias ocasiones, representa “un vivir de acuerdo a tu identidad”, donde cada decisión debe ser asumida con responsabilidad. La figura del marqués de Santa Cruz, su esposo, ejemplifica esta dinámica al aceptar la libertad personal de Mariana.
La diferencia de edad entre los protagonistas añade una capa compleja a la narrativa. Aunque hay casi 30 años de diferencia entre ellos, María José destaca que “los sentimientos no tienen nada que ver con la edad ni el género” lo cual plantea interrogantes sobre el amor y las relaciones personales. A pesar de tener rasgos de una novela romántica, la escritora puntualizó que “la novela es una novela de poder, donde los sentimientos están entrelazados con estrategias políticas e intrigas diplomáticas”. En este sentido, “el amor es un arma política”, lo que viene a complicar aún más las decisiones de los personajes. La trama de la novela incluye elementos de espionaje, reflejando cómo Madrid era un centro estratégico durante esa época. Luciano Bonaparte, uno de los personajes centrales, se encuentra rodeado por situaciones peligrosas mientras intenta consolidar su posición política. En todo momento, el hermano pequeño de Napoleón se siente vigilado por personajes embozados, muy típicos de la época. Investigación histórica detrás de la ficciónComo historiadora profesional, María José Rubio enfatiza la importancia de la investigación en su trabajo. Señala que “el 60 o 70% del trabajo es investigación en un archivo”, lo cual permite construir una narrativa coherente y fundamentada históricamente. Esto asegura que incluso los detalles más pequeños tengan un respaldo sólido. “Hay ocasiones en las que para poner en contexto un hecho o una conversación, me ha costado muchas horas de investigación y estudio”, apunta. A través de datos poco conocidos sobre Luciano Bonaparte y su tiempo en Madrid, la escritora busca ofrecer una perspectiva fresca sobre el arte y el coleccionismo durante esa época. Su interés por cómo el arte forja imágenes de poder, se manifiesta claramente a lo largo del relato. “La historia la hacen las personas”En cuanto a los personajes, sostiene que son fundamentales para cualquier novela: “la historia la hacen las personas”. En su obra, no hay héroes ni villanos; todos los personajes presentan sus propias luchas internas y morales. Esta estructura coral permite al lector juzgar las acciones desde diferentes perspectivas. A través del desarrollo profundo de figuras como Mariana y Luciano Bonaparte, así como otros secundarios relevantes como Godoy, el Príncipe de la Paz, la escritora crea una narrativa rica en matices emocionales y políticos. El entorno madrileño también juega un papel crucial como un personaje más dentro del relato. Un Madrid ambivalente de arquitectura de Carlos III que se contrapone a las calles estrechas y recónditas de algunos barrios de la capital. La historia que narra María José Rubio, tuvo diferentes vicisitudes para ponerla en orden. “Contacté con el actual Maqués de Santa Cruz con la idea de entrar en sus archivos. En ese momento lo vi reticente, pero tuve la suerte de que, posteriormente, cedió toda su documentación al Archivo Histórico de la Nobleza en Toledo, situado en el Palacio de Tavera, antiguo Hospital”, relata con pasión investigadora. De hecho, cuando llegó al Archivo Histórico de la Nobleza todavía ni siquiera estaba catalogado el archivo de la Casa de Santa Cruz. “Me dijeron, mira, has tenido suerte porque hemos llegado hasta el siglo XIX, o sea, el personaje ya tenía todos los documentos catalogados”, cuenta con una sonrisa en los labios y añade, “es un archivo magnífico, que visita poquísima gente. Yo cuando fui, estaba completamente sola”. “La marquesa y Napoleón” combina amor, política, arte y geoestrategia. “La novela se basa en esas cosas, en el poder, en el arte y en el amor”, los tres pilares que entrelazan la narrativa. Todo está “absolutamente entrelazado entre los personajes principales”, dice con rotundidad. La autora ha enfatizado su interés en la parte política de la historia, afirmando que “quería hacer una novela seria” que pudiera atraer a un público masculino interesado en figuras como Napoleón. Este personaje es descrito como “la sombra de la novela”, ya que no aparece en ningún momento, y es quien intenta convertir España en un súbdito de Francia. “La parte política me interesaba muchísimo”, puntualiza, subrayando su deseo de que la narrativa sea accesible incluso para quienes no conocen bien la historia napoleónica. La escritora ha buscado un equilibrio perfecto entre los elementos políticos, humanos y artísticos de su obra.
Al reflexionar sobre el final de su novela, la autora ha expresado su emoción por los personajes. “Siento mucha emoción por ellos”, ha comentado sobre las historias épicas que presenta. Sin embargo, también ha señalado que muchas de estas historias no culminan con las victorias esperadas. Un ejemplo es el destino de la Marquesa de Santa Cruz, quien muere sola en un pequeño pueblo de Italia. La escritora ha mencionado haber leído documentos históricos sobre su muerte, lo que le impactó profundamente y le llevó a transmitir un mensaje sobre la importancia de vivir intensamente y dejar un legado. Además, destacó cómo Luciano Bonaparte, protagonista principal de la novela, fue despreciado por Napoleón tras desobedecerle en España. Su historia refleja las consecuencias políticas y personales dentro del contexto histórico. “Se enriqueció gracias a la incautación de obras de arte españolas y a los pagos que recibió de Carlos IV”, apuntilla. A pesar de que el lector puede conocer el desenlace histórico, la autora se pregunta cómo mantener el interés en la narración. “Es un misterio”, declara. Ella busca sumergir al lector en una experiencia donde se olvide del contexto histórico y se fije más en los protagonistas de la trama. “Es magia”, ha resumido sobre el proceso creativo donde los personajes cobran vida propia. Esta conexión profunda con sus personajes permite que surjan diálogos e interacciones inesperadas durante el desarrollo narrativo. Para concluir sus reflexiones sobre sus obras, la autora ha revelado su entusiasmo por incluir a Goya como personaje secundario en su novela. Ha expresado, respeto hacia este artista icónico, qué aportaría Goya a las conversaciones dentro de la trama sin caer en clichés. “Hacer hablar a Goya me resultó especialmente emocionante”, asevera, ya que busca mostrarlo con profundidad y respeto dentro del contexto histórico y narrativo de su obra. Para ella, este personaje representa una adición valiosa a las dinámicas presentes en su novela. Puedes comprar el libro en:
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