El segundo testimonio revela que «en la ziudad de Arxel en 19 días del mes y año dichos por ante mí el presente escriuano los dichos padres rescataron al doctor Juan Blanco de Paez hixo de Joan Blanco de Paez y de Juana Gimez, vezinos de la villa de Montemolín en el Maestrazgo de Santiago, de edad de çinquenta y cuatro años, oxicargo con dos dientes menos de la parte de arriba, cauptiuo ena nave gruesa biniendo de Roma para España a 7 de agosto de 1577, en poder de Azam Baxa capitán de la mar, costó su rescate mil escudos de oro de a quatroçientos maravedís que valen quatroçientos mil maravedís de España tubo de adjutorio el suso dicho que dio para ayuda de su rescate duçientas y sesenta y nueve mil y duçientas y diez maravedís y duçientas doblas//».
El tercer documento pone de relieve que «el 20 de henero los padres dieron y pagaron al Rey de Arxel y Alami y oficiales 415 doblas por la puerta de 83 cauptiuos christianos que son los que de fuerça dellos deben 5 doblas por cabeça, que los demás son francos por ser cauptiuos del Rey y sus oficiales y otros personaxes que no se les paga este derecho al tiempo del pasar la puerta para embarcarse para España balen las dichas doblas 39.529 marabedís de España».
El próximo dato pone de manifiesto que «los dichos padres dieron y pagaron al Cay de la Puerta 112 reales de Arxel, que balen 1.710 maravedís de España, los quales se le pagaron por otros cauptiuos que se enbarcaron de sus derechos que tenían un real de cada cauptiuo…
Los padres pagaron al guardián Baxi del baño del Rey 21 escudos de oro de a 400 maravedís, que le venían de derecho de otros cauptiuos que el rey nos dio por fuerça que valen 8.400 maravedís de España. Dieron y pafaron al capitán Baxi del capitán Morato arraez y del capitán Anaut Mamí y al de la corte de los xenícaros y del capitán Alí Mamí 7 escudos de oro por el derecho de otros tantos cauptiuos que se les rescataron del poder de sus patrones como se acostumbra a pagar, que valen 2.800 maravedís. Dieron y pagaron al Alamí y escriuano maior y al Haga de la mar y Chauzes que vinieron hazer la cerca del baxel para la embarcación como se acostumbra 33 doblas, que valen 3.143 maravedís de España».
El último dato pone de manifiesto que «ese mismo día, embarcaron los cauptiuos rescatados en la saxetía nombrada Sancta María de la Serena de la qual es patrón Simón francés y es la que los dichos padres fletaron en la ziudad de Valenzia la qual lista es conforme a la ynstruiçión que se les manda que los cauptiuos rescatados como se fueren embarcando se habían asentado por sus nombres los cuales se embarcaron a las 11 horas del día según parecía por el sol… Padres comisarios y de mí el presente escriuano a las/ dichas once horas del mediodía del dicho día y se echaron/ las belas de la dicha saxetía haçiéndose alargo del dicho/ puerto despidiéndose de la justiçia y ofiçiales/ del Rey que vinieron a la dicha embarcación como es/ costumbre y en fee de ello lo firmamos de nuestros/ nombres / Fray Antón de la Bella (Rúbrica). Ante mi Christóbal Gómez / escriuano». (Fol. 82v.-fol. 86 r.).
En verdad, es de capital importancia seguir descubriendo la documentación sobre el perverso sacerdote Juan Blanco de Paz, una horrible persona, enemigo del brillante prisionero argelino Miguel y de los 60 esclavos-, la gente más florida de Argel-, que el ejemplar soldado Miguel, de los invencibles Tercios Viejos españoles, quiso rescatar de Argel, una grande, continua y cruel carnicería de los pobres cristianos.
Sin saber cómo ni cuándo el secreto de Miguel llegó al renegado florentín, llamado Caybán, quien apoyado por el cautivo Juan Blanco de Paz,-enemigo declarado por Cervantes,- de padres judeo-moriscos de Extremadura, lo cantó de plano al rey Hasán, quien, sin ninguna demora, hizo pregonar que buscaba a Cervantes y que castigaría a quien lo escondiera, según Rodrigo de Chaves, el 11 de octubre de 1580.
Como castigo por la cuarta fuga, proyectada en mayo de 1580, Hasan Bajá ordenó ponerle a Cervantes «un cordón a la garganta y atar las manos atrás, como le querían ahorcar», a pesar de lo cual, el héroe de Lepanto «no delató a nadie. Y así, le mandó meter en la cárcel de los moros, que estaba en su mismo palacio, y mandó con gran rigor le tuviesen a buen recaudo. En la cual cárcel le tuvo cinco meses con cadenas y grillos, donde pasó muchos trabajos, con intención de llevarle a Constantinopla, donde so allá le llevaran, no podría tener jamás libertad» (K. Sliwa, Documentos…, 81).
Sostengo que los siguientes textos cervantinos se relacionan con las riñas entre Maltrapillo y el rey Hasán Bajá, por no haber ejecutado la sentencia contra Cervantes, o sea, «tres veces por tierra ha huido este perro, y treinta doblas di a aquellos que le han traído» (M. de Cervantes Saavedra, Los baños de Argel), y «¡no sé qué raza es esta de estos perros cautivos españoles! ¿Quién se huye? Español. ¿Quién no cura de los hierros? Español. ¿Quién comete otros mil yerros? Español» (M. de Cervantes Saavedra, El Trato de Argel).
Pese a ello, estuvo en boca de todos que Blanco de Paz nunca rezó las oraciones canónicas; se le tenía por hombre murmurador, maldiciente, soberbio y de malas intenciones y que riñó con dos sacerdotes en el baño del rey de Argel. A uno le dio de coces y al otro un bofetón a pesar de que Miguel escribió que «de los eclesiásticos se debía esperar antes buenos consejos que infames vituperios, las reprensiones santas y bien intencionadas, otras circunstancias requieren y otros puntos piden» (El Quijote, II-XXXII).
De igual modo, el traidor Juan dijo al capitán sardo Domingo Lopino, cautivo, así: «yo le prometo -le dijo-que quien a mí me picare e hiciere mal, como dicen me han de hacer, que le tengo de dañar y perjudicar en cuanto pudiere, aunque sea contra mi padre porque aquí en Argel hallaré testigos por cada paso» (K . Sliwa, Documentos…, 90-94).
Afirmo que la envidia de fray Juan le causó «decir algunas cosas viciosas y feas contra dicho Miguel de Cervantes» (K. Sliwa, Documentos…, 104-107), las que no solo fueron rechazadas categóricamente por 5 religiosos de mayor prestigio, tales como el fray Antón de la Bella, Ministro del monasterio de la Santísima Trinidad de Baeza, el reverendo padre Juan Gil, procurador general de la Orden de la Santísima Trinidad de Redención de Cautivos en Madrid y redentor de España y de la Corona de Castilla, el fray Jorge de Olivar, comendador de la casa de Nuestra Señora, de Valencia, redentores de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, redención de Cautivos de la Corona de Aragón, el notario apostólico Pedro de Ribera, estante en Argel, y el doctor Antonio de Sosa, benedictino cordubense, sino también denegadas por los 13 testigos, incluso todos los cautivos de Argel y el fray Feliciano Enríquez, fraile profeso de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, de Yepes, de Toledo, se carcomían de envidia conforme al padre Feliciano, quien declaró sin nadar entre dos aguas que «se pondrá a que lo quemen vivo si todo lo que se habló contra el dicho Miguel de Serbantes, era todo grande mentira, porque cierto y verdaderamente todos los cautivos de Argel le somos aficionados al dicho Miguel de Serbantes que antes nos dá envidia de su hidalgo proceder, cristiano, y honesto y virtuoso» (K. Sliwa, Documentos…, 104-107).
Sorprende que los detractores científicos de Cervantes hayan pasado en silencio esta frase de vital importancia sobre el carácter del héroe de Argel. ¿Por qué no guardan memoria de ella, incluso los testimonios de los 5 religiosos de mayor prestigio? ¿Por qué esta frase no fue mencionada en la película «El Cautivo», dirigida por Alejandro Amenábar, y sus consejeros del cervantismo científico?
Cabe destacar que sabemos con seguridad que en 1594 Cervantes fue a Baza con la Real Provisión para cobrar ciertos atrasos de tercias y alcabalas porque el 9 de septiembre de 1594 exhibió allí la mencionada cédula, tomó cuentas a los tesoreros, los ejecutó y cobró su salario de seis días. De veras, no se sabe si esos días no se tropezaron los dos excautivos, y hago hincapié en que hasta la fecha es desconocido el motivo de la enemistad entre Miguel y Juan.
Antes de terminar, me opongo con firmeza contra dos fantasías absurdas de algunos cervantistas «científicos» que le atribuyen a Juan Blanco de Paz la autoría del «Quijote apócrifo», de Alfonso Fernández de Avellaneda, y publican en sus biografías “documentadas” la idea de la homosexualidad de Miguel de Cervantes. No existe ni un documento jurídico que apoye una de estas ideas descabelladas. ¡Qué vergüenza!
El excelente biógrafo irlandés Donald P. McCrory resume la conducta de Juan así: «For reasons unknown, his jealousy of Cervantes was obsessive. Whereas Blanco de Paz was shunned, ignored, or actively despised, Cervantes was respected, liked and his leadership applauded» (D . P. McCrory, No Ordinary Man, p. 91).
En resumidas cuentas, le felicito al meritorio biógrafo cervantino Alfonso Dávila Oliveda por el hallazgo de las 5 joyas documentales históricas que sin duda deberían ser difundidas para rectificar así los grandes desaciertos en las enciclopedias, libros de enseñanza y revistas electrónicas. ¡Enhorabuena!
Miguel de Cervantes Saavedra, heroico por Tierra y por Mar, es un diamante y su brillantez todavía no ha sido descubierta.
«Laus in Excelsis Deo»,
Krzysztof Sliwa
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