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Mireia Yévenes
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Mireia Yévenes (Foto: Edu Bayer)

Entrevista a Mireia Yévenes: "Todas las personas actuamos a menudo desde nuestras heridas, sin consciencia"

Autora de "Sugarkiller"
viernes 22 de mayo de 2026, 08:07h

Nacida en Barcelona en 1993, Mireia Yévenes se graduó en Educación Primaria y más tarde se especializó en Educación Sexual. Además, completó su formación en Bellas Artes, donde comenzó a explorar el concepto de intimidad a través de su práctica artística desde una perspectiva feminista. En la actualidad, realiza talleres de sexualidad con Magranes Cooperativa y también dedica tiempo a escribir, crear performances y leer extensamente. Acaba de publicar "Sugarkiller" en Contraluz.

Sugarkiller
Sugarkiller

Macarena, la protagonista de "Sugarkiller", cuenta con 27 años y lleva una vida dual que solo ella parece comprender. Durante el día, se presenta como una estudiante de Bellas Artes tímida. Sin embargo, al caer la noche, se convierte en sugar baby de hombres mayores y ricos, ocultando su verdadera identidad bajo diferentes nombres para cada uno de ellos. Aprovechando el deseo que genera en sus víctimas, los narcotiza y les roba lo más preciado que poseen.

Entre el arte y el crimen, la vida de Macarena se desarrolla sin grandes alteraciones hasta que un hombre perturbador irrumpe en su existencia. Este individuo es un policía que ha estado vigilando sus movimientos durante un tiempo y trae consigo una oferta: dos jóvenes escorts fueron vistas por última vez en la mansión de Johannes Klaus, un inversor en empresas tecnológicas establecido en Sitges. Para evitar la prisión, Macarena tendrá que seducir al adinerado millonario, logrando que él se convierta en su sugar daddy.

Sugar daddies, sugar dating, Stalker, sugar babies, voyeur, summit, influencers, networking, Get Ready With Me, lemon pie, boomer, airpods, fashion victim, stories, vernissage… ¿a qué público dirige su libro?

Como siempre digo, escribo para mí, escribo libros que a mí me gustaría leer, por lo tanto, el público objetivo siempre será una mujer de mi edad. La sorpresa es cuando este libro llega a todo tipo de públicos y su respuesta es… sorprendente.

Es su primera novela, ¿cómo surge una historia así y cómo se ha documentado? ¿Macarena tiene que ver con alguien que conozca?

Cuando estaba terminando la carrera de Bellas Artes, empecé a recibir mensajes por redes sociales de sugar daddies ofreciéndome mucho dinero. Al principio me dio mucho asco y borré el primer mensaje. A ver que la dinámica se repetía, decidí coleccionar los mensajes, investigar sobre ello y convertirlo en arte, en una performance. Más allá de eso, después de esa gran investigación, pudiendo entrevistar sugar babies reales, me pareció un tema demasiado importante como para dejarlo debajo de la alfombra. Y, por si fuera poco, no había ningún libro de ficción que hablara de ello. ¿Cómo no convertirlo en thriller? Me lo pidió la misma historia.

¿Le parece que se puede empatizar con una mujer que se presenta como víctima cuando se dedica a estafar y engañar?

Creo que si el lector o la lectora le da una oportunidad a Macarena y se decide a descubrir quién es y el motivo de sus venganzas, no solo empatizará con ella, sino que, además, se enamorará de ella. Es una mujer de armas tomar.

Odia a los hombres, de los que vive, y los califica como viejos depredadores -con 60 años-… por los que siente rabia y asco. ¿Es una manera de tranquilizar su conciencia? ¿O no conoce el sentimiento de culpa por su propia herida?

El propio viaje de la protagonista y todo lo que experimentará le llevará a plantearse si su manera de relacionarse con ellos merece la pena ser perpetuada o no. ¿Hasta qué punto merece la pena luchar tanto por tener todo el poder?

Jovencita en apuros… que maneja y se aprovecha de lo que genera en los hombres: prisa, ansia, necesidad de posesión… ¿en qué se diferencia de una mujer sin escrúpulos?

No me gusta la expresión “mujer sin escrúpulos”, para mi gusto tiene una connotación machista. En tal caso, creo que todas las personas actuamos a menudo desde nuestras heridas, sin consciencia y, a veces, cualquiera puede parecer que actúe “sin escrúpulos”. Cuando hablamos de Macarena, nuestra protagonista, es una mujer que se venga por su pasado, una justiciera, aunque eso, en el fondo le cause más dolor todavía. Será necesario su crecimiento, como invito a que hagamos todos al vernos reflejados en ella, para decidir cuándo es momento de soltar el pasado y, por lo tanto, nuestra manera de actuar.

¿El pasado justifica los actos que se cometen en el presente?

No los justifica, aunque a menudo, si no aprendemos a soltarlos, pueden dominar nuestras acciones presentes, por mucho que carezcan de sentido.

El deseo de infligir daño a otra persona no restaura el equilibrio emocional de la protagonista por el daño sufrido. ¿A qué conduce la venganza cuando admite que son hombres con su masculinidad herida?

Conduce a una falta de sentido de su propia venganza, a replantearse si su modus operandi sirve de algo y por lo tanto a quién sería ella si no usara su tiempo en ello. Creo que es una pregunta que nos podríamos lanzar entre nosotros. ¿Quién soy cuando nadie mi mira? ¿Qué soy cuando suelto la historia que me cuento?

Todos tenemos nuestras vulnerabilidades y aceptarlas y compartirlas nos ayuda a crear conexiones más reales y empáticas

¿Se puede sentir vulnerable una mujer que juega y arriesga tanto, incluyendo su seguridad?

Ni el malo es tan malo, ni el bueno es tan bueno. Ese es uno de los muchos mensajes que me gustaría que se llevara cualquier persona que leyera Sugarkiller. ¿Por qué enfatizo esto? Porque todos tenemos nuestras vulnerabilidades y aceptarlas y compartirlas nos ayuda a crear conexiones más reales y empáticas. Y Macarena, por mucho que cree personajes tan arriesgados, es un saco de inseguridades que intenta disimular y acallar, aunque no sirva de mucho.

¿Se puede normalizar un trauma? ¿Qué pasa cuando un olor te conecta al pasado?

Esta pregunta te la respondería mucho mejor un/a psicólogo/a que yo, pero algo que sí he podido comprobar con mi propia experiencia es la cantidad de recuerdos que quedan en nuestro subconsciente “mal archivados” de nuestra infancia. Se conoce que hay tres maneras de reaccionar ante el peligro/dolor: evitándolo (bloqueándonos o haciéndonos el muerto), huyendo (poniendo mucha distancia) o confrontándolo (a menudo con un ataque). Cuando un trauma no ha sido bien archivado y el mecanismo de defensa aprendido o ejecutado ha sido la evitación o el bloqueo, con el tiempo, el cuerpo es capaz de somatizar todo trauma que no se ha sanado e integrado, especialmente con algunos gestos, olores, texturas, colores, etc. que nuestra mente subconsciente todavía retiene. La buena noticia es que funciona igual de bien con las experiencias positivas, que en EMDR se pueden usar como anclajes a un lugar seguro y, por lo tanto, nos puede ayudar a sanarlo.

¿Es fácil acostumbrarse al lujo -que no es tan malo- cuando lo pagan otros sin remordimientos?

Supongo que sí, que si entendemos el cerebro como un órgano que sistematiza funciones (para ahorrar energía) y por lo tanto crea ciertas rutinas, hábitos, vicios, etc. es fácil acostumbrarse a un modus operandi y que hasta que algo no nos incomode de verdad no lleguemos a replantearnos si realmente nos compensa.

Usted es especialista en Educación Sexual y Graduada en Bellas Artes. ¿Se siente más cómoda escribiendo de lo que sabe y le apasiona?

En el caso de Sugarkiller he combinado el mundo del arte, que me apasiona, con una realidad que llegó a mí sin buscarla. Creo que la literatura es un arte increíble para crear espacios de reflexión, observación y nuevos personajes como referentes nuevos, incómodos y distintos. El ser humano aprende por imitación y —bien lejos de invitar a nadie a que imite a Macarena en su trabajo y venganza— creo que se puede aprender mucho de las reflexiones y aprendizajes que esta aventura le proporciona. Ver a un personaje que te despierta emociones —las que sea— replantearse sus valores, puede ser una muy buena invitación, desde “fuera” a preguntarnos dónde nos posicionamos nosotros y si hay algo o no que deseemos reformular.

La sociedad actual está expuesta a la hipervigilancia, ¿no es un error exponernos más aún con la necesidad que tienen muchos jóvenes de compartir su vida minuto a minuto en las redes?

En mi opinión, sí. El neoliberalismo sexual en el que vivimos nos invita a usar nuestra propia intimidad, cuerpo, privacidad e incluso sexualidad como algo mercantilizable y es importante pensar en las consecuencias que puede tener esto en un futuro. Sin embargo, creo que como adultos debemos cambiar la mirada, dejar de apuntar a los jóvenes y preguntarnos qué podemos hacer nosotros para ofrecerles un mundo mejor y más justo. ¿Quizás retirar los teléfonos móviles y redes hasta la mayoría de edad? ¿Luchar para que dejen de existir plataformas que perpetúen las nuevas prostituciones y la vulnerabilidad de nuestros jóvenes? ¿Dejar de juzgarlos y acercarnos a ellos mediante una mirada más amable y tierna para poder abrir con ellos espacios de reflexión y pensamiento crítico? Al fin y al cabo, de esto va la educación sexual.

La sexualidad sigue siendo moneda de cambio, ¿también en el caso de las sugar babies que cobran por ello y lo buscan? ¿Utilizan su cuerpo conscientemente para servir al patriarcado?

Como decía antes, el neoliberalismo sexual nos invita a “ser libres y hacer con nuestro cuerpo lo que queramos”, como un falso discurso de liberalismo, pero al que, si no le ponemos atención, en el fondo sigue proponiéndonos que nos pongamos al servicio con nuestro cuerpo. La libertad ha adoptado nuevos discursos, nuevas formas, pero sigue formando parte del paraguas del patriarcado. Una buena pregunta para hacernos sería: ¿soy más libre por el hecho de exhibir mi intimidad y privacidad a cambio de un dinero que el propio sistema capitalista impone como necesario para vivir?

La pasión por el peligro y los juegos de poder atraen a la protagonista y casi cae en el Síndrome de Estocolmo, ¿le resulta interesante bucear en la complejidad del comportamiento humano?

El comportamiento humano me parece fascinante, quizá debería haber estudiado psicología. Supongo que por eso me parece muy divertido navegar en este mar mediante un thriller psicológico, donde quiero posicionar al lector en la incomodidad al ver que todos los personajes, como nosotros en la vida misma, tenemos nuestros matices y colores.

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