Medida del tiempo y el cambio estilístico de Josefina de la Torre viernes 21 de agosto de 2026, 20:58h
Actualizado el: 23/08/2026 21:07h
Para situar en el contexto personal de Josefina de la Torre el poema “Mis amigos de entonces”, es necesario rastrear sus lugares de residencia y tiempo de permanencia en ellos. La polifacética Josefina de la Torre abandonó Las Palmas de Gran Canaria (en donde había nacido en 1907) a los 17 años, y se trasladó a la Península en compañía de su hermano Claudio. que había obtenido el Premio Nacional de Literatura. Este primer viaje a Madrid lo realiza en 1924, con la intención de conectar con el ambiente vanguardista y completar sus estudios artísticos, y pronto empezó a relacionarse con “las sinsombrero” y otros miembros de la Generación del 27. En el año 1927 la revista malagueña Litoral, que dirigen Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, publica su primer libro, Versos y estampas, con prologo de Pedro Salinas. Tras esta obra surgen Poemas de la isla (1930) y Marzo incompleto (1933). Regresó a Canarias durante la Guerra Civil, y a su término vuelve Madrid, donde desarrollará una intensa carrera en el teatro, la radio y el cine hasta su fallecimiento en 2002.
Medida del tiempo es el cuarto y último poemario de Josefina de la Torre, escrito a lo largo de más de cuatro décadas, y que permaneció inédito hasta que en 1989 Lázaro Santana lo publica dentro del volumen recopilatorio Poemas de la isla. Y precisamente “Mis amigos de entonces” -en referencia a sus antiguos compañeros de la Generación del 27- es el poema de apertura de la obra. Los traumas de la Guerra Civil y el posterior olvido de que fue objeto suponen una renovación temática y estilística. La conciencia del paso implacable del tiempo se convierte en el leitmotiv de sus versos: la decadencia física que la pérdida de la juventud trae aparejada; la soledad que se va viendo acrecentada con el sucederse de las décadas; la desaparición de familiares y seres queridos; la mirada introspectiva con la que, ante la cercanía de la muerte sentida, se hace, con la mayor honestidad, un balance final de la trayectoria vital con el recuerdo de todo tipo de vivencias, convertido en fuente de melancolía… Y necesariamente se produce un cambio de estilo. Se ha producido una depuración formal del lenguaje: abandonados los ingeniosos juegos vanguardistas, la expresión se vuelve más directa, despojada de retórica superflua. Del neopopularismo vitalista que tenía como mentores a Pedro Salinas y a Rafael Alberti y Federico García Lorca, se ha pasado a un intimismo existencial. La poetisa ya no canta le luz del paisaje insular (Pedro Salinas la había apodado “muchacha-isla), sino el inexorable paso del tiempo en su persona que la lleva a una dolorosa y reflexiva revisión autobiográfica, que podría resumirse con los versos manriqueños “todo se torna graveza / cuando llega al arraval / de senetud”. Y ahora sí, entremos en el poema “Mis amigos de entonces”.
Recitación de César Gómez, con música de Chris Hauge: https://www.youtube.com/watch?v=wUXSyspomXM
UNED Documentos (1 de abril de 2013). Rincón literario: Homenaje a las mujeres de la Generación del 27: Josefina de la Torre. Reportaje biográfico, entrevista a Josefina de la Torre y lectura de dos estrofas de uno de sus poemas. “Compañero del alma, compañero”, título basado en un verso de Miguel Hernández y dedicado a su marido Ramón Corroto. Lectura de un soneto de Rafael Alberti dedicado a esta poetisa de la Generación del 27. https://www.youtube.com/watch?v=TaDO1bA7e3I
Mis amigos de entonces
Mis amigos de entonces, aquellos que leíais mis versos y escuchabais mi música: Luis, Jorge, Rafael, Manuel, Gustavo… 5 ¡y tantos otros ya perdidos! Enrique, Pedro, Juan, Emilio, Federico… ¿por qué este hueco entre las dos mitades? Vosotros ayudasteis 10 a la blandura del que fue mi nido. Yo me formé al calor que con vuestras palabras me envolvía. me hicisteis importante. Con vuestro ejemplo, 15 me inventé una ambición y tuve vuelos, insospechados de gaviota. Gaviota, sí, porque fue el mar mi espejo 20 y reflejó mi infancia, mis septiembres… ¡Amigos que de mí hicisteis nombre! A la mitad vertiente de mi vida hoy os llamo. ¡Tendedme vuestras manos! 25 Yo me sentí nacer, para luego rozar de los cimientos la certera caricia. Pero de pronto, un día me cubrió lo indefinible, 30 algo sin cuerpo, sin olor, sin música… y me sentí empujada, cubierta de ceniza, borrada con olvido. ¿Dónde estabais vosotros, compañeros, 35 vuestras letras de molde, vuestro ingenio, vuestra defensa contra el desconocido ataque? ¡Oh, amigos! Enrique, Pedro, Juan, 40 Emilio, Federico… nombre que no responderán mi voz. Manuel, Gustavo, lejos… Luis, Jorge, Rafael… 45 Que aunque el afán vientos nos dé para encontrarnos, ignoro en qué ciudad y si llegará el día en que vuelva a sentirme descubierta. 50
Josefina de la Torre: Medida del tiempo. En Pomas de la isla. Recopilatorio publicado en1989 por la Biblioteca Básica Canaria (Gobierno de Canarias)
Este largo poema -50 versos- responde a una vivencia personal e íntima de reencuentro y reproche afectivo con su propio grupo generacional: los poetas del 27. El poema es heterométrico en cuanto al número de sílabas de lo versos, si bien predomina el endecasílabo (versos 2, 9, 11, 14, 18, 21, 22, 23, 37, 30, 31, 35, 36, 42 y 50; los versos 5, 15, 19, 29, 37, 43 y 46 son pentasílabos; los versos 6, 38 y 49, eneasílabos; los veros 17 y 39, trisílabos; el verso 24, tetrasílabo; y el verso 44, bisílabo. Esta distribución de versos le da una gran movilidad al poema, lo cual es fundamental, ya que se trata de versos blancos y, por tanto, carentes de rima. En los versos 1 a 8, la poetisa presenta a sus amigos “de entonces”, -un tiempo ya pasado- poetas y escritores de la Generación del 27 con quienes mantuvo una estrecha relación de amistad en Madrid; y al hacerlo solo con sus nombre de pila, requieren una identificación: Luis (Cernuda o Buñuel), Jorge Guillén, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Gustavo Durán [músico y compositor, algunas de cuyas canciones interpretó Josefina der la Torre], Enrique Díez-Canedo [poeta y crítico literario, miembro de la RAE, figura central de la vida cultural en el Madrid de antes de la guerra. Murió exiliado en México, en 1944], Pedro Salinas, Juan (José Domenchina. o Juan Ramón Jiménez, o Juan Chabás), Emilio Prados, Federico García Lorca. La interrogación retórica del verso 9 (“¿por qué este hueco entre las dos mitades?”), en el que parece que cada palabra ha sido cuidadosamente seleccionada, es clave para entender el contexto del poema. La poetisa alude a una brecha temporal -y existencial- que separa una alegre juventud, junto a los poetas del 27, y el trauma de la Guerra Civil, que supuso para algunos de ellos la muerte o el exilio. Pero el “hueco” no es solo el símbolo que separa la España republicana de la de posguerra; es, también, el del distanciamiento y del olvido: Josefina de la Torre quedó marginada del “canon oficial” de aquellos poetas que fueron sus maestros, y su figura poética relegada a un inexplicable silencio. Del verso 10 al 21 (“Vosotros ayudasteis… y reflejó mi infancia, mis septiembres”) la poetisa muestra su agradecimiento a aquellos amigos y maestros que le ayudaron a profundizar en su vocación poética y en su crecimiento personal. El lenguaje metafórico al que recurre está cargado de afectividad: “la blandura del que fue mi nido” (verso 11, símbolo de la protección que la poetisa recibió en sus años jóvenes); “Yo formé al calor / que con vuestra palabras me envolvía” (versos 12-13, continuación y remate de la imagen anterior); “Me hicisteis importante" (verso 14, colaboración en el desarrollo de la autoestima); “Con vuestro ejemplo” (verso 15: expresión del valor educativo del ejemplo en la propia formación). En los versos 16-19, la poetisa recurre a la metáfora de la gaviota para expresar el anhelo de superación, los sueños más elevados en busca de la libertad de creación poética; y la poetisa convierte el mar isleño que la vio nacer en el reflejo de su identidad personal que madura con el paso del tiempo: “porque fue el mar mi espejo / y reflejó mi infancia, mis septiembres…” (versos 20-21; los puntos suspensivos tienen importancia, porque ayudan a crear un clima de nostalgia que hace más cercanos los recuerdos). Llegados a este momento del poema, la poetisa invoca y convoca a sus antiguos compañeros para que se hagan presentes -algunos de ellos ya no lo podrán hacer, aun cuando se les incluya en la llamada-: “¡Amigos que de mí hicisteis nombre! / A la mitad vertiente de mi vida / hoy os llamo” (versos 22-24). El largo vocativo del verso 22 ya denota la urgencia emocional de la llamada. La “mitad vertiente de mi vida” (verso 23) es la forma metafórica de expresar un punto de inflexión en la existencia, alcanzada ya una madurez, pero a partir del cual comienza el declive, que se visualiza como un rápido descenso por la ladera de una montaña. La irrupción del verso 25, con el imperativo situado al comienzo y la entonación exclamativa (“Tendedme vuestras manos”) es la patente manifestación de la necesidad que Josefina de la Torre tiene de un reencuentro con quienes se sintió poética y humanamente valorada. Porque vivía momentos de plenitud creadora, gracias al apoyo -también afectivo- que le proporcionaban sus compañeros de generación poética (versos 26-28: “Yo me sentí nacer, / para luego rozar de los cimientos / la certera caricia”). En esa “certera caricia” se condensa metafóricamente el entrañable calor humano con que fue acogida. Sin embargo, a partir del verso 29 (“Pero de pronto”), el poema da un giro radical, que ya anticipa la conjunción adversativa “Pero”. La poetisa, despojada ya de la seguridad que le daban sus compañeros, y en ausencia de estos, ha caído en el olvido, lo que expresa en unos versos (30-34) cargados de dramatismo, mediante sobrecogedoras imágenes: “un día me cubrió lo indefinible, / algo sin cuerpo, sin olor, sin música…” (versos 30-31). Los atributos vitales han desaparecido física y espiritualmente, y algo intangible -la angustia ante el vacío existencial- ha hecho acto de presencia socavando la propia identidad. La poetisa experimenta un colapso interior que la anula como persona: “y me sentí empujada” (verso 32, es decir, arrastrada a una situación límite), “cubierta de ceniza” (verso 33, es decir, que ya no quedan ni los rescoldos de lo que fueron potentes llamaradas poéticas) y, en definitiva, “borrada con olvido” (verso 34, es decir, sabedora de que sus antiguos compañeros la han eliminado de la memoria y, por tanto, no tiene la oportunidad de ser recordada). La pregunta retórica de los versos 35-38 es una marga queja a unos compañeros que la han abandonado: “¿Dónde estabais vosotros, compañeros, / vuestras letras de molde, vuestro ingenio, / vuestra defensa / contra el desconocido ataque?”. La poetisa está decepcionada ante la ausencia de sus compañeros, recriminándoles su silencio en momentos de sufrimiento a los que ha conducido la Guerra Civil; e incluso llega a cuestionarse el valor de la poesía y de la inteligencia frente a la barbarie de la violencia, el refugio en la cultura como escudo de defensa moral. Y de nuevo la poetisa evoca los nombres de pila de algunos de aquellos compañeros (versos 40-45) a los que, sin embargo, sigue llamando “amigos” (verso 39), tal vez recurriendo a la ironía, desde su profunda soledad y desconfianza en la eficacia del arte, y que volvemos a identificar: Enrique: Díez-Canedo, Pedro Salinas, Juan (José Domenchina. o Juan Ramón Jiménez, o Juan Chabás), Emilio Prados, Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre, Gustavo Durán, Luis (Cernuda o Buñuel), Jorge Guillén, Rafael Alberti… No nombra, sin embargo, ni a la mujer de Juan Ramón Jiménez (Zenobia Camprubí), ni a la de Alberti (Maria Teresa León), ni a ninguna otra mujer (ni siquiera a Carmen Conde, o a Ernestina de Champourcín, con las que mantuvo una relación de amistad y afinidad literaria). Los versos de cierre del poema (46-50) no dejan de ser una irónica sonrisa ante un reencuentro imposible -sin importar ni el cuándo ni el dónde- con unos “amigos” que reivindicarían su figura y la colocarían en el lugar que merece en el parnaso literario: “Que aunque el afán / vientos nos dé para encontrarnos, / ignoro en qué ciudad / y si llegará el día / en que vuelva a sentirme descubierta”. Aun sí, no cabe duda de que estos versos evocan con nostalgia un pasado compartido y la tristeza de una separación irremediable.
Bibliografía. Isabel Novas Ocaña: Mis amigos de entonces y de ahora: Josefina de la Torre, la generación del 27 y el canon”. (Pormenorizado trabajo que pone de manifiesto cómo ha sido reivindicada en la actualidad la figura de Josefina de la Torre).
Para darnos una idea de la situación emocional de Josefina de la Torre, reproducimos del mismo libro (Medida del tiempo) el soneto al que da título el primer verso (y que nos traen a la memoria las palabas de Celestina a Meibea en el acto IV de la obra de Rojas: “Vendrá el día en que en el espejo no te reconozcas”, si bien Josefina de la Torre va micho más allá de la simple belleza física que, por cierto, no le faltaba): la frustración interior ante la muerte inevitable.
Cuando veo mi imagen reflejada
Cuando veo mi imagen refljada en la luna impasible del espejo,
Esta forma que late y se rebela,
que crece en mi interior, aún no saciada,
Una interesante comparación Miguel Hernández-Josefina de la Torre. Aunque en situaciones personales muy diferentes y finalidades bien distintas, también Miguel Hernández tiene un poema (“Llamo a los poetas) que ofrece algunas similitudes con el de Josefina de la Torre. Dejamos al lector que indague por su cuenta. Y para ello le ofrecemos el poema de Hernández comentado en el siguiente enlace: y en esta misma publicación digital: Puedes comprar su obra en:
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