Galardonada con el Premio Nacional de Danza y el Premio de Honor Godot 2025, Carmen Werner despliega en este escenario un programa doble que combina la delicadeza íntima y una arrolladora tensión teatral. A través del solo Entre maguas y el dúo Estos finales no me gustan nada, los creadores e intérpretes Raquel Jara y Alejandro Morata se sumergen en un universo donde la memoria y la ironía de las relaciones humanas se transforman en carne viva. El espectáculo abre una brecha en la sensibilidad del espectador a través de una atmósfera suspendida, donde el movimiento se convierte en el único lenguaje capaz de sanar las pérdidas. En la primera pieza, la quietud se rompe para dar paso a un cuerpo que lucha contra sus propios fantasmas, oscilando entre la melancolía de lo que se deja atrás y el impulso eléctrico de lo que está por venir. Es una danza que brota de la tierra, que huele a sal y a despedida, transformando el dolor en un bellísimo ritual de retorno a lo esencial, a esa geografía íntima de la que todos formamos parte. Los gestos se debaten entre la resistencia y la rendición, dibujando en el aire el peso de los años y la ligereza de la esperanza a golpe de respiración y latido. La atmósfera se tensa y se impregna de una sutil ironía con la llegada de Estos finales no me gustan nada. Este dúo se edifica sobre la máxima de la propia Carmen Werner: "En cualquier situación incómoda, lo importante es sobrevivir al momento". Los cuerpos de los bailarines se convierten en vehículos de la huida. Escapar, salir por la tangente (literal, según la sinopsis) y renunciar a las líneas rectas para convertirse en una partitura física impecable. Es aquí donde la poesía se hace movimiento corporal, viento de sudor y agua necesaria para el desierto de los vínculos afectivos. La coreografía brota como un aire de sentimientos y un surtidor de la emoción pura. Los bailarines siembran el espacio con sus trayectorias, actuando como un auténtico espantapájaros de malos augurios, entrelazándose entre amapolas y trigo imaginarios mientras se revuelcan los sentidos del público en los asientos. Cuando la pieza alcanza su apogeo, parece que la luna teje sus propios sueños sobre el escenario; se recuesta en la piedra y proyecta una sombra que da frescor a la platea. Es una fábula sin ridículo, un ejercicio de acero en la comunicación humana, una manzana del paraíso que tienta y una rosa con espinas que hiere con precisión. En este efímero oficio de la danza, Raquel Jara y Alejandro Morata logran un equilibrio absoluto, una geometría perfecta y un prodigio técnico donde todo se hace posible. Una cita imprescindible para testificar cómo el sello inconfundible de Carmen Werner sigue haciendo historia.
INFORMACIÓNESTOS FINALES NO ME GUSTAN NADA Coreografía: Carmen Werner Intérpretes: Raquel Jara y Alejandro Morata Sala Tarambana Noticias relacionadas+ 0 comentarios
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