El cuento de nunca acabar
El dinero no siempre compra el silencio, pero a menudo financia la función principal.
Habitar el refugio de los cuerpos impares
En el teatro existen lugares donde el lenguaje verbal se rinde para dejar que sea la piel la que dicte las verdades más crípticas y humanas.
Todo, siempre, nuestro, juntos
Cada vez que empiezo una reseña, una crónica nueva teatral, debo preparar el terreno. Por supuesto, acudo a ver la representación, no suelo tomar notas, aunque algunas veces sí, normalmente tampoco indago en la sinopsis, en el historial del grupo, dirección, texto, interpretación y, podríamos decir, voy a que me sorprendan. Después, ya indagaré, me documentaré, ahondaré en la temática, y analizaré, en general, toda la puesta en escena. Y, eso sí, esa misma noche, aunque sea impúdicamente tarde, escribiré esa reseña con el terreno bien preparado, quemado, despejado de malas hierbas, artigado, para procurar ser ecuánime, sincero, profundo, analista y, ¿por qué no?, emocional y poético.
Erradicar ciertas tradiciones
Es tan difícil, a veces, erradicar ciertas tradiciones… La tradición de las semanas santas, de las navidades, de la misa del gallo, del mes de agosto en la playa, del fútbol los domingos (bueno, esa sí, porque ahora hay fútbol de diario), la tradición de los encierros en Pamplona, la de las Fallas valencianas, la del aperitivo los domingos a mediodía, la del doblaje en las películas que no son españolas, la de la siesta (cuando se puede), y la del mito de don Juan, el 1 de noviembre.
Como una alegoría de la sociedad, la enseñanza es un compendio de frustraciones, de muchachos que se están abriendo a la vida, pero también de profesores que se acomodan al sistema o, por el contrario, que buscan nuevos métodos y alicientes para hacerle frente a la realidad, o quizás a los sueños, siempre a los corazones.
Desde toda la vida de mis padres y abuelos, este recuerdo de amargura, esta sinrazón de encarcelar sin sentido, esta niñez callada por los años de los años, en muchas ocasiones, con pesadillas a la nocturnidad de la luz, familias y vecinos presos, parejas separadas por decisión de quien tenía el mando, todo un esfuerzo por aparentar que, en aquel entonces, no pasaba nada.
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El último latido de la memoria
El teatro, cuando es verdadero, no es un mero escenario; es una herida abierta que sangra luz sobre la penumbra de la historia.
El movimiento como poesía y supervivencia
La Sala Tarambana de Carabanchel se convierte en el epicentro de la vanguardia coreográfica con la llegada de Provisional Danza, la mítica compañía liderada por la maestra bailarina Carmen Werner.
Nadie es perfecto
La perfección está en los sentimientos. Dependemos de muchas cosas, de muchos factores, de nacer en una familia acomodada, en una sociedad occidental, en una gran ciudad, en un arrabal, en el fin del mundo.
Un estigma que queda para siempre
Hay veces que hay que esperar casi toda una vida para encontrar nuestro sitio y, también, poner en el sitio adecuado a otros. Es necesario curar heridas o, al menos, mostrar las cicatrices sin complejos porque ya hemos superado aquellas etapas en las que, principalmente, otros nos hicieron sufrir. Superado es un eufemismo, porque ese estigma queda para siempre.
Como si el tiempo no pasara o se hubiera detenido. Como si el cerebro tuviera regresiones y la conciencia no nos dejara en paz, extenuados ante tanta política, ante tanto desmán, ante tanta inmundicia social.
El señor Scrooge es un renegón y, posiblemente, tenga úlcera de estómago. Y se despierta después de haber dormido mal porque no le gusta dormir bien, sería una traición a su espíritu despotricador. Tiene una tienda y un único empleado, demasiado bueno y demasiado pobre, el pobre.
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