Como indica el subtítulo estamos ante un retrato desconocido sobre los Doce Apóstoles del Hijo de Dios, Jesús de Nazaret. Y, obviamente, es una obra de Historia sobre los escogidos directamente por Jesucristo para que le siguiesen y predicasen su doctrina. Todos ellos, como es de rigor, aparecen con casi los mismos nombres en los Evangelios, y algunos son sumamente paradójicos e, históricamente, ejemplificadores. José María Zavala ha tratado de acercarlos a los lectores del siglo XXI, para que se pudiese comprobar que eran seres de carne y hueso. La obra está dividida en doce capítulos, cada uno dedicado a un Apóstol, al que, además, se le añade un calificativo esclarecedor. El libro demuestra una minuciosa riqueza investigatoria sobre los seguidores directos de Jesucristo, demostrando detalles sumamente fascinantes sobre los que acompañaron a Cristo en su ministerio. La forma de narrar es muy fluida, y de hecho nos muestra como de apasionantes fueron las vidas de aquellos doce hombres, mayoritariamente galileos. La narración es muy atractiva, ya que conecta hechos producidos en el Nuevo Testamento, sobre todo en los Evangelios, con situaciones que se producen habitualmente a los seres humanos de la actualidad. Este libro nos permite reflexionar sobre los tactismos habituales de los hombres y de las mujeres de La Tierra, y sobre todo nos ilustra sobre el rol transcendental que estos Doce varones apostólicos representaron en su época, y su indubitable repercusión actual. El primer capítulo se refiere a PEDRO, EL PRÍNCIPE DE LOS APÓSTOLES, y en el mismo se realiza un más que completo estudio sobre el que la tradición refiere que fue el primer obispo de Roma, y que sería crucificado cabeza abajo por respeto a la muerte de Cristo en la cruz, todo ello durante el imperio de Nerón. “Conocido también por Simón en el Nuevo Testamento, a Pedro se le cita de este modo setenta y cinco veces, nada menos. Simón es, en realidad, una adaptación griega de su nombre hebreo original Simeón, de vieja tradición bíblica, tal y como aparece dos veces consignado en los Hechos de los Apóstoles. Simeón es el nombre que Lía, una de las mujeres de Jacob, pone a su hijo, diciéndose al nacer el niño: ‘Dios me ha escuchado’, verbo que se escribe en hebreo shamah y del que se deriva esta etimología popular de Simeón. También Samuel o Shamuel tiene el mismo sentido de que Dios ha escuchado la plegaria de su madre Ana”. Siguiendo el aserto del papa Benedicto XVI se nos indica que debería gozar de un cierto nivel económico, en lo que no estoy de acuerdo, ya que no existe ningún dato evangélico que nos conduzca a ello, aunque se invoque que abandonara su trabajo para seguir a Cristo, pero todos lo hacen, y eso no demuestra que Felipe y Bartolomé, por ejemplo, que también siguieron a Jesús de Nazaret, tuviesen un cierto nivel de posibles monetarios. El análisis sí es posible aplicarlo a los hijos de Zebedeo y de María Salomé, donde se indica claramente que poseían trabajadores a sueldo, y además Juan pudo entrar, sin el más mínimo problema, en el atrio de la casa del Sumo Sacerdote Anás o José ben Caifás, porque era conocido del Sumo Sacerdote, lo cual demuestra algún tipo de relación comercial, si era capaz de acercarse a esa aristocracia saducea tan poderosa. Nacerá junto a su hermano Andrés en la pequeña aldea galilea de Betsaida. “Al día siguiente -consigna Juan en su evangelio-, otra vez hallándose Juan (el Bautista) con dos de sus discípulos, fijó la vista en Jesús, que pasaba, y dijo: ‘He aquí el Cordero de Dios’. Los dos discípulos, que le oyeron, siguieron a Jesús. Volvióse Jesús a ellos, viendo que le seguían, y les dijo: ‘¿Qué buscáis?’. Dijéronle ellos: ‘Rabí (que quiere decir Maestro), ¿dónde moras?’ Les dijo: ‘Venid y ved’. Fueron, pues, y vieron donde moraba y permanecieron con Él aquel día. Era como la hora décima. Era Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de los dos que oyeron a Juan y le siguieron. Encontró él luego a su hermano Simón y le dijo: ‘Hemos hallado al Mesías, que quiere decir el Cristo’. Le condujo a Jesús que, fijando en él la vista, dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro. (Jn 1, 35-42)”. ANDRÉS, EL DISCÍPULO SILENCIOSO, es el hermano pequeño de Simón Pedro, y el primero que se acerca a Cristo, por lo que la Iglesia ortodoxa bizantina lo sigue denominando como ‘El Protóclito’ o ‘el primer llamado’, y su carencia de soberbia se define al comprobar que pasa a un segundo plano sin la más mínima reticencia. Existe un texto definitorio sobre Andrés: “Señor, queremos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; Andrés y Felipe vinieron y se lo dijeron a Jesús. Jesús les contestó diciendo. ‘Es llegada la hora en que el Hijo del hombre será glorificado. En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor; si alguno me sirve, mi Padre le honrará. Ahora mi alma se siente turbada. ¿Y qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? ¡Mas para esto he venido yo a esta hora! Padre, glorifica tu nombre. Llegó entonces una voz del Cielo: Le glorifiqué y de nuevo le glorificaré. La muchedumbre que allí estaba y oyó, decía que había tronado; otros decían: Le habló un ángel. Jesús respondió y dijo: No por mí se ha dejado oír esta voz, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera y yo, si fuere levantado de la tierra, atraeré todos a mí. Esto lo decía indicando de que muerte había de morir. (Jn 12, 21-33)”. SANTIAGO EL MAYOR, HIJO DEL TRUENO, es el primogénito de Zebedeo y de María Salomé. ¡Ah, por cierto!, página-81: Alfonso III el Magno no es Rey de Asturias, sino Rey de León y de Oviedo, caput regni en León y Zamora, ciudades SIEMPRE leonesas. En la historiografía se le cualifica como Santiago el Mayor. Suele estar en segundo o tercer lugar, y suele aparecer en los momentos más importantes de la vida del Hijo de Dios, desde la agonía en Getsemaní o en la Transfiguración del monte Tabor. “No menos desagradable es el segundo episodio que refiere el Evangelio, cuando en su último viaje a Jerusalén los Zebedeos proponen al Maestro así, por las buenas: ‘Haz que en tu Reino nos sentemos el uno a tu diestra y el otro a tu siniestra’. Justo antes de esta descabellada petición, Jesús acaba de anunciar para colmo, por tercera vez, su Pasión, diciéndoles: ‘He aquí que subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre será entregado a los gentiles y escarnecido y azotado y escupido. Y después de flagelarle le darán muerte, pero al tercer día resucitará’. Justo en aquel momento sublime de la vida de Jesús, los dos Boanerges se atreven a formularle su egoísta petición que disgusta, como es lógico, a los demás Apóstoles y entristece al Señor. Según parece, de la profecía de la Pasión entienden una sola palabra: Resurrección, la cual interpretan entonces como la restauración del reino glorioso de David sobre la tierra”. Santiago el Mayor es el patrón de las Españas, y el primero en ser muerto por sus ideas religiosas y su fe. JUAN, EL VIDENTE DE PATMOS. Estamos, con toda certeza, ante la personalidad más eximia del Colegio de los Apóstoles, y San Pablo lo define como una de las columnas de la Iglesia fundada por Jesucristo. Se le califica como ‘Muy digno de honor es san Juan’. Su Evangelio sobre la Última Cena es subrayado como la Oración Sacerdotal. Cristo le encargaría, en la Cruz, que se ocupase de cuidar a su madre, la Virgen María. A un servidor le produce una enorme simpatía, por su idiosincrasia. FELIPE, EL AMIGO DE LOS CABALLOS. Sería el único discípulo a quien Cristo le exigió, de forma taxativa y sin negociación intelectual y moral, que le siguiese. BARTOLOMÉ, A FLOR DE PIEL. Sería al que Jesús de Nazaret calificaría como un buen israelita. Dará su vida por el Hijo de Dios, y perdonará a sus asesinos mientras lo arrancan su piel a tiras. MATEO, EL PUBLICANO. Recaudador de impuestos para Roma, y un Apóstol de gran nivel económico. Los destinatarios de su Evangelio serán los israelitas que habitan en Palestina. Y se redimirá por su profesión hasta lo metafísico. TOMÁS EL VENCEDOR. Van a transcurrir ocho días hasta que esté presente cuando el Resucitado Jesús de Nazaret se presente ante el Colegio de los Apóstoles. Exigirá ver las huellas de los clavos y la homónima de la lanzada. Pero cuando vea a Cristo Resucitado creerá absolutamente. Y mucho menos dudará de Él cuando le llegue el momento de inmolarse. SANTIAGO EL MENOR, EL JUSTO. En los Evangelios es denominado como ‘el hermano del Señor’, está claro que es un familiar de Cristo, en esta obra se le considera como un primo-hermano del Hijo de Dios. Página-234, de nuevo la reiteración errónea historiográfica medieval, Urraca no es reina de Castilla y León, ya que la reprobable e impuesta autonomía no existía, Castilla es ahistórica y ella es Reina-Emperatriz de León, IMPERATRIX LEGIONIS ET REGINA TUTE YSPANIE. Santiago “el Menor” comulga con las palabras de Cristo de que la humillación siempre será enaltecida. Llegará a ser el primer obispo de Jerusalén, lo salvífico será inherente a Cristo. JUDAS TADEO, EL AUDAZ. Es hermano del anterior discípulo, hijo de Alfeo y de María de Cleofás. El historiador palestinense Hegesipo definirá a su padre como hermano de San José. La tradición dice que cuando falleció, el Todopoderoso desató una terrible tormenta. SIMÓN, EL DESCONOCIDO. El evangelista Lucas lo califica como ‘el Zelote’, cuyo grupo sería una secta israelita, sobre todo de Judea, que lucharía a muerte contra Roma, por la libertad y la identidad de los judíos, o los israelitas en general. Para Eusebio de Cesarea será el segundo obispo de Jerusalén. Y, por fin, JUDAS ISCARIOTE, EL INFAME. Este Apóstol sería el paradigma histórico de la traición. Existen dos teorías sobre su apelativo, desde considerarlo como procedente de la aldea judía de Queriot o ser un sicario por su puñal o sica, el brazo armado más violento y comprometido de los zelotes. Es el único Apóstol judío y no galileo como los once anteriores. El evangelista Juan no le demuestra ninguna simpatía, ya que lo califica siempre como el que entregó a Cristo. Con el dinero recibido por su traición, 30 monedas de plata, compraría un terreno para enterrar a los extranjeros, Hacéldama o ‘Campo de Sangre’. Entre Cristo y Judas existe un abismo de cielo o de infierno. «¿Quiénes intentaron robar la cabeza de san Pedro en el Vaticano? ¿Cómo se descubrió la tumba y la casa del ‘Príncipe de los Apóstoles? ¿Dónde se veneran hoy la falange del dedo índice del incrédulo Tomás y el brazo amputado de Judas Tadeo? ¿A qué discípulo corresponden, en realidad, parte de los restos conservados en la Catedral de Santiago de Compostela? Por increíble que parezca, los Doce Apóstoles de Jesús y las circunstancias que los rodean siguen siendo todavía muy desconocidos. Con su acostumbrado rigor y amenidad, y tras una ímproba labor de investigación para alumbrar importantes pasajes del Evangelio, José María Zavala nos adentra desde la primera a la última página en una especie de máquina del tiempo a través de la cual podremos contemplar, como si hubiésemos estado allí, las apasionantes vidas de los Apóstoles que acompañaron a Jesús. Tras el éxito de ‘Últimas noticias de Jesús’, el autor nos brinda ahora un fascinante retrato humano de los Doce elegidos». En suma, una obra de mucha calidad, ¡sobresaliente!, y sobre todo que enriquece los necesarios conocimientos sobre los Apóstoles que acompañaron al Hijo de Dios en La Tierra. «Respice post te, hominem te esse memento. ET. Ave Caesar, morituri te salutant. ET. Ama et quod vis fac». Puedes comprar el libro en:
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