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Okupas de la Yaya en Madrid
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Okupas de la Yaya en Madrid

DICCIONARIO CANALLA IMPROGRE II

Uno de los lemas más conocidos de la RAE es que “limpia, fija y da esplendor” a nuestra lengua, viva y mutante, como esta sociedad cada vez más multicultural, intercultural y diversa, que es la nuestra. No es de extrañar, pues, que a casi nadie le importe ya la etimología de las palabras y que las acepciones de las mismas tomen derroteros diferentes en función del credo religioso y político de los hablantes, de la aparición de nuevas tecnologías, costumbres o uso frecuente, o de la incursión de extranjerismos que vamos adaptando al idioma de Cervantes. Se hace necesario, desde esta perspectiva, seguir actualizando el Diccionario canalla improgre para poder entender el sentido exacto que queremos transmitir con nuestro mensaje cuando nos dirigimos “al otro”, muchas veces, sin tener en cuenta el nivel que ostentamos frente a, o sobre, él.

Las palabras no son buenas ni malas. Describen. Como todo, las cambia la intención con la que se dicen, el contexto y el efecto que producen en los demás. El significado depende de la intencionalidad del emisor, el tono, las inflexiones, el canal y hasta el ritmo con el que se emiten… el tonito chungo o cariñoso, el querer imponer o aconsejar, el hablar desde el púlpito... Otras veces, la dificultad de no entender correctamente dicho mensaje radica en el receptor, de la interpretación subjetiva que haga del mismo, de cómo esté su estado de ánimo, de los lazos que le unen al emisor… Así se entiende que, por ejemplo, una palabra tan bonita como cabrón cuando queremos nombrar al macho de la cabra, pueda ser un apelativo cariñoso, incluso admirativo, dirigido a un amigo, ¡Qué cabrón eres, tío!, pase a convertirse en el insulto más socorrido y habitual para definir a un enemigo: ¡Qué tío más cabrón!

Las mismas palabras, acaban teniendo distinto significado

Sigamos, pues, con la actualización del diccionario y que cada cual lo entienda como le salga de los cataplines.

Carahuevo: término coloquial y despectivo que se usa para describir a una persona que tiene la cara redonda, ovalada o pálida con una forma similar a un huevo; distinta a cara de acelga, que es verde y fría, o caradura, que es similar al hormigón, es decir, que no le calan balas, aunque le llames de todo, cara póker que no transmite nada, carapollas, cara de circunstancias... No proceden ejemplos, porque no acabaríamos.

Churra: oveja distinta a la merina. Sinónimo de picha o pene de varón de Marruecos digna de ser sacada a pasear ante mujeres ceutíes. No sé pá qué, tío, que no es pá tanto.

Mamporrero: persona encargada de guiar y dirigir el miembro del macho para que acierte… antes. Ahora, es un machaca, bienmandado, alcahuete o similar, que hace el trabajo sucio al amo. No da mamporros a mano abierta de manera literal, pero casi, casi.

Meritocracia: conseguir un puesto bien retribuido por amiguismo, consanguinidad, fidelidad, chupar bien, lamer el culo o parecido. Fundamentalmente ser el hermano de, la mujer de, la amante de…

Micromachismo: actitudes arrogantes muy sutiles e indetectables que utilizaban los novios de antaño para llevarte al huerto: abrir la puerta y dejarte pasar primero, pagar las cañas, llamarte muñeca… Hoy día en desuso, porque al huerto entras sola.

Migrante: sustantivo moderno para liar a la gente y que no sepa si vino del pueblo o se fue a Nueva York. Es decir, las gallinas que entran por las que salen.

Mirar a Cuenca: dejar que te den por el jebe y estar tan contento. Es más, que ni lo notes porque con vaselina entra más fina.

Mujer: lo que era tu madre antes de que fuera tu hermana.

Negacionistas: dícese de los que no se ponen gafas, aunque no vean un pijo de la realidad de colores. Se aplica también a los que se niegan a fregar los platos, limpiar las pelusas de debajo de la cama, renegar de la exquisitez de los guisantes…, y no sigo porque haberlos haylos.

Ni tan mal: lo que podría ir bien, pero va como el culo y a nadie le importa.

Nueva masculinidad: vs varón acojonado por el empoderamiento sin control de algunas. Muy parecido al Macho alfa deconstruido.

Oveja: la más famosa es la ovejita Lucera que de campanillas le he puesto un collar… Es un humilde mamífero rumiante de tamaño mediano que pasta tranquilo por nuestros prados sin levantar la cabeza. No confundir con borrego, ovino más joven y dócil que abunda, mayormente, en las ciudades.

Okupa: el cabrón que usurpa tu casa sin que nadie te ayude a echarlo, salvo si eres del partido. Ejemplo claro, la panda de guarros que destrozaron un local cerca de Marqués de Urquijo durante casi tres años amargando la vida a los vecinos. Curiosamente, lo llamaban centro social La Yaya. Se necesitaron trece contenedores para limpiar la mierda que dejaron. Existen videos y fotos del tormento para los descreídos.

Opresores: sinónimo de tirano, dictador, déspota, autócrata o dominador. Dícese de aquel que aplasta con el zapato, como si fuera una cucaracha, a todo el que se atreve a llevarle la contraria, condenándole al paro, al ostracismo o al ridículo social dentro, incluso, de su grupo de pertenencia o partido.

Oprimidos: todos, sin excepción, los que se oponen al puto líder. Antes eran los pobres, las mujeres, los nacionalistas, los que tenían una identidad cultural o sexual diferente, los que no tenían un cuerpo diez… Ahora todos los demás, incluidos los fruteros, las familias tradicionales, los flacos, los heterosexuales, los ricos, los que rezan…

Palmero: nacido en La Palma -Canarias-. Persona que acompaña de manera desaforada, con palmas y mucho ritmo, las intervenciones del presidente como, por ejemplo, M. Jesús Montero, que lleva el compás en la sangre por ser andaluza.

Pajarraca: sinónimo de Avechucho o Pajarote. Sustantivo que define, de manera despectiva, a un ave grande cuyo aspecto no resulta muy agradable y cuyo nombra se ignora. Palabra cariñosa con la que el Presidente del Gobierno se refiere, en conversación íntima muy, muy privada de WhatsApp con José Luis Ábalos, alevosía y premeditación, a su Ministra de Defensa, Margarita Robles.

Poco a poco, tía. Habrá parte III, que queda mucho y sustancioso. ¡Ahí lo dejo!

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