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"La Francia de Gilles de Rais", de Pablo Alberto García Rodríguez

Ed. AKAL. 2024
martes 27 de octubre de 2026, 21:20h
La Francia de Gilles de Rais
La Francia de Gilles de Rais

Estamos ante una obra inteligente, y por ello paradójica, ya que nos presenta la vida y la obra de uno de los mayores asesinos en serie de la Historia. Me refiero a Gilles de Rais, barón, con una gran cantidad de tierras propias, servidores ingentes y mariscal de Francia; y que era uno de los magnates con más poder en dicho reino. Está claro que estamos ante un psicópata y ególatra por antonomasia, lo que le condujo sin solución de continuidad al crimen nefando de multitud de niños.

“Confieso que maté a esos niños de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo, utilizando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad”. Asimismo, el historiador Georges Bataille (1897-1962) lo define, sin ambages: “Tal vez podamos afirmar que Gilles de Rais fue el culmen más tenebroso del caldo de cultivo feudal de la época, de esa mentalidad clasista y avasalladora llevada al límite”.

El susodicho mariscal de Francia sería uno de los héroes militares más conspicuos de la Guerra de los Cien Años, en la que Inglaterra y una Francia debilitada luchaban por el poder en Europa. Además, sería el general y protector de la ‘Doncella de Orleans’, Santa Juana de Arco la gran luchadora por Francia. Esta unión sociopolítica y militar entre ambos puede parecer inexplicable, ya que lo sería entre el bien santificado de la joven mujer que era regida por Dios Todopoderoso, y un varón poseído por Satanás sensu stricto. La obra describe lo que era el hecho feudal en la obra, que conforma la Baja Edad Media; en segundo lugar, como era su relación con Juana de Arco; y, en tercer lugar, se detalla minuciosamente como se arruinó económicamente, acercándose al mundo de la alquimia y a lo críptico de la magia negra, de ahí hasta llegar a ser el Barba Azul inmisericorde de los niños de su época y que cayeron en sus manos. Este libro realiza un análisis pormenorizado sobre lo que era la Francia del siglo XV o Baja Edad Media, en los albores de la Edad Moderna.

Por consiguiente, este volumen combina la historiografía biográfica bélica de Gilles de Rais con lo pavoroso de su evolución criminal. El gran Mariscal de Francia fue un psicópata monstruoso y ególatra sin remedio; extrañamente se definió como un cristiano-católico, e incluso de forma quizás cínica o desvergonzada, en sus momentos más sanguinarios manifestaría que no había perdido su fe católica. Sus orgías eran terroríficas, y en ellas secuestraba a los niños de sus tierras, los sodomizaba y los degollaba con toda frialdad; y para realizar estos hechos organizaba ceremonias donde convocaba al demonio. Cuando sea conducido a la hoguera, previo ahorcamiento (26 de octubre de 1440, en Nantes, en el prado de La Madeleine), como hereje criminal por sodomía y asesino, el espectáculo de su catarsis o arrepentimiento final, con las multitudes llorando por él sería fascinante. Asimismo, se negó a solicitar la gracia real, que era el perdón de la pena por ser Par del Reino de Francia.  Sus servidores cómplices Henriet y Poitou serían condenados con él.

“La falta de atención materna y paterna; el impacto de ser testigo de excepción de la macabra muerte de su padre; la influencia perniciosa de un abuelo violento, despótico e inmoral; las lecturas poco recomendables de su infancia, entre las que se incluían la descripción detallada de los abusos, orgías y brutalidades de los emperadores romanos; y, por último, la muerte en la hoguera de Juana de Arco, todo había actuado de ancla de los más oscuros instintos que bullían en su interior. La conjunción de estos factores llevó al mariscal de Rais a arrojarse de cabeza a un abismo de sangre, vejaciones y muerte. La mentalidad religiosa de la época también jugó su parte, impregnando de superstición el tenue raciocinio del sire. Gilles de Rais creía tanto en Dios como en el diablo y, aunque fue un devoto católico hasta el final de sus días, intentó ganarse los favores de Satanás para recuperarse de la decadencia económica en la que se vio sumido. Su caída en desgracia se debió, en última instancia, a los rituales maléficos que llevó a cabo para intentar salvarse”.

Se dice, pero no estoy para nada de acuerdo, que el contexto aceptado de este comportamiento tan brutal, estriba en que la sociedad del Medioevo parece que otorgaba a los magnates un derecho sin límites, para poder llegar a obtener todo lo que sus deseos motivados o inmotivados les permitiese obtener. Lo complejo del modus operandi del Mariscal de Francia Gilles de Rais se puede concebir porque entre guerras y torneos de caballeros existían largos periodos de ocio en los que se dedicaba a plasmar en niños inocentes la prolongación de las terribles y pavorosas atrocidades, que suelen tener lugar, en toda época y lugar, en los campos de batalla. Como es de rigor, el autor se aproxima a lo que define ‘patriarcado y machismo’, algo con lo que no estoy tampoco de acuerdo; ya que depende del lugar histórico en el que nos encontremos. Verbigracia, ese planteamiento no se puede aceptar que ocurriese en las Españas; las mujeres en los Reinos de León (‘SEÑORÍO DE MUJERES’), de Aragón, de Navarra, de Portugal y de Castilla, no son consideradas como algún tipo de objeto de transacción moral; ya que si así fuera: María de Molina, Isabel I “la Católica” o Juana I de Castilla y de León no hubiesen podido ocupar el trono de dichos reinos citados. Los conventos de monjas ya tienen una importante consideración en la Península Ibérica. El problema está en las tierras de los francos, y no en otras. En la página 120 se acude al tópico del tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, y por supuesto coincido, totalmente, con el juicio del profesor Martínez-Pinna en relación a ese tribunal, indicando que: ‘la Inquisición fue Iglesia, pero la Iglesia fue mucho más que eso’. Es indubitable que la Iglesia católica fue la depositaria de la sabiduría de las culturas de la Antigüedad; además, de que sus rentas eran dedicadas en formas de diezmos y donaciones para la asistencia a pobres, enfermos y necesitados; y en ello están involucradas las órdenes mendicantes del momento como lo son los franciscanos y los dominicos.

“Los crímenes más espantosos de Gilles de Rais se prolongaron hasta 1440, año en que fue ejecutado. En total, fueron ocho años de terror atolondrado en los que se calcula que al menos mil niños y niñas se esfumaron en la Bretaña francesa, zona de influencia del sire. No se pueden achacar al sanguinario barón todas las desapariciones, pero sí una buena cantidad de ellas, aunque el número exacto es imposible de precisar. La víctima inicial de este periodo pudo haber sido un adolescente de quince años de edad llamado Bernard Lecamus. El chico habría sido llevado con engaños a un monasterio donde el barón disponía de una habitación privada, y allí encontró la muerte. Otro candidato compite con Lecamus en el dudoso honor de ser el primer asesinado de la etapa más destructiva de Gilles. Nos referimos a Jean, un niñito desaparecido en el verano de 1432 en los alrededores de Machecoul. Y con el tiempo les llegó el turno a muchos más”.

Está claro que Gilles de Rais era un psicópata, ya que sensu stricto fue un ser humano que disfrutaba matando, y provocando dolor incoercible en las víctimas. La egolatría es una de sus características más acusadas, y esta es autoalimentada de continuo por este sujeto. Por otro lado, se consideraba un líder natural de sus hombres en el combate. Suelen ascender rápidamente en la escala social, porque su magnetismo inteligente es evidente. Arrogante y narcisista prístino, lo que le sirve para autoconstruirse. En suma, es un manipulador y mentiroso paradigmático. “Falta de racionalidad. El propio mariscal de Rais nunca fue capaz de dar una explicación racional a sus actos homicidas, lo que suele ser un denominador común en los asesinos de su condición. Gilles confesó que lo que le movía era la lujuria, simple y llanamente”. Le producía un deleite libidinoso los múltiples crímenes infantiles, y como no se comprendió nunca porque lo hizo, los hechos son sumamente desconcertantes.

«A Gilles de Rais, barón y mariscal de Francia, pocas figuras le hacían sombra en cuanto a poder y prestigio. Heredero de un gran patrimonio, alcanzó la gloria militar en la Guerra de los Cien Años como compañero de armas, protector y admirador de Juana de Arco, santa y heroína de Francia. Pero en lo que verdaderamente no tuvo rival fue como criminal demente, violador y homicida, siendo considerado el primer asesino múltiple de la historia. Sus víctimas eran niños, a los que engañaba y llevaba a su castillo, donde los torturaba sádicamente hasta la muerte. La falta de límites propia de la nobleza feudal explica en parte por qué Gilles de Rais se convirtió en el monstruo desalmado que fue. Pero tan interesante como analizar el contexto histórico en el que vivió, lo es profundizar en las casuísticas personales que forjaron su comportamiento destructivo y delirante». ¡Libro interesante y que se debe conocer, porque el personaje lo merece! «Primum non nocere, secundum cavere, tertium sanare. ET. Civitas optimo iure».

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