Acantilado, 2026
Un lenguaje suelto, abierto, animado por la curiosidad y el conocimiento –exigencias que propicia el vivir- es lo que muestra este libro que cautiva por su decir y que evoca, en un momento u otro, la figura de la madre como vínculo de significación y unidad.
Gran parte de la producción narrativa de Juan José Saer ha estado bajo la advocación y acicateada por el estímulo de la estética del Nouveau Roman (o “nueva novela”, o “escuela de la mirada”, u “objetivismo”: esta última clasificación, la más discutible e imprecisa de todas), la última y más significativa vanguardia literaria de la post-guerra, que tuvo su origen en Francia, abrevó en el venero de la dramaturgia de Samuel Beckett y se constituyó en una de las tantas respuestas a una de las tantas crisis que cíclicamente sufre eso que, a falta de mejor nombre, se conoce como “realismo” (término no menos impreciso que “objetivismo” y que se tambalea sobre sus endebles cimientos ante una pregunta que no puede dejar de formularse: ¿qué se entiendo por “realidad”?, concepto que, como bien enuncia Vladimir Nabokov en el epílogo de Lolita, sólo puede ser esgrimido cuando está encerrado entre sus correspondientes y necesarias comillas).
Este verano –ya lo he contado en alguna parte- he leído por fin “Serotonina” de Houellebecq. Siempre que puedo, evito hacer algo al mismo tiempo o en el mismo lugar que todo el mundo, ya sea leer una novela o cantar “Resistiré”, de ahí la demora. Y ese mismo escrúpulo antigregario ha complicado mucho mi fallida intentona de convertirme en un escritor destacado en este país en el que nadie lee pero todo el mundo publica, o lo hacían antes de la COVID. Pero ya llegaremos a eso.
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Los años que van de 1513 a 1515 conforman el período de los grandes grabados en cobre de Durero: El caballero, la muerte y el diablo (1513), San Jerónimo en su celda (1515), y el más conocido de todos, que data de 1514: Melancholia. Este último muestra a una figura alada –a cuya vera está encaramado un pequeño ángel o querubín-, sentada junto a una construcción severamente dañada o a punto de ser demolida; está con la cabeza apoyada en la mano izquierda en tanto la derecha descansa sobre un libro y sostiene un compás.
OPINIONES DE UN LECTOR
"Ciudad Mori" de Sergio Mayor. Karima Editora. 256 páginas. Prólogo de Miguel Dalmau. Su edición ha estado al cuidado de Sara Castelar y Ana Palmero. La nota biográfica del autor que hay en la solapa (con fotografía en blanco y negro del autor incluida) añade más misterio y curiosidad si cabe al libro. Dividido en 9 partes, como los nueve círculos del infierno de Dante, y 143 fragmentos-capítulos de una o dos páginas, uno solo de tres. Todos con título.
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