DESDE MI SILLÓN OREJERO
04/03/2026@17:17:00
Aunque parece que marzo es mes de mujer, yo lo voy a resaltar hablando de una pareja, hombre y mujer, que trabajando en igualdad rescataron gran parte de nuestro legado del romancero español: Ramón Menéndez Pidal y María Goyri. Nadie puede dudar de la importancia del Romancero español en todos los aspectos lingüístico, social, histórico, etc. como bien dice en su prólogo de Flor Nueva de Romances Viejos, Ramón Menéndez Pidal, “recolector de romances” como así se nombraba él mismo. Edición que dedicó a su hija Jimena: “A Jimena que Antígona de mi ceguera transitoria recreó mis días de tedio, llevándome a sacar del olvido este Romancerillo, que estaba hacía muchos años arrumbado”. Romances recolectados junto con su sobresaliente mujer María Goyri, recorriendo tierras de Castilla en burro desde su viaje de novios allá por 1900.
DESDE MI SILLÓN OREJERO
Desde mi sillón orejero preparo mi próximo viaje a Bruselas y Brujas, dos B de Brillante pasado y presente. Y me refiero a ellas con su arquitectura e historia llena de vida que leo a través de dos excelentes libros que recomiendo indispensables para abrir boca, como se suele decir.
Acabo de regresar de Medellín (Colombia) que es escenario de mi nueva novela a punto de publicarse. Yo viví allí hace años. Pero este no es el motivo de este artículo, sino escribo por algo ESPECTACULAR que he descubierto allí: RATÓN DE BIBLIOTECA.
“El arte y la escritura no tienen formato único, sino que se alimenta y desarrolla en diversas facetas que se superponen. Abro la imaginación”, nos revela María Pérez Herrero en la inauguración de su exposición, un cuento con evocaciones marinas como una ensoñación poética, como ella lo define.
Se ha puesto de moda el Pazo de Meirás por su cambio de titularidad y de pronto aparece nuestra, a menudo olvidada, Doña Emilia Pardo Bazán como si de refilón nos acordáramos de ella…
Leo en el estupendo artículo de Antonio Muñoz Molina (Babelia 12 dic) ese primer terror infantil que comparto y que me quedó en la memoria de niña y que tantas veces incluso de adulta lo he rememorado. Todavía cuando voy a casa de mis abuelos veo esa escalera por donde subía el “malvado” e imagino la madre diciendo “ya se irá, ya se irá…” mientras la niña oía los pasos cada vez más cerca, “ya sube el primer escalón…-sentía”.
Relatos incluido en el libro LAS MUJERES DE ALCOBENDAS CUENTAN
Desde esta ventana, la que me conecta con el exterior, la que me inunda de sonidos y sensaciones fácilmente identificables, vivo. Por las mañanas mi cuerpo ajado recibe los cálidos rayos del sol, cuando hay, y antes, mucho antes, todavía puedo oír el trinar de los pájaros y aún distingo el jilguero, el hambriento gorrión y la ladrona picaraza con su graznar antipático.
María Lejárraga nació en San Millán de la Cogolla (La Rioja, España) en 1874 y murió en el exilio, Buenos Aires, en 1974. Escritora, firmando como María Martínez Sierra el apellido de su marido Gregorio y diputada por partido socialista en Granada en 1933.
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Así empieza una de las magistrales recetas de cocina de Emilia Pardo Bazán (1851-1921) de su libro La cocina Española Antigua que continuó con La cocina moderna. Un éxito de ventas que relanzó su Biblioteca para la Mujer hasta ese momento abocada a la desilusión. Ella, una de las primeras feministas españolas que acuñó la frase “la mujer tiene destino propio más allá de formar o no familia”, explicó así al periodista cuando le preguntó el porqué de ese libro de recetas…
ECOLOGÍA TIENE NOMBRE DE MUJER
Nací de la madre Tierra, como todos vosotros y vosotras. Ella, que ha rodado y rodado tanto en todos estos años, ahora está enferma. Yo, su hija, Ecología, la cuido. Limpio su piel agostada por la sequía, atiendo que su escaso caudal fluya constante allí donde es preciso, y vigilo que no se le derrame ni una lágrima, ni una gota, ni siquiera como derroche de pasión, pues el amor no tiene que llorar. También impido que llagas purulentas crezcan como edificios incontrolados y que aparezcan como heridas inútiles horadando sus preciados perfiles.
Se estrenará en el Ateneo de Madrid el 19 de junio a las 19 horas
En conversación con la autora, nos adelanta: “En mi obra de teatro rescato a una Emilia Pardo Bazán en un diálogo con su personaje, una marquesa pizpireta que tiene un desliz amoroso voluntario y consentido en la Pradera de San Isidro que dice “lo que pasa es que me gusta… me gusta… en viéndole, acabose, me perdí”. Una puesta en escena a la voluntad de la mujer para realizar su deseo físico en 1889, en una representación de doña Emilia que escribe su novela Insolación donde el sol y sus efectos son los elementos detonantes de las veleidades de su personaje Francisca Asís, marquesa viuda de Andrade.”
Bien decía María Pérez: las tertulias de presenciales a virtuales, siguen fieles a la difusión de la literatura.
Las ganas de hablar sobre libros son imparables, y aunque ahora mismo los lectores no se puedan juntar físicamente para hablar sobre sus lecturas favoritas, en la editorial Espasa seguimos haciéndolo a través de encuentros virtuales. La pandemia, como todos han comprobado, ha echo que las cosas sucedan de otra manera. Es lo que pasó con Ni locas, ni tontas. El confinamiento no permitió su presentación.
Cuando invitaron las socias del Lyceum Club de Madrid al escritor Jacinto Benavente a dar una conferencia en sus salones, éste se excusó diciendo que “yo no puedo hablar a tontas y a locas”, frase con doble sentido del ganador del premio Nobel de Literatura de Literatura de 1922. O bien quería decir que se tenía que preparar su intervención o que no quería hablar ni a tontas ni a locas –las socias del club-. María Pérez Herrero titula precisamente al contrario su libro “Ni locas, ni tontas”, donde narra la historia del Lyceum Club que fue un lugar de encuentro de las mejores pensadores y profesionales españolas del siglo XX.
Me acaba de llamar Galo preguntándome si estoy bien. Hoy hace 9 días que empezó nuestro confinamiento por coronavirus. En España. Él está en Portugal. Están igual, encerrados. No nos vemos desde hace 5 años. Me manda muitos beijinhos. Yo también. El no habla español. Yo no hablo portugués, entiendo un poco. Yo le envío muitos beijinhos otra vez. Y le digo que se cuide, en español. Creo que me entiende. Y hemos colgado.
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